19 de febrero de 2012

La Tentación tras la puerta...


Dan, no se había imaginado que aquel día iba a ser algo que no olvidaría por el resto de su vida, y mucho menos, que iba a cambiar sólo con salir de casa.



Justo cuando la estaba abriendo, había una chica apunto de picar a su timbre y se quedaría corto diciendo que era un bomboncito. Era alta a pesar de los tacones, con el cuerpo más hermoso que jamás había visto y una cara digna de un ángel. Su pelo rubio caía en una suave cascada tras su espalda y sus ojos azules resplandecían compitiendo con su sonrisa.

__Hola ¿Dan Ibáñez?

__¿En que puedo ayudarte?__torció la sonrisa de modo arrebatador.

Ella bajo la vista hasta la carpeta rosa que sostenía sobre las manos y pasó una hoja donde había una foto de él enganchada con un clip.

Y sin poderlo evitar echo un furtivo vistazo a esta desde su aventajada estatura pero ella enseguida volvió a cubrirla.

__Soy Ivet Eidan, vengo a hacerle su chequeó anual. Siento no haberle podido avisar antes pero no me contesto las llamadas y hace muy poco que la empresa cambio su política.

__Vaya...

__¿Le pillo en mal momento?

__Iba a ir al gimnasio, pero adelante.

Ella sonrió observándole discretamente por encima del hombro cuando este dejaba la bolsa y mordisqueó la punta de su boli. El tipo estaba realmente tremendo, desde luego que hacía ejercicio por que ese culillo era digno de contemplar. Llevaba unos vaqueros negros con un sencillo cinturón y una cazadora de piel abierta debajo de la cual se podía apreciar un apetecible torso. Tenía un rostro atractivo y su postura era la del típico conquistador seguro de si mismo, uno que se sabia irresistible con esa sonrisa torcida, la sombra de barba y esas facciones. Era arrogante en si mismo pero capaz de desarmar con una sólo mirada.

__Bueno pues... preparo todo en un momento, usted siéntese ahí por favor__señalo una mesita baja de cristal con patas de metal__¿Cuanto lleva en el cuerpo?__preguntó aún de espaldas a él tratando de no mirarle.

Pero Dan ya estaba pasando por su lado y se sacaba la chaqueta sentándose frente a ella en la dichosa mesita, en la cual Ivet, no dejaba de imaginarlo tendido con ella encima realizando sus más perversas y pecaminosas fantasías presa de la lujuria.

__Tres años ya, pero eso ya debe tenerlo en su informe.

__Claro__carraspeó ella, terminando de repartir meticulosamente el instrumental necesario.

__oiga ¿seguro que esto no se trata de alguna broma de los chicos o una especie de venganza?

__No ¿por qué? ¿Tan malo ha sido como para que alguien deseé darle una lección?__le miró ella por detrás de la jeringuilla.

__Sólo me resulta extraño...

__¿Se ah sentido mareado, desorientado o más cansado de lo normal últimamente?

__Oiga, estoy perfectamente ya lo ve. ¿Es por lo de los nuevos entrenamientos no? ¿Por los experimentos?

Ella asintió ciñendo la cinta alrededor de aquel brazo que se moría por que la rodease.

__Es mejor ser precavidos. Sólo será un momento__dijo desinfectando la zona y clavando la aguja a la primera.

Dan estaba tan concentrado mirando aquellos ojos turquesa que ni se entero de los tubos que le sacó.

Le tomó la presión y se dejo realizar el resto de pruebas de rigor sin dejar de imaginar como sería deslizar lentamente la cremallera que cerraba aquel ceñido vestido blanco y verlo ver al suelo deslizándose por sus blancos brazos. Descubriendo así un perfecto cuerpo curvilíneo, terso y firme con un exquisito y finísimo conjunto de lencería casi transparente. Ya casi se estaba imaginando colocando sus manos en sus sinuosas caderas cuando ella se volvió hacía la mesa donde tenía el resto de sus cosas y anotaba algunos datos.

__Bueno, ya casi estamos__se acercó de nuevo con una linterna con la que inspeccionó sus ojos.

__¿De qué me suena tu apellido?

__Bueno... por lo pronto, la empresa de mi padre es la que paga tu sueldo.

El cuerpo de Dan se tensó por su instante y luego se paso la mano del pelo negando con la cabeza, esbozó su irresistible sonrisa y suspiró.

__Ya decía yo que no todo podía ser tan bueno.

__Ays, debí omitir ese detalle, siempre pasa lo mismo.

__Perdona no quería... incomodarte.

__No tranquilo, estoy acostumbrada.

__¿Te apetece una birra?

__Te lo agradecería__dijo acabando de cerrar su bolsa con su carpeta dentro.

Dan desapareció dentro de la cocina y salió tendiéndole el botellín.

__Parece que no te gusta mucho eso de que todos te consideren la hija del jefe ¿no?

__Tú lo has dicho, o se acojonan o tratan de aprovecharse, así es mi vida__se encogió de hombros__y ahora encima tengo que trabajar con él por que mi profesión no es lo suficientemente buena ni digna para él__¿Y tú? ¿Cuál es tú historia? ¿Por qué te metiste en esto?

__Me temo que es la típica historia.

__Ya...

__¿Todo en orden?

__Bueno todo parece norma, enseguida que tenga los análisis te aviso__se levantó__Gracias por el trago__recogió sus cosas dirigiéndose a la puerta.

Dan la acompañó hasta esta.

__Pues en fin, gracias por todo Ivet...

__¡Que demonios!__dijo esta y volviéndose hasta este lo aferró de la cintura de los pantalones y lo beso.

Dan gruño en respuesta y sus manos volaron hasta esas caderas que tan loco lo habían vuelto, la jaló en brazos y sin soltarla aún siguió profundizando en aquel alocado beso casi desesperado, agresivo y pasional.

Una vez en la habitación tiro de la cremallera y fue como si su mente sufriera un cortocircuito al descubrir exactamente lo que su mente ya había imaginado. Volvió a besarla dejando a sus manos obrar su magia. Una vez sintió como todo el cuerpo de ella se estremecía se introdujo en ella de una potente estocada, ella jadeó y le arañó los trapecios. La aferró del trasero y dejándola caer sobre la cama siguió hundiéndose entre sus piernas hasta que ella logro quedar sobre él.

Ivet se recogió el cabello y se irguió sobre él marcando su propio ritmo, se aferró a las ataduras que colgaban del techo y empezó a cabalgarlo en un frenesí indescriptible.

Era como si esa mañana al traspasar esa puerta, toda su indecisión se hubiera esfumado de un plumazo, le importaba una rábano lo que quisiera su padre para ella, ella no era tan recatada ni decente, tenía muy claro lo que deseaba y en ese momento lo que deseaba era darse el gustazo de tener a un hombre como Dan bajo ella, sentir sus manos sobre sus pechos, en su cintura, torturando su sexo u haciéndola sentir una mujer completamente consciente del poder que tenía. Se contorneó y él jadeó.


Aquella mujer lo estaba haciendo sentir lo que nunca antes había experimento, aquella chica que había entrado en apariencia tímida y apocada lo estaba llevando al mismísimo cielo. Y desde entonces hasta ahora habían seguido juntos, el uno fundido en el otro sin que no hubiese un día en que no rozasen la eternidad. Con aquel primer estallido de placer llegó su vida real.

__Cariño, deberíamos dejar de vernos así__torció la sonrisa Dan dejando caer su espalda sobre el respaldo del sillón de cuero, su pecho aún se movía agitado.

__¿Que pasa cielo? ¿Temes que papi nos pille en plena faena?__le pasó el dedo por el labio Ivet aún a horcajadas sobre él.

__No, el problema es poder parar, eres adictiva, además he de ganarme el sueldo aunque mi suegro sea el jefe__ le guiño el ojo.

Ivet rió con esa risilla de ninfa y se vistió lentamente frente a él, le lanzó un besos desde la puerta antes de cerrar y Dan lo atrapó al tiempo que el último rayo del medio día hacía relucir su dorada alianza.


Jamás en su vida, se había alegrado tanto de haber abierto la puerta como aquel día hacía ya ocho años.


Nikta


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