13 de febrero de 2012

Caprichos de los Dioses - Maldiciones



Caprichos de los Dioses - Maldiciones




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Las palabras de la odiosa bruja de su madre aún resonaban en su cabeza, como siempre estaba snetado enfrente al mar embrabecido, sus largos cabellos entre rubios y oscuros se mecían como latigos baja la caprichosa fuerza de este. Con las manos aún en la frentre y tars gritar maldiciendo al cielo lanzó con toda su fuerza una nueva piedra que se hundió provocando un tremendo contra la suerfien ondulante que pareció rpotestar con una nueva ola que estalló en respuesta contra la costa creando una densa espuma blanca.


Sus ojos normalmente azules, ahora eran completamente rojos. Dos puntos incandescentes como ascuas en respuesta a la furia de su demonio interior como buen semidios de la guerra y el tormento que era. Él, la pesadilla de todo ser humano, temido, reberenciado y hasta adorado por algunos...

¿A qué tenía qu everse reducido? a una maldición lanzada por su propia amdre por culpa de su ambición, de su orgullo y belicosidad. Más que pro todo eso por su arrogante vanidad, jamás saciaría su sed de sangre ni su soledad hasta que diera con ella...


Ella” volvió a torcer la sonrisa con ese deje de orgullo herido y vanidoso, que ironía...

Se levanto de las afiladas rocas negras como carbón y miró al horizonte mientras el mismiomundo parecía reírse burlonamente de él. Podía escuchar sus voces susurrantes, sus chistes y risas sobre él diciendo... “mirad, ahí va el pobre Warx, tan grande que fue y ahora caído en desgracía, pero cuidado no os oíga o os mandará a los dominios de su padrastro” Apretó el puño tratando de controlar su ira y procuró reflexionar echando al vista atras ¿Tan tirano y cruel había sido en realidad?

La venganza era su arte particular, arrebatar lentamente la vida a esos condenados era un placer del cual disfrutaba, eran todos unos verdaderos mosntruos, unos sádicos que causaron más dolor y destrucciónq ue él msmo, osando desafiar a los Dioses, creyéndose mejores o abusando de su propio proder... él sólo restablecía el orden mientras iba quitandoles hasta el último aliento de vida dejando bien grabada su mirada en estos que no podían perder la conciencia hasta que el los liberaba por fin a la muerte.

Su mejor aliada, tanto Thana como Harsx estaban encantados con la de almas y cuepros que les llevaba.

El infierno estaba lleno gracias a él y a las guerras que los propios humanos y Dioses desataban con sus porpios actos vanidosos y pueriles. Humanos... tan insignificantes e inquietantes a la vez. Él veía sus almas... corruptas, negras, putridas y decadentes... estos eran los más fáciles de hacer caer, en su corazón ya estaba arraígado el mal asesino, la sed de sangre. Ningun otro era capaz de llamar su atención, incluso se reía del resto de sus congeneres que caían rendidos ante algunos de esos seres frágiles. hablaban de algo que los hacía especiales, que poseían algo que ellos habían perdido, disertaban sobre su manera tan intensa de sentir y vivir. De las barbaridades y maravillas que eran capaz de ejecutar por esos mismos impulsos, su ansía por perdurar ya ferrarse a una vida que se les había otorgado efímera.


A él tanto le daba toda aquella chachará insulta, lo único que lo entretenía un poco eran esas bebidas fuertes y embriagadoras que eran capaz de destilar algunos tan diferente a la ambrosía o a sus vinos. Le gustaban sus fiestas y deprabaciones... le gustaba sentarse desde lo alto y ver como las mujeres danzaban insinuantes alrededodr delas hoguera sprovocando la pasión de los hombres, le gustaba poseerlas también de las formas brutales y placenteras posible. Le gustaba oírlas gritar y gemir retorciéndose contra su cuerpo.

Deprimente si realmente lo pensaba con frialdad,toda su existencia no era más que eso, una especie de teatro, todo superficial y sin compromisos.

Clavó su vista en una dorada nube que anunciaba la llegada de la noche y creyo ver el rostro de su madre entre estas...

Una vez más las malditas palabras regresaron como una letanía eterna a sus oídos...


Tú, hijo mio vagaras eternamente por la tierra sin conocer lo que es sentir, sólo, sediento e insacable hasta que no conozcas el valor de una emoción, hasta que tu rozazón no llore lágrimas verdaderas no serás libres. Hasta que no reconozcas cúal es ese latido no descansaras en paz. Si realemnte estas dispuesto a aprender y a arrepentirte de tus actos deberás encontrar a la mujer que tras sus ojos celestiales esconda el ambar que rebelará su verdadera sangre. La sangre que necesitas para romper la maldición y te postrará de rodillas. Tú que tan poco has valorado la luz de la vida quedarás en manos de tu propio destina. Uno que esta en manos de lo que tanto has abusado sin apreciarlo”

Suspiró realmente cansado por primera vez en la vida y se disolvio entre las primeras sombras de oscuridad para acudir a cita. No sabía por que esperaba que aquella mortal pudiese encontral el remedio a su mal pero ahí estaba, fiel a su palabra se materializo en la reputada casa de gran domina Aratea envuelto en una rojiza y densa niebla y comos siempre sucedía el silenco se hizo en toda la sala, nadie osaba respirar ni seguir riendo o disfrutando, con las copas a medio camino entre la boca y el espació lo ´nico que sentía Warx inundándose de poder era su terror, el crujido de sus huesos al temblar, su superstición al persinarse y rehuir su imagen. Torció la sonrisa satisfecho y asqueado y antes de que tuviera que llamar a la domina con su voz atronadora esta apareció frente a él retirando la cortina con si habitual cadencia sensual. Su talle esbelto y su piel bñanca resplandecía bajo ese entallado bestido de riquisima seda roja. Le gustaban los lujos y no se privaba de ellos, admiró el movimeinto de sus sibilinas caderas anchas y su cintura estrecha y fijo sus ojos en los de la mujer que con respeto mantuvo la suya a la atura adecuada. Hizo una grácil flexión y le sonrió invitándole a pasar su área privada.

__¿Puedo ofrecete algo de beber poderoso Warx?__lo miró descarada con un aleteó de sus adornada spestañas con rubíes, a aquella mujer le gustaba el placer y el vicio como a él una buena batalla.

Desde luego la ambición y el descarado orgullo, frío, métodico y bien estudiado de esa femina lo fascinaba por lo cruel y despiadada que podía llegar a ser.

Por lo que seguía sin entender por que su madre seguía reprendiéndolo tanto cuando estaba claro que la mujeres podían ser la peores enemigas que poblaban la faz de la tierra y el cielo.

Con un único movimiento de cabeza le indicó que procediera y siguió observando los elegantes movimientos de sus muñecas al coger el asa de la jarra y como vertía el oscuro líquido en una copa de fino cristal tallado con filigranas en dorado, sin duda traído de Tracía... Se lo ofreció a Warx y antes de que el lo acabase de coger el gesto negativo del dedo de Aratea captó toda su atención.

__Ah,ah... despació guerrero, este... vino__dijo pronunciando esa última palabra de un modo muy sugerente__contiene una mexcla especial para vos que espero sea de vuestro agrado__sonrió perfída ahora sí apartando la mano de la copa que él ya sostenía.

__Te noto de muy buen humor Aratea ¿a que se debe?__dijo alzando al copa a modo de deferencia hacia la molestía que se había tomado la mujer y esta avanzó sus delicadas manos de largos dedos enjoyados como una gata por las largas banquetas mullidamente tapizadas.

__A que creo que esta vez he dado con algo que si podría satisfacerle__sonrió jugueteando con las rizadas puntas sueltas del pelo que caía tras su espalda cayendo de su retorcido y elegante recogido. Casí parecía una niña tratando de contener la emoción y ansiosa por complacer a su anfitrión__Vamos, paladealo muy despació...__susurró sujerente.

Warx se acercó la copa a los labios inclinándola despacio para que llegase hasta sus labios. Una vez el intensó lícor entró en contacto con su paladar en su paladar estalló un intensó sabor...

Las pupilas se le diltaron y todo su cuerpo quedo envuelto en unas abrasadoras llamas de deseo puro, sangre... había mezclado sangre con el vino como en tantas otras ocasiones para satisfaer sus necesidades pero esa vez... esa ez era algo totalmente diferente.

Era ambrosía, un afrodisíaco imaprable que le emborracho lsos entido volviendo un anmal en celo completamente irracional. Aquella sangre habái entrado en su torrente como una flecha dominandolo por entero.

__Ha sido una única gota de su sangre... un pinchazo en su dedo.

Se levantó Aratea complacida con la sonrisa más cruel y satisfecha que jamás le había visto, le indocó con el dedo que lo siguiese y él se levanto ocn un gruñido gutural, sus ojos beían ser dos ascuas.

__¿De donde la sacasta?__inquirió con la voz completamente ronca y oscura.

Aratea se estremeció, aquel imponente hombre con el torso descubierto, dorado y perfecto la dejaba febrl, su voz hacía afloajr sus rodillas por que tenía algo muy sensual en su autoridad masculina.

__Velo tu mismo__ apartó una intrincada puerta de laboriosa artesania y lo hizo pasar extendido el brazo.

Una vez atraveso la puerta comprovó que era una hermosa habitación pese a su recargada decoración, había almohadones, cojines y alfombras por doquier imitando una jaima. La luz era tene y creaba sujerentes sombras ya que las velas estaban situadas dentro de portavelas de delicada forja ocn motivos diversos. Había un ligero escalón presidido por la enorme cama con dos cortinas abiertas a lado y lado y allí, parada en el centro de todo aquello estaba la mujer que poseía la enloquecedora esencia de la sangre que aún palpitaba en su interior llenandolo de una energía aún más poderosa que al que obtenía del terror.


Estaba inmovil, con las muñecas encademadas y sujetas a dos argollas que sobresalían de uno otro lado de la estancia... hermosa, frágil y con el cuerpo más condenadamente deseable que jamás había visto. Empezó pro sus tobillos, finos, sus piernas largas su piel satinada dorada por el sol de una cálida playa. Caderas redondeadas, cintura estrecha, pechos firmes y desafiantes, menudos. Era apenas una adolescente que empezaba a ser mujer. Cruzó la distancia que los separaba en dos zancadas haciendo caso omiso de la puerta que se cerraba tras su espalda y aferró el mentón de la joven para admirar sus delicadas facciones altaneras. Sus labios eran llenos y tersos, suaves y rosados, entre abiertos como en una invitación demasiado provocadora en su estado pero sus ojos... sus ojos azules se movían por su rostro desafiantes, asustados pero dispuestos a no rendirse y presentar batalla pero al temblor de su cuerpo. Trato de tirar de los grilletes y apartar el rostros pero él la tenía firmemente amarada por la barbilla. Aquel rostro era la encarnación de la más eterea e inalcanzable belleza, había algo en el fondo de esas pupilar que alertaban a todos sus sentidos, esa chiquilla ocultaba algo mucho más poderoso dentro de ella, una luz potente y qie a él lo ponía a mil.

Sí... iba a poseerla y de que manera, descarró las finas y delicadas ropas que le había puesto y que no consistían más que en un sujetador con cuentas y filigranas de oro bajo bñanco al igual que sus braguitas que simulaban a los lados las frágiles y deseables alas de una mariposa.

Tiró de los grilletes que se desintegraron bajo sus manos y cogiendo a la chica del cuello la hizo retroceder hasta caer sobre ella en el lecho donde su cabello dorado como el sol quedo esparcido tal y como si fuesen los últimos rayos del día.

Olío el suave perfume salvaje que desprendía ese suave e inmaculado cuerpo femenino y supo que Iba a clavarse en ella irremediablemente arráncandole su pureza, iba a hacerlo de una brusca embestida tirado por todo su deseo cuando su corazón empezó a latir con fuerza, desbocado y ardiente...

Estaba ya encajado entre sus piernas cuando al alzar la ojos aún cogiendo con la mano libre la base de su pesada erección, los ojos de ella volvieron a atraparlo, tenía los labios fruncidos,a pretados con odio y los ojos aún más brillantes, una extraña imagen de una lejana playa atravesó su mente y vió dos figuras recorriendo la orilla, el agua lamía sus piel y esas dos sombras iban únidas la mano. Otra oleada de sensaciones lo embargo y por primera vez en su vida deseó sentir el placer de hundirse muy lentamente en el cuerpo de una mujer, tanteó en su entrada y notó el calor que emanaba de ella. ¿Era tan descaballedo querer hacerla arder de placer? ¿era normal desearla con aquella ansiedad cruel y querer colmarla con delicadeza? quería dedicarse pr completo a hacerla descubrir el gozo de aquello, adorar ese cuerpo con sus dedos y arrasar sus labios pero la estaba hundiéndose en ella, en la joven que seguía mirándole retadora con unos ojos que se volvíam ambarinos como el atardecer más amenazador y hermoso.


Todo pareció quedar suspendido en un instante del tiempo y nada hubo salvo el sonidos de un gemido.


Nikta



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