29 de febrero de 2012

Tarde de Colada



Tarde de Colada

Mucho tiempo soñando con eso, imaginando como sería sentir sus manos grandes en mi piel y zas... En el momento menos pensado ocurre...


Yo y el nuevo vecino encerrados por cosas del destino en la terraza del edificio, sin poder salir, entre pinzas de la ropa y sabanas recién lavadas ondeando al viento con su suave olor a suavizante... Él, el ex de una amiga, ÉL, EL HOMBRE...moreno, cuerpazo, rostro de facciones perfectas y duras... agente de la ley...

Sus manos en mis nalgas, su boca en la mía... gemidos que fluyen amortiguados por el viento y la humedad de mi cuerpo anhelante.... sus dedos que se deslizan hasta mis muslos, su cuerpo duro, fuerte y potente que me empuja contra la pared, yo que me aferró a la cuerda de tender y su miembro que entra en mi desgarrando la tela de las bragas. Me contraigo, me arqueó, jadeó y empujo contra él que sigue hundiéndose en mi en un frenesí imparable.


Todas esas miradas furtivas, esos labios mordisqueándose provocadores, las sonrisas cómplices están teniendo su consecuencia... deliciosa, decadente y pecaminosa cuando aprisiona mi seno sobre el blanco y liviano vestido que me cubre.

¿Quién sabe cuantos vecinos de las azoteas contiguas están mirándonos en estos instantes? ¿Cuantos de ellos están siendo testigos de nuestra lujuria? ¿Cuantos están disfrutando con nosotros? Viendo retozar nuestros cuerpos poseídos por el ansia del deseo...


Quiero más y más de él, lo deseé entre mis piernas desde el día en que le vi. Supe por el estremecimiento de mi carne trémula que jamás pertenecería a nadie más como a él que me jala del trasero y vuelve a por mi boca, inclemente, salvaje, rudo... necesitado.

Empuja más y más y yo me derrito sin tregua como un frágil molde ardiente que atiende a los caprichos de sus manos maestras. Mis músculos se aprietan y contraen a la espera del estallido del placer, dela liberación de esa enloquecedora tensión. Ebría de ese hombre y lo que me hace sentir. Él me convierte en la mujer que siempre ha había oculta en mi, agazapada, ávida... hambrienta y voraz.

Me agito y él también se estremece, gritó clavando mis uñas en sus anchos hombros y el también se sacude dejándose ir con el rostro alzado al sol como un dios victorioso... jadea, ambos respiramos acelerados y cuando todo acaba nos miramos con esa sonrisa que habla sin palabras y que dice... “¿Cuando repetimos?”


Nikta

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tus comentarios cuentan, gracias.

Blogs Especiales