11 de febrero de 2012

El Despertar de Natasha



Natasha estaba atrapaba en su propia vida, aburrida y metida en un circulo de inquebrantable rutina. Esa mañana aún sentada en la cama suspiró con la frente en la rodilla y tomó una decisión.

Quizás había llegado el momento de hacer algo, de romper con todo, miró el hueco vacío donde poco antes había estado el cuerpo caliente y distante de su pareja y se levanto dándose una ducha. Rodrigo no era mal tipo, la trataba muy bien y le daba todo lo que ella podía desear, el problema es que hacía meses que se había vuelto distante, siempre estaba mal humorado y cuando ella quería tocarlo el la apartaba sin más. Su rostro mostraba el cansancio de un exceso de trabajo que tampoco le compensaban y ella se iba sintiendo cada vez menos importante y más sola. Pues nunca lo tenía cuando más lo necesitaba y ya eran muchas veces en las que le había fallado en cosas importantes ¿acaso Rodrigo ya no la quería? ¿Había dejado de importarle?

La noche anterior habían discutido y ella apenas había podido pegar ojo pensando en toda aquella asfixiante situación, siempre siendo paciente, siempre siendo correcta, siempre dejándole pasar todo, creyendo que sólo era el cansancio y el trabajo el que lo hacían estar así pero no. No podía engañarse, esa situación hacía mucho que duraba, había perdido la pasión y las ganas, se miraban el uno al otro y sólo veían a una constante en su vida con la que convivir.


Así que, decidida no quedarse ahí compadeciéndose se arreglo y quedo con Nico.

Un chico con el que llevaba más de un año chateando, con él se entendía, reía y bromeaba como cuando aún estaba soltera. Él la comprendía y la había apoyado mucho con todo lo que le había pasado y siempre detectaba su humor o le dejaba una nota de animo, un buenos días o cualquier bobada que le daban fuerzas para seguir y le pintaban una sonrisa en la cara.

Se planto frente a la esquina donde habían quedado y un nuevo revoltijo de nervios se retorció en su estomago, no estaba haciendo nada malo, pero una parte de ella se sentía como si estuviese engañando a Rodrigo pese a que lo suyo hiciese tiempo que estuviese muerto. No se merecía aquello pero ella también tenía sus sueños y sus necesidades. Sólo había ido allí a ver a un amigo, nada más.

Habían visto más de una foto de Nico y la verdad no podía decir que no fuese atractivo por que mentiría...

Él era el príncipe con el que tanto había soñado de jovencita, con una sonrisa arrebatadora, pícara y tímida a la vez con un pequeño hoyuelo, rostro anguloso, ojos azules como el mar y el cabello rubio medio despeinado como ella decía. Le había contado de él, a que se dedicaba sus sueños... y ella le había creído, no había puesto nunca en duda nada de lo que él le dijo pese a las advertencias de sus amigas sobre los engaños en Internet. Pero ella estaba seguro de Nico, era como si se conocieran desde siempre y ambos se habían apoyado el uno en el otro cuando sus vidas se había sacudidas por problemas que parecían insalvables y hoy por fin, iba a conocerlo en persona.


Y por allí llegaba él, seguro, alto, con su abrigo ondeando tras él mientras ella trataba de sujetar el pelo que el furioso viento gélido de ese día se empeñaba en sacudir, estaba nerviosa y sin embargo no podía dejar de sonreír. Alzó la mano para llamar su atención y la sonrisa que él le devolvió la dejo son respiración,las rodillas le flojearon y una vez lo tuvo enfrente se quedo atrapada en sus ojos y por un instante, no hubo nada más en el mundo que ellos dos, nada se oía alrededor salvo la respiración acelerada de los dos.

__Hola ¿entramos? hace mucho frío para que estés aquí parada__dijo él poniéndole cuidadosamente la mano en el hombro.

__Claro_Natasha sonrió y entró delante de él que le abrió la puerta y no pudo evitar pensar lo diferente que era de Rodrigo.

Él no se habría parado a pensar que hacía demasiado frío para ella ni nada de aquello.

Ambos se quitaron el abrió y se sentaron en la mesa más íntima que encontraron. No es que fueran a esconderse pero después de tanto tiempo hablando a través de una pantalla tenían esa pequeña necesidad.

Natasha se apartó un mechón de su ondulante cabello castaño claro y sonrió, sentía las mejillas arder y un manojo de nervios aleteando en su estomago.

__Bueno__dijo medio riendo__Esto... ahora no se que decir.

__Es normal__le devolvió la sonrisa moviendo sus manos por encima de la mesa al tiempo que pedían sus bebidas.

La camarera no había dejado de lanzarle miraditas insinuantes y Natasha apretó los dientes. Una vez se fue volvió a quedarse prendida en esas manos fuertes, grandes que prometían ser suaves y expertas...

Y de nuevo le entraron las dudas, no debería estar allí y no debería estar teniendo pensamientos sobre las manos de Nico tocándola y mucho menos en como serían sus labios al besar.

Tras romper el hielo inicial todo fue como si llevasen siglos haciendo aquello, hablaron y rieron durante horas, ninguno miraba el reloj ni le importaba que fuera estuviese empezando a nevar y que la nieve hubiese cuajado en las aceras y tejados.

Natasha volvió a pasarse un mechón tras la oreja mirándolo con intensidad y se mordisqueó el labio, no la había pasado tan bien desde la última vez que había salido con sus amigas y de eso hacía mucho. Sonrió encantada y pidiendo otro refresco.

__Por cierto, he traído algo para ti__Dijó Nico revolviendo dentro del bolsillo de su abrigo entregándole un paquetito.

Natasha frunció el ceño sin perder esa sonrisa de sospecha y niña traviesa y lo desenvolvió. Las manos empezaron a temblarle y los ojos a empañársele, se llevo las manos a la boca de la sorpresa y se lazó por encima de la mesa sobre Nico abrazándolo.

__¡Gracias, gracias,gracias! ¡Oh Dios! ¡¿Pero cómo?__ sonrió entusiasmada volviendo e a sentarse bien en su asiento mirando el libro con los ojos iluminados.

__Recordaba que mencionaste una vez que lo querías y no conseguías encontrarlo__sonrió encantado de verla así.

__Es tan....__no encontraba palabras.

Ese simple gesto tan tonto la hizo llorar, Rodrigo nunca e prestaba el menor caso, sin embargo él... con sólo comentar una vez que quería encontrar ese libro se lo había conseguido. Rodrigo jamás tenía detalles así, ni siquiera llevarle una simple rosa el día de San Valentín o darle un beso....

__Eh,eh vamos... si se que te ibas a poner así no lo traigo.

__¡Tonto!__sollozo medio riendo.

Él sonrió contagiando a Natasha y noto como algo dentro de ella cambiaba y cobraba vida, con él se sentía importante, apreciada... además su corazón no había dejado de brincar dentro de su pecho. Ojalá ese día no terminase nunca y ojalá pudiera desechar ese sentimiento que la hacía estremecer gritándole al oído “es él” “por el que siempre esperaste es él”

Se levanto tras disculparse para ir al baño y se miró en el espejo despejando su cara, se seco los ojos y miró como su mano temblaba.

Una cosa le había quedado clara, no estaba bien y aquella insana relación con Rodrigo y la había que había aceptado tampoco le estaba haciendo bien así que era hora de romper con todo. Sonrió alzando el rostro al cristal y por fin reencontró la chica decidida que había sido, la Natasha que retomada las riendas de su vida. Esa noche haría la maleta y mandaría todo a la mierda, el trabajo, a lo que la rodeaba y a Rodrigo, siempre lo llevaría en el corazón pero no podía seguir siendo infeliz para que los demás lo fueran.

Se volvió para salir cuando Nico entro por la puerta, ambos se miraron a los ojos y en un acto completamente irracional ambos se dejaron llevar. Nico la asió de la nuca y en un acto de absoluta y arrebatadora pasión la beso hasta dejarla sin aliento. Avasalló su boca y la hizo suya hasta que no quedo un lugar que no hubiese recorrido con su lengua mientras la sangre les ardía y la lujuria se imponía sobre su piel.


Se miraron un instante para recobrar el aliento y sus bocas ansiosas volvieron a fundirse estallando en miles de sensaciones reprimidas y deseadas durante tanto tiempo. Era como si en ese efímero momento todo hubiese cobrado sentido y por fin hubieran liberado las compuertas de sus sentimientos. Las manos de Nico la estaban despojando de la ropa pero no le importaba, quería que la devorase y marcase de todas la formas posibles. Estaba excitada y temblorosa, no había ido allí buscando aquello pero simplemente estaba ocurriendo y no deseaba detenerlo. Jadeó y despacio desabotonó la camisa de Nico y la deslizo por su espalda, esta cayo al suelo y ella admiro aquel perfecto cuerpo masculino, deslizo la yema de sus dedos por su piel recorriendo cada músculo y forma mientras el la devoraba con los ojos encendidos. La atrajo de nuevo con brusquedad de la nuca besándola y jadeó al sentir como Natasha no era tan paciente con los botones de sus pantalones y tiraba con fuerza de estos. La asió del trasero amasándoselo y al sentó sobre el mármol. Miro el sujetador blanco de encaje y lo deslizo con suavidad saboreando su rosado pezón. Natasha echo la cabeza hacia atrás y todo el mundo desapareció a su alrededor, ya no le importaba estar en el lavado de un bar, ni su pareja ni nada más que lo que estaba experimentando su cuerpo y lo que le hacían las manos de Nico. El primer roce de sus dedos en su sexo por encima de las humedecidas bragas la hizo jadear.

Nico alzó la vista hacía con sonrisa torcida al tiempo que aferraba la cinturilla de la ropa interior femenina decidiendo si se tomaba la licencia de quitárselas lentamente por sus largas piernas o se las desgarraba directamente, la final ese impulso fue el más fuerte tras alzarle bien la falda tiro de la delicada tela y ella dio un respingo encanta,s e mordisqueó el dedo y ambos rieron cuando volvieron a reencontrarse con la mirada. Nico volvió a tantear la carne trémula y caliente de Natasha y deslizo los dedos por esta impregnándose con su crema, la atrajo más hacía el borde e introdujo una de sus falanges arrancándole un gritito de placer a Natasha que se arqueó.

Ya no pudo contenerse más, todo el deseo y todo lo que sentía por aquella mujer que ahora se deshacía por completo entregándose con sus caricias estalló en él. Se agacho entre sus piernas y hundió el rostro en su miel mientras ella se mordisqueaba el puño con los ojos cerrados y las mejillas completamente sonrojadas. Ella aferró su cabello y volvió a alzarse besándola con toda la furia de la pasión. Aferró su duro miembro y lo acerco a la entrada de Natasha, le puso una mano en la base de la espalda y apoyando la frente en la de ella la miró para saber si realmente debía seguir. Empujó sus caderas hacáí ella y despacio se enterró en ella con un gemido de placer, era suave, cálida y parecía completamente hecha para él.

Natasha se agarró a su nuca y él empezó a moverse con movimientos fluidos y certeros, embistiendo cada vez más dentro de ella. Salió de ella y bajándola del mármol gloriosamente desnuda admiro la perfección de su cuerpo femenino, la volvió de espaldas a él, le separó las piernas con firmeza y haciéndola arquear la hizo apoyar las palmas en la pared. Volvió a acariciar la redondez de su trasero y alzándole las nalgas volvió a enterrarse en ella de un poderosa estocada que hizo jadear a Natasha que cerró los ojos.

__¡Dios!

Jamas, en toda su vida se había sentido así, tan llena de fuego, tan deseosa y deshinibida, deseaba todo de él, quería que la marcase y follase sin el menor recato. Nunca se había sentido tan inflamada ni deseada, toda aquella oleada de placer estaba amenazando con derribarla pero n le importaba mientras sentía su miembro duro y grande entrando y saliendo de ella de un modo enloquecedor. Volvió a salir y la alzó en vilo besándola, abrió de una patada uno de los baños y la sentó sobre este con la tapa bajada, le alzó la pierna que paso sobre su ancho hombro y volvió a penetrarla totalmente fuera de sí, hacia demasiado rato que ambos habían perdido el control y no eran más que el simple y primitivo deseo.

__Natasha__jadeó hundiéndose aún más en ella, empujando apunto de estallar con la presión que ella misma ejercía al contraerse y tensarse__Llevo tanto esperándote...

Ella sólo pudo retorcerse bajo él con un gemido, volvió a abrazarla y con cuidado la sentó sobre él ejerciendo un delicioso movimiento en el sensible interior de Natasha que tiro de su cabello.

__Ven conmigo Natasha por favor...__mordisqueó su oído, su vos era tan sensual y sugerente. La deshacía como un caramelo__Dejáme demostrarte que yo soy tú hombre, dejame demostrarte que puedo hacerte feliz...

Ella le envolvió la cara con las manos y lo miro, volvieron a besarse como dos desesperados y ella empezó a deslizarse sobre él cada vez más rápido.

Nico apreso sus pechos, los lamió, acarició y succiono mientras sus dedos trazaban senderos de fuego por su vientre.

__Siempre te he querido Natasha, lo siento, quería comportarme como un buen chico pero cuando te vi esta mañana, supe que no podría mantener esa promesa, tenía que hacerte mía aunque sólo fuera una vez.

__Nico, Nico__jadeó incapaz de contener las lagrimas y el placer de sentirle llenándola, amándola... follándola como ningún otro.

Él tiro de su melena y beso su cuello resiguiéndolo con un leve roce de sus colmillos y ella se estremeció estaban a punto de alcanzar el éxtasis

__¡Si,si! quiero estar contigo, quiero recuperar mi vida, quiero ser la mujer que tienes delante!__se abrazo a él sintiendo como el abismo se abría entre sus pies y todo estallaba en su interior con una descarga brutal que la hizo gritar de placer.

Nico se dejo ir, y Natasha se mordisqueó el dedo sintiendo como el semen la llenaba haciéndola volver a gemir y estremecerse. Aún jadeando se dejo caer sobre él que la envolvió.

__Gracias, gracias por liberarme de mi misma__susurró.

Él le alzó la cabeza y volvió a besarla.


Una vez se arreglaron, ambos salieron cogidos de la mano del servicio de señoras y con una sonrisa delatora en sus rostros pagaron la cuenta y se perdieron bajo la nieve que cubría la avenida sin temor alguno.


La tristeza había desaparecido al igual que la inseguridad y por fin Natasha sentía que estaba completa y feliz, saciada y sabiéndose más mujer que nunca notando aún los jugos que se deslizaban por su sexo desnudo sin pudor alguno, Y por extraño que pareciera no sentía remordimiento alguno por que lo suyo con Rodrigo ya no era más que una quimera que mantenían de cara a los demás, por lo que en realidad, no había habido más engaño que el que ellos mismo habían querido hacerse creer.


¿Quién iba decirle a ella que tras levantarse esa mañana su vida iba a tomar un giro de ciento ochenta grado? Por suerte aún todo era posible si realmente lo deseabas...


Nikta


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