14 de febrero de 2012

Caprichos de los Dioses - Placer Oscuro



Caprichos de los Dioses - Placer Oscuro


3


Y allí permaneció ella, sumida bajo el imponente peso de su cuerpo, con los ojos ardiendo como fuego llenos de odio, llameándo con tal intensidad que un estrmecimeinto recorrió el poderoso cuerpo del semidios. Ni tan sólo grito ni protesto pese al dolor que sabía debía partir de entre sus piernas ascendiendo como una centella hasta su cerebro.

Enloquecidó se hundió aún con más brutalidad en el pequeño cuerpo de la muchacha y se arqueó hacía atras al sentir como alcanzaba toda su profundidad, su estrechez, el pulso palpitante que apretaba contra su polla con violencía, acelerado...

Bajo la cara hacía ella con el pelo rodeándole el rostro y empezó a retirarse, el labio que tan firmemente apretaba ella tembló y cuando estuvo casi fuera volvió a empujar sus caderas hacía esa hoguera interna sintiéndo como esta vez empezaba a húmedecerse. Apretó los dientes y continuó moviendo las caderas penetrándola al tiempo de la envolvía en una febril oleada de deseo que pronto acabaría por ormper su reticencía, de todos modos lo apretaba tanto... se estremecía y sus fluídos empezaban a amararlo y su esencia de semidios fluía libre y descontrolada por toda la habitación.


La levantó a peso encajándola contra él y pego la espalda de ella contra la pared donde siguió empujándo como la bestía ciega y hambrienta en la que se había convertido, aquella mujer lo enloquecía y a cada nueva embestida más y más sensaciones se desataban en su propio interior. Mientras, una de las firmes piernas de la chica envolvían su cintura, sus alientos de nuevo se entrelazaron hasta que en un inexplicable impulso Warx cubrió la boca de ella con sus labios, fue rudo, desesperado e incontenible y ya no huvo modo de parar cuando su sabor se propagó por todo su cuepro como un veneno. Separó los femeninos labios con su lengua y exploró aquella húmeda cavidad, entrelazó su lengua contra la de ella que luchaba por echarlo pero él siguió como el conquistador brutal y abusón que era, conquistando, arrasando. A Warx nadie le negaba nada, él obtenía cuanto desesba y ahora la eseaba a ella como si no existiese nada más en el universo mientras su miembro seguía fundiéndose cada vez más en el pequeño interior de ella, acogedor, apretado... como si le perteneciese.

Un intenzó latigazo de placer lo barrió y gimió apretado contra los labios de ella que le mordió el labio inferior y otro latigazo lo sacudió haciéndole tensar los testículos de modo doloroso alcanzado cotas inimaginables de deseo y placer que se volvian más oscuros y peligrosos...

Saboreó su propia sangre con una sonrisa torcida y dió una certera estocada con fuerza en el interior de ella que la hizo soltar un quedo quejido. La jaló del trasero y la aplastó aún más contra la pared que arañaba la sedosa espalda de la joven que trató desesperada aferrarse a esta sin el menor exito, hacía fuerza y así sólo conseguía encajarse aún más contra Warx que volvió a gruñir de deseo con ojos incendiados. Volvió a empujar su endurecida polla dentro de ella que procuraba no gemir ni derramar las lagrimas que se acumulaban en sus ojos como un tormento que hacia dervordar aún más las ansias de su demonio. Tiró del pelo de ella y volvió a saquear sus labios aún palpitantes y enrojecidos, cuando la liberó ella buscó aire y una de sus manos acabo enlazada tras su nuca y la otra clavándole las uñas en el hombro. Era tan fácil deslizarla sobre él con movimeintos expertos y brutales. Se desenfundó muy lentamente de ella dejándo que sus pies volviesen a tocar la cama y fue descendiendo por su cuello. Entre abrió los labios escuchándola jadear y lamió la suave carotida para seguir bajando lentamente hasta llegar al valle de entre sus pechos, deslizo los lavios por este en un roce suave y estudiado mientras el cuerpo de ella empezaba a temblar, asió sus pecho entre sus palmas y empezo a besar uno de los montículos mientras la otra mano seguía masajeándolo y pelizcando el tierno pezón que se endurecía sin remedió entre espasmos de placer que sacudían a la chica que trababa de luchar contra lo que empezaba a experimentar y sentir su cuerpo. Sonrió sobre el dorado pecho y capuró el otro pezón entre sus labios con suavidad tras trazar la aureola con la lengua.


Adalía entornó los ojos echándola la cabeza hacía atras ladeándola, no podía controlar su cuerpo, era incapaz de apartarlo por que las llamas del deseo la tenían presa más fuertes que el odio o el miedo. Ya ni siquiera el dolor palpitante de entre sus piernas le importaba, ni siquiera la inquietante sensación de sentir su cálida sangre pura resbalando muy lentamente por entre sus labios vaginales así como los fluídos que empezaban a crecer dentro de este, exigentes, rugiéndo dolorosos... clamándo por ser calmados.

Aquel hombre salvaje y duro la había atravesado de un modo tremendo, lo había sentido por todo su ser hasta el momento justo en que su miembro colisionó contra su matriz, ella parecía demasiado pequeña para poder albergar algo así. Cuando lo vió lo temió pero algo en su interior la hizo sacar las garras, algo en él prendía un incandescente sentimiento incombustible que iba a arrasarla. Se consumía sin remedió por algo que desconocía pero supo que ese hombre y el peligro que destilaba la hacían volver fuego, un fuego oscuro e imparable que deseaba dominar y ser dominado. Sus ojos rojos como fuego, sus facciones marcas duras y viriles, esa sombra de bello y ese torso esculpido era una tentación que la arrasaría y de hehco ya lo había hecho, lo estaba deseando y se estaba odiando por empezar a sentir algo más que dolor con sus caricias y embestidas...

Cuando su boca se hizo con la suya por la fuerza huvo una descarga, pudo sentirla en todo su cuerpo, un estallido que la dejo temblorosa y necesitada a la vez que deseaba seguir desafíandole. Quería presentar batalla, quería revelarse contra su fuerza, contra su propio destino y enseñarle que nunca podría tener todo lo que quisiera. Que ella lucharía, que no le daría el placer de destrozarla ni hundirla, sí... puede que ya la hubiera desflorado, puede que sólo fuese un cuerpo del que gozar pero ella tenía sentimientos, pero a medida que el seguía descendiend por su plano vientre el hilo de sus pensamientos se diluía en una pesada bruma de calor, jadeaba sin porderlo evitar y sus dedos se enredaron entre el pelo de él tirando con exigencia. Él volvió a lamer su vientre de modo ascendente, del pubis a su ombligo y ella no pudo reprimir un gemido cuando esa misma lengua se hundio entre sus piela. Dio un respingo extendiendo los brazos a ambos lados de la pared sintiéndo las rodillas de gelatina.

Warx llevo la punta de su lengua hacía la gota carmesí que se deslizaba como una silenciosa lagrima por la pierna de ella y la lamió. Adalia siseó ladeando el rostro, no quería mirar. El cuepro de Warx vibró llenandose de una poderosa corriente que pudo notarse en toda la estancia y ella cerró los ojos para volverlos a abrir cuando el separo sus tremulos labios y clavo la lengua en su profanada intimidad. Jadeó cuando profundizo con estocadas suaves y rapidas a la vez, alternandolas. Gimió cuando toda su gloriosa boca la succionó y lamió. Warx se relamió y se perdió en el sabor de esa miel que salía de ella, deslizó muy suavemente la lengua y fue jugando con ella, indrojudo uno de sus dedos y se deleito con el suave saten con que se encontró. Aunque no quisiera respondía a sus atenciones y su cuepro se llenaba de juegos para volver a recibirlo de un modo muy distinto a como lo hizo al principio, frío, rigido... apretado...

No iba a detenerse hasta que lo desease tanto que no pudiera soportarlo pese a saber que el que ya no podía contener tanto deseo reprimido era él, su verga esta dura como el acero ¡¿Cómo podía estar pasándole aquello a él?! ese deseo tan urgente y pecaminoso no era algo normal, toda su piel se erelctrificaba y no era que perdiese el control de ese modo irracional en el que sólo follaba. Con esa mujer era consciente de lo que probocaba cada caricía, cada nueva invasión de su miebro, era como si las auras de ambos estuviesen en la misma sintonía y ella podía sentir la suya por que lo vió en sus ojos, esos ojos turquesa que se volvían ambar...

Alzó la vista hacía ella aún con su boca pegada a esa fuente de placer y admiró su cuepro desmudo, las finas perlas de sudor que empezaban a cubrir su dorada piel, el rubor de sus altos pomulos elegantes y dignos de una reina. Tan hermosa y expuesta, tan idendefensa y desafiante a la vez, poderosa, el pelo rubio pegado y húmedo alrededor de sus mejillas, hombros y hasta enmarañados en la propia pared, era como si su cuerpo estuviese encadenado en las manos del placer y el horror. Era una lucha de dos seres completamente indomables, no iba a poder doblegar su voluntad y lo supo con una certeza que lo atraveso como la misma flecha que perforó el talón de Aquiles.

¿Qué acaso era ella? ¿No estaba ya postrado de rodillas entre sus piernas deseándo devorarla y darle todo? No podía ser... jamás.


Se alzó amenazante como un león y la lanzó sobre la cama, ella trato de ladearse apartándose el cabello de la cara pero él ya le aferraba las muñecas tras la espalda y la aplastaba cara a las rojas sabadas de seda que se escurrían entre sus cuerpos. Adalía apenas podía respirar y luchó por ladar la cabeza y respirar, pataleó y escuchó como Warx, sin soltarle las muñecas dejándola dolorida rasgó una tela. Paso la misma bajo sus brazos cruzados a la esplada y los ató firmemente. Ella volvió a medio gritar o rugir furiosa.

__Oh eso es... una poderosa leona__tiró de su cabello con dureza causándole dolor, ella apretó los ojos resistiendo mientras una única lágrima resbalaba por su mejilla__Eres una guerrera y eso... me incita demasiado__murmuró en su oído con esa voz cadenciosa, oscura y tan sensual que hizo estremecer a Adalia pese a retorcerse en protesta__Enfurecete todo lo que quieras mujer, lucha, haz cuanto quieras pero marcaré tu cuerpo y tu alma como nadie más hará, tu cuerpo será mío para siempre y eso no podrás sacarlo de tu mente por mucho que te asqueé__medio rió socarrón sabiendo lo que provacaba en ella y como la rabía se expandía aún más agresiva en ella que gritó de rabia y frustración convirtiendose en un quedo sollozo.


Por que en realidad era lo que estaba sucediendo, ese hombre, Dios, demonio o lo que fuese estaba marcando cada parte de su ser a fuego y no habría nada que ella pudiese hacer para cambiar eso, hundió la cara en las sedas y trató de no llorar al pensar en desino que la esperaba. Miles de hombres disfrutandose y abusando de su cuerpo de la sformes más viles y atroces, sin dulzura, sin nada más que el deseo de correrse y tener entre las piernas una mujer bonita que satisfaciera sus asquerosas necesidades. Las veces que mancillarían y destrozarían su cuerpo, los golpes los sucios y calientes fluídos asquerosos cubroendola, quedándo ahí tendida y sin alma. Muerta y enterrada en vida, soportando sus vegciones, sus risas, el dolor, no lo soportaría, no podría no sin odiar y desear arrasar todo aquello y lo peor... deseando volver a sentirle a él poseyéndola... el placer erótico y prohibido que él podía darle...

Con nadie más sería capaz de reaccionar, nunca había podido aunque la tocasen era fría como un trozo de hielo.

__Eso es...

Warx resiguió la curva de su espalda y amazó sus nalgas, las alzó y las separó con exigencía, deslizo sus humedecidos dedos entre la suave raja femenina y se tendio sobre ella. El aire abandonó los pulmones de Adalia cuando una atrevida falanje tanteó en su trasero y se mordió el labio a tiempo de suplicar que se detuviese ya que jadeó al sentir como la totalidad de la embergadura de aquel miembro duro y descomunal volvía a entrar en su sexo primero de un estocada para retirarse de nuevo dejando la gruesa punta en el interior hundiéndose posteriormente con una excitante languidez que la llevo al borde de la locura al rozar cada sensible terminación interior de su cuerpo.

Miles de sensaciones desconocidas hasta el momento sacudían la mente y el cuerpo de Adalia que traba de luchar contra ello y no dejarse arrastrar por aquella ardiente llama de lujuría que pugnaba por hacerse con ella. Lo sentía tan clavado en ella, tan pegado a su cuerpo que iba a morir... aquella era una placentera tortura que la arrasaría.

Warx se arqueó sujetándose en un brazo cuyos musculos se hincharon y volvió a hundirse en ella, a cada estocada iba más y más lejos, naufragaba entre un mar donde todo era calor y deseo. Un lugar donde no había tiempo ni dolor sólo placer y poder, un poder tan puro que hasta él se sentía abrumado.

Coló sus manos bajo el cuerpo de ella y alzándola de la cintura la pego a su torso obligándola a recoger las piernas sobre sus rodillas. Adalia soltó un delicioso grito de placer al sentir aquella invasión. Estaba apoyada sobre su musculoso cuerpo, sus piermas la acoplaban sosteniéndola y la mantenían desvergonzadamente abierta mientras se impusalva dentro de ella. Le cogió los pechos y volvió a incrementar el ritmo mientras su sexo se amaraba de los fluídos de ambos.

Dios, si iba a morir que fuera almenos entre esos brazos...


Warx aferró su cintura y comprobó como ella misma iba marcando su propio ritmo sobre él, deslizándose, cavalgando sobre su mienbro que se introducía despació y con contundencía, le gusta sentirlo en toda su profundidad, rozándo su hinchado clitoris y el inició de su abertura. Se corntorneaba haciendo resplandecer su espalda arqueada, su cabellera se mecía al mismo ritmo que ese enloquecedor cuerpo y sus pechos. Trazó unos deliciosos círculos que hicieron gemir a Warx y aferrarse más a ella con el mentón tenso al igual que sus músculos aún más endurecidos y la soltó desatando sus muñecas. Adalia se inclinó hacia delante abriendo las palmas sobre la cama y apoyó las rodillas, Warx se irguió por detras sin dejar de empalarla y ella se apartó el pelo a un lado para poder verle. Gimió mordisqueándose el labió cuando le acarició la nalga izquierda y gimió cuando le dio un cachete.

__Joder pequeña__tiró de su cabello dejándo que se escurriera entre sus dedos, era tan suave y sedoso como su piel que brillaba tanto como la suya a causa del sudor.

Volvió a salir de ella inclinándose para ver bien aquella entrada brillante y deslizo sus dedos por su miembro entrando otra vez más en esa cavidad que lo engullía en un torbellino de sensaciones.

__Eso es, no pares... sigue...

__Creí que dijiste que no ibas a suplicar__torció la sonrisa.

__No lo estoy haciéndo, sólo deseo más, te estoy exigiéndo que me enseñes que es esto que tanto te gusta y por que me siento así de inflamada. Necesito entenderlo antes de que me consuma.

Warx aferró su cuello y tiró hacia atrás de esta para hacerse con su boca y ambas lenguas salieron al encuentro la una de la otra en una danza frenetica y sensual, mezcla de una furiosa batalla por imponerse. Warx sorbió el labio inferior de ella y rompió aquel eloquecer beso que lo estaba haciendo caer en picado y volvió a empujar con dureza en el interior de la chica que gritó.

Salió cogiéndo su tallo entre los dedos y volvió cara a él a Adalia, deslizó sus manos por esa piel que lo hechizaba y fue descendiendo hasta sus piernas, aferró sus tobillos y le abrió un poco las piernas pero luego se detuvo.

__Abreté.

Ella dudó pero al fina clavando sus ojos en él alzó orgullosa el mentón, era desafiante, elgante y sensual hasta el eso, despacio abrió sus piernas y movió su mano derecha hasta su monte de venus y extendió los dedos entre abriéndo los labios. Se aseguro bien de seguir teniendo toda la atención del hombre que tenía frente a ella y tras humedecerse ella misma los dededos los deslizo por su sexo arquenado su cuerpo, exponiéndo sus desafiantes pechos, jadeando y respirando de un modo demasiado abrumador para Warx hasta que el mismo se descubrió gimiendo al ver desaparecer aquel largo dedo en su cuerpo.

__Eres tan hermosa...__atrapó la mano con que ella misma se había acariciado rozándola con sus labios, besándole la palma con los ojos entornandos y encendidos como teas.

No esperaba para nada esa reacción, lo estaba provocando, jugando con él sin acabar de perder esa atractiva aura inocente e insegura. No ese atemorizaba de él como él resto, no del mismo modo. Llevo esa misma mano hasta su polla y Adalia jadeó al notar su tacto. Su piel ardía y estaba mojada con sus propio jugos, era como terciopelo y acero. Deslizo su mano a lo largo de esta y espero cuando él volvió a acortar más la distancia con ella hasta quedar a tocar de sus albios que se rozaban...

Warx se deslizo sobre ella quedándo de nuevo sobre la cama y buscando la cadera de ella para acomodarse sonrió al darse cuenta de que ella misma la abría para recibirlo, se hundió en sus entrañas besándola y sintiendo como todo su interior se tensaba palpitándo con un pulso enloquecido, estaba tan sensible...

La volvió a sentar sobre él con fácilidad y se abrazo a ella que se había aferrando con fuerza a él envolviéndole con los brazos. Su dorado cabello le hacia cosquillas en los brazos pero estaba demasiado pendiente de la incesante tensión que se acumulaba en sus endurecidos testículos estaba aunto de estallar y ella con él. El cuerpo de Adalía habló por el sólo, moviendose febril, buscando una liberación que la haría estallar, cerró los ojos y todos rodó. El cuerpo de ambos se estremeció en una brutal sacudida cuando se corrieron sintiéndose volar entre miles de estrellas, recorrían un firmamento repleto de colores y fue como si una presa se rompiese y el agua saliese en estampida.

Warx estrechó con fuerza ese cuepro que aún se estremecía y algo cálido se deslizo alrededor de su pecho cuando escuchó el grito de ella, apasionado, tembloroso y tan intenso que lo dejo son aliento. Su miembro aún estremeciendose hizo que el de ella se contrajese a su alrededor y volvió a gemir. Su esencia había inundado el cuerpo femenino en un tremenda explosión y aún dejaba escapar restos de aquel placer abrasador haciéndo que el placer de ella se intensificara alcanazando un segundo rogasmo al moverse. Y entonces sucedió, los colmillos explotaron en su boca, todoa esa oscura obesesión,la se dy el orscuro deseo que lo había engullido lo hizo clavar los colmillos en el cuello de ella para saciarse, necesitaba su sangre, la deseaba como jamás había necesitado nada. Una vez saciado y tras comprobar que ella aún seguía teniendo pulso, se dejo caer despacio de lado con ella aún encajada y le acarició la mejilla apartando el pelo despeinado. Podía ver la sangre carmesí manchando su piel, y sentir el poderoso sabor recorriendo su cuepro que se estremecía en oleadas de un poder puro y ardiente.


Nunca antes había sido cuidadoso, mucho menos tierno, una vez satisfecho solía salir de dentro de la mujer, se vestía y se largaba sin siquiera mirar atras pero con ella...

Su corazón volvió a hacelerarse al ver esas pestañas aletear luchando por abrirse y se quedo paralizado cuando los ojos de ella volvieron a clavarse en él, seguía acurrucada y tremula. Pero esa mirada ambar...

Una cruel risa demasiado conocida resonó en su cabeza y de nuevo las palabras de la maldición de su madre resonaron claras en su mente:


Tú, hijo mio vagaras eternamente por la tierra sin conocer lo que es sentir, sólo, sediento e insaciable hasta que no conozcas el valor de una emoción, hasta que tu corazón no llore lágrimas verdaderas no serás libres. Hasta que no reconozcas cúal es ese latido no descansaras en paz. Si realemnte estas dispuesto a aprender y a arrepentirte de tus actos deberás encontrar a la mujer que tras sus ojos celestiales esconda el ambar que rebelará su verdadera sangre. La sangre que necesitas para romper la maldición y te postrará de rodillas. Tú, que tan poco has valorado la luz de la vida quedarás en manos de tu propio destino. Uno, que esta en manos de lo que tanto has abusado sin apreciarlo”


Se sentó de golpe en la cama con el cuerpo en tensión y el odio se revolvió en sus entrañas instándolo a salir corriendo. Una verdad mucho más cruel que una daga hundiendose en su pecho había calado en su subconsciente.

Volvió la cabeza hacía la chica y un dolor agudo lo obligó a llevarse la mano al pecho, ésta, estaba medio sentada mirándole fijamente con los ojos del otoño y una extraña expresión en su étereo rostro.


Tu tormento no acaba más que comenzar, la maldición no ha hecho más que atraparte”


Por supuesto, él fué el único que escuchó la gelida voz de su madre filtrándose por la fría densa bruma del anochecer como una risita siniestra y arrulladora. Era la hora de soñar para los mortales y él era incapaz de poder moverse.


Nikta


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