6 de junio de 2012

Ojos de Fuego



Ojos de Fuego


Estaba caliente; nervioso y duro como una barra de acero puro.
No podía soportarlo ni escapar del maldito ardor que sentía su piel, era inútil subir el aire acondicionado ni nada que se le pareciese sabiendo que ella estaba justo en la otra habitación con su hermana.
Aquella malsana atracción estaba terminando por destruir toda su cordura, desabotono el jean que llevaba liberando así parte de la tensión que lo presionaba y un nido de vello negro asomo por este. Su pecho esculpido y bien definido estaba cubierto de sudor que hacían resplandecer el tono de su piel tostada por el sol. Metió una mano en el bolsillo del pantalón y trato de no pensar en esos ojos de fuego taladrándolo. Había pensado que eran imaginaciones suyas pero no, en la mirada de aquella deliciosa chica bailaban miles de llamas voraces, retorciéndose e inflamándolo aún más a él con ese inició de sonrisa traviesa y pecaminosa, en su boca roja como un fresón.
Su rostro, ovalado estaba enmarcado por su larga melena ondulante y oscura que se enredaba en sus largas pestañas. Sus altos pómulos estaban surcados de minúsculas pequitas que le recordaban a las tartas de fresa con semillas que tanto le gustaban.
Estaba claro, sí algo podía ser su perdición era esa joven que ahora estaba al otro lado de la pared con sus largas piernas expuestas al viciado aire de agosto. Torneadas, infinitas y provocadoras en esos minúsculos shorts. La liviana blusa blanca era tan etérea que bajo ella adivinaba esos tersos e enhiestos pezones rosados de esta bajo la ajustada tela del bikini. 
Podía verla sentada sobre el escritorio con las piernas separadas... en una muda invitación inocente y despiadada a la vez...
Así la había visto la primera vez que la encontró y así la había soñado más de una vez, así en esa pose podría hundirse con facilidad dentro de ella, podría besarla y enredar sus dedos entre su cabello, podría empujar en su interior a placer y ver ese bendito rostro, sería tan fácil... 
Pero era la amiga de su hermana, cinco años más joven que él.
Estaba obsesionado, debía admitirlo por que sino no entendía como no podía arrancársela de la cabeza, era su fantasía y su tortura particular. Esa ninfa de bellas facciones lo tenía atrapado en sus redes y el ya no podía hacer nada.
Deslizó su mano a lo largo de la larga dureza que vivía dentro de sus pantalones y apretó los dientes tratando de retener el quedo gemido ronco que pretendía escapar de entre sus labios. Podría salir ahora mismo a la calle y buscarse otra distracción, buscar alguna chica que quisiera divertirse con él pero sería engañarse por que él no quería otra chica, sólo la quería a ella.
Quería hundirse de una vez por todas en aquel triángulo de placer y saborear su miel. Quería oírla gemir bajo su cuerpo, retorcerse y pedir más entre jadeos de placer. 
Deseaba oírla gritar su nombre y que tirase de su cabello con dureza mientras él la conducía directo al abismo.
Le dolía el alma, el corazón y el cuerpo de tanto esperar. Era verla y su pulso se calentaba aporreando alocadamente contra su pecho. Simplemente no podía ser.
Lleno la pica de su baño individual y hundió la cara en el agua fría dejando que gotease por su rostro, se echó el cabello atrás y bajo saliendo al jardín, quizás ahí podría respirar un poco más, pero sus risitas llegaban claras a sus oídos. 
Parecía un león al acecho, hambriento y amenazador.
Si solamente su hermana saliese a comprar algo...
Pero si tocaba a su ninfa, Letizia lo odiaría el resto de su vida, lo llamaría pervertido asqueroso o algo peor aunque bien sabía que su hermanita ya no era una niña inocente ni mucho menos.
Aúna sí debía comportarse, él estaba al cuidado de las dos chicas, era el mayor pero se sentía caer por el precipicio y el sábado no había hecho más que empezar, aquel largo y tenso fin de semana se le iba a hacer eterno sin sus padres por ahí rondando.
Todo lo que deseaba hacerle debía de estar prohibido moralmente en más de un lugar, pero tanto le daba, si tan sólo pudiera atrapar entre sus dientes aquel menudo labio inferior lleno y brillante... si pudiese amar aquellos senos pequeños...
Debió de quedarse dormido por que cuando volvió a abrir los ojos el sol del medio día le mordía la piel con saña fue a levantarse pero quedo petrificado en la tumbona donde estaba. Junto al marco estaba ella observándolo... labios entre abiertos, las manos en la cinturilla de la blusa, los menudos pies descalzos en uno sobre el otro... un sonido sordo escapo inevitable de su garganta.
Las finas cejas traviesas y bien delineadas hacían resaltar aún más esos hipnóticos ojos de cuento, trató de decir algo cuando Danika se deshizo del blusón peor fue incapaz.
Se humedeció los labios sin dejar de reseguir con los ojos aquel cuerpo en una caricia nada decente y ella termino de desatarse la parte de arriba del bikini alzando los brazos que entrelazó tras su nuca sin despegar los ojos de él.
La tenía ahí en frente, ofreciéndose gloriosamente desnuda, esperando alguna reacción por su parte al tiempo que el sol incidía sobre la pulsera y el collar metálico que llevaba arrancando destellos rojizos.
__¿Y Letizia?
__Fue un momento a casa de la señora Pearce.
Dante asintió levantándose y acorto la distancia que los separa, apenas se atrevía a tocarla, no quería hacerlo y descubrir que todo era obra de su maldita mente calenturienta. Aún así, su mano, se amoldó al contornó de su mejilla, su piel era tan suave como seda y un estremecimiento lo recorrió de pies a cabeza poniéndolo aún más duro que antes.
Danika lo miraba expectante con esos enormes ojos abierto y el rostro ladeada hacia él, alzado ya que era más alto, se inclinó para adueñarse de sus labios y todo pareció incendiarse en su interior, era peor que si alguien hubiese prendido una cerilla sobre un montón de queroseno. 
Trató de ser dulce en aquel primer roce pero enseguida que el sabor de Danika penetró en su sistema fue incapaz de controlar sus instintos y la arrasó con dureza. Asió su nuca y la recorrió por entero para luego tenderla en la hamaca en cuanto las piernas dejaron de sostenerla a ella.
Esta lo había dejado hacer echando la cabeza hacia atrás, deleitándose de cada caricia que le ofrecían sus dedos que abrían su intimidad. Tenía los dedos impregnados de su sabía húmeda y dulce, se estremecía y respiraba tal y como él había soñado.
Se encajó sobre ella y cuando el suplicio fue insoportable se enterró en sus entrañas.
Jadeó sintiendo como lo apresaba y como la totalidad de su virilidad desaparecía en ella de un modo delicioso derribando todo a su paso. Volvió a sus labios y acarició ese rostro para terminar cogiéndole de la cadera haciendo que Danika quedase aún más abierta para él.
Se sintió morir de placer en cuanto los primeros espasmos de placer hicieron palpitar la estrechez de Danika, bombeó en su interior y fue como dar rienda suelta a un volcán que implosionó destruyendo todo cuanto lo rodeaba.
Danika se arqueó aferrando con fuerza sus hombros, su cuerpo se contraía y su pulso latía desesperado al tiempo que su cuerpo se amoldaba al de Dante en una danza tan antigua como el mundo.
El cielo, el mundo, el aire... todo estalló en ellos.
__Has resistido mi llamada más de lo que esperaba Dante__sonrió Danika resiguiendo con un dedo la marca y viril mandíbula.
Definitivamente no había nadie como él, tan arrebatador, sensual y perfecto.
__Pero ya eres mío, te he cazado y tu marca se ha revelado... fuego__acarició su pelvis izquierda mientras aún seguían unidos.
__¿Qué?__miró extrañado hacía el lugar que ella rozaba con sus dedos provocándole una intensa quemazón.
Allí había aparecido una especie de tatuaje tribal, alzó los ojos hacía los de la chica en la que seguía hundido y trató de luchar con su propia mente.
__Pero que coño...
__Eres un elemental del fuego Dante, y yo soy su dama. Hemos estado mucho tiempo buscándote.
__Esto no puede ser ¿es una broma, no?
Danika volteó como pudo hasta dejarlo bajo él y comenzó a moverse demasiado certeramente sobre él que siseó de puro placer apresándola de la cintura. 
Esta se arqueó hacía atrás y ambos quedaron envueltos en abrasadoras llamas.
__Es real, despierta.


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