17 de marzo de 2014

Bailando Sola

Hola buenas tardes chic@s,

Como hace mucho que no subo nada mío ni traigo relatos, hoy me gustaría compartir con vosotros un relato que s incluyo en la revista Letras Enlazadas Nº 7 al que le tengo especial cariño:

Bailando sola


La empresa había organizado una fiesta en la discoteca más prestigiosa de la ciudad y ahí esta yo, apoyada contra la pared con mi mojito viendo a mi ex besando a una rubia explosiva con la que trataba de bailar sin mucho éxito entre movimientos más propios de una habitación que de un lugar publico. «No hay otra Abby, te lo prometo» ¡Y una mierda! No había una sino todas las que pudiese camelarse. No debería importarme, no tendría ni que mirarle, así conservaría los añicos de mi corazón, había sido una estúpida al no querer verlo y aceptar que de un tiempo a esta parte él había cambiado; únicamente le importaba su ego y la satisfacción de su polla sin embargo, seguía ahí de pie con la canción de Robyn sonando de fondo a punto de llorar por el abandono de mi supuesto amor y ni siquiera estaba bailando; me sentía demasiado identificada con aquella letra que estaba perforando mis sentidos junto a mi coraza a marchas forzadas.
Inspiré buscando fuerza en aquel simple acto cotidiano y aparte la vista del espectáculo que se llevaba acabo abajo, a uno de los lados se había formado un considerable barullo pero yo ni me había dado cuenta de la gente que se acumulaba hasta que al volver la vista descubrí a chico en la barra, estaba ladeado frente a esta en una pose indolente, el codo en la barra, la camiseta gris pegada a su cuerpo esculpido a la perfección, aire de pícaro rebelde, sonrisa sexy y mirada irresistible. Barba de tres días, facciones viriles, cuadradas, labios de pecado y ojos de un penetrante azul que resaltaba gracias a su tono de piel y el cabello negro por el que se podía perfectamente hundir los dedos y aferrarlo, por Dios que estaba tremendo y lo más curioso es que no dejaba de observarme y a la que vio que yo le prestaba atención le vi venir hacia mi con un botellín de cerveza helado en la mano.
Tragué repentinamente nerviosa llevándome una mano a la boca del estomago que cosquilleó y me humedecí los labios en un acto reflejo, era alto, de espalda ancha donde poder aferrarse, piernas y brazos fuertes, avanzaba con gracia felina, parecía un depredador al acecho, seguro, arrogante y terriblemente arrollador. «Calma Abby, seguro que no es por ti. A ti no te suceden estás cosas y él no es de tu liga» Me dije para tranquilizarme, peor ya lo tenía plantado frente a mi, los ojos entrecerrados, barbilla alzada y la sonrisa ladeada de un modo increíblemente devastador, un calor tremendo me subió por los pies al verlo recorrerme, parecía poder hasta mi alma con esos ojos. «Magnífico» pensé pasándome una mano por la tela de la falda, las manos empezaban a temblarme y aunque no sudase tenía la sensación de hacerlo cuando el pulso se me disparo.
—Se supone que la noche es para divertirse y no mantenerse apartada en un rincón.
La boca se me secó al oír su voz oscuro, su tono tenía una cadencia sensual que te envolvía como terciopelo. Bebí aturdida y casi me da un pasmo cuando se acercó tanto a mi que pude oler su piel. Olía a limpio, a hombre de los pies a la cabeza.
—¿Por eso has venido? ¿Eres de los que rescata chicas tristes en las fiestas?
—Podría ser —.Torció la sonrisa acompañada de otra mirada descarada, me sentí fundir por completo.
—Ya —.Lo miré alzando la vista, era mucho más alto que yo, su cuerpo casi eclipsaba el mío, mis defensas saltaron respondiendo con más brusquedad de la necesaria, aparte la vista.
—Vaya, eres de las que muerden, no pensaba que hubiese perdido encanto tan pronto —.Hizo pasar el aire entre los dientes.
—Será que conozco a muchos buitres de la misma calaña, he tenido suficiente, gracias.
Él me miró casi como si mi reacción lo sorprendiese o divirtiese, no sabría decir, sonrió lánguidamente como el depredador que me había parecido y se paso la mano por el mentón sin que mis ojos dejasen de seguir ninguno de sus movimientos como hipnotizada.
—Ya veo, te han hecho daño.
—Premio Sherlock ¿quieres una medalla? No estoy de humor como ves —respondí a la defensiva casi a punto de bufar tal que si fuese una gata.
—Te han trasladado al equipo y es cierto que no sabes ni quien soy —.Cambió el peso de su cuerpo de una pierna a otra.
La tela vaquera se amoldaba a sus piernas de un modo delicioso, llevaba botas moteras y aunque normalmente no era muy aficionada a ella debía admitir que a él le quedaban de muerte. Joder, todo él estaba para lamerlo lenta y concienzudamente « Abby,¡¿Pero que te pasa?! Deja de pensar esas cosas, en tu cama únicamente espera el vacío y el frío de la noche» Me recriminé. Su comentario merecía que le prestase atención, había mencionado al equipo.
—¿Equipo? ¿Debería? —.Fruncí el ceño mirándole con la cabeza medio ladeada al tiempo que jugueteaba nerviosa con la pajita de mi copa golpeándola contra el hielo.
Él volvió a torcer la sonrisa acercándose el botellín a los labios y yo volví a tragar al ver esos labios cerrarse entorno a la boquilla de la botella. ¡Me estaba abrasando! Si aquello no era tensión sexual que me partiesen en dos.
—No ves los deportes ¿cierto? Lo tuyo es más práctico —.Dirigió su mirada a mis ojos, yo negué tratando de asociarlo a algo conocido y os juro que mi mente estaba haciendo horas extras.
—Soy Ian Cross, el piloto —.Me tendió la mano, grande, fuerte, firme.
Una que me quede mirando aturdida y cogí estupefacta, aquello era demasiado violenta, me sentía estúpida y muerta de vergüenza. ¡Por Dios cómo no le había reconocido! Por eso aquel revuelo...
—Oh cielos, menuda idiota, lo lamento yo... llevo una mala noche —.Aparte la mano, debía estar roja como un tomate.
Él sonrió tan tranquilo rozando la piel de mi mano con sus dedos, su piel estaba caliente, y a pesar de las palmas algo rasposas seguía siendo una mano que desearías tener recorriéndote el cuerpo desnudo.
—No pasa nada, me alegra que todavía quede gente capaz de tratarme como a alguien normal —.Sonrió con franqueza —te reconocí y quise venir a saludarte y de paso ver si conseguía arrancarte alguna sonrisa, parecías a punto de salir corriendo y algo me dice que tú no eres de esas.
Ian captó mi completa atención al decir aquello ¿realmente podía ver dentro de mi? Nadie más habría dado tanto en el clavo, sin embargo él...
—Abby Williams ¿cierto?
—Sí. En serio Ian, disculpa por como... joder, menuda forma de conocernos —.Me llevé la mano a los labios al darme cuenta del taco que había soltado.
Él rió, una risa sincera y vibrante que hizo mantequilla mi sistema.
—Lo siento, parece que esta es la noche de las disculpas.
—¿Por qué? Has sido tu misma, que más da, estoy harto de tanta corrección, me gusta lo real.
—Ya —.Lo observé fijamente sin el menor recato haciendo chocar las uñas contra el vaso —¿Te trajo la escudería?
—No, vine en mi propia moto. No es que me gusten mucho estos actos pero el deber es el deber —.Se inclinó un poco hacía mi ya que el lugar empezaba a llenarse y entre el griterío y la música se hacia difícil escucharnos si no me hablaba cerca del oído. 
Me estremecí en cuanto su aliento rozó mi piel, desde luego seguía teniendo toda la pinta de ir de caza y yo parecía ser incapaz de ser inmune a su presencia. Reaccionaba demasiado a la electricidad que se desprendía de su cercanía. Era magnético. ¡Dios, no podía estar pasando aquello, estaba hablando con Ian Cross!
Sonreí con picardía arqueando una ceja y alcé los ojos hacía él observándole bajo las pestañas.
—¿Ya te dejan?
Él volvió a dejar escapar una risita, desde luego era una paradoja que un piloto de formula uno fuese sobre dos ruedas.
—Te hacía más de coches fastuosos, potentes, rápidos y caros.
—No negaré que tengo algunos —.Me dijo confidente al oído sin perder la sonrisa —.pero también te diré que prefiero la sensación de libertad que te da una moto. no les hace mucha gracia pero es lo que hay, esta en el contrato.
—Haces que me planteé mi trabajo como un posible negocio de riesgo.
—Sin él no hay gloria, pequeña —.Bebió sin perderme de vista evaluando el efecto de sus palabras sobre mi.
Desde luego me había sorprendido pero no molestado que me llamase pequeña ¿por qué? Normalmente lo odiaba, a otro ya le hubiese lanzado la copa encima lenta y concienzudamente, sin embargo en él sonaba demasiado tentador.
Ian silbo.
—¿Qué? —.Parpadeé
—Por un momento creí que ibas a echarme eso encima —.Señaló el vaso que sostenía precariamente entre mi mano izquierda.
—Digamos que se me pasó por la cabeza.
—Pero no lo hiciste ¿por qué? Estoy seguro que a otro lo hubieras bañado.
—¿La verdad?
—Por favor —dijo como todo un caballero sin perder esa sonrisita peligrosa de los labios.
—Sonó demasiado bien saliendo de tus labios y no debería.
Él volvió a hacer sonar el aire entre los dientes divertido arrancándome otra a mi.
—Es el efecto que suelo causar.
—¿Estas cazando Ian?
—Ni se me ocurriría, a las mujeres como tú no se las caza, se las conquista.
—¿A sí? Las mujeres como yo... —.Me llevé una mano a la cintura con una mirada retadora y desafiante —.Los tipos como tú creéis que conocéis todo de las mujeres, pensáis que estamos deseando tener a un hombre en casa atado y comprometido y que con cuatro palabritas tendréis nuestras bragas en las manos y no es así. No tengo ningún problema con los revolcones sin compromiso.
Ian hizo una mueca, no parecía sorprendido en absoluto, solo divertido por mi arrebato.
—¿Te estás ofreciendo? —.Levantó una ceja, yo di un paso atrás molesta —Eso a dolido, Abby —.Casi sufrí un corto circuito cuando pronuncio mi nombre —yo no he usado ningún tópico contra ti ¿Por qué te pones a la defensiva? Ni siquiera te he atacado.
Me derretí. ¡¿Por qué tenían ese efecto en mi esos ojitos?!
—Lo siento, simplemente es que todavía estoy... —.No terminé la frase, mi ruptura era demasiado reciente, la herida estaba abierta y me sentía una idiota.
Las manos de Ian apartaron un mechón tras mi oído, a la que su dedo rozó la piel de mi cuello siseé estremeciéndome, cerré los ojos y esperé inspirando a que el suelo dejase de moverse bajo mis pies. Por un instante todo había dejado de existir y el mundo dejo de girar para mi. ¡¿Qué me pasaba?!
—Se bien lo que es querer protegerse el corazón, lo malo es que al final te das cuenta de que con eso únicamente te amargas y acabas solo —dijo muy cerca de mi.
—Tampoco es tan malo —murmuré casi sin aire.
—Puede —.Rozó mi mejilla muy despacio tal como si estuviese deleitándose con el tacto de mi piel.
Yo tragué a punto de sentir como me ahogaba deseando aferrarme a él.
Su rostro estaba frente al mío y esos labios no dejaban de tentarme, me llamaban a gritos y yo no podía pensar con claridad. Ian puso un poco de espacio entre ambos apartándome hacia la barandilla de seguridad que separaba el nivel superior de la sala inferior. Desde ahí podía seguir viendo a mi ex bailando con la rubia.
—A ver si adivino, casada con tu trabajo —.La voz de Ian me trajo de vuelta a la realidad, distrayéndome de lo que hacían las manos de Ryan, mi ex pareja —Hum —.Siguió como si supiese que había acertado —con eso solo conseguirás que un buen día te levantes y te des cuenta de que la vida a pasado delante de ti sin que la hayas vívido.
—¿Y tú quien eres, mi gurú particular o algo así? —.Medio sonreí divertida volviendo a mirarle.
Ian rio.
—Algo así. Dime ¿tú que haces para divertirte? ¿Alguna locura en tu agenda? —.Apoyó la parte baja de la espalda en el murito poniendo un pie sobre el otro con los brazos cruzados.
—¿Acaso tu tienes muchas? —.Sonreí quedando nuevamente atrapada en su influjo a pesar de que mis ojos seguían controlando a Ryan.
—Cada día me juego el tipo ¿recuerdas?
—Yo... lo siento, perdona, que mal —-Me pase el vaso frío pro la frente disimuladamente.
—No, tranquila; me gusta eso. ¿Alguien importante? —movió la cabeza hacía abajo.
—¿Cómo?
—No has dejado de mirarle —.Seguí su mirada.
—¡Ah, no! Solo... mi ex.
Su rostro fue de absoluta comprensión.
—¿Muchos años? —.Se acercó la cerveza a los labios.
—Cinco, oye, no deberías beber —.Lo reprendí, ni siquiera sabía por que le respondía.
—Es una fiesta —.Se encogió de hombros —¿Quieres joderle un poco? Baila conmigo —.Me alargó la mano una vez más con la palma abierta —Te aseguro que ahora mismo eres la chica más envidiada y deseada de este local y no es por vanagloriarte, vamos, aprovéchate.
—Que amable ¿sueles hacer siempre de caballero andante?
—No, solo contigo —.Sus ojos me taladraron por completo.
—Vaya que honor, es un halago señor Cross —.Sonreí divertida aceptando su mano.
Él enseguida se puso en movimiento llevándome hacia el piso inferior, todo el mundo nos miraba al pasar, incluso la cúpula directiva estaba empezando a acercarse a la barandilla, yo reía cuando me atrajo hacia él de un tirón ya en la pista haciéndome caer contra su pecho duro. Olía tan bien... ¿Cómo sería recorrer ese abdomen firme y esculpido con los dedos? «No deberías pensar en eso» Volví a reprenderme.
Ian me mantuvo firme para que no perdiese el equilibrio enseguida le seguí, lo cierto es que era una provocación como se movía ese cuerpo, sabía bailar. Me mordí el labio inferior mirándole sin apartar la mano que tenía sobre su cuello ancho y robusto y seguía moviéndome.
—Eres toda una caja de sorpresas.
—No pensabas que supiera moverme ¿verdad?
—Puede —.Me puse de puntillas para decir aquello muy cerca de sus labios, él sonrió poniendo una mano en mi cadera y otra en la cintura.
Desprendía tanto calor...
—¿Qué paso? —pregunto refiriéndose a Ryan.
—Simplemente me dejó. Llegó un día de la noche a la mañana en que decidió que ya no me quería con él, quería descubrir cosas nuevas.
Ian hizo una mueca, peor no se sorprendió, al fin y al cabo también era un hombre y entre ellos solían comprender esa especie de códigos secretos.
—Uoh, por no decir otras piernas.
—Eso dije —.Le miré sorprendida de que me hubiese respondido a eso sin perder la sonrisa —.Seguro que tu has hecho lo mismo más de una vez.
—Yo suelo ser muy claro con las cosas que quiero, nunca engaño a una mujer, me parece algo muy feo.
—Es bueno saberlo. ¿Y ahora mismo tienes algo en mente?
—Sí, dime Abby ¿quieres hacer una locura conmigo?, venga...
—¿Qué clase de locura? Ian, eres peligroso, parece el abogado del diablo tratando de tentarme.
—¿Lo consigo? —.Dejó de sonreír mirándome muy fijamente, su mano presionó contra la parte baja de mi espalda pegándome a él.
su cuerpo era inexpugnable muro de fortaleza y arrogancia masculina, en su expresión se leía la más férrea determinación, me asusté, sin embargo no me moví, me quede mirando como bajaba su cara hasta la mía, nuestros alientos se mezclaron.
—Respondeme una cosa ¿Te sientes frágil? Quiero decir, ¿considerarías muy inapropiado que te besara? ¿Estaría aprovechándome?
¡Oh Dios santo! No estaba fingiendo...
—Si no me dices algo lo haré a menos que me detengas.
—Todos nuestros superiores están ahí, soy tu enlace, no podemos hacer esto...
—¿Siempre obedeces? No he dejado de desearte desde que te vi en esa pared a punto de derrumbarte.
—Te gusta ir rápido ¿eh?
Su sonrisa fue evidente, respondió:
—Siempre cuando lo tengo claro. Aunque puede que esta vez me estrelle y sea el único que tiene la sensación de que entre ambos hay algo muy potente.
El pulso me latía desbocado, casi parecía el motor de su monoplaza, caliente, listo y preparado. Por primera vez en mi vida lancé la cordura por la borda junto al dolor. No merecía la pena perder un segundo más pensando en alguien que estaba claro no me quería y que no estaba guardaba ningún luto por la relación terminada. Yo tampoco tenía porque hacerlo.
—Hazlo.
Y así lo hizo, no tardó un segundo en pensárselo, sus labios capturaron los míos, su lengua se abrió paso entre mi boca, exigente, ardiente. Mis uñas arañaron su piel y todo ardió en llamas, el deseo más primitivo y feroz nos devoró, le sentí empujarme hacia los servicios, nuestras espalda fue chocando por las paredes hasta dar con el hueco apropiado sin apartarnos el uno del otro. Parecíamos dos desesperados, ciegos y hambrientos que no veían nada más alrededor, sus manos me alzaron en vilo, le rodeé con las piernas, me aplastó contra la pared volviendo a besarme y gemí cuando su cremallera rasgó el aire y en un instante entró en mí.
Definitivamente sabía manejarse más que bien. Lo último que recuerdo fue caer con él entre las sabanas de la habitación de hotel que tenía alquilada.
Sin duda la mejor noche de toda mi vida, al final no baile sola.

Leila Milà

Espero os haya gustado.

Os dejo además, el enlace al Nº de la revista en el que salió por si queréis ojearla y leer el resto de relatos y contenidos.


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Y antes de despedirme, os añado también la canción culpable de la inspiración y que es mencionada en el relato casi como un hilo conductor y una extensión del estado de la protagonista hasta que todo cambia ;)


Y ahora sí, saludos y feliz semana,

Leila

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