29 de marzo de 2012

Petite Mort



Petite Mort


__Tócate para mí__pidió Lawrence__Pero despacio, sin prisa sino acabarás demasiado pronto y quiero disfrutar de este momento cherrie, mon petit et sweet tart lubrique.


Ella jadeó con el pulso acelerado, aún no habían empezado aquel primer juego de la noche y ella ya se sentía desbordada por su propio deseo, por la ansiedad. Lawrence tenía ese extraño efecto sobre su cuerpo. Nunca había sido alguien demasiado sexual pero cual él le descubrió esos oscuros placeres fue como si la moldease volviéndola fuego liquido. El simple roce de su aliento tras su nuca bastaba para activar su cuerpo y su deseo, su fantasía se desbocaba y sus pechos se endurecían necesitados al tiempo que el pulso de ese pequeño corazón que latía entre sus piernas se volvía exigente y lujurioso. Aquello ya no era un pecado mortal ni nada semejante sino un paraíso de sensaciones y emociones, un infierno delicioso que esperaba con delirio.

Y ahora estaba allí, frente a él, con ese delicado corsé de tonos negros y rojos, la delicada lencería que acariciaba su piel con su intimo roce, el ligero, los panties y unos buenos zapatos de tacón, impúdica, sin vergüenza frente a ese hombre que le hacía temblar las rodillas. Un hombre por el que entregaría hasta el alma y le dejaría hacer lo que fuese con ella, no podía evitarlo, su voz... su acento cuando le hablaba en francés...

Le pertenecía en cuerpo y alma pero aún así pareció dudar resistiéndose a cumplir su orden. Una vez su mente proceso aquello con un quedo jadeó, comenzó a deslizar muy lentamente sus manos por su propio cuerpo, resiguiendo las curvas de sus caderas, las lineas de sus redondeados montículos, despacio... con las pupilas clavadas en las de él que seguía sentado de aquel modo sublime en el butacón contemplándola con sus fieros ojos grises. Se contorneó al son de la música y sonrió para sus adentros viendo la aprobación de Lawrence. No era sencillo complacerle ni conocerle del modo en que lo hacía ella, estaban conectados, conectados por vínculos que iban más allá de las almas y la sangre.

Despacio, muy despacio estimulo sus turgentes pechos y siguió bajando hasta alcanzar su miel, dejo escapar entre los labios el aire a causa del torbellino de placer que iba envolviéndola y obedeció a no precipitarse ni dejarse llevar por la necesidad de correrse. Se acaricio despacio, concienzuda y traviesa para él hasta que le permitió tender sobre la cama que había enfrente. Ella se arqueó a medida que sis dedos se hundían en su feminidad, mojados, resplandecientes... dejándole ver todo al separar la piernas de nuevo de modo provocador, enloqueciéndolo...


Lawrence se humedeció los labios observando su glorioso cuerpo y no pudo evitar gruñir al darse cuenta de como su mano derecha empezaba a deslizar por su dura vara de acero, esa mujer lo hacía perder la cordura y lo llevaba al borde de aquella decadente lujuria imposible de encauzar hasta no estar bien encajado dentro de ella, apretado entre sus paredes. Envuelto en su cremosidad, en ese tesoro que lo apresaba absorbiéndolo y estrujándolo llevándolo cada vez más lejos en su oscuridad, catapultándolo al éxtasis de esa sublime y pequeña muerte que dejaba su cuerpo saciado y satisfecho por unos instantes, por que la verdad era esa, nunca se cansaba de su cherrie. Era tan sensible, tan dulce... se entregaba completamente a él, sin reservas, sin reparos... él se había encargado de convertirla en la mujer que era ahora, segura, elegante... la folie de la tentation interdite, le joyau de la plus désirable. Era suya, su mujer.

El le había enseñado ese mundo secreto de la piel y le encantaba ver como aún se ruborizaban sus finas mejillas, sentir como se estremecía bajo sus palmas. Le excitaba oír su respiración entrecortada, su pecho agitado y sus gemidos...

Ella era su pecado, su perdición irremediable y por el momento debería contener el deseo de hundirse en su cuerpo sudoroso.

Ésta se mordisqueó los labios rojos, y tiró del largo collar de perlas que llevaba mientras con su delicada y fina mano de pianista seguía estimulándose. Tenía los ojos cerrados ahora, y de su pecaminosa boca salía la mejor música que sus oídos podían sentir.

Se levanto del butacón de piel y se situó frente a la cama, miró aquel sexo resplandeciente y deslizo las yemas de sus dedos por sus muslos y caderas. Su latido se intensifico y como siempre sintió aquella corriente que la recorría de pies a cabeza cuando hacía aquello. Le introdujo un dedo en los labios y aspiró su suave perfume a sexo y mujer.


__bien mon peu, vous êtes délicieuse, torturame avec votre image, deleitame avec votre corps, liberare pour mon mon amour. Vamos Verenice... damelo.


Oír el susurró de esa voz ronca por el deseo, la hizo acabar de estallar, todas sus terminaciones nerviosas se tensaron, sintiendo la liberación de la energía de una a otra hasta hacerla chillar. Miles de colores brillaban tras sus ojos mientras sus músculos aún se contraían endurecidos y sus pulmones respiraban agitados. Jadeaba y Lawrence la jalo de las muñecas sentándola, la cabeza le daba vueltas, y de entre sus piernas ascendían aún aquel calambrazo de placer. Se estremecía y más aún cuando él se llevo sus dedos a la boca, deleitándose con el sabor de su petite mort personal. Sus mejillas entraron en calor enrojeciendo como manzanas y se apoyó sobre los codos fijando sus provocadores ojos en él, quería provocarlo, quería llevarlo al límite y que se saltase las normas de esa noche.


__Traviesa__le dió un ligero cachete en el muslo, ella sonrió encantada.


Lawrence roncó y tirando hacía ataras de su pelo y su nuca se hizo con sus labios de modo agresivo al tiempo que deslizaba uno de esos expertos dedos en su cremoso interior que aún se sacudía estremecido.


Nikta


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