18 de agosto de 2014

En un suspiro

Hola buenos días,

Hoy, mientras sigo preparando una entrada distinta, para la semana que viene, que espero os guste, os dejo con información sobre mi nueva novela, que próximamente estará a la venta en Amazon, me he decantado esta vez por autopublicar.

Se trata de una novela fresca, con matices y tintes juveniles de Yong Adult, divertida, perfecta para estos días de sol y playa. Una novelita con la que disfrutar sin complicaciones, rápida de leer, sencilla. Una historia de segundas oportunidades, superación y mucho, mucho amor.

Dicho esto, os presento y revelo la portada, obra de la gran Nune Martíez (la pobre no se como no me mordió porque mira que costó encontrarle imagen :P, que sudores cari, pero que bonita quedó, mil gracias por este pedazo de trabajo, sin ti no sería posible)

Aquí esta En un suspiro:



Sinopsis:

Una novela de superación, nuevas oportunidades y mucho amor.

Laira, una chica que huye del pasado.
Kieran, el que la obligará a enfrentar sus propios temores.

Un rifi-rafe que hará aflorar el amor en un suspiro. 

Espero os guste y os animeis a darle una oportunidad ;) , para ello os dejo un pellizquito de la misma:



«La vida es una constante montaña rusa, en un instante estás en lo más alto y al siguiente… cayendo en picado en cuestión de segundos. Sucede tan rápido que apenas te das cuentas de que se esfuma delante de tus ojos tan rauda, efímera y veloz que se convierte en un mero suspiro hasta que se vuelve a detener, deja de girar y escapar por un instante, para ver que en la realidad no todo es sueño y un final, sino que te mira, sonríe y se llena de luz para desaparecer nuevamente al final del camino»

La cubierta de dos libretas se cerraron casi al mismo tiempo en lugares distintos; similares pensamientos, diferentes palabras pero el mismo sentimiento. 

Laira dejo escapar el aire retenido con lentitud, casi al mismo ritmo en que latía su corazón, veía pasar a través de la luna del cristal los edificios de su nueva ciudad y no percibía ninguna emoción salvo la presencia de la lluvia, una que formaría parte de su vida de ahora en adelante ya que, cinco de cada siete días de los meses de julio a agosto se llenarían de ella como el reflejo de su interior; gris, melancólico y lleno de grietas por donde rebosaban las lágrimas durante las horas de oscuridad. Esa sería su nueva ciudad, Vancouver, situada en la costa pacífica de Canadá, al suroeste de la provincia de Columbia Británica, entre el estrecho de Georgia y las montañas Costeras; rodeada de agua y naturaleza. Ella y sus padres se habían mudado allí tras lo sucedido, necesitaba cambiar de aires, dejar de recordar cada segundo de esa maldita noche y no pisar más esas calles que había recorrido con él. 
Por suerte, Malena, su mejor amiga estaba con ella; viviría con ellos durante lo que durase la carrera. Los padres de esta habían accedido costeando los gastos, y los suyos estaban encantados de poderla tener, pues era como uno más de la familia. Su hermana pequeña peleaba atrás con Bruno, el mayor, sin embargo, sus constantes tirones y gritos no parecían irritarla como habría sucedido en otras ocasiones, simplemente seguía sentada en el coche, ausente cual fantasma, respirando y meciéndose automáticamente al paso del vehículo por las rugosidades del asfalto. 
Al menos, Malena conocía gente allí, ella no era la primera vez que viajaba a Canadá y eso les facilitaría el adaptarse e integrarse en su nueva Universidad; nuevo ciclo, nueva vida pero la misma piel y el mismo dolor acompañándola, ojalá fuera tan fácil hacer lo mismo con los sentimientos… quitarse una prenda para colocarse otra.
Oía al resto hablando pero ella seguía ausente hasta que la voz de Malena y su mano posándose en su brazo la hicieron salir de su sopor.
—Tierra llamando a Laira, llevo cinco minutos intentando que hagas caso ¿se puede saber que andabas escribiendo otra vez en ese cuaderno?
—¿Eh?, perdona, estaba despistada.
—No si ya me di cuenta —.Se hizo la ofendida sin poder evitar lanzarle una sonrisa condescendiente, pues sabía bien lo que su amiga guardaba dentro.
Un suceso como el que había vivido Laira no se borraba de la noche a la mañana, esa cicatriz quedaría para siempre tatuada en su corazón como un recuerdo indeleble. Dudaba que alguna vez volviese a ser la misma, había cosas que marcaban, pero eran jóvenes y la vida continuaba con o sin ellas.
—¿Qué te traes entre manos? —.Volvió a probar fijando los ojos en los de la otra, pues no sabía si aquello era parte de la terapia impuesta por el psicólogo que la visitó o una nueva faceta que desconocía.
—Son tonterías, cosas mías —.Se encogió de hombros —solo escribo lo que se me pasa por la cabeza.
—¿Puedo verlo? —.Pidió Malena extendiendo la palma con la misma sonrisa dulce y traviesa.
Laira dudó, se mordisqueó el labio inferior con las paletas y finalmente le alargó el cuaderno vintage que retenía contra su pecho dejándolo en su mano.
—No te rías —.Bajó la cabeza avergonzada sabiendo que sus mejillas se estaban tornando escarlata.
Malena era su amiga de toda la vida, se habían contado hasta el más mínimo detalle durante los años que llevaban juntas y no entendía porque le entraba ahora un arrebato de timidez.
—No seas tonta —.La animó abriendo el cuaderno donde la estilizada caligrafía de Laira estaba impresa.
Leyó para sus adentros y abriendo la boca miró a su amiga que se removió inquieta ante su silencio.
—¡Malena di algo! —.Se exasperó con la sangre bombeando a todo galope, desde que había vuelto a coger el boli para recuperar el habito de escribir que no había mostrado a nadie lo que plasmaba, mejor dicho nunca lo había hecho.
—Laira, esto es precioso… —dijo alzando los ojos de la hojas —pero triste —.Le alargó el cuaderno.
—Chicos, ya casi llegamos —anunció su madre volviéndose un poco en el asiento delantero para poder verlos al tiempo que el coche giraba enfilando hacia la zona de West Vancouver, una de las más caras y ostentosas de la ciudad donde residían la mayor parte de magnates del cine, directivos de empresas mineras y demás. Por lo poco que sabía, el río Capilano era el que marcaba la frontera este con North Vancouver, el estrecho de Burrard en el sur y el Howe Sound al oeste.
Según les había dicho su madre, tendrían vistas a los bosques, montañas y parte del pacifico, aunque eso supusiera hacer cada día un trayecto de treinta minutos en coche ya que, los separaban diecinueve kilómetros y medio del West Mall, lugar donde estaba la Universidad donde irían, la University of British Columbia o UBC. Tenían apenas tres días para aclimatarse e incorporarse al inicio del curso. Sus padres, por el contrario, sólo disponían de ese día, por ello habían organizado todo desde Nueva York para que la casa estuviese lista para su llegada; muebles, decoración, ropa… absolutamente todo ya estaba allí esperándolos y su padre deseando ocupar su nuevo puesto con el hombre con el que llevaba años trabajando a través de las nuevas tecnologías, interminables llamadas telefónicas, vídeo conferencias y vuelos constantes. Ahora eso se habría acabado y por fin estaría en el mismo lugar de residencia que su superior.
El coche se desplazó tomando una bonita entrada y los chicos pudieron observar como la casa se elevaba por encima de la vegetación y los altos arboles. Tenía un frondoso jardín que parecía envolverlos. La construcción, de ladrillo grisáceo en varios tonos, se elevaba con tejados a tres aguas, cristaleras brillantes y tejas oscuras que armonizaban con el entorno. Laira no podía negar que parecía preciosa, aún así, aquel lugar seguía siendo ajeno a ella, no era su casa, su hogar. Una vez el coche se detuvo abrió la puerta y despacio bajo dejando medio cuerpo en el interior. Miró al rededor inspirando y dejo que los olores de la tierra y las plantas la llenasen mezcladas con el salitre del mar. La brisa era húmeda y refrescaba su piel apenas bronceada de los últimos días pasados en la costa. 
—¡Woow! Esto es impresionante —dijo Malena desde el otro lado del coche volviéndose hacia ella con una mano sobre el techo y su eterna sonrisilla mientras los padres, empezaban a descargar bultos y a gritar a Britany, para que vigilase y no corriese tanto. 
Por supuesto, fue la primera en entrar seguida de Bruno, y su padre mientras que ella seguía parada junto al coche cuya puerta dejo caer, se cruzó de brazos sintiéndose enfadada con ella misma por no ser capaz de admirar la belleza que la rodeaba y esa construcción que cualquiera desearía.
—Vamos Laira, entra, no muerde. Te gustará —.Su madre le sonrió apretándole el hombro para insuflarle valor y agachándose, se acercó confidencialmente al oído de su hija: el dolor no durará para siempre, pasará —.Le sonrió con amor y se encaminó hacia el interior esperando que ella sola diese el segundo paso.
El corazón de Laira se resintió pero asintió, suspiró cogiendo su bolsa olvidada en el asiento del coche y volvió a cerrar entrando junto a Malena que rió dando un par de saltitos. Parecía entusiasmada de verdad y lo cierto es que la casa lo merecía, era hermosa, espaciosa y elegante. Todo estaba decorado con un gusto exquisito, no habían escatimado en nada.
—¡Me pido la habitación de la derecha! —Britany gritó desde lo alto de las escaleras.
—¡Ah no, mocosa! antes tenemos que verlas nosotras —Malena arrancó a correr escaleras arriba hasta atraparla, la levantó en vilo haciéndole cosquillas y volvió a soltarla, Britany no dejaba de reír feliz hasta que vio llegar a la planta superior a su hermana, entonces su rostro infantil se entristeció.
—¿Qué pasa enana? —Laira procuró sonreírle —¿Te gusta está?
—Sí ¿puedo quedármela Laira, por fa? —.La miró con un puchero llevándose las manos tras la espalda meciéndose.
—Pues claro —.Le sonrió de verdad haciendo que le llegase a los ojos, y le pasó la mano por el pelo para seguir por el amplio pasillo.
—Chicas, subid arriba —.Sugirió su madre guiñándoles el ojo.
Ambas se miraron curiosas y con una risita traviesa subieron para descubrir la zona abuhardillada con dos enormes habitaciones dispuestas para ellas con cama de matrimonio y una zona de estudio con estanterías, libros y demás comodidades. Sofás rinconeros, televisión, cafetera, nevera, equipo de música… ¡y un enorme cuarto de baño doble, con bañera y ducha donde cabían al menos cuatro personas!.
—¡Mamá! ¡Esto es genial! —gritó emocionada sin darse cuenta que estaba tras ellas con una sonrisa en los labios observando sus reacciones.
—Me alegro cariño, lo merecéis.
Laira se sobresaltó al oírla detrás y se volvió abrazándola.
—Gracias.
—Ah no, tanto tu padre como yo y tus hermanos, han estado de acuerdo en que siendo dos chicas, lo mejor sería dejaos vuestro propio espacio y evitar peleas por el baño.
Ambas jóvenes se miraron abriendo ofendidas la boca y rompieron a reír asintiendo, aunque bueno, ya no se pelearía por el baño, ya no tenía ganas de arreglarse ni nadie para quién hacerlo.
—Me quedo la de la derecha —Malena corrió hacia el cuarto dejando su bolsa sobre la mullida cama —¡Laira! Desde las habitaciones también hay salida a la terraza —gritó emocionada.
Ella entró viéndola abrir las puertas francesas que daban a la gran terraza protegida por las tres paredes de la casa.
—¡Vaya! Mira que vistas, es una preciosidad —dijo maravillada sabiendo que su amiga ya la había seguido y que sus ojos  estaban siguiendo la misma extensión que los suyos.
—Acomodaos y bajad a comer, no hay mucho que colocar —.Les comentó Lorheen antes de bajar con el resto de la familia contenta con el resultado de sus indicaciones.
Lo cierto es que habían hecho un trabajo estupendo con la casa, habían valido la pena tantos desvelos y horas de conferencias hablando con las decoradoras. Habían sabido plasmar los gustos de todos ellos en cada una de las habitaciones para que se adecuasen a su necesidades y preferencias. No le había hecho ni falta decir cual era para cada uno.
—Espera mamá, te ayudo —Laira salió tras ella dispuesta a echar una mano a los suyos, al menos si se mantenía ocupada dejaba de pensar.
Si se movía y hacía trabajos rutinarios de diario la situación parecía menos anormal aunque también la incomodaba, le hablada de olvidar, de seguir y aquello todavía era un peso que desgarraba su pecho, aún no estaba preparada pero tampoco podía seguir sumida en su mundo de dolor, rabia y compasión; ninguno de ellos podían alcanzar a comprender la culpabilidad con que convivía, una que la asfixiaba cada día un poco más por no hablar de lo mucho que acusaba su ausencia, era igual a sentir el vacío instalado en sus entrañas. No le gustaba ver las caras de preocupación y tristeza en sus seres queridos así que, siguiendo las instrucciones de su madre empezó a sacar los ingredientes necesarios de la nevera mientras veía a Malena acomodarse en una de las sillas de la gran isla de la cocina.
—¿Qué hago? Quiero ser útil, me siento como una ocupa —.Se mordisqueó las uñas nerviosa.
—Tranquila, no pasa nada y mejor que te mantengas lejos de los fogones, sigues siendo un desastre y no queremos causar un incendio el primer día —.Bromeó Lorheen.
Malena sonrió poniéndose roja como un tomate, tanto que casi podía rivalizar con su melena rizada,
—Me gustaría darles una vez más las gracias por todo, de verdad no quiero ser una carga.
—Estamos encantados de tenerte Malena .Lorheen sonrió enternecida y le pasó la mano por la mejilla para seguir trasteando por la cocina memorizando donde estaba cada cosa —¿Verdad, cariño? .Miró a su marido que entraba por el espacio abierto del luminoso comedor que daba salida al espacioso jardín. 
Atrás quedaba una piscina y otra terraza con sofás de exterior, barbacoa y demás.
—Por supuesto, además, nosotros también te estamos muy agradecidos .Le guiñó un ojo a esta sacando el portátil de su maletín que dejo sobre la mesa.
—Asher Stein, tiene un precioso despacho ahí al lado
—Cielo no seas tan quisquillosa, es un momento, así puedo veros a todos mientras ultimo unos detalles.
—Prometiste no trabajar hoy.
—Me ha llamado Dex, será solo un momento, te lo aseguro.
—¿Y Britany?
—Jugando y por cierto, se acuerda de lo del perro y ahora no tenemos excusa.
—Eh tomatito, ya que estás ahí ¿podrías pasarme un refresco? pidió Bruno nada más entrar por el salón lanzando al aire un balón de rugby que recogía con gracia.
Malena lo fulminó con la mirada, sus ojos echaban chispas literalmente, siempre la llamaba así por su pelo y su piel cremosa salpicada de alguna que otra peca.
—Vamos anda, se buena… —añadió con voz zalamera.
Malena gruñó bajando de la silla y se acercó a la nevera doble de acero inoxidable.
—Podrías cogértela tu bonito, también tienes piernas y manos, unas que sí usas para coger un estúpido balón .Tiró del asa enfurruñada cogiendo la bebida, se acercó a él con paso decidido y cabreada se lo tendió golpeándole con la lata el pecho .Toma ¿desea algo más el señorito?
—Puesahora que lo dices
Malena puso los ojos en blanco llevándose las manos a la cintura amenazadora.
—¿Ves como no era tan difícil ser un poco dulce conmigo? Bruno torció la sonrisa con soberbia seguridad masculina.
—Te odio ¿lo sabes? .Se volvió dándole la espalda haciendo que la corta faldita volease.
Los ojos de Bruno no perdieron detalle y ni siquiera reprimió su murmullo apreciativo, Malena le enseñó el dedo corazón con una mueca.
—Salido.
—Estás loca por mi tomatito, reconócelo.
—Jamás, antes se congelará el infierno que yo me fije en ti .Volvió a tomar asiento replegándose la falda por el trasero mientras Lorheen los observaba divertida vertiendo parte de los ingredientes en la olla.
Meneó la cabeza intercambiando una mirada con Laira y siguió, solo le faltaba añadir algo así como: estos niños
Laira se metió un cachito de zanahoria en la boca ladeando la cabeza y observó a ambos, si no fuera porque Malena jamás le había dicho palabra juraría que entre esos dos se fraguaba algo más que una inocente amistad y era la primera vez que lo veía. Su hermano siempre la chinchaba y eso no era muy normal en él.
No podía negar que Bruno era un chico atractivo, tenía todas las cualidades necesarias para gustar a las chicas, es más, era de esos que dejaban con la boca abierta y las bragas en el suelo. Cuerpo atlético, sonrisa arrebatadora y pícara, ocurrente, divertido, deportista, listo, con un rostro perfecto yvamos, todo un partido. Y Malena, bueno, era su pequeña campanilla traviesa de la versión para adultos, preciosa en su sencillez, delgada, pequeña pero con un genio y unas salidas que para que. Era la chispa y la mecha del lugar, un terremoto de luz y color, vivaracha, alegre y positiva.
Miró en silencio a su amiga terminando de pelar un tomate y aprovecho:
—Tomatito ¿desde cuándo haces algo de lo que mi hermano te pide?
—¿Quizás desde que voy a tener que convivir con él? Te juro que la próxima vez que me llame tomatito su cabeza saldrá volando.
—Ya…
—Laira ¿qué insinúas? —.Se envaró al ver la cara socarrona de la otra.
—¿Yo? nada, nada… pero yo que tú no volvería a ser tan servicial.
—Tranquila, si en el fondo a tu hermano le pone que le de caña.
Ambas rompieron a reír y una vez no hubo más que hacer en la cocina que esperar, se fueron a un lado a sentarse. Laira recogió una pierna bajo el trasero y apoyó el codo en el cabezal del sofá recostando la cabeza cara a Malena, viendo de fondo a su hermano hablar por teléfono. Si realmente Malena le gustaba procuraba ocultarlo, él nunca tocaría a su amiga a menos que lo que sintiese fuese verdadero y no sin su permiso y aún así esa idea la inquietaba, no porque se opusiera, todo lo contrario, ese par encajarían a la perfección, es más, se alegraría pero si la cosa no funcionaba, sería incómodo y más ahora estando bajo el mismo techo, por lo que ambos se cuidarían muy mucho de aproximarse el uno al otro.

Comieron una vez estuvo la comida y siguieron con el papeleo y demás asuntos que debían atender hasta que fuese el momento de comenzar las clases.



Nervios retorciéndose en su estomago aunque no quisiese, es lo que sintió Laira justo al poner un pie en el asfalto; Malena por su parte no dejaba de sonreír y retocarse el maquillaje. La cogió de la muñeca con decisión y tiró de ella dejando atrás a Bruno y salieron de la zona de estacionamiento para internarse de lleno en la zona universitaria. La construcción típicamente británica de esta destacaba porque del ladrillo gris se pasaba a modernas construcciones de cristal y metal, la torre del reloj presidía la bienvenida y era tal y como Malena se lo había descrito. De hecho, la noche anterior había estado mirando fotografías del centro, del Rose Garden, la fabulosa biblioteca con techadillo abovedado en el centro y resto de descansos naturales. Las vistas al pacifico eran impresionantes, así como de las montañas a lo lejos, el Pacific Spirit National Park no quedaba muy apartado por lo que estaban rodeados de verde; el ambiente no podía ser más agradable, así como acceso a Wreck Beach. Malena la apresuró una vez más y no se detuvo hasta llegar a la zona del Starbucks, se miró discretamente en el cristal planchando una inexistente arruga del fino jersey blanco que se pegaba a su plano vientre e inspiró. Al final se había decidido por un conjunto de pantalón corto color crema, a juego con una americana de verano que dejo en el coche, jersey de tirantes anchos que se abría en v y unos topolinos de última moda, fina y formal pero sin ser estirado o eso creía ella. Se pasó un oscuro mechón negro tras el oído y observó a Malena abrazarse a tres chicas, estás reían, gesticulaban y hablaban animadamente entre evidentes muestras de afecto; esas debían ser la chicas de las que le habló; Gillian, Megan y Regan.
Una vez Malena empezó a hacerle enérgicos gestos para que entrase y se acercarse obedeció, no es que le costase conocer gente, de hecho nunca le había costado hasta ahora. Sus intensos ojos azules se movían inquietos por esas chicas que sonreían amablemente, su indumentaria aunque correcta era mucho más desenfadada que la suya, shorts de tela vaquera, blusas bonitas que iban del liso al estampado más veraniego, bailarinas o topolinos.
—Chicas, ella es Laira, la amiga de la que os he hablado, espero seáis buenas con ella —Malena les guiñó el ojo, divertida.
—Hola, encantada de conocerte —.La primera se le acercó dándole dos besos y Laira sonrió incómoda apartando la mano lo antes que pudo quedándose cortada y quieta.
En las presentaciones siempre le ocurría lo mismo, no sabía cómo reaccionar, rió apurada y enseguida terminaron de presentarse. Las tres eran agradables y animadas, charlaban por los codos casi como Malena pero no resultaba una charla insulsa ni pesada, así que enseguida se sintió a gusto. No sabía si Malena las habría puesto en antecedentes o no, pero la hacían sentir una más.
El día paso rápido, las clases fueron una exhalación, Malena parecía encajar a la perfección, era como si llevase toda la vida moviéndose por allí, charlaba con casi todo el mundo, justo en ese mismo instante estaba riendo con Megan y Gil.
Ambas chicas eran rubias, salvo que Gil lo tenía liso y llevaba media melena, mientras que Megan lo tenía denso y rizado, su piel blanca lucía inmaculada y sus ojos avellana eran despiertos, grandes y luminosos con largas pestañas. Regan por su parte era también delgada y finita, llevaba el cabello castaño recogido en una cola de caballo haciéndola parecer todavía más pequeñita de lo que en realidad era, su naricilla estaba salpicada de pecas resaltando el color verdoso de sus ojos felinos y el rosado de sus carnosos labios de muñequita.
Iban ya hacia la zona del parking cuando las chicas se detuvieron, había varios grupitos de chicos y chicas hablando por doquier así como coches con las puertas abiertas, los equipos de sonido sonando y motos haciendo rugir sus motores mezclado con la cháchara de los allí reunidos.
—Vaya, pero si hay carne nueva —.Empezó a gritar un chico guapito.
Tenía el pelo rubio oscuro y bonitas facciones, subido a una moto de gran cilindrada junto a otros cuatro. En cuanto quiso darse cuenta, Laira se vio rodeada por estos y sus bestias.
—¿Dónde vas tan corriendo, guapa? No tengas prisa —.Sonrió otro repasándola.
—No tienes ninguna opción Shon, esta juega en otra liga, fijo es una engreída.
—Pero si es a las que más les gusta que les den caña —.Volvió a responder el llamado Shon con su sonrisa a lo rebelde sin causa, solo le faltaba sacarse un inexistente palillo de la boca —.Vente a dar una vuelta preciosa y así vamos conociéndonos.
—Ni loca, ni ganas de conocer a alguien como tu —.Se defendió Laira sintiendo la sangre bombear con fuerza contra sus venas. 
El pánico la estaba invadiendo, el recuerdo de una situación similar estaba invadiendo su cerebro bloqueándola, empezaba a sudar y a notar cómo le faltaba el aire, las piernas le fallaban. Sentía como temblaba por dentro por mucho que se mostrase retadora y segura por fuera. Apretó con fuerza los puños hasta clavarse las uñas en las palmas y tomó una nueva bocanada de aire.
Malena estaba paralizada viendo la acción discurrir junto a las chicas, que dudaban en si ir en su rescate o dejarla librar su propia batalla.
—Ves, te lo dije —rió el otro.
—Calma, si se que al final nos llevaremos bien —.Alargó la mano hacia ella para tocarla.
Laira le dio un manotazo apartándose.
—¡No me toques! Dejadme pasar de una vez —.Trató de empujarlos, el primero se tambaleó un poco sobre la moto.
—¡Eh! calma.
— ¡Ni calma ni hostias! que me dejéis salir de una puta vez —gritó empezando a desquiciarse ya que, comenzaron a rodearla en circulo con las motos en marcha.
Laira hizo un par de amagos pero no logro nada.
—¡Imbéciles!
—Menuda boquita, dinos tu nombre y quizás nos lo pensemos.
—Venga chicos, dejadla —.Ordenó el cuarto, él era el único que se había mantenido al margen de aquello apoyado en una Hayabusa negra. Tenía una pierna sobre la otra y los brazos cruzados haciendo que sus brazos fuertes se marcasen. La camiseta oscura se amolaba a sus formas elásticas y poderosas, atlético y con los músculos marcados de forma natural. Cabello negro, corto, ojos de depredador de un profundo y claro gris, nada de un azul manchado o algo así, no, grises. Labios apetitosos, rostro afilado con aristas contundentes y marcadas. Nariz recta, piel bronceada y… el exponente masculino más apetecible e impresionante que podía haber pisando la tierra. Sin embargo, era uno de ellos, y al parecer de Laira, el peor con su aire salvaje y peligroso. Él era el líder y parecía que ahora que había abierto la boca dejándole escuchar su voz oscura y sensual, todos estaban mirándoles y eso lo odiaba, su cuerpo se tensó por completo, la realidad se mezclaba con el pasado.
—Venga Kieran, no estamos haciendo nada, solo nos divertimos un poco. Además, nos ha insultado.
—No tiene nada de divertido —Laira probó a colarse entre el hueco de uno de ellos, el chico le corto el paso empujándola con el brazo a dentro del circulo.
—Ya lo creo que si —dijo chulito uno de ellos.
—Los tipos como vosotros son todos unos estúpidos, unos descerebrados sin ningún concepto del peligro ni el menor respeto por nada ni nadie. De esos que se creen que por ir a mil, beber y meterse en peleas son la hostia de duros, los putos amos de un mundo de cemento vacío. ¡Enhorabuena! eso no impresiona, lo valiente es vivir y enfrentarse a la jungla siendo quién eres y no dejándose arrastrar a una espiral de autodestrucción, si duele es porque todavía sentís algo, si no es que sois más cobardes de lo esperado. ¿Vais a seguir con el numerito para ver quién la tiene más grande o puedo largarme ya? No os soporto, espero que cualquier día no os estampéis por ahí, si eso renovad el montaje —.Soltó envalentonada cruzándose de brazos, y a la que vio la oportunidad salió andando a paso rápido hacia el coche de su hermano.
—Bonito discurso, pero olvidaste un detalle. 
Laira se detuvo al escuchar la voz del que llamaron Kieran unos pasos por detrás suyo. Cogiendo fuerzas se giró de sopetón para enfrentarlo con la cara seria y el mentón alzado, orgullosa, retadora… terriblemente asustada por culpa del recuerdo de unos ojos muy parecidos. Debía controlarse o una vez más su lengua la delataría, ya había dicho demasiado.
—¿Cuál? —.Achicó la mirada.
—Que no tienes ni puñetera idea de cómo somos para decir eso.
—¡Oh! Supéralo —.Volvió a girarse —no va a colar, me importa una mierda quién seáis. No pienso conoceos.
Kieran torció la sonrisa divertido, esa muchachita tenía genio. Carácter no le faltaba pero esa falsa valentía provenía del miedo y la autodefensa, veía el terror impreso en cada poro de su piel. Resentida, despechada, a la defensiva y… aún así, nadie se había atrevido a decirles algo como aquello y podía ser parte de la cruda realidad.
—¿Y quién dice que tenga el menor interés en hacerlo? No eres más que otra niña bien que llega con aires de grandeza creyéndose mejor que el resto dando lecciones. Estás vacía y muerta de miedo. No has dejado de temblar en todo este rato como un conejo asustado.
—¡Vete a la mierda! ¿pero qué problema tienes? —Laira se giró incrédula con la boca abierta, aquello había hecho saltar un resorte dentro de ella. ¡¿Cómo podía hablarle así?!
Kieran chasqueó la lengua satisfecho.
—Creo que sí ha funcionado, te ha molestado.
—¡No tienes ni idea de cómo soy! —.Lo acusó acortando la distancia al tiempo que estampaba su índice sobre el duro pecho de él que ni se inmutó.
—Bingo, espero que ahora te tragues tus palabras y pienses antes de hablar bonita. Para ser una princesita saltas a la mínima, tendrían que lavarte la boca con jabón —.Dio un paso más hacia ella quedando a escasos centímetros, alto e imponente como era bajando la vista hacia los labios de ella.
Laira tragó incomodada por su cercanía, podía notar el calor que desprendía, la flexibilidad y dureza de esos músculos y el embriagador olor que desprendía su piel. Realmente era algo arrollador y sexy, descarado, agresivo, felino y un chulo arrogante con pinta de macarra de barrio o eso quería creer porque sus labios se entre abrieron para dejar paso a la lengua que los humedeció, nerviosa.
—No me arrepiento, es lo que sois —.Dio un paso atrás con el mentón tembloroso dispuesta a girarse, él la cogió del brazo y Laira se paralizó dejando escapar un sonido extraño de su boca.
El corazón se le disparó dolorosamente, quiso tirar y deshacerse de su amarre pero no pudo. Malena y las chicas, que habían salido corriendo ya estaban junto a ella.
—¡Dale caña, Kieran! Enséñale quién manda —.Coreó uno jaleándolo mientras otros empezaban a silbar y aplaudir.
Por suerte, Bruno ya estaba casi a la altura de ellos.
—¡Eh! ¿qué pasa aquí? ¡Aparta las manos de mi hermana ahora mismo o te parto las piernas! —.Se situó frente a él quedando junto a Laira que dejo escapar el aire, estaba a punto de hiperventilar.
Kieran endureció la mandíbula, sin embargo, miró a la chica que retenía. Pánico en sus ojos; encontró un terror tan vivo y descarnado que sus dedos se soltaron solos, impresionado ¿qué demonios le habría ocurrido?





Saludos y os espero a tod@s el próximo lunes, con una entrevista muy especial a una gran autora que hará las delicias de muchas de nosotras ;)

Y recordad En un suspiro, muy pronto en Amazon tanto en formato papel como digital.

Leila


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