21 de mayo de 2014

Blog Tour: La semana de Encarni Arcoya

Hola buenos días, seguimos en la semana de Encarni Arcoya y continuamos conociendo más sobre sus obras:

Fragmento de El Cuarto Rey Mago: 

Levantó la cabeza para besarle sus lágrimas sintiéndola bajo su roce. Besó un camino hacia los labios rozándolos con los suyos sin llegar a más. 
  • Star, ¿qué pasa?
  • No lo se... Me duele perderte... Tanto como perderlos a ellos. 
Dolor. Si, ambos sentían lo mismo, la separación desgarraba su alma con solo pensarlo. No quería alejarse de ella porque, por primera vez, sentía que ese era su sitio, con una mujer que amaba. 
Fusionó los labios con los de ella buscando con desesperación la entrada a su dulzor y calor, a la humedad y suavidad. Las lenguas entraron en contacto y ambos gimieron por el placer. Desplazó sus manos hasta el cuello para empujarla hacia él y dejarle la cabeza en un mejor ángulo. 
Su contacto; necesitaba ese contacto. Las manos le temblaban alrededor del cuello, la lengua impaciente por tocar, lamer, succionar y presionar la de ella. 
  • Ya no puedo resistirme, Star. Te deseo. –Susurró dándole besos con cada palabra pronunciada hasta volver a tomarla al final.
Se inclinó atrapando su cuerpo entre el sillón y su presencia presionando su pecho en los senos y pezones ya excitados. Star emitió una pequeña protesta por el roce en una parte ya inflamada. Noel apoyó las manos en los brazos del sillón mientras su entrepierna dejaba evidencia del calor y dureza por ella. 

Alejándose de la boca, siguió el camino por su cuello dejándolo húmedo por la lengua para secarlo con los labios succionando. El sonido de sus besos le hizo a Star acelerar más su respiración, echar la cabeza atrás dándole una mayor porción de ella. 



Fragmento Abyy y Gideon: 

En el instante en que la divisó, la figura de un hombre con traje entró en ella y le dio esperanzas. Si era su profesor entonces no llegaba tan tarde, podía excusarse diciendo que estaba en el baño, o algo así. 
Apresuró su corrida y, cuando la puerta iba a cerrarse, ella quiso frenar con tan mala suerte que, entre el suelo mojado, y sus zapatos, hicieron que se precipitara contra la puerta abriéndola de par en par. Iba a caer de bruces delante de toda la clase, eso sí que era empezar con buen pie. 
  • Señorita, ¿se encuentra bien? - Esa voz parecía entrar por los poros de su piel y vibrar en todo su interior. ¿Cómo conseguía eso una voz?
De pronto notó algo cálido acariciarla desde la cintura hacia arriba, a sus hombros, y ella ronroneó frotándose contra... ¿Un pecho? Sus manos palparon el luegar donde estaba asentada y oyó el latido de un corazón, aparte del suyo. Era consciente ahora de otra parte más dura entre sus piernas pero dejó de pensar al volver a oír esa voz. 
  • Señorita, si a usted no le importa quedarse ahí, a mí si. Tengo una clase que dar y no parece herida como para no levantarse.
Abby levantó la cabeza enseguida para encontrarse, cara a cara, con su profesor, Gideon Richard, el que, durante dos años, se ocuparía de impartirle las clases. Sus ojos, la mandíbula, las cejas... Todo en él pareció grabarse en su mente. 


Saludos y hasta mañana.

Leila

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