9 de agosto de 2011

Viva


Era mi momento sin duda...


Era ahora o nunca, adiós a la correcta y aburrida Mary, era el momento de vivir y de sentir mi propio cuerpo. De ser consciente de mis necesidades y deseos, era la hora de admitir la verdad a mi misma.


Atada a los barrotes de aquella cama de espaldas a él me sentía vulnerable y expuesto peor mi pulso corría raudo pro mis venas como nunca antes lo había hecho. Sentía la excitación recorriendo mi piel expectante...


No había nada indecente en aquel deseo, en la humedad que me invadía. Una leve caricia en la nalga me hizo botar, el corsé estrujaba mis pechos doloridos, necesitados de atención. La misma fusta se deslizo entre mis piernas y siseé al notar como mis labios hinchados y lubricados se contraían buscando más. Un cachete en el trasero fue lo único que conseguí. Aquella noche iba a liberarme de todo lo que me había mantenido cautiva, no habría nada más excepto la piel.


Su aliento en mi boca y su fuerza empujando contra mi, me tiro del pelo hacía atrás con brusquedad y apresó mis labios. Su lengua se abrió paso entre la mía, luchando, conquistando... jadeé cada vez más caliente y me mordí el labio al sentir como sus dedos volvían a invadir con pericia el centro de mi fuego, posó sus manos en el final de mi espalda arqueada y lentamente tiro de las braguitas.


El corazón amenazó con abandonar mi pecho, ronroneé encantada y corvándome aún más le miré por encima del hombro notando como su hinchado miembro tentaba mi entrada introduciéndose muy lentamente para volver a salir. Me mordí el labio y dejé escapar otro gemido cuando regreso dentro con un potente empujón de sus caderas, su cuerpo me abrasaba, sus músculos marcados y gruesos resplandecían, después de aquello ya no habría marcha atrás, le pertenecería y jamás podría huir.


Estaría vinculada a ese hombre el resto de mi vida, era suya y lo había demostrado, él me había liberado y conquistado, me había dominado y ya ningún otro macho tendría ningún derecho sobre mí.


Se acabo la sumisa y asustadiza Mary, ahora que había descubierto mi verdadero ser ya no quería volver a ser lo que fuí. Era una mujer nueva, fuerte y que no temía reclamar lo que quería. Era simplemente yo y estaba viva.


Nikta



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