16 de marzo de 2012

Caprichos de los Dioses - Alma perdida, la Rueda gira...




Caprichos de los Dioses - Alma perdida, la rueda gira...



10


__¿Qué coño haces aquí?__gruñó destilando furia en cada una de sus silabas.

Se levantó de un ágil salto tal y como si fuera un felino apunto de atacar.

__Y no, no me alegro nada de verte, padre__alzó con orgulló el mentón desafiante__Y menos después de... ¿cuantos años?

__Oh vamos hijo, no seas infantil... ¿Qué importa una era arriba o abajo cuando se trata de nosotros? No eres un humano, tu tiempo no transcurre igual que para ellos.

__Puede, pero eso no te da ningún derecho a irrumpir en mis dominios cuando te plazca sin ser invitado.


Su padre espero impasible sosteniendo su mirada al tiempo que se median el uno al otro moviendose en circulos.

¡Justo aparecía ahora! Demasiada coincidencia, Warx conocía demasiado bien el ansia de poder de su padre, su sed por ser el soberano absoluto, su ego le podía... aún así no sabía cual era más sangriento de los dos. Al fin y al cabo era un digno hijo de sus padres....


__Así era cierto, tú maldición se ha iniciado y con ella la rueda del destino a empezado a girar de nuevo, espero que sepas a que te estas enfrentando esta vez y elijas bien en que bando estas.

__¿A que has venido?

__Te lo estoy diciendo Warx.

__Entonces te lo preguntare de otra manera ¿En que bando vas a estar tú?


Éste rió de buena gana y tomó asiento con su regía elegancia particular, aunque siempre cualquier movimiento o gesto de aquel Dios, por nímio que pareciese, podía resultar letal.

__¿Desde cuando un padre no puede preocuparse por su hijo?

__Venga ya, nunca lo has hecho así que no me vengas con eso, ya es tarde ¿has venido regodearte, a rebozarte en mi decadencia? Pues ya lo tienes, maldito gracias a tí a mi propia estúpidez. Jamás debí segurite, jamás debí tragarme tus mentirás. Lo único que querías era un seguro que cubriese tus espladas y comandase tus ejercitos, sólo querías otro guerrero más para tus filas.


Eresteón no dijo nada ni dejo traslucir nada en su mirada que indicase si le habían dolido o no las palabras de su hijo, pero su aura opresiva y tenebrosa parecio volverse aún más amarga y oscura al tiempo que se retorcía. Pero lo que si que no se le había pasado era que, ni una sola vez Warx había descubierto el flanco que le permitiría ver el lecho...

Como si no hubieran compartido nunca a una mujer, como si no se huviesen corrido unas buenas juergas tras una batalla padre e hijo...

Desde luego ambos progenitores habían perdido la batalla por su hijo, lo habían perdido hace tiempo sin darse ni cuenta de que competir o pelear no era la solución, ellos mismos lo habían envenenado lanzándolo a su propio abismo. Pero ni siquiera el propio Warx se hacía cargo del peso y el poder que cargaba sobre sus hombros. Sí, había sido duro con él, intransigente pero era por su propio bien. Debía curtirlo y prepararlo para la guerra desde su más tierna infancia para que estuviese preparado, debía enseñarle a ser un hombre y a defenderse pero quizás olvido parte de lo esencial aunque él ya lo tenía, deber, honor, código... decencia. Sólo había pensado en su protección, no podían protegerlo eternamente del resto de panteones. No podían estar las veinticuatro horas del día detrás de su pequeño vastago.

Pero ahí seguían... con su panteón en lo más alto... bueno, el de su madre mejor dicho. El suyo estaba apunto de extinguirse a ese paso. Sí, tenía muchos hijos esparcidos por el mundo ¿peor que otros compañeros le quedaban? estaban extintos, o apunto de apagarse, apenas quedaba sangre de los suyos salvo por todos esos hijos ílegitimos y lo peor era que por mucho que yaciera con otras mujeres nunca se saciaba esa pequeña parte de su alma. Su corazón lo tenía una única persona y eso no podía ser... siempre estaba presente ella, sólo ella...

Y ésta jamás permitiría que volviese a tocarla, lo que paso fue una locura sin duda, pero la volvería a repetir una y otra vez si fuese necesario aunque desafiase a todas las leyes del universo y su propia seguridad. Aquella mujer... esa bruja de ojos turquesa lo tenía hechizado, no había otra explicación, pero ambos se odiaban...

Eran opuestos, panteones enfrentados condenados a destruirse pero aquella maldita noche y todos los demás fugaces encontronazos quedaron grabados a fuego en su mente. Habían entrado en el templo, por fin había logrado profanar aquel lugar bajo la protección del gran padre... y ahí estaba él, cubierto de sangre de pies a cabeza... con el extasis y el frenesí de la batalla inundando sus venas. Lucharon contra tantos valerosos protectores, tanto dioses y titanes... pero cuando entró en aquella habitación haciendo restallar las puertas que salieron de sus goznes y vio a la joven entre las sabanas...

Recordaba tocas y cada una de sus deliciosas heridas y aún así... algo se encendió prendiendo en ellos, una chispazo que se transformó en algo que la lógica no podía explicar y allí mismo la poseyó, en sus propias sabanas, en el templo de una vestal, de una Diosa pura casi a la fuerza... entre forcejeos, deseo y pecaminosa lujuria. Él, un Dios oscuro, ella perteneciente a laluz pero destructora también, dadora de vida, de amor... la virginal deidad que era la esperanza de los suyos, arrasada...

Atravesada de una certera estocada de su espada, cerró los ojos y se estremeció aún recordando sus gemidos de placer, la humedad vergonzosa que la había delatado...

Ocultó lo sucedido a todos, incluso él se enteró de que era padre cuando el niño había nacido... apenas se habían visto tras lo sucedido, lo suyo era imposible, pero cuando supo de su silencio... la odio, la odio tanto que entonces fue cuando todo termino de romperse y ya ninguno pudo dejar de hacerse daño el uno al otro. Si nunca nadie se enteraba de que en realidad era él el padre en vez de uno de su propio pantéon sería un caos que a él le encantaría presenciar riendose de todos. Él sólito se las había apañado para asestar la puñalada que destruiría todo desde el mismisimo centro de su familia.

Sin embargo... no se enorgullecía, no sentía la plenitud que creyó experimentaría sino amargura, frío... anhelo por algo que jamás podría volver a probar, vetado... estaba claro cual sería su perdición si seguía por ese camino.

Y lo pero de todo era que la misma maldita duda, la misma maldita pregunta seguía aguijoneandolo después de tantos siglso de existencia ¿Porqué ella no los había acusado? ¿Porqué lo oculto? ¿verguenza? ¿despecho? ¿Por protegerse ella misma o por otro motivo? Aquello lo carmía siempre... habían salido indemnes, nada los fulminó, el ojo no los vio o es que que aquello ya estaba escrito así...

Lo desconocía pero no debería estar pensando en la que fue por una noche su mujer cuando había tanto por lo que preocuparse.

__No quiero ir en tu contra hijo pero si llegado el momento he de tomar una decisión, sabes que lo haré por mucho que me duela__Warx hizo una mueca de desprecio indicando que no creía esas últimas palabras ye sta vez si que le paració percibir dolor__Aunque no lo creas Warx, hasta nosotros tenemos nuestro corazón.

__¿El gran Eresteón admitiendo que tiene corazón? Eso sí que no se lo creé nadie por que sería como admitir que tienes una debilidad y esi tu no lo tolerarias ni soportarías. Antes matarías lo que te hace vulnerable que dejar que algo pudiera afectarte.


Eresteón se levantó de golpe, furioso, la silla cayó con estrepito y apretó lso puños con fuerza pero poco a poco se relajo.

__Todos lo tenemos Warx, incluso tú. El truco esta en que nadie lo sepa, lo malo es que todo el que conoza la verdadera naturaleza de tu maldición, aquel que sí la sepa de verdad y lea entre líneas sabrá cual es el tuyo, así que ya puedes agradecer que este cabrón te preparase bien por qu eno tendrás otra cosa.


Warx gruñó por lo bajo con los puños también apretados temblando pro la presión de sus musculos hinchados y dio un paso atras quedando de perfil a la cama, era inútil ocultar lo que él ya sabía y que además había presenciado... eso era inborrable.

Eresteón se acercó al lugar y miró a Adalia que seguía profundamente dormida mientras la sangre de Warx se volvía fuego de verlo tan cerca sin lanzarse sobre él. Deseaba saltar sobre su padre y atizarlo hasta que su propia sangre le salpicase la cara. Pero el gesto de este tirando de la sabana para cubrir un poco más el hombro de esta lo desconcerto.

__Hermosa, su poder es embriagador__inspiro echando la cabeza hacía atrás como si estuviese tomando una buena dosis de droga.

Tras eso se aparto y se paro frente a él poniéndole una mano a la altura del corazón.

__Cuídala bien hijo, no permitas que te arrebaten lo único que quizás merezca realmente la pena en esta vida__lo miró una última vez tras alejarse y se disolvió como siempre en el aire hasta qu eno quedo ni rastro de su presencia__Jamás dejes escapar tu alma.


Warx sacudió la cabeza desconcertado y volvió a mirar a la chica que sgeuía en la cama ajena a lo que acababa de suceder y tras dar un par de vueltas nervioso regreso junto a ella. Sólo ahí su tensión pareció relajarse y su mente ver las cosas más claras. Paso los brazos tras la cabeza y se concentro en el mundo que lo rodeaba expandiendo sus sentidos más allá de sus propias fronteras. Por esa noche no quería más sorpresas así que levantó nuevas defensas y ordenó mentalmente a sus guerreros que mantuviesen el estado de alerta hasta nueva orden.


No podía dormir, lo veía agitado, turbado. Adalia creía haber oído dos voces hablando hacía horas pero allí no había nadie más que ellos dos. Rozó la marcada mandíbula de Warx y este pareció relajarse. Jamás había oído que los Dioses descansasen, pero ahora mismo el parecía rendido así que lo dejo descansar. Se levantó busncando algo que ponerse sin mucho éxito y preparó algo de comer.

El delicioso olor de aquel guiso mezclado con el femenino fue lo que hizo despertar a Warx. Parpadeó varias veces en la cama incapaz de creerse que se huviese dormido y apunto estuvo de desear buscar sus armas hasta que supo que todo seguía como debía. Miró hacía el fondo de la estancía y vio a Adalia agachada sobre el caldero dandole una última removida. Alzó la vista hacia él y le sonrió.

__Buenos días.

__¿Cuanto llevo dormido?

__Unas buenas horas.


Se levantó aún aturdido y se acerco hasta ella agachandose justo al lado opuesto del caldero, iba perfectamente desnuda al igual que lo estaba él y le tendió un plato que lleno con el guiso de la olla con cuidado.

__No te vayas a quemar, pensé que al igual tendrías hambre...

Pero él no podía dejar de mirarla y aún apenass oplando sobre la cuchara empezó a comer sin notar como su lengua se escaldaba y su esofago se abrasaba en un primer instante, sólo tenía ojos para ella y para el delicioso sabor de aquella comida. No sabía loque era ni le importaba, de nuevo aquella calidez invadía su pecho y no podía dejar de pensar que ella había hecho aquello para él. Nadie nunca antes lo había hecho, ni si quiera su madre... eran sus vestales las que lo preparaban por ella. Además su estomago rugía de hambre y satisfacción, se termino el plato y lo alargo de nuevo hacía ella para que volviera a servirle un poco más.

__¿Más?__sonrió haciendo que ese hermoso rostro se iluminase__¿Esta bueno? Nunca había cocinado antes.

Él asintió y ella se mordió el labio contenta sirviéndose su propio plato.

Comieron en silencio, apenas intercambiando cuatro palabras y de nuevo se hizo el silencio cuando ella se levanto para ir a limpiar todo. Warx se pego a su espalda junto al aguago y beso su cuello. Adalia dejo escapar el aire de sus pulmones y entornó los ojos pasando su mano tras la nuca de Warx que aferró su otra muñeca para que soltase el plato.

__Yo me encargo de eso__su voz ronca y gutural fue un acicate más para despertar aquella excitación picante y descarada.

Deslizo sus manos por los finos senos y despació clavó de nuevo sus colmillos en el cuello de Adalia que jadeó cuando una oleada de placer la barrió partiendo desde el punto más sensible de su cuerpo. Era doloroso peor a la vez placentero. Warx pellizcó aquel turgente pezón una vez más y la volteó por la cintra una vez saciado y volvió a mirarla a los ojos ahora de un ambar dorado y con aspecto dragoniano. Le acarició la mejilla agradeciendo que soportase es epequeño dolor y la alzó para sentarla en el saliente que tenían destras y muy despacio la beso tras captar que ella se lo permitía.

Sus bocas se fundieron de nuevo con esa cadencia dulce y suave, su lengua que ya se había colado dentro de ella se extralazo con la suya en una danza lenta y afrodísiaca. Su pulso alcanzó la velocidad del rayo y notó como Adalia separaba las rodillas dandole cabiba para que quedase entre su cuerpo mientras sus bocas seguían sedientas la una de la otra. Rozándose, tentadose... suspirando, jadeando...

Sus ojos se encontraron de nuevo y ella no los apartó cuando los dedos de Warx se deslizaron justo en el punto caliente de entre sus piernas.

Aquello no podía estar bien de ninguna de las maneras, pero es que no podía remediarlo, lo que experimentaba su cuerpo cada vez que la tocaba, aquella electricidad que la partía y la elevaba hacía el cielo estallando sin parar. Era enfermizo pro le gustaba lo que el hacía. Porque por mucho que quisiera, su primer encuentro seguía muy presente en ella, aquel hombre...a quel Dios se había adueñado de ella sin piedad alguna y ella había acabado rendida deseando que no parase y apunto estuvo de suplicar tal y como él le dijo. Detestaba aquella seguridad, esa sobervia... pero a la vez admiraba esa fortaleza, creía en él y sabía de lo que era capaz, él nunca mentía.

Fuese lo que fuese ella ya no podía hacer más. Una vez su sangre se volvía deseo ya no había vuelta atrás.

__Adalia__jadeó junto a sus labios mientras sus dedos aceleraban los movimientos que la llevarían a derramarse inevitablemente__Hazlo para mi... vamos...

Ella jadeó sintiendo como la parte baja de su cuepro parecía abrirse como una flor a cada caricia, como si sus dedos fuesen los calidos rayos del sol o el rocío del amanecer, gimió y cuando él volvió a hablarle con esa voz ronca se precipito al vacio a causa de la explosión de sus terminaciones nerviosas, abriendo los ojos para que él pudiese verla en ese momento único.

No debería, no debería estar así con él pero no podía evitarlo. Él la había llevado a esa situación, a ser el centro de aquella locura, de aquel cao y esa oscura brutalidad de ser el objeto más codiciado. Ojalá no hubiera sucedido pero era lo que era y tarde o temprano su naturaleza habría salido a la superficie de un modo u otro...

Lo peor era aquel deseo enfermizo que no lograba entender, así como Warx no podía evitar la sed a causa de su maldición ella parecía estrellarse contra él y aunque desease alejarse siempre acababa regresando. Se había planteado el huir pero ahora eso era imposible, le darían caza allá donde fuera ¿Qué elección tenía?

Miró aún jadeando a Warx y de nuevo se recordo que no debería sentir ese calor alrededor de su pecho sino odiarlo, pero era incapaz.

Aquel hombre no tan terrible como parecía, tenía el corazón herido y el alma desgarrada. Su aura sangraba y tenía, tantas o más cicatrices que cualquier otro hombre normal salvo que no soportaban las misma carga que él.

Le paso los dedos entre el cabello y suspiró.

__¿En que piensas?__le pregunto muy serio, mirándola con la frente pegada a la de ella.

__¿Con quién hablabas antes Warx? Me pareció sentir algo... alguien estuvo aquí.

Éste bajo la mirada con el asomo de esa sonrisa soverbia de cuando algo parecía divertirle o agradarle.

__Con Eresteón...

Adalia tragó peor no dijo nada y volvió a acariciarlo distraída, preocupada, perdida en sus propios pensamientos.

__Por el momento a decidido dejarnos espacio aunque con él nunca se sabe...

Ella suspiró aún sin decir nada.

Era tan evidente de que todo aquello era un error ¿Cuanto tardarían en caer todos sobre ellos? Si él no la hubiera tenido...

__Adalia ¿Qué ocurre? ¿Seguro estás bien?

__Si, demomento parece que pueod controlar lo que me esta pasando.

__¿Entonces?__la cogió del mentón con firmeza, sus ojos volvían a ser dos ascuas.

Warx no era estúpido y sabía demasiado bien lo que pensaba.

De todas formas Adalia sentía que estaba unida a él desde antes que se crearan las estrellas,con o sin maldición ellos formaban parte de la misma pieza del engranaje del mundo.

Sin ella Warx moriría, si algo le sucedía a ella el que sufriría sería él pero primeor Warx debería aceptarla como lo que en realidad era, su mujer. Debería entender lo que su corazón no admitía pese a verlo. Si él no caía a los pies de su supuesta maldición no habría futuro para ninguno.

Y ella ni siquiera acababa de entender como era capaz de saber todo aquello, poco a poco su mente, sus recuerdos y su poder iban despertando adueñandose de ella.


Dominen ni siquiera alzó la cabeza cuando sintió llegar a la Destructora. Acabo de escribir en aquel pergamino dorado y miró la retorcida caligrafía, pulcra e impeclable que en este había dejando su pluma sobre el escritorio.

__¿Lo tienes?__le preguntó sin volverse.

__Si, mi señor__dijo dejando a lado de su mano izquierda el objeto que pareció brillar sobre el regio escritorio.

Ésta dio dos pasos serpentinos hacía atrá sy espero aún con una rodilla en tierra frente a su señor.

Dominen estudió el objeto y despacio dejo escapar el aliento que contenia, no se atrevía aún a tocarlo pero paso los dedos sobre este en una inexistente caricia. Dejo pasar el aire entre lso dientes siseando al sentir su poder filtrandose através de los poros de su piel y alzó los ojos ahora completamente dorados hacía Veninan.

__Es extraordinario...

__¿Me permite hablar, amo?

Dominen le indicó que procediera con un sólo getso y ella se alzó.

__Hueles a ella...

__Mi señor, creo que sería mejor ir a por la Seyant antes de que alcance la plenitud de sus poderes o dudo que seamos capaces de capturarla.

Dominen alzó el rostro visiblemente crispado y molesto hacía ésta, arqueando la ceja a modo de aviso. Estaba enfadado y eso no era bueno...

__Si sólo ahora ya ha sido capaz de repelernos a todos con una infíma parte de su voluntad ¿que será capaz de hacer cuando este en plenas facultades? Es el guardían más poderoso que jamás a existido señor__bajo la cabeza a modo de sumisión para aplacar almenos un poco la ira de su señor.

Dominen se levanto de su escritorió y se mesó el mentón pensativo. Veninan procedió.

__Es más señor, creo que es el momento de hablar con vuestros rivales en esto.


Éste asintió aún pensativo...

Orxis y Memnok, por no hablar de Eresteón, no le hacía ninguna gracia pero quizás si fuera el momento de volver a cerrar esa alianza, ya se encargaría luego de velar por sus intereses, todos lo harían... era mejor estar entre víboras que a solas y a ciegas...

Ellos eran poderosos y númerosos... además Eresteón era demasiado poderoso, pero eso no era todo, sabía muy bien que él era el padre de Warx. Sería difícil establecer como actuaría este, no se podía confiar, no era predecble como los dos hermanastros.

Mejor tener cerca a los alíados pero más los enemigos...


__Olvidas algo querida__tiró de su larga coleta hasta hacerle daño__Esta ligada a Warx, sin este sus poderres no se desplegaran por completo. Sus destinos estan unidos.

__Podríamos capturarlso a ambos y obligarlos, tras eso podría librarse de él de uan vez por todas. Se lo mucho que lo odiaís mi señor__dijo entre dientes a causa del dolor.

__Sí... ver su sangre bañando la tierra... sería demasiado excelso__dijo excitado imaginando el momento de la muerte del otro y el poder que obtendría peor enseguida propino un fuerte reves a la Destructora__¡¿Eres estupida o es que el golpe te ha afectado el cerebro?! Warx es más peligroso que todos ellos juntos.

__Pero ahora es débil, ella lo hace debil, es su punto de ataque, su maldicióne sta vínculada a la Seyant, pero si a esta le sucede algo o la separan y Warx no ha sellado su redención no podrá hacer nada. Primero es tenerla a ella y él vendrá luego.

Dominen estudió a su basalla y sonrió complacido de forma ladina...

Sí, aquello era factible, Veninan tenía razón... era ahora o nunca, de todos modos volvió a tirar de su cabello haciendo que su cabeza se echase dolorosamente hacía atrás. La beso ocn furía mordiéndola con saña y la soltó haciéndola caer al suelo.

Se limpió la sangre de sus propios labios y volvió a sentarse apartando su capa. Que aquello no hubiese salido de su cabeza lo repateaba y más cuando había sido una hembra la que se lo había tenido que decir ¡¿Como lo dejaba eso?!

__Desaparece de mi vista y llevales el mensaje a los Teitans.

__¿Y Eresteón?

__Eso dejamelo a mi...

Veninan se inclinó en rigurosa reverencia y se esfumo sin más dilación a cumplir su misión.


Despuntaba un nuevo día cuando una afilada espada se posó en el largo cuello de la intrusa. Una gota de sangre salió de la punzada y el dueño de dicha arma la miró con despreció clavando su navaja en la carne de la manzana que se llevó a la boca.

__¡Habla Destructora! ¡¿Para que te manda?!

__Tengo un mensaje para ambos__sonrió venenosa con toda la calma del mundo. Haciendo caos omiso a la multitud de cuerpos desnudos entre los que yacía el otro aludido.

El olor a sexo saturaba el viciado aire, así como el sudor de sus propios cuerpos. Sus ojos estudiaron a ambos guerreros y alzándose sin replegar ni sus alas, ni sus afiladas garrras dijo simplemente meneando su espinosa cola.

__Es el momento de sella runa nueva alianza, de hecho todos ambicionaís lo mismo.


Los dos hermanastros se miraron y levantandose despacio se abrieron la palma de la mano izquierda.

Veninan volvió a sonreír satisfecha y alzó el mentón.

__Le diré a mi señor que os reunireís en una luna.

__Que así sea__sentenció Memnok poniéndose los pantalones y una vez la destructora desapareció Orxis empezó a disponer todo lo necesarió para aquella nueva partida de caza.

Se relamió y tras escupir rompió a reír mientras ensillaba su caballo. No es que lo necesitase en realidad pero era útil. Se volvió hacía su hermanastro y este asintió.


Todo iba a comenzar...



Nikta

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