27 de febrero de 2012

The Darkest Pleasure



The Darkest Pleasure
Ya me había dicho mi amiga Laura que no me fiase de ligar en un sitio oscuro y desconocido, que aquel lugar le daba mala espina y que desconfiaba completamente. Pero yo me sentía atraída como l
a polilla a la luz por aquel antro elegante del que salía un aroma a cera e incienso increíble. Su rotulo era ya de por si llamativo con sus letras el plateadas, bajo un fondo negro con sinuosas y sensuales espirales difuminadas en rojo The darkest pleasure. Así que ahí estaba yo, dejándome llevar por su música sensual y sus decibelios en mitad de una tortuosa mezcla de gótico y rock, melódico, rompedor y agresivo a la vez que sensual mientras me tomaba mi cuarta copa de lujuria hasta que al final me retiré hacía uno de los sofás, aquel lugar me fascinaba... sus cortinas negras, sus cuadros, sus velas rojas...
Y fue entonces cu
ando él hizo aparición en mi campo de visión. Era como si durante toda la noche sus ojos ya hubieran estado fijos en mi, era alto, moreno con un glamour innegablemente sensual, provocador y peligroso.
Sus ojos negros eran como unos profundos pozos de perversa provocación, sus manos el paraíso del placer así como sus labios y su rostro asquerosamente perfecto. No es que estuviese bueno, es que era el hombre...
Se acercó despacio, seguro, apartando hacia atrás su lujosa americana hecha a medida, todo su traje hablaba de lujo y elegancia, pero

sobretodo de una educación exquisita. Ni siquiera se como empezamos a hablar, ni que me dijo, estaba completamente atraída por él, absorbida... no había nada más que el deseo que sentía pulsando dentro de mi cuerpo y aquellos ojos hipnóticos...
Ni siquiera mi mente me alertó cuando vi esos afilados colmill
os asomando entre sus dientes al sonreír, era todo demasiado irreal y confuso y además aquella combinación que había estado tomando parecía estar haciendo honor a su nombre por que jamás me había sentido tan inflamada como ene se momento. Al igual que estaba Rafa
el, haciendo gala al nombre del local... no había nada en el mundo que pudiese salvarme de su aura, de su aroma enloquecedor mientras mi pulso seguía desbocado cada más.
No me importó i cuando quedé tendida en el sofá del reservado con sus besos
embriagándome, su lengua experta seduciendo y adueñándose de mi boca, sus manos expertas perdiéndose por dentro de mi falda de modo ascendente, lento... estremeciéndome...
Sus besos me llevaban más allá, sus caricias a olvidar todo cua
nto había alrededor mientras sentía como toda yo iba humedeciéndome sin poderlo evitar. No íbamos a llegar más allá del coche, lo sabía... y menos cuando estábamos perdidos el uno en el otro, en lo que nuestras manos nos hacían sentir sensibilizando aún más la piel. Me tendió sobre el capo del BMW y alzó mi falda mientras rozaba con sus provocadores labios mi cuello, lo sentí separarme las piernas para hacerse sitió entre ellas mientras deslizaba sus manos entre mis pechos. Jadeé sin poderlo evitar. En mi vida había estado tan excitada y tan abandonada a mis sensaciones. Era como si no fuese consciente, como si la parte lógica se hubiese volatilizado. Ni siquiera podía pararme a pensar en que estaba haciendo, salvo para notar su piel bajo mis manos que lo recorrían con pecaminosa lujuria... conociéndolo, recorriéndolo...
Al tiempo que pugnaba por terminar de desabotonarle la camisa y bajarle un poco el pantalón.

Volvió a besarme sosteniéndome de la espalda y acercándome de un brusco tirón hacía él se introdujo en mi muy lentamente para volver a retirarse para repetir de nuevo el mismo movimiento pero de un tirón certero, profundo y placentero que me arrancó un gemido de intenso placer. Me arqueé sobre el plateado capó son poderlo evitar, aquel intenso placer era inhumano por que sentía que iba a arder de un momento al otro mientras un espasmo tras otro me recorría atenazándome la espalda de donde partió un escalofrío. Me removí bajo él presa de la pasión hasta quedar completamente encajada mientras él seguía con ese ritmo delicioso que me hacía gritar y me movía con ese cadencioso va y ven sobre la chapa. Mis músculos se tensaban apresándolo, queriendo más y más hasta estallar en una tremenda explosión de placer. Cuando su miembro empezó a abandonar palpitando mi interior sentí sus fluidos derramándose de mi interior, resbalando despacio y otro estremecimiento me recorrió. Tras mis ojos aún veía miles de colores, me atrajo de la nuca besándome con la salvaje brusquedad que da la pasión y me volvió, lo sentí entrar de nuevo duro y grueso, gemí tratando de aferrarme a algún lado para no venirme abajo pero era imposible.

En mi vida había hecho algo así, pero Rafael se había adueñado de toda el oscuro que se retorcía dentro de mi pugnando por ser liberado. Me afianzo de la cintura y cuando todo volvió a desaparecer en un nuevo big-bang supe que estaba entre sus brazos, noté el roce sensual y prohibido de sus dientes erizar el bello de mi cuello. Entonces sentí la punzada, como sus colmillos se hundían en mi carne y como la sangre ardiente como fuego empezaba a fluir hacía su boca, lo supe demasiado tarde... no quise hacer caso a ninguno de los miles de avisos que vi. No había nada más que él y el deseo de mis entrañas, la sensación de saber que era mi momento, que era el lugar donde debía estar... muriendo... desapareciendo entre el placer y la roja sangre. En su cuerpo...

Sí, desde luego Laura me lo dijo... y yo como siempre no hice
caso. Sonrió al recordarlo mientras oteó la ciudad desde la cornisa de un edificio. Rafael es bastante permiso con mis actos, me deja disfrutar y jugar con mis víctimas...
Lo divisó enseguida, ahí esta mi próxima víctima, me relamo ante la anticipación de sus gritos... de los gemidos de placer... de ver el fuego de sus ojos al verme, al sentir el deseo entre sus piernas cuando me acerco sinuosa... no pueden resistirse a mi presencia. Y ellos incautos se me ofrecen en bandeja... pienso en como lo haré sufrir... como vengaré todo el daño que ha causado y en como, finalmente... su sangre saciará mi sed entrando en mi cuerpo... cálida, latiendo en un in crescendo mortal y excitante hasta exhalar el último aliento bajo el brillo mortal de mis letales colmillos.


Nikta

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