1 de noviembre de 2011

Reedición de ¿Contra el Destino? relato incluido en Pasión de Media Noche del Club de las Escritoras


¿Contra el Destino?

A medida que el coche se acercaba a su nuevo territorio reduciendo su velocidad, más se aceleraba su pulso. No podía escapar, ya estaba todo decidido y le debía lealtad, respeto y honor a su clan y a su familia.


Aquello traería una supuesta estabilidad entre los dos territorios. Aún así seguía habiendo una tensa relación entre ambos clanes y que se mantenía únicamente por la marca y el vínculo que había nacido entre dos de sus miembros. Al menos eso es lo que su padre le había explicado, que ambos estaban destinados a guiarlos a todos, que su sino era el de estar juntos y que su unión ya se había asignado antes incluso de que naciesen por que así lo habían decretado sus Dioses.


Pero a ella no le parecía para nada algo mágico ni especial, todo lo contrarío, le parecía una maldita condena en la que nadie había preguntado su opinión. Iba a ser la pareja de vida de su principal “enemigo” y ni siquiera lo había visto nunca. Sólo había oído rumores y comentarios preñados de respeto y temor sobre el nuevo alfa de los Whoulers y ahora iban a arrojarla sobre este como si ella no fuera nada. ¿Qué, acaso, lo que ella desease no contaba? ¿Qué había de sus sueños, de sus ideas? ¿Por qué mandarla allí por una estúpida marca? ¡Los designios podían irse al garete! ¡Era su vida, maldita sea!


Sólo tenía diecinueve años y ya iban a atarla para siempre, no tenía escapatoria y todo en nombre del destino...


  • El destino... una patada en las narices - resopló apoyando el codo entre el cristal y la puerta del coche.


No le habían dejado ni abrir la boca, todos habían decidido ya por ella y no lo soportaba. Habían dirigido su vida desde que nació. Lo mirase por donde lo mirase siempre había sido prisionera. El coche por fin se detuvo y su mal humor empeoró aún más. La habían mandado allí sola y creyó que no podría ni moverse cuando la puerta se abrió y Usher le indico que bajase. Suspiró, sin poderlo evitar, y apretando los puños, bajo lo más digna que pudo con la mirada desafiante tomada por el dorado de su loba.


Una suave brisa fría fue lo primero que la recibió haciendo hondear su larga melena negra como la noche así como el vuelto de la falda de su vestido rojo sangre. Su piel dorada parecía seda bajo la luz de la luna que se filtraba entre las deshilachadas nubes, el aire mecía las hojas de los árboles llenando el lugar con su relajante sonido y su olor a humedad, tierra y pino. Pero para nada era una situación tranquila, estaba tan tensa que cualquier movimiento podría ser una amenaza. Ia ni siquiera miró alrededor, sabía perfectamente donde estaban todos y cada uno de los miembros de los Whoulers. Los sentía como si formasen parte de la mismísima respiración de aquel claro del bosque.


Avanzó a lo largo del pasillo que le habían dejado y observó el contorno de las montañas que se veían al fondo del lugar. Allí, entre sus miles de grutas se escondía su reinado, oculto de la vista de cualquier ojo humano. Las antorchas brillaban a ambos lados del final de aquel paseo de ojos escrutadores y sintió más frío del que jamás había sentido en su vida. ¿Podría tomar las riendas de su vida? ¿Podría controlar algo? No tenía ni la más mínima oportunidad, estaba sentenciada.


  • A la porra con tus sueños Ia, vete haciendo a la idea - se dijo a si misma.


No se oía absolutamente nada ¿Estaría su supuesta pareja tan enfadada como ella por aquella jugarreta? En realidad, estaban ambos en la misma situación... Como perros encadenados.


Es igual, fuera como fuera no pensaba asentir a todo, si ese tipo iba a ser su pareja que se preparara para aguantar su mala leche. Tan concentrada estaba pensando en como fastidiarlo, por considerarlo parte de sus males, que no se dio cuenta de que éste estaba ya frente a ella devorándola con la mirada. Y fue entonces cuando todo su ser sintió un extraño tirón y su pulso se acelero ensordeciéndola. Sus ojos se clavaron en los de él y todo desapareció alrededor, olvidando cualquier pensamiento. Su sangre fue fuego y sus pupilas se dilataron recorriendo cada parte de ese cuerpo cincelado por el mejor escultor. Sus ojos azules llameaban y pensó que no había visto nunca nada tan perfecto como aquel hombre cuyo calor la abrasaba. Se detuvo de nuevo en sus brazos y se preguntó como sería estar entre ellos por lo que se reprendió sacudiendo la cabeza. No podía estar pasando... pero así era, sentía como todo su ser le pertenecía por completo, formaba parte de ella, estaba en su piel, en su mente y en su alma. El vínculo era real y su corazón bombeaba con tanta violencia que hasta se asustó, ahora mismo no existía nada más que aquel hombre, era como si todo lo demás hubiese desaparecido, ni siquiera se oía nada más que su propio latido acelerado. Quería luchar contra ello por creerlo impuesto pero todas sus barreras estaban cayendo una tras otra a una velocidad de espanto. Sintió un chispazo y como se le encogía el estomago, donde se había llevado la mano sin ser consciente. Por primera vez en toda su vida se sentía completa y aún así quería llevarles la contraria.


“Mía” se repetía escéptico Sin, incapaz de apartar los ojos de aquella chica de aspecto suave y sexy. Delicado. Una suavidad que escondía a una fiera salvaje y decidida, una hembra fuerte, testaruda y furiosa con todos. Una mujer cuya mayoría de edad había cumplido ahora hacía un año. La mujer que se suponía estaba destinada a él desde los albores del tiempo. Él nunca había creído en todo aquello, él decidía sobre su vida. Tanto lo había creído que más de una vez se había convertido en un cretino sólo por demostrarles a los demás que se equivocaban. Había ido de una mujer a otra pero nunca había sentido absolutamente nada más allá que la simple satisfacción sexual. No eran nada y pocas habían sido lobas porque, en el fondo, estaba tan asustado como ella por lo que se esperaba de ellos. Algo que hasta él desconocía y que siempre se encargaban de recordarle a cada paso o decisión que tomaba, era enfermizo. Nunca le habían contado mucho más salvo que se convirtiera en lo que era. Un alfa duro, fuerte y respetado, justo. Pero ahora que la tenía en frente... todo su mundo se tambaleaba, le temblaban las rodillas y le dolía la entrepierna. En el momento en que ella puso su palma sobre su pecho como reconocimiento, miles de llamas lo devoraron y se sintió por fin en paz, equilibrado. Esa furia agresiva que siempre lo hacía ir en busca de descargar adrenalina se calmo de un modo inquietante, era tal como si el fuese la brutalidad y ella... la paz que lo aplacaba.


Sin, puso su palma en el hombro de ésta y aguardó unos instantes antes de decir nada. Sabía demasiado bien que su voz ahora sería algo más ronca de lo normal. Llevaba días imaginando ese momento y para nada había sido como creía. Pensaba que no sentiría nada más que frío e indiferencia, hasta desdén pero nada más lejos...

Torció la sonrisa hacia un lado y saboreó el reto que supondría “domesticar a aquella loba” por cuya mente naufragaba como si fuera la suya propia. Ia seguía dispuesta a presentar batalla.


  • Bienvenida Ia, espero que hayas tenido buen viaje.
  • Ahórrate los formalismos - resopló apartando la vista para poder respirar, tenía que dejar de afectarla así su mirada y su voz...


Él volvió a torcer la sonrisa de un modo travieso que hizo que Ia volviese a tensarse en busca de aire y ladeó la cabeza para mirarla. Ésa era la sonrisa de un depredador, un cazador experto y seguro que ahora estaba rodeándola, andando alrededor de ella con las manos tras la espalda.


  • A mi me fastidia tanto como a ti, así que relájate un poco y dame una tregua. Si quieres acusarme de todos tus males, allá tú. Pero dame un respiro, este es mi territorio, Ia.
  • Perfecto entonces, queda todo muy claro - endureció aún más sus facciones elegantes y femeninas.


Gruñó para sus adentros y contuvo las ganas de volver a sentir el tacto suave de su piel. Aspiró su fragancia y la observó... parecía tan frágil y fuera de lugar, estaba a la defensiva y su bello se erizaba. Se maldijo por haber elegido tan mal las palabras pero aún así era cuestión de marcar su lugar. Al fin y al cabo, ella también era una alfa y no se sometería fácilmente. Ambos formaban parte de dos clanes rivales desde hacia demasiadas generaciones.


  • ¿Algo más? - dijo aún estática en su regia postura. Al ver que él no decía nada se atrevió a volver a mirarle fijamente del modo más duro del que fue capaz - He venido aquí sola como pedisteis, como muestra de nuestra buena voluntad, así que si vas a volver a insultarme piénsatelo dos veces antes de abrir esa bocaza - él dejó escapar una risita callada por esa pequeña muestra de genio - Puede que aquí todos acaten tu voluntad pero yo no y te aseguro que sé defenderme.
  • Creo que no hemos empezado con buen pie - se rascó el cogote bajo la atenta mirada de ella que enarcó una ceja cuando le indicó que lo siguiera - No voy a comerte.


Ia puso los ojos en blanco y descruzando los brazos lo siguió a través del bosque alejándose del grueso del grupo, nadie los siguió. Sin no se detuvo hasta llegar al borde de un precipicio, al fondo resonaba el agua embravecida del rio por donde ascendía una densa bruma que hacía calar aún más en los huesos el frío al tiempo que el primer copo de nieve caía lánguidamente del cielo.


  • Parece que los de allí arriba nos hayan dada una patada en el culo ¿no? - bromeó él aún de espaldas a ella metiéndose las manos en los pantalones. Ia era incapaz de entender como podía ir sin camiseta con el frío que hacía, los inviernos en su territorio no eran tan crudos y el liviano vestido que llevaba no la ayudaba a entrar en calor salvo quizás, el cuerpo de él - Ia, sé que te has propuesto cabrearme haga lo que haga o diga lo que diga. pero estoy en el mismo saco que tú. Entiendo que estés cabreada, a mi también me molesta pero...
  • ¿Pero qué?


Él meneo la cabeza borrando esa sonrisa traviesa que se dibujaba en su cara normalmente seria e imponente.


  • Si digo lo que iba a decir me atizarás así que mejor cierro la boca.
  • Vale Sin, parece que esto es real de verdad, queramos o no, nos pertenecemos y si seguimos así será un desastre para ambos y los que nos rodean. Así que habrá que encontrar una solución y averiguar qué se supone que tenemos que hacer.
  • Nunca pensé que cambiaría de vida - dijo más para sí que para ella.
  • Se supone que no debería ser una condena.
  • Y no lo es - se volvió hacia ella


Ia dejó escapar de nuevo el aire retenido y miró a Sin que tras echarle una ojeada, se situó tras ella pasándole los brazos por la cintura, allí hacía frío y la corriente helada cortaba la piel. El cuerpo de ambos se estremeció y guardaron silencio. Ninguno de los dos había pensado al levantarse que esa noche, iban a ser dos de verdad. Ambos tenían sueños, inquietudes, deseos... pero ahora todo había cambiado en un instante. Los dos sabían lo que era el peso del liderazgo, para ellos el clan era lo primero y sin embargo su corazón había encontrado un nuevo sentido a todo aquello.


  • ¿Cómo puede esto unir a nadie? Los cabreará más - suspiró Ia aceptando lo que iba a suceder, sin saber muy bien porque ya no quería luchar más - ¿Realmente, por qué nos peleamos? No somos sólo animales... ¿Por qué te estoy diciendo yo ahora esto? - se frotó la frente cansada.
  • Quizás... por tonto que te parezca, sea por los sentimientos. Hay cosas que están por encima de la furia, el odio y la venganza.
  • ¿El líder de los Whoulers está diciendo esto? - se volvió ella para mirarlo agradeciendo que siguiera envolviéndola para protegerla del frío.
  • Bueno sea lo que sea... veamos qué es lo que pasa, al menos ahora ya somos dos unidos contra lo que han escrito en las estrellas.


Ia sonrió muy a su pesar y asintió aceptando la mano que él le tendía para conducirla a su nuevo hogar, quizás después de todo aquello no iba a ser tan malo...


Nikta .- Leila Milà





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