4 de junio de 2014

Blog Tour: Semana de David López

Hola buenos días, seguimos con David y un poco más sobre sus obras:

Sobre Filippo AQUÍ a partir del min 20 podéis escuchar una entrevista a David.

Booktrailer Alma en Sumisión:



Y me reservo la sorpresa sobre Alma en Sumisión I o... vengaaaaa vaaaaaa, os dejamos un extracto:


Aquí estoy, tumbado en el suelo, a ciegas y atado a la pata de la cama, con ese lazo
de satén violeta y con los brazos y las piernas abiertos, debo estar ridículo. Espero que no me grabe o fotografíe. ¿Dónde habrá ido? Menos mal que hace buena temperatura, parece que hay calefacción. Se escucha la llave, pasos y finalmente se cierra la puerta. Ya está aquí.
¿Me has echado de menos?
–Estoy impaciente por acabar con esto... Mi Señora.
¿Sí? Aún no hemos empezado. Cierra los ojos, voy a quitarte el antifaz. No los
abras, hasta que no lo ordene. ¿Entendido? Asiento con la cabeza, siento como me lo quita y unos segundos después me ordena que abra los ojos.
Ya.
Gira la cabeza a tu izquierda ordena.
Dios Santo, se me pone dura de ver semejante imagen. Alma viste un picardías
negro, con encajes violetas. Su pelo esta suelto y lleva una especie de collar de tela a juego con su picardías. Sus labios y sombra de ojos también son violetas. Lleva unos botines de tacón de aguja, negros. Se ha pintado en la cara una nariz y bigotes, como si fuera una felina. Sus uñas también van pintadas de violeta. Esta deliciosamente bella, es excitante... Pero me preocupa el látigo que sujeta en su mano derecha.
Este es mi mono de trabajo, para trabajar contigo. Espero que te guste, porque
vas a verme así a menudo.
Me encanta, mi Señora.
¿Sí? Su mirada se oscurece, sus ojos se cierran como puñales mirándome con
vicio.
No te preocupes por el látigo, hoy no voy a usarlo contigo.
¿Hoy? Suspiro y digo para mis adentros, con los ojos cerrados.
–Habrá latigazos, hoy no... Pero los habrá –eso no me gusta.
Abro los ojos y ahí está, encendiendo una gran vela violeta y la pone en una especie
de bol metálico cerca de mí, en el suelo. Después se dirige hacia mí, levanta un pie y posa su tacón en mi pecho y la punta de su zapato en mi barbilla, suave... Con un ligero movimiento hace que se abra mi boca.
–¿Sabes que estás a mi completa merced?... ¿Lo sabes? –Asiento como puedo
muy bien, Sebastián, muy bien. Si eres un buen Esclavo, no te usaré de felpudo, pero si te portas mal... Caminaré sobre todo tu cuerpo –sonríe mirándome fijamente, parece que quiere asustarme. Aparta su pie de mí, y se descalza, se abre de piernas y se sienta sobre mí.
¿Sabes? Este picardías es muy útil. Tiene un botoncito aquí debajo señalando su vagina que al soltarlo, se abre lo suficiente para meterme tu polla. Sólo me vas a ver desnuda, si yo te lo permito. Sonríe, mientras pasa las uñas de su mano izquierda por mi pecho –yo te tocaré lo que quiera y cuando quiera, tú a mi no... A menos que yo te lo pida y eso tendrás que ganártelo. ¿Vas entendiendo todo lo que te digo?
Sí, mi Señora. Respondo suspirando por el roce de sus uñas por mi cuerpo.
–Bien... ¿Así que no toleras el dolor? –Su tono se torna burlón, haciendo mohines y abriendo la boca exageradamente. Coge la vela y la acerca a la altura de mi cuerpo. Vamos a comprobarlo sonríe y vuelca la cera caliente, moviendo la vela suavemente hacia abajo, en paralelo a mi cuerpo. La cera caliente cae goteando sobre toda mi piel. –Ay, Dios... –Me dan espasmos en las piernas.
–Shhh... No te muevas –se levanta y ahora, gírate.
Me giro a duras penas, menos mal que está la gran alfombra, color marino, debajo
de mi... De lo contrario el tacto con el suelo sería fatal. Mis brazos atados con el satén a las patas de la cama, yacen cruzados... Estoy muy incómodo y noto como me cae cera caliente por toda la espalda.
–Dios... –La cera está muy caliente, noto como me quema al caer pero se enfría


rápidamente y hace que mi cuerpo se estremezca, aunque no llega a disgustarme del todo esa sensación.
Si supieras lo que me está costando no darte en ese culo desnudo con el látigo... Me pones difícil el que quiera ser condescendiente contigo.


–No me pegues, por favor...
¿Por favor, qué?
–Mi Señora, mi Dueña, mi Ama, mi Todo... Ten piedad.
–Tus suplicas, lejos de conmoverme, me excitan más... Sebastián. –Trago saliva, no
la veo... Estoy bocabajo y no sé que me va a hacer –¿Te has duchado, antes de venir? Sí, mi Señora. ¿Qué haces? Pregunto al notar cómo me manosea, con algo pringoso.
Te doy aceite en el culito.
¿Por?
Voy a meterte un dedo por el culo, Sebastián.
¿Qué? ¡No te atrevas! Se me sale el corazón.
Shhh, estas siendo muy insolente. Estas indefenso, sigue las reglas del juego o de
lo contrario sacare una polla de plástico del baúl y te la meteré sin lubricar.
Ay, Dios –¿Lo dice en serio? Estoy indefenso... Jadeo, no sé si de miedo o de que. –¿Preparado?
No.
–Bien, allá voy... Relájate –noto sus risas.
Es algo molesto al principio, noto como me mete despacio el dedo meñique de una
de sus manos, cubierta por completo con aceite. Para delante, hacia atrás... Así sucesivamente, lo que empieza siendo molesto, no acaba de disgustarme del todo. No ha sido tan desagradable. Cuando termina, me limpia el aceite de mi trasero y me ordena que me dé la vuelta.
–No finjas... Sé que te ha gustado sonríe y se agacha. Empieza a masturbarme y chuparme el pene, hasta que se pone enorme.
–Esto me gusta más, mi Señora... –Jadeo, mi miembro se pierde en el interior de su boca una y otra vez, mientras me mira con lascivia a los ojos, parece que le gusta más que a mí.
–Y ahora... –Desabrocha su botón.
Lo que creía que iba por fin a ser más normal, no lo es para nada. Solo introduce mi glande en ella y después lo saca. Me atormenta con su juego, yo deseo que la introduzca entera en ella, jadeo con algo de insatisfacción desconcertado, mientras ella sonriente contempla que no me hace ninguna gracia, y eso le excita incluso más. ¿Te das cuenta? Aquí se hace lo que yo quiero. Ahora que lo has comprendido,
voy a darte fuerte un par de veces, ni se te ocurra correrte. Lo hace.
–Dios, Dios... Me voy, Me voy... No lo puedo controlar.
Te he dicho que no.
–Ahí Dios... Por favor, te lo suplico... Me va a reventar.
Solo un par de veces más, lo hace ya puedes.
–Oooohhh.... –Me voy y ella se mantiene quietecita, contemplando las muecas de placer que hace mi cara y eso le rebosa alegría. Con sus manos toca mi pelo y baja acariciando mi cara. Después, me da un beso fugaz en los labios. Sin aún dejarme salir de ella, me desata las manos.
No me toques, ¿Entendido?
Se levanta con suavidad, haciendo que me retuerza de estremecimiento. Y sale de
la habitación. Me quedo en el suelo, sentado... Desnudo. No sé qué hacer. Al menos tarda diez minutos en volver, ya vestida.
–Bien... Sebastián. Bien. Lo has entendido. Ya puedes levantarte y vestirte. Lo
dejamos ya por hoy.



¿Eh? –Me extraña, se me hizo corto... Y que yo sepa, ella no ha tenido un orgasmo.
–¿Te ha sabido a poco? Puedo darte unos azotes si quieres... –En tono burlón. Está bien... Tranquila.

Me incorporo y me visto, en silencio. Ella vigila todos mis movimientos, sin decir nada. Una vez que he terminado, me hace una señal como diciendo, si ya terminaste vamos. Salimos del ático y no se rompe el silencio hasta que subimos al coche. 

Saludos y hasta mañana,

Leila

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