21 de agosto de 2015

Presa del Destino

Hola buenas noches,

Hacia mucho tiempo que no lograba escribir nada ni traía un relato, hoy por fin los musos se han portado, estoy algo oxidada pero me hace ilusión compartir lo que ha salido, en esta rara incursión en un mundo de hace tiempo.

Espero os guste y no seáis demasiado críticos, toca coger de nuevo práctica de nuevo ;)


Presa del Destino


Shaye alzó la vista por entre las altas copas de los árboles que cubrían el lago y con un suspiro, resiguió los altos torreones del castillo. Resiguió su esbelta silueta; los muros con sus almenaras cambiaban de altura, y las torres circulares terminaban en un tejadillo en punta. Los jardines, las murallas, los patios y fuentes más allá, todo ello suspendido sobre el enorme y rocoso promontorio que lo elevaba sobre el cielo. El agua caía en cascada por los laterales y el verde destacaba gracias a los bosques y las montañas que lo arropaban. Ese era su hogar, el mismo que amparaba bajo su sombra al resto del reino que su padre le había legado.
Abrazada a sus rodillas con el oscuro cabello todavía húmedo, seguía sentada sobre una de las rocas y supo que debía regresar por mucho que desease un poco de más de calma. Shaye sabía demasiado bien que encontraría a su regreso.
Tenía obligaciones y lo último eran esos instantes de intimidad, a solas con ella misma.
Su reino, apostado en una de las tierras más ricas, gobernaba el paso hacia el este, norte y sur.
Los cultivos eran generosos, el ganado pastaba libre y el clima era benévolo y afable como el carácter de sus gentes pero eran tiempos de guerra, asedios y estrategias. Y ella, pese a que había resistido y defendido su reino en innumerables ocasiones, empezaba a verse acorralada. Las montañas les quedaban detrás, el valle por delante, rodeados de bosques y praderías, por lo que más de una vez quedaban sitiados en esa encrucijada; aunque tuviesen escapatoria bajo los túneles naturales jamás abandonaría ni su casa ni a su pueblo. Llevaban demasiado hostigándolos, muchos ambicionaban la fortuna de su patria, poder, y ella resistía rechazando cada incursión. Nadie conocía mejor esos bosques y montañas que ella, pero desgastaba y al final había productos que escaseaban.
Era una pena que con cinco reinos guerreasen contra ellos. Por suerte, seguían siendo superiores a las fuerzas enemigas.
Ella nunca se había erigido enemiga de nadie, pero los nuevos señores parecían no ver más allá. Solo Eilanhar le hacía frente, y este ostentaba todo el poder del oeste. Poseía buenas tierras, pero parecía que las cosas no les iban tan bien; no en las fronteras donde sus aldeas y pueblos guerreaban entre ellos o al menos así fue durante un tiempo pues a sus oídos había llegado que pese a que el buen Eivar llevaba trabajando toda su vida por unirlos no fue él quien lo logró sino uno de hijos; Devraj. 
Este y Sur se habían unido y apoyado a la casa Eilanhar convirtiéndolo en la fuerza más poderosa y Shaye, sabía que tarde o temprano si no claudicaba terminaría cayendo y perdiendo su hogar.
No hacía más que oír proezas de ese chico, y lo único que ella deseaba era dejar de luchar y no hacer sangrar más a su gente. El futuro sucesor de Eivar parecía seguir sus pasos, prefería llegar a entendimiento antes de pasar a la lucha pero tampoco dudaba a la hora de lanzarse a ello e impartir justicia, no en vano era un caballero de conocido renombre, temido y respetado. Un cabecilla valeroso que iba de la mano de la muerte y con una mente brillante, tanto que ya casi que lo admiraba y temía como todos; pero el problema seguía siendo el mismo, ella solo era una joven reina, una chica y por tanto, débil por mucho que hubiese demostrado su valía.
Esa misma mañana había llegado un comunicado desde Eilanhar, le daba miedo saber que exponían en él, porque sabía que no podrían soportar muchos más ataques conjuntos desde los tres flancos. Toda esa política y esas batallas, desgastaban y solo quería paz, junto a  una vida agradable para todos ellos.
Había pasado la mayor parte de su adolescencia luchando, era una guerrera, su padre siempre respeto sus gustos y decisiones al contrario de muchos.
Inspiró antes de levantarse sintiendo un peso enorme aplastándola y se sumergió en el agua, nadó hacia la orilla y sin prisa, se vistió. Avisó a sus escoltas de su regreso y los tres se pusieron en marcha tomando rumbo al castillo con el único sonido de fondo de los cascos de los caballos y la vida del bosque, sus pájaros y las voces que llegaban amortiguadas desde las calles y el mercado arrastradas por la brisa que mecía las hojas de los árboles.
Eivar había logrado casar a dos de sus vástagos, Rob unía el oeste y Mirsa el este, un modo más de asegurarse cohesión y deberes por honor.
Una vez llegó al castillo, se encaminó hacia la sala del trono, cruzó el patio de armas, los jardines interiores con su fuente donde se congregaban las damas con su patio recubierto de columnas talladas, techos esmaltados en pan de oro y madera y enfiló por el largo pasillo intentando sosegarse con el rumor del agua. Avanzaba con paso decidido sin apenas pararse a saludar, ni prestar atención al bullicio que se percibía en las cocinas a esas horas. El castillo era un hervidero de vida, y ese día a diferencia de otros no podía admirar su etérea belleza ni los delicados detalles que escondía en cada esquina, muro, puerta o banco. 
Ya frente a la gran puerta de madera tallada con algo de forja y pedrería refinada, vio como los soldados apostados junto a estas, retiraban las alabardas al verla para dejarla pasar, la saludaron con presteza y Shaye, con un cabeceo, cruzó la enorme entrada. La luz inundaba la sala y las motas de polvo brillaban surcando el aire. Ignoró el trono trabajado de modo artesanal y giró la cabeza hacia la derecha encontrando allí a Yun  y a  Tarsis, su más fiel ayudanta, y el consejero mayor. Tras ella iba sir Dermak, capitán de los ejércitos.
Como esperaba, Yun hizo un gesto de desagrado al ver su aspecto.
—Mi reina —. La saludó el consejero —deberíamos hablar sobre el mensaje de Eilanhar.
—Procede —.Le indicó sin tomar asiento.
Prefería mantenerse en pie y afrontar la situación, nunca había sido cobarde, conocía demasiado bien el precio de no encarar los problemas cuanto antes así que se armó de valor tratando de preparase para lo que allí pudiera haber escrito.
Se apoyó en una de las paredes mirando por la ventana y esperó a que Tarsis procediera, reteniendo entre los dedos el suave bamboleo de la vaporosa cortina que se mecía al igual que su cabello, bajo la caprichosa brisa de ese día.
Tal y como esperó, lo que Tarsis leyó le confirmó sus sospechas y de igual modo, su corazón se disparó, se llevó una mano al estómago con los nervios a flor de piel y procuró contener sus furiosas emociones.
—¿Qué se supone he de hacer? —dijo a nadie en concreto.
Conocía sus responsabilidades y que se esperaba de ella, aun así...
Tragó el nudo de su garganta y empezó a pensar frenética, buscando una salida a la situación. ¿Por qué no aceptar su acuerdo de colaboración? Ella había ofrecido recursos y ayuda así como su amistad, no tenía nada contra ellos, es más, su bien amado padre había sido buen amigo y leal a Eivar, pero este pedía mucho más.
Tenía un deber como reina, si ella perecía su casa desaparecería con ella pues no quedaba nadie más de su familia. Su sangre se perdería y aunque a ella en si le diese igual, debía más que aquello a sus padres, a los suyos y su gente. ¿Qué sería de ellos? Solo sería un pequeño sacrificio, le pedía lealtad pero no que se postrase, la amenazaba pero le ofrecía lo que deseaba, prosperidad, paz y seguridad para su reino a cambio de enlazarse a su hijo Devraj, uniendo al fin las tres grandes casas y los cinco reinos.
A Shaye le daban ganas de vomitar, si no aceptaba... los acuerdos se debilitarían, no querían atacarlos pero si no les daba opción lo harían. Eivar afirmaba que muchos de los líderes que habían accedido a jurar cierta lealtad, lo hacían por su difunto padre alegando que si ella aceptaba un matrimonio con Devraj, todo seguiría adelante y la alianza sería definitiva. Con ello no hacía más que aumentar presión y estrechar la soga alrededor de su cuello, y a eso se le sumaba la amenaza común de las incursiones de otro reino extranjero. Su padre le había hablado de ellos, y era cierto que si no estaban unidos como una fuerza fuerte podían acabar aplastados.
Enlazarse... los matrimonios concertados eran habituales, pero ella nunca había pensado en ello. No creía más que en el amor a los suyos, no había tenido tiempo para más y tampoco le interesaba, ella no era como el resto de princesas sin embargo... no tenía opción.
—Diles que acepto la proposición, tienen tres lunas para llegar. Eso es todo, retiraos por favor —.Pidió manteniéndose de lado a ellos para que no viesen como estrujaba la tela, con manos temblorosas.
Una vez la dejaron a solas escuchando la puerta cerrarse, Shaye se dejó caer al suelo con un sollozo, se llevó la mano a los labios y se paralizó.
¿Sería Devraj como todos decían? Parecía que no podía haber nadie mejor, no obstante pensar en lo que implicaba, lo que...
El mundo se le venía encima y Yun seguía ahí, en silencio. Sabía que no soportaba que la vieran ene se estado. Por primera vez se estaba haciendo añicos y los nervios junto al temor la devoraban.
Yun se agachó y le cogió las manos con suavidad.
—Es lo que debía hacer —.Se limitó a decir de forma desapasionada y práctica.
Aquello era algo que tarde o temprano hubiese sucedido igual, su padre, por mucho que la amase también la habría prometido, y habría tenido que cumplir igual con su casa y como mujer. Ese era el lastre que acarreaban, ellas eran la clave de la continuidad y ella, no estaba preparada.
—Has hecho bien, es lo que te habríamos aconsejado aunque no nos guste —.La miró de reconfortar Yun.
Ella asintió levantándose, le sonrió como pudo recomponiendo su orgullo y dignidad, y se guardó el nudo de ansiedad que la constreñía para ella. Ahora solo quedaba aguardar y hacerse a la idea, esa vez le tocaba resignarse y agachar la cabeza.

Dos lunas después...

La comitiva de Devraj llegó al anochecer del segundo día justo cuando la luna alcanzaba su cénit, adelantándose a la fecha límite. El resto de sus hermanos y su padre marcharían hacia Lunmeris en cuanto establecieran los términos y fechas.
Las antorchas brillaban así como las lámparas de aceite y las velas. El castillo se alzaba hermoso e imponente en el promontorio rocoso envuelto en saltos de agua y vegetación, dando el aspecto de flotar en el cielo rodeado de estrellas. En los días de bruma, solo la parte alta sobresalía dándole el aspecto de ensueño que siempre buscó darle el constructor. Los materiales se fusionaban con la naturaleza de un modo extraordinario, su riqueza y belleza era reconocida en cada rincón de esa tierra, la tierra de los ancestros, de los dioses sagrados y sus árboles de follaje rosado.
Un lugar extraño pero que era incapaz de dejar a nadie indiferente, se solía decir que quién viajaba a Lunmaris quedaba enamorado para siempre.

Shaye esperaba en el salón del trono, había propuesto a los recién llegados a través de su consejero, que primero descansaran y comieran antes del encuentro pero Devraj, insistió en verla personalmente.
Dejó de pasear de un lado al otro a la que escuchó sus pasos acercarse y alzó el mentón procurando no jugar con sus manos. El dichoso vestido le molestaba por todos lados pese a ser liviano y vaporoso. La tela se ajustaba a su talle menudo y sus pechos firmes y desafiantes, la tela casi transparente y trabajada con algunos brillantes iba cayendo hasta crear una fina falda etérea simulando los colores de la noche haciéndola sentir desprotegida, y a pesar de ello aguantó fijando los ojos en el hombre que se acercaba seguido de sus hombres de confianza.
Los labios de Shaye se entreabrieron sin quererlo, el corazón le latía frenético contra el pecho con la sensación de que en cualquier momento se vendría abajo, mareada.
Devraj era un hombre alto, de cuerpo atlético y piel bronceada que al llegar frente a ella, siguió el protocolo, ajeno al vuelco que le dio a ella el resentido órgano que guardaba su caja torácica, y de lo acelerado de su respiración.
De pronto era como tener una bola incandescente de fuego en el estómago, y el no haber podido pegar ojo en esos días no ayudaba.
—Mi reina —.saludó con pulcra educación.
Su voz oscura y aterciopelada hizo estremecer a Shaye, su piel se erizó y sus pupilas, dilatadas, lo resiguieron con descaro. Sus músculos eran fuertes y su cuerpo un escándalo, sobre todo al moverse, era elástico, sigiloso y tenía una elegancia felina muy sexy. Tenía las facciones definidas y masculinas, algo severas pero le conferían un aspecto todavía más impactante y arrebatador, su aura destilaba la fuerza de un hombre salvaje y apasionado. Nariz recta, cejas definidas, espesas y oscuras como su negro cabello. Labios apetecibles y unos ojos que la dejaron sin aliento y hechizada. Eran de un precioso tono gris violáceo imposible de describir, que destacaban gracias a la negrura de las pestañas. No podía negar que era un chico apuesto, más que eso, sublime y... exótico era la palabra.
—Espero hayáis tenido buen viaje, os apresurasteis mucho. El camino es largo —Shaye procuró parecer imparcial y agradable tal y como correspondía, a fin de cuentas ella era la reina allí y él, su futuro esposo.
Esposo… una palabra que se le atascaba en la lengua.
—Sin incidentes majestad. Le agradezco su hospitalidad para con mis hombres.
Ella asintió, era lo que marcaban los cánones de buena educación; preparar baños, comida y procurar descanso y alojamiento. Nunca se abandonaba a nadie a su suerte durante la noche por lo que cobijo siempre se le brindaría a cualquiera.
—Sin embargo vos lo rehusasteis.
—Puedo descansar y comer después, así como el baño —Devraj la estudió, ambos lo hacían; sus miradas no se apartaban el uno del otro sin saber con qué se iban a encontrar, cada gesto o palabra se media al milímetro, aun así ambos pisaban sobre arenas movedizas —. La prioridad sois vos, mi señora.
—Muy gentil por vuestra parte, príncipe.
—Devraj, si a vuestra merced le place.
—Está bien, Devraj —dijo haciendo una pausa deliberada antes de pronunciar su nombre evaluando su reacción, su mirada no se apartaba de ella perturbándola más de lo que imaginaba —te escucho.
Él volvió a recorrerla y Shaye sintió su caricia en la piel, y como el calor ascendía por su cuerpo hasta instalarse en sus mejillas.
Ese hombre la impresionaba, no es que la intimidase pero tenía algo que era capaz de removerla por dentro como nadie había hecho y estaba cansada de tratar con soldados, lores, reyes y demás hombres porque ese era un mundo que casi les pertenecía a ellos.
—Sois joven —apreció él con cierta sorpresa —y preciosa.
Shaye ladeó el rostro al percibir su perturbación, aquello era algo que no había pretendido decir en voz alta sin embargo, su lengua lo había traicionado.
Por suerte, ahí solo estaban ellos, y los hombres de confianza de ambos.
—No sé muy bien cómo interpretar o tomarme eso, príncipe —.Lo encaró sin perder la compostura pues en realidad, ya debería estar casada.
A los dieciséis las damas de su condición ya eran aptas para contraer nupcias y ella ya iba tarde. Algo que agradecía horrores porque cuanto más tiempo pasase, menos pretendientes tendría, lo malo es que olvidaba quien era ella, eso sería lo de menos con la dote que tenía detrás.
—¿No soy como esperabais? ¿Es que acaso vuestro padre no os puso al corriente?
—No, majestad; sois mejor, solo creí que... Me equivoque; sé que lleváis reinando desde hace cinco años y admito que solo he oído alabanzas sobre vos, se quedaron cortos.
—Pues esas... loanzas no parecen acertadas si no sabéis que no soy como el resto de damas, adulándome no conseguiréis nada, solo me interesa la verdad.
—Salta a la vista mi reina.
Una vez más, Shaye no supo si ofenderse, así que su mirada inquieta, buscó la de Yun. La ponía muy nerviosa y a la defensiva no controlar la situación, y todo porque le costaba entender a ese hombre.
Llevaba desde los quince sacando adelante el reino, entendía de tratados, bravuconadas, estrategias, engaños, política, litigios y demás protocolo de palacio y batalla, pero no de intimidad. 
Si esperaba la típica damisela iba muy equivocado, el caso era que parecía gustarle lo que veía porque una tenue sonrisa adornó el rostro masculino logrando que a ella se le aflojasen las rodillas pues el rostro de Devraj se distendía mostrando unos preciosos colmillos y unas adorables marcas de expresión alrededor de sus ojos.
La verdad, era la sonrisa más hermosa que jamás hubiese visto y en él resultaba devastadora, lenta, perezosa… con trazas de pecaminosa lujuria y arrogancia masculina. Seguridad no le faltaba y le constaba que era un estupendo orador y mejor estratega.
—Dejémonos de fruslerías y demás protocolos, ambos somos guerreros y sabemos lo que hay, ¿os parece? —.Sus palabras sonaron algo duras en contraste con su aspecto delicado.
—Me queda claro que no os agrada nada la situación y que si me habéis aceptado ha sido solo por vuestro deber y honor — respondió con cierto resquemor.
—¿Y vos no? —preguntó acercándose hasta la mesa sirviendo dos copas de vino y cansada de la opresión del peso de toda aquella ropa, se liberó de parte del grueso de la falda que se acortó, dejando entrever parte de sus torneadas y largas piernas.
Por todos los dioses que se estaba ahogando, y fulminó con la mirada a Tarsis antes de que pudiera recriminarle algo al respecto.
Bien sabía ella lo poco femenina que la consideraba, y ya ni que decir sobre sus gustos y pasatiempos...
—¿Tan extraño sería decir que no? Os habéis propuesto no creer nada de lo que os diga. Me habéis declarado vuestro enemigo cuando mucho de lo que queréis es lo mismo que yo. No hay necesidad de convertir esto en una situación desagradable si os place. No nos conocemos, por eso estoy hoy aquí. No os precipitéis al juzgar mi reina.
Ella lo miró y cogiendo aire le alargó la copa, consciente de lo mucho que parecía divertirse con sus reacciones. ¿Acaso se burlaba de ella?
—Me estoy mostrando tal cuál soy, si os gusta bien, sino también.
—Tenéis carácter, replicáis, os sabéis reír y no teméis mostrar vuestra astucia frente a nadie sea quien sea y no nos teméis, me parece perfecto; no me gustan las florecillas.
—Os van las fieras, ¿o son los chicos?
Tarsis se escandalizó y Dermark hizo un tremendo esfuerzo por no romper a reír en carcajadas, recibiendo el impacto del codo de Yun.
Ese era otro defecto que le remarcaba siempre el primero, que ridiculizaba a hombres de alta alcurnia dejándoles el orgullo tan trillado como el día dela cosecha.
—¿Eso os han dicho otros al rechazarlos? Yo no veo ningún muchacho aquí. Podéis ponerme a prueba si gustáis, no tengo problemas con vuestros desplantes.
—Soy consciente de ello, veo que gustáis de discutir —dijo con cierto sarcasmo y una sonrisa maliciosa en la cara.
A él también le gustaba jugar con sus mismas tretas por lo que parecía, era estimulante que por una vez un hombre no se viera amenazado u ofendido ni se achantase frente a ella.
—Shaye, ¿me permitís llamaros por vuestro nombre?
Ella asintió, y sin darse cuenta se vio sonriendo bajando un poco las defensas al verle coger la copa que le ofrecía pronunciando su nombre, y apenas pudo contener el siseo que brotó de sus labios al sentir el roce de sus dedos creando una fuerte descarga eléctrica.
—Vuestro padre se preocupaba, sabía que de sobras erais capaz de cuidaros y dirigir el reino, pero días antes de su muerte, llegó esto a manos de mi padre —Devraj se giró hacia uno de sus hombres y cogiendo lo que le entregaba, se lo alargó a Shaye.
Este era un pergamino enrollado con el sello del anillo de su padre en el lacre y con el pulso a la carrera como un corcel huyendo en estampida lo estiró.
—Él temía que una vez pasaran los años necesarios los extranjeros regresaran para adueñarse de su reino y con él, la hija de la mujer que lo eligió a él rechazando al que amenaza nuestros hogares —explicó a medida que la veía leer moviendo los ojos sobre la intrincada letra —como bien sabéis, nuestras casas siempre fueron buenas aliadas, entre nuestros padres se forjó una buena amistad, por lo que esto, no es solo cosa nuestra ni de la situación, era el deseo de ambos.
Shaye terminó de leer conteniendo a duras penas las lágrimas, creía tener superada la muerte de su padre, pero tener en ese instante esa carta entre los dedos la estaba perforando. Ese el último deseo de su padre, aún desde la tumba seguía procurando por ella, deseando su bienestar y se veía presa del destino y ese último deseo.
Miró al joven procurando contener el temblor y desechar cualquier trampa o embuste y pidió que los dejaran a solas. Una vez el último de los presentes salió, Devraj retomó la palabra.
—¿Seguís rechazándome mi reina o me vais a escuchar? Creedme si os dogo que no me gustaría que lo hicierais a la fuerza. No buscó más que hacernos fuertes y procurar por nuestros reinos, no busco fama ni más tierras. Nunca os vi hasta este momento, pero sé que desde ahora no habrá nadie más para mi. Pensad que lo digo por hacerme con vuestro favor si lo deseáis pero solo os estaríais engañando.
—Decidme, ¿qué esperáis de mi, príncipe? Yo, no sé si sabré ser una buena esposa, nunca se me ha dado bien nada de esto.
—Es algo nuevo para ambos pero juntos podemos aprender y darle a esta tierra lo que necesita.
—Está bien Devraj, acepté este matrimonio y yo cumplo mis promesas, mi palabra ha sido siempre prueba suficiente, aun así os doy la oportunidad de si amáis a alguien liberaos de vuestro voto.
—Creo que eso también el algo que justo estoy descubriendo. Y lo mismo os ofrezco por el aprecio que os tiene mi padre.
—¿Vendrán, verdad?
Devraj asintió.
—Lo sabéis tan bien como yo, mi reina. Así que os pregunto por tercera vez, ¿lo haréis solo por ello?
—¿Vos queréis os tenga algún tipo de aprecio, me equivoco? 
—Cierto, del mismo modo en que yo lo estoy sintiendo por vos. Vuestras reacciones no mienten mi señora, pero entiendo que necesitáis tiempo para conocerme, un tiempo que nos han negado.
—Acabáis de encontrarme como bien habéis dicho, no podéis pretender que crea que exista nada entre ambos, por vuestra parte —.Rectificó dando un paso atrás a la que le vio la intención de cogerle las manos.
Estaba demasiado alterada, sin embargo su pulso no había dejado de correr desde su llegada, tenía burbujas en el estómago y no podía dejar de mirarlo. ¿Podía ser posible que le gustase, que llegase a sentir más por él o era todo fruto de los nervios?
No, ninguno había llamado su atención salvo él. Devraj recortó la distancia con ella y su respiración se hizo más irregular todavía, sentía el pecho aprisionado en la tela, siendo consciente entonces de su feminidad.
Miró su reflejó en unos de los cristales de las ventanas y luego a él que le tendió la mano. Shaye se la aceptó y lo siguió hacia la salida que daba a unos jardines privados; la noche estaba impregnada del aroma de las flores y el aire hacía resonar las hojas rosas en forma de corazón del árbol sagrado que coronaba el centro del lugar. Las piedras blanquecinas de la construcción que los flanqueaba resplandecían bajo la luz de la luna y ambos se detuvieron a escasos pasos del árbol.
Tomaron asiento en el banco y la magia desplegó su influjo, la luz devoró las horas de sueño y el amanecer los encontró todavía en el mismo lugar. 
Cuatro días después la ceremonia se celebraba y las campanas resonaban, y tanto sus reinos como sus corazón se unieron al igual que lo hicieron sus labios.

Fin

Relato corto registrado.

Saludos,

Leila

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