19 de febrero de 2012

The Capture of Red


Hola chic@s,


Os dejo aquí un relatillo, que me inspiraron varios participantes y cierto cuento infantil que todos conocemos, espero os guste aunque no este muy fina últimamente y aunque no tenga nada que ver directamente con la saga.


¿Qué pasaría si Caperucita no fuese tan delicada ni inofensiva? ¿Y si caperucita, fuese seducida por el lobo? ¿y si esta desease a éste más que a nada en el mundo?

Todo historia tiene su moraleja ¿cuál es la tuya? nunca nada es lo que parece, huir no es la solución, ni esperar tampoco, así que sal a encontrar tu destino y toma las riendas de una vida que te haga sentir pleno en verdad, no más lagrimas ni penas... devorad el mundo como lobos decididos.


Mordisquines,


Nikta



No, definitivamente aquel no era el mejor día, odiaba el frío y se estaba congelando, congelando como nunca. El coche no arrancaba y no había quién lo moviera con toda esa nieve acumulada encima y en la propia carretera. La caldera había dejado de funcionar en casa y hacía un frío del carajo, pateó frustrada la camioneta y miró el helado camino con su maldito cartel amarillo, seguía nevando sin parar y estaba más lejos de su cabaña que del pueblo.

Así qué, armándose de valor, se atrincheró dentro de su anorak y empezó a caminar como pudo por la resbaladiza calzada, eso era mejor que tratar de hundirse entre la nieve. Prefería acabar con el culo morado en el suelo que calada hasta los huesos pese a sus cálidas botas de pelo.

Si es que ya se lo había dicho su amiga, que qué narices se le había perdido a ella en mitad de aquel pueblo dejado de la mano de Dios en pleno enero y con la borrasca encima. Pero ella, como siempre, no hizo caso, necesitaba alejarse de todo y de todos. Necesitaba un cambio de aires, reflexionar y pensar sobre que camino debía tomar en su vida. Se hecho el humeante vaho blanco sobre los guantes tratando de mantenerlos calientes y volvió a meter las manos en los bolsillos. Debía parecer un muñeco Michelin con toda esa abultada ropa pero tanto le daba ahora mismo su aspecto mientras estuviese calentita.

Se detuvo un instante sopesando si dar medía vuelta, pero se dio cuenta de algo aún más penoso, una, no podría retirar toda la nieve acumulada frente a la puerta, segunda, tampoco tenía leña para poder calentarse y peor aún... se había dejado la llave puesta dentro de la puerta. ¡¿Se podía ser más estúpida?! Gruñó una vez más mirando al cielo desesperada y frustrada y siguió andando. La verdad era que si se paraba a mirarlo, aquel paisaje era realmente precioso... las copas cubiertas de nieve, la bruma blancuzca y los saltos helados con sus carámbanos... tras lo que le pareció una eternidad llegó al pueblucho, todo parecía absolutamente desierto y cerrado a cal y canto. ¿Podía empeorar su suerte?

Miró los tejados blancos y trató de ver si alguna de las chimeneas humeaba, efectivamente alguien vivía dentro de esas hermosas casitas, se encaminó hacía la tasca y trató de empujar la puerta que parecía atrancada ¿acaso estaba cerrado? ¿Todo un pueblo de postal pero nadie dispuesto a ayudarla? ¡¿Pero que había hecho ella?! Vaya karma tenía ese día...

La taza del desayuno se había roto al desprendérsele el asa, el móvil se quedo sin cobertura y la radio tampoco quería funcionar.

__No,no,no... no puede estar pasándome esto a mí__ se llevó las manos a la cara y se apoyó contra la preciosa y pesada puerta de madera dando un taconazo. Estaba impecablemente tallada y tenía preciosos relieves naturales, troncos y ramas que se entrelazaban, flores retorciéndose y entre uno de los troncos medio rostro de un lobo al acecho. Era realmente increíble, pero iba a morir congelada ahí si no conseguía que nadie le abriese.

__¿Puedo ayudarte?


Red dió un respingó sin poderlo evitar al escuchar aquella voz de sopetón en mitad de aquel silencio sepulcral, siempre y cuando no se tuviera en cuenta la ventisca claro, y se quedó sin respiración cuando tras la esquina del porche de la tasca apareció un chico. Era alto, casi un metro noventa y apoyó el codo en la barandilla que rodeaba el perímetro. Tras la leña que llevaba entre los poderosos y musculosos brazos hinchados tan solo llevaba una camiseta de tirantes verde de estilo militar. Llevaba unos pantalones negros del mismo estilo y unas buenas botas. ¡¿Qué acaso no se congelaba de frío?!

__Disculpa, no quería asustarte__clavó sus dorados ojos en ella.

Esa voz era inquietantemente sensual, oscura y poderosa. Su aspecto en si, era como una aparición salvaje y amenazadora, pero Dios... ¡estaba tremendo! Tenía unas facciones bien marcadas y una piel canela que parecía seda. Y sus labios... unos labios perfectos para el pecado, carnosos, con la forma ideal para ese rostro seductor y severo. Su pelo castaño claro casi se fundía con el color de su piel y sus ojos.

__No deberías estar aquí y menos con este tiempo.

__Yo... me quedé tirada en la carretera__carraspeó nerviosa. Su mirada penetrante la turbaba, era casi como si atravesase todo su ser haciéndola vibrar de pies a cabeza. Además la hacía sentir como una niñata estúpida de ciudad, pija y sin cerebro.

Él alzo el mentón sin decir nada y pasando delante de ella con su pesada carga empujó la puerta que cedió como si nada para asombro de Red. La aldaba de metal forjado apenas se inmuto, ni siquiera las bisagras chirriaron.

__Pasa__le indicó con un movimiento de cabeza, haciendo que Red resiguiera la forma de su cuello donde el impecable corte de pelo se fundía con este, cortó, bien corto...

Ella lo hizo quitándose los guantes y enseguida notó como su aliento dejaba de recortarse contra el aire, el interior era cálido, había varias mesas de madera con sus bancos y banquetas distribuidos por el amplio salón. Era acogedor y parecía salido de tiempos inenarrables, la lumbre estaba en una esquina donde llameaban unas enormes lenguas de fuego que invitaban a acercarse. Tenía el cuerpo entumecido y helado así que se acercó alargando las manos hasta este.

Las tablas de madera del suelo ni siquiera crujían, estaba todo tan bien cuidado y limpio que era sorprendente, los clavos, la forja... toda la decoración y el sitió en si era una obra de arte. Red bajo la mirada a sus botas empapadas llenas de barro y nieve y mordisqueándose el labio se las quitó encogiendo los dedos, de sus menudos pies. Se sentía culpable por haber ensuciado aquel lugar y era un pecado entrar en la mullida alfombra que había alrededor del fuego de forma semi circular. con ellas puestas.

__Lo siento__se avergonzó bajando los ojos.

__No te preocupes, luego se limpia y listo__dejo la leña en un compartimento contiguo.

__Esto... es...__no le salieron las palabras así que decidió esconder las manos tras los bolsillos de su ajustado vaquero.

__No eres de por aquí ¿verdad?__torció la sonrisa de un modo arrebatador mientras avivaba el fuego y se metía tras la barra__Normalmente suele haber más gente, ya sabes... los abuelos jugando a la brisca, contando batallitas...__se echó un trapo de cocina sobre el hombro recogiendo unas jarras de cerveza que secó.

__¿Es tuyo?

__No, lo lleva un compañero pero estos días esta fuera así que me pidió si podía hecharle un vistazo.

__Pues te aseguro que me has salvado la vida...__sonrió con timidez moviéndose sobre ella misma como una niña para acabar acercándose a la barra. Se sentó en uno de los taburetes apoyándose en esta y lo miró sintiendo como de nuevo su pulso se aceleraba de forma dolorosa.

__¿Te preparo algo caliente?

__Un tequila me servirá.

Él volvió a torcer la sonrisa tras estudiarla de nuevo apoyando las palmas en la barra y se giro frunciendo el ceño. Agarró la botella y le lleno el vaso.

__Veras... pensarás que soy una boba insensata pero... la caldera de la cabaña se averió, y la nevada no para de intensificarse, pensé que salir de allí sería lo más sensato pero el coche se averió y recordé que me deje las llaves de la casa dentro__se tapo la cara y luego alzó el vaso__Así que comprenderás que necesite algo fuerte, salud__lo vació de un trago__Y aquí estoy, atrapada, sin poder volver y apunto de morir congelada...

__Puedes quedarte aquí, arriba hay una buhardilla.

__¿De verdad? No quiero ser una molestia yo...

__Hasta que no arrecie esta tormenta es imposible salir, y por lo que parece va para largo. Una vez pase veremos que podemos hacer.

__Gracias__dijo inquieta pasándose las manos por las piernas, aquella mirada tenía algo inquietante que hacía despertar una parte demasiado oscura y ardiente en ella, algo primitivo a lo que era incapaz de ponerle nombre y menos cuando sus ojos volvían a adquirir aquel tono dorado que se volvía miel o castaño claro... era hipnótico, la mirada de un cazador experto y taimado.

Carraspeó por lo extraño de la situación y agradeció que volviese a llenarle el vaso sirviéndose uno también él.

__Mientras no te incomode compartirla conmigo, pero tranquila, hay unos almohadones bastante cómodos a un lado.

Red volvió a reseguir aquel cuerpo de escándalo y se humedeció los labios incapaz de responder. El corazón se le había disparado y casi no podía respirar, compartirla con él... ¡justamente con él! Con ese hombre que ni en sus mejores sueños sería tan perfecto. Resiguió su forma de moverse, su contorno y de nuevo... su físico. Ese era el cuerpo del pecado y no tenía la menor duda porque además empezaba a sentirse febril y un tremendo calor había reemplazado la gélidez de su cuerpo. Tanto que se quito el anorak y el polar que llevaba encima quedándose tan sólo con una ajustada camiseta negra. Se apartó un oscuro mechón tras el oído con elegancia y femenina sensualidad y miró el vasito que tenía entre las manos.

__¿Como puedes ir así con este frío? Ni que fueras un lobo__sonrió.

El cuerpo entero de él se tenso de un modo que la puso aún más caliente y alerta, sus ojos volvieron a adquirir esa extraña tonalidad y luego volvió a esbozar esa leve sonrisa sensual y perezosa, casi melancólica. Pero fue algo tan fugaz que Red creyó haberlo imaginado, ya que su rostro volvía a tener esa seriedad calculadora y tentadora.

__Lobo, ese es mi apodo.

__¡No jodas!-rió ella dejando el vaso el la barra tras lamerse los restos de sal y lima de la boca.

Él sonrió y esta vez si le llegó a los ojos, joder... aquel hombre debía estar prohibido porque era una tentación, debería ser modelo...

__En realidad, mi nombre es Seihk

__Yo soy Red__sonrió__Sí, lo se, mis padres fueron poco originales.

__O con mucho sentido del humor__bebió un poco de su vaso__¿puedo preguntarte el motivo?

__Mi madre tenía obsesión por el cuento de Caperucita roja, tanto que decidió que si nunca tenía una hija se llamaría como esta, así qué con Red me quede.

__Interesante, muy interesante...._fijó su mirada aún más profunda en ella, su voz se había vuelto incluso más ronca y oscura__Y dime... Red ¿Te gustan las persecuciones en mitad de los bosques? Hay más depredadores de los que puedes llegar a imaginar merodeando por estos lares__apoyó su antebrazo en la barra acercándose suave y sigilosamente a ella sin que esta pudiera darse cuenta, estaba como hechizada por su aura__Y te aseguro, que serían incapaces de resistirse a una presa tan apetitosa e irresistible como tu__entornó los ojos rozando apenas el cuello de esta con su nariz que aleteó.

Echó la cabeza hacia atrás y Red juraría que sus ojos volvían a ser dorados antes de que los cerrase con un rostro mezcla de deseo y torturada pasión. Había algo peligroso y oscuro en él, algo que la inquietaba pero que avivaba la parte que vivía entre sus piernas. Era como si tratase de controlar a una bestia sedienta que trataba de desligarse de sus ataduras. Pero cuando volvió a mirarla sus ojos volvían a tener aquel suave tono castaño tan seductor... tanto que parecían poder condenarla al mismísimo infierno de sus más descarnadas fantasías.

__¿Tratas de asustarme?__sonrió provocadora tratando de alijerar aquella extraña tensión que se había formado.

__Tu no te asustas por nada Red, sino no estarías ahora mismo aquí, no en esta tierra.

__¿Por qué dices eso?__enarcó una ceja curiosa.

Seihk volvió a estudiarla largo y tendido, sus pupilas la recorrían con una lentitud tal que era como si la acariciase de un modo criminalmente sensual.

__Esta es una tierra repleta de leyendas, una tierra marcada por la sangre y la huella de los lobos, durante generaciones, estos han sido los únicos dueños de estas fronteras, de sus bosques densos donde la luna baña sus hojas durante la noche y el viento se llena de sus lamentos, un aullido amenazador y preñado de dolor.

Pero Red, lejos de sentirse angustiada o asustada estaba cada vez más atrapada en aquel lugar y en la cadencia de su voz, en su magia. Desde que había llegado había notado que hay el tiempo discurría de modo distinto al resto del mundo. Esa tierra tenía un pulso propio, un latido que recorría todo su cuerpo llenándola de una extraña sensación de estar donde debía. Pudo captar esa esencia de la que hablaba como si las leyendas que los abuelos contaban junto al fuego a los pequeños fuese real y aquel mundo de cuentos y sueños realmente cobrase lugar en ese apartado valle apartado de toda civilización. Agreste, salvaje... con sus verdes prados, sus afiladas montañas y sus espesos bosques ahora amarados de nieve.

__No eres supersticiosa ¿verdad?, no llevas cruces, ni nada que indique que crees en nada.

Ella siguió observándolo dándose cuenta de que las sombras que hacía danzar el fuego parecían alargarse amenazador, todo el ambiente se había vuelto oscuro y era como si el aliento amenazador de algo oscuro exhalase tras su nuca... hasta la luz parecía haber disminuido concentrándose en esos ojos que pasaban del color miel amarillento al anaranjado del fuego para volver a ser dorados.

__¿Puedo preguntarte por que viniste aquí?


Red miró el techo moviendo su melena y suspiro encogiéndose de hombros al tiempo que negaba con la cabeza.

__No se... fue... un impulso, mi amiga piensa que estoy loca por venir aquí pero yo... necesitaba alejarme de todo un tiempo, necesitaba pensar que hacer__bajo los ojos hacía las vetas de la cálida madera que resiguió con las yemas de los dedos__Es... complicado, bueno, en realidad es sencillo y los que lo complicamos somos nosotros pero es que, me sentía muy desorientada y perdida, tenía la sensación de que estaba perdiendo el rumbo y que mi vida estaba perdiendo sentido, atrapada en un trabajo que me ahogaba y un acoso que...__se volvió a morder el labio y guardó silencio, lo último que quería recordar era ese último incidente, aquel que la hizo tomar la decisión de largarse y dejarlo todo.


No huyó, simplemente desapareció, no era un cobarde, más bien estaba asustada de su propia reacción, cuando él había tratado de lanzársele encima... cuanto más trataba de forzarla y más la acorralaba tocando su piel más furiosa se sentía, lo había arañado, golpeado en sus parte pero él siguió coaccionándola, dejándola sobre la mesa fría y lacada de su lujoso despacho de reputado prestigió, así que, cuando el muy cabrón ya iba a... a... asió la lamparilla de mesa y le arreó con esta, cogió el abre carta amenazándolo y salió a todo correr del despacho desechando las lagrimas que se llevaba el propio impulso de su carrera y la furiosa lluvia que caía afuera empapándola.

Ella jamás le había dado pie a nada, no lo había provocado ni hecho nada que pudiera confundirlo pero él la deseaba y ese hombre siempre obtenía lo que quería y tras eso no iba a hacer la vista gorda. Su carrera estaba arruinada y tampoco le importaba en verdad por que sentía que cada día se ahogaba más en un trabajo que no le reportaba satisfacción alguna. No sentía ese escalofrío ni esa sonrisa de cuando ayudaba a alguien o iba a contar un cuento a la escuela donde trabajaba su amiga o cuando ayudaba en el refugió. No era lo mismo que cuando se quedaba de guardia por que Raúl ya estaba agotado y no podía estar pendiente de una nueva partera. Ver nacer esos pequeños cachorritos con sus ojitos aún cerrados la llenaba de una cálidez que era incapaz de expresar con palabras.

Ella era feliz ahí, en mitad de la naturaleza, ahí se sentía un espíritu libre en paz, ahí podía equilibrar un poco su agitado interior hecho un mar de dudas, era como una maraña que ya no sabía por donde empezar a desmadejar. Era como si por mucho que tirase de un cabo este se enredase aún más y más hasta ser un nudo tan enorme que no había que hacer.


__Me gusta este sitió, siempre me sentí atraída por él ¿nunca has sentido eso? ¿como si un lugar tirase de ti tratando de decirte algo? Mis padres solían llevarme mucho al monte, allí pasé los mejores años de mi vida__apoyó la barbilla en sus brazos dejándose apoyar en la madera__Todo era tan fácil entonces, tan inocente...

Ni siquiera se planteaba como estaba siendo capaz de hablar así con él, de que fluyese toda esa sinceridad pro ella con esa facilidad. Red no era alguien que abriese su corazón con fácilidad y mucho menos que hablase desde el fondo de su alma herida, pero estaba tan agotada física y mentalmente que ya nada importaba. Él no la conocía de nada y cuando se fuera nunca más volverían a verse, ninguno de los dos sabía nada del otro, era algo que no importaba, podía desnudarse en cuerpo y alma frente a él y eso sólo sería un recuerdo efímero en su mente, uno en el que fue vulnerable y que permitió que alguien viese a la mujer real que había en ella... tierna, dulce... una que sólo buscaba refugió y unos brazos donde poderse sentir querida de nuevo. Como cuando era pequeña y algo la afligía y su padre la acunaba entre su cuerpo, la protegía, cuidaba y apoyaba, él siempre sabía cuando debía tenderle la mano o darle un empujoncito... echaba tanto de menos sus consejos, su voz, su olor...

Trató de ahogar un sollozo y enseguida se frotó los ojos vaciando el vaso al reparar en que ya hasta empezaba a olvidar la sonrisa de su madre ¡¿por qué estaba tan blanda esa noche?! Debía ser todo aquel cúmulo de emociones, el maldito estrés que la constreñía como una boa.

__Quizás sólo quería estar sola y esperar unas respuestas que no vendrán solas__trató de sonreír.

__Hay quién espera toda una vida por algo sin darse cuenta de que lo tiene justo delante. Que no sabe que esta incompleto hasta que esa sensación desaparece cuando no ha prestado atención. Sino eres feliz allí, si no te retiene nada ¿por qué no vuelves a empezar?

__¿Cómo? No se hacer mucho...

__Eso no es cierto, pareces una chica muy despierta, seguro que puedes hacer cuanto te propongas, eres terca.

Red puso los ojos en blanco medio riendo al recordar todos los acontecimientos del día y lo miró como diciendo venga ya... me he dejado las llaves dentro, salgo en mitad de una tormenta...

Seihk también rió esta vez acompañándola a ella, tenía una risa tan cautivadora... toda ella lo era. Sus labios rojos, sus ojos azules como un imposible cielo de ensueño con esas pestañas negras y largas...

Su cuerpo parecía menudo a su lado pero era pura seducción, femenino, sensual... con las curvas justas para hacerlo enloquecer y desearla ahí y ahora. La bestia que era deseaba lanzarla al suelo y poseerla allí mismo arrancándole la ropa sin compasión, deseaba sentir su piel suave bajo la suya, su aliento contra el suyo jadeando y retorciéndose bajo su cuerpo mientras se movía en su interior húmedo y trémulo...


Joder, la visión de aquella mujer lo había hecho caer en brazos de la lujuria desde que la había olido pero cuando su cuerpo se reveló frente a él... firme, prieto...

__Si vale, puede que hoy no sea el mejor ejemplo pero nadie es siempre perfecto__sonrió él levantando su vaso que vació de un trago.

Volvió a mirarla con esa seriedad tan suya y peligrosa y sonrió para sus adentros, una sonrisa que tenía poco de humana pero que aún así hacía reaccionar el cuerpo de ella y el suyo propio que estaba más duro y dolorido que una roca. Desde luego su caperucita no sabía realmente donde se había metido, justo directa a la guarida del lobo, uno que pensaba devorarla y hacerla suya sin la más mínima compasión y que ya se relamía al pensar en su sabor y en como la marcaría para siempre.

Ambos estaban marcados por el mismo lazo, uno que el destino ya trazó mucho antes de que ellos tuviesen conciencia y ahora la tenía ahí, al alcance de sus garras... frágil, tierna...

Sólo con él podía mostrarse así, por eso ella estaba reaccionando a lo que la naturaleza había dispuesto, justo en ese momento y cuando más caía él...

__Aveces no es sólo cuestión de pensar, sino de seguir los instintos y hacer lo que uno desea.

__Tienes razón__suspiró Red frotándose la sien.

__¿Sabes? jamás había hablado así con nadie__sonrió.

__Aveces basta que sea un desconocido para poder liberar todo aquello que te angustia.

__Puede que tengas razón.


Ambos se miraron durante un largo instante y casi fueron capaces de oír sus corazones latiendo a la misma velocidad, con fuerza...


__¿En que piensas Seihk?__jadeó Re ante esa intensa mirada llena de deseo, parecía incapaz de controlar lo que fuese mucho más, sus ojos era intensamente dorados y no eran imaginaciones suyas...

__En que voy a cogerte en volandas, a subirte arriba y voy a follarte hasta que no puedas dejar de sentir más que placer. Voy a hundirme tan dentro de ti que no querrás alejarte. Voy a amarte como nadie a hecho jamás y a venerarte como siempre has merecido.

Red apenas pudo balbucear ni hacer nada, cuando se levantó del taburete sentía las rodillas de gelatina y él ya salía de detrás de la barra acercándose a ella.

__Corre Red, si en realidad no lo desea corre Caperucita porque este lobo va a cazarte esta noche y ya no habrá vuelta atrás__se agazapo dándole tiempo a obedecer pero ella sólo jadeó de nuevo inmóvil donde estaba.

No podía ni deseaba hacerlo, aquella mirada, esos músculos flexionándose, toda ella se había convertido en deseo, la excitación recorría sus venas como nunca, debería estar aterrada pero deseaba ser atrapada, hizo intención se sortear una mesa pero él la bloqueó, volvió a voltear con una sonrisa provocadora en su hermoso rostro y jadeó cuando se encontró con la barra en su espalda, tenía la respiración entrecortada y el pecho agitado como nunca.

__Ven por mi...lobo__lo provocó.


Seihk la acorraló en dos zancadas, la jaló del trasero pegándola a su piel y se adueño de su boca con la fogosidad de la pasión contenida. La llevó arriba tal y como había prometio y le arrancó la ropa. Red seguía respirando agitada, excitada y no se perdía detalle de nada de lo que él hacía ni de lo que le hacían sentir sus manos en su piel, ardía y no podía dejar de temblar. Era incapaz de pensar salvo en él, en su cuerpo clavándose dentro del suyo, amándola con fiereza y dulzura a la vez durante toda la noche, en sus alientos, sus besos y sus movimientos acompasados, ya no había más que el celo que sentía furioso en su vientre.

El lobo contempló su cuerpo casi desnudo y volvió a pegarse a ella, su calor la envolvía así como su aroma embriagador, le beso el cuello y despacio sus manos deslizaron los tirantes del sujetador desabrochándolo con pericia, se agacho hacia esos pechos turgentes que subían y bajan retadores y se llevo uno a la boca. Red gimió arqueándose y cerró los ojos ante la deliciosa sensación de la lengua masculina rodeando su pezón. Se afianzo en sus hombros anchos, fuertes y luego le paso la mano pro el pelo hasta dejar sus palmas en sus duros pómulos y sin poder contenerse se lanzó a por sus labios que enseguida salieron al encuentro de los suyos. Red envolvió sus brazos tras su nuca y dejo que la tendiese en el lecho donde antes estaba de rodillas. Seihk fue bajando por su cuerpo hasta quedar a la altura de sus bragas y ella volvió a estremecerse aferrándose a las sabanas con un gemido de deseo. Estaba tan necesitada y palpitante que hasta le dolía y molestaban. Él sonrió un breve instante y luego de un seco tirón las desgarró. Red gimió y casi se sintió morir fundiéndose con las sabanas cuando él se coló con su lengua entre sus piernas, entornó los ojos y sólo se dejo embargar por aquel placer enloquecedor, no importaba el mañana, ni el pasado, sólo estaba aquel instante en que su cuerpo estaba más vivo que nunca.

Cuando Seihk se alzó sobre ella despojándose de la ropa se mordió el labio ante aquella gloriosa imagen, la potencia de aquel cuerpo era un sueño hecho realidad, se tendió sobre ella con la espalda arqueada y con los ojos dorados fijos en ella se acopló entre sus piernas que separó con las suyas. Red gimió si apartar los ojos del depredador que tenía encima y echó la cabeza atrás cuando sintió su miembro atravesando su sexo despacio, era duro, grueso, y profundo. Una lagrima resbaló de su lagrimal sus labios se curvaron en una sonrisa. Las manos de Sheik recorrieron su cuerpo haciéndola estremecer y entrelazando sus manos a las de ella la beso y una vez la dejo tomar aire comenzó a moverse con esa deliciosa cadencia de va y ven dentro de ella.

__Mía, mi dulce Red...__roncó en su oído

__Seihk__jadeó


Y así, fue como el lobo la amo tal y como prometió durante toda la noche, su sexo encajaba a la perfección, ambos cuerpos eran dos ascuas que se acoplaban y se apretaban el uno al otro, los besos salvajes hinchaban sus labios, sus respiraciones aceleradas llenaban la cabaña mientras fuera la nieve seguía rugiendo llevando con sigo los aullidos de los lobos hasta que todo se volvió rojo.


Al abrir los ojos no recordaba donde estaba, sentía el cuerpo caliente y sensible. Los efluvios del pacer aún centelleaban por sus venas cuando sus piernas se cerraba, sentía un peso a un lado de su cuerpo pero no le importaba. Parpadeó pasándoselas manos por el pelo hasta que notó un leve dolor al pasar su mano por el cuello, se miró la mano y al bajar la mano hasta ella vio la sangre manchando sus dedos y los restos resecos y brillantes sobre su pecho. Jadeó sin acabar de asimilarlo y cuando su mirada se encontró con la imagen que le devolvía el espejo que mostraba el lecho revuelto y al hombre que descansaba rodeando su cuerpo este le devolvió sus propios ojos dorados. Los ojos de la loba que acababa de despertar.


Nikta



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