13 de julio de 2011

De vuelta a la Tierra .- Las Caras de Urd - Cap.32


Era una mujer bellísima, de piel canela, pelo negro azabache y rizado de ojos verdosos, empuñaba una especie de ballesta y miraba a ambos hombres.

  • Vamos, apartaros
  • Que tierno, mira quien ha venido… la mami de la criatura. No necesitas eso Bianka.
  • Es cierto – dijo arrojando el arma con arrogancia – y ahora cállate Ezequiel – a un gesto de su mano este se estrello contra las rocas reprimiendo un gemido de dolor.
  • De él no me extrañaba, a esa rata ya la conocía como para saber que nunca cambiaría, pero tú… - aparto con el mismo gesto con violencia a Azrrael de mí.
  • Espera Bianka te – no le dejo acabar que un dardo de la ballesta se clavo contra el hombro de Azrrael expulsando el liquido que contenía por su organismo, ni siquiera había tocado el arma para hacer eso.
  • Vamos Urd, suéltate y salgamos de aquí.
  • ¡No puedo! – grité
  • Claro que puedes

Ezequiel rió divertido – Quizás no fue tan buena idea que la abandonaras, ahora no sabe usar sus poderes – rió más – Por eso ha sido tan fácil para nosotros.

  • Vamos Bianka, debemos darnos prisa – entró corriendo Abraham
  • Sí, si que puedes Urd, la fuerza esta en ti, es tu naturaleza, es tu sangre, hazlo, ¡vamos! – me grito con frialdad.
  • No, no puedo – miré suplicante a Abraham que dio un paso para venir a ayudarme.
  • ¡Quieto! Ha de hacerlo ella sola, y tú no puedes acercarte ahora a ella, ya lo sabes.
  • Urd, escucha tu interior, tu madre tiene razón y yo se que puedes hacerlo, si me acerco a ti te haré daño – dijo Abraham.

Impotencia, una impotencia enorme es lo que sentía, no podía hacer lo que me pedían, desconocía como, no tenía fuerzas, Ezequiel me la había estado quitando, era aquel olor, aquella letanía en mi cabeza, el ritual que había hecho mientras yo drogada y borracha no podía más que mirar atontada, aún tenía restos de la ceniza que me había soplado encima, si hubiese podido hacerlo haría rato que no estaría ahí dejando que me fuesen a violar joder! Que clase de madre tenía que no me podía soltar y que aparecía ahora para medio salvarme y luego dejarme ahí y darme ordenes.

  • Urd, no puedo detenerlos mucho más tiempo, no soy tan poderosa – me miró.

Ezequiel consiguió moverse y lanzo un hechizo contra Bianka y Abraham, vi que Azrrael intentaba algo, pero yo sentía que me asfixiaba, Ezequiel estaba sobre mi, iba a hacerlo, no, no quería, no! Azrrael lo hizo tambalear para hacerle salir de encima mío, Ezequiel le lanzó el átame que se clavo en su costado, notaba su miembro apunto de penetrarme mientras él creaba un muro para separarnos del resto.

Una oleada me sacudió, sentía el poder dentro de mí, deje que mi conciencia acabase de nublarse y que esa energía me dominase por completo. Ezequiel salió despedido, mis cadenas se rompieron, me levante y atravesé sin dificultad la barrera que había creado, quise ayudar a Azrrael a levantarse pero mi madre me aparto de él recordándome que era el enemigo, que me haría daño y me saco de ahí volatilizándonos literalmente pues la cueva se desmoronaba a causa de mi explosivo ataque.

Me desperté gritando, pero cuando conseguí enfocar los ojos vi que estaba en una casa bajo las sabanas, olía a caldo, me recosté Bianka corrió y se sentó junto a mi apartándome el pelo.

  • ¿Estas bien, cariño?
  • Que ha… ¿Dónde están?
  • Por ahora estas a salvo.
  • ¿Pero y Azrrael?
  • Ni le nombres – su mirada me fulmino, pero al verme los ojos suspiro y me acarició la mejilla.
  • Nena…
  • ¿Quiero respuestas?
  • Aún no es el momento Urd…
  • ¡Nunca lo es! – me desesperé – Quiero saber de una vez que coño pasa y que soy yo, y como puedes hacer eso y… y… ¿donde está tío Akesh y los demás? – grité
  • Están bien, pero tranquilízate, vendrán a verte enseguida – sonrió – Entonces te explicaremos lo que quieras saber. Descansa.
  • ¿Por qué me abandonaste?

Debí dormirme porque cuando desperté ella no estaba, un ruido me sobresaltó, había alguien en la casa eso ya lo sabía antes de oír nada, agarré mi daga y agarre la sabana contra mi cuerpo, ya iba a ponerle el filo en el cuello cuando vi que era Abraham y estaba herido.

  • ¡Abraham!
  • Urd, tenemos que salir de aquí.
  • Pero mi madre…
  • Hazme caso, vámonos – dijo con urgencia
  • ¿Azrrael?
  • Esta bien dentro de lo que cabe, mira Urd no voy a mentirte, está mal, él no quería hacerte daño.
  • Eso no puedo creerlo ahora mismo (¿pero no me había guiñado el ojo esa noche y me había susurrado ten fe en mí?, no estaba segura)
  • Urd, te lo explicaré todo pero salgamos de aquí.
  • Estas sangrando – le puse las manos encima y sus heridas empezaron a sanar.
  • Si, fui por Azrrael cuando os fuisteis, todo se vino abajo y Ezequiel nos atacó y esa mujer… no le deje acabar.
  • Abraham… no puedo fiarme de ninguno de vosotros, no puedo ir contigo.
  • Pero Azrrael te necesita.
  • No. No lo creo, no puedo.
  • Urd, ¿Qué te dice tú corazón de mí?
  • Que eres bueno, por eso Horus te guía.
  • Entonces.
  • No, ve, estaremos en contacto, estaré bien. Te tengo a ti y a Horus vigilando.
  • Urd… no te equivoques con Azrrael.
  • He viso todo lo que ha hecho aparte de revivir esa pesadilla, he visto su vida…
  • Cambió Urd, ese es su pasado ya no es así.
  • ¿Cómo puedes decir eso? ¡Y qué fue lo que hizo en la cueva! Iba a hacerlo Abraham– las lagrimas me caían por las mejillas tan amargas como la hiel, estaba furiosa y con el corazón hecho pedazos una vez que lo abría y mira lo que pasaba… ellos siempre habían tenido razón.
  • ¿Tu que crees Urd?
  • No lo se Abraham, no lo se, ya no puedo pensar – dije dejándome caer en el colchón – pero lo extraño tanto…

La sabana cayo y mi cuerpo quedo al descubierto, tenía aún arañazos y heridas por toda la piel. Abraham aparto la vista.

  • No, no apartes la mirada, mírame, esto también lo ha hecho él – gire la cara contra la almohada, Abraham me miró y tras un suspiro me tapó.
  • Todo se aclarará. Descansa, quizás si sea mejor que te quedes de momento aquí, pero abre bien los ojos… no es quién crees. Estaré cuando me necesites – se levantó.
  • Abraham…
  • ¿Qué?
  • Tu también me…
  • Lamento decir que como hombre también me gustaría poseerte Urd, pero no te haría daño, yo no quiero tú poder.
  • Gracias – me acurruque – Sabes… ahora mismo me gustaría ser un patito feo – sonreí sin ganas.
  • Bueno, creo que te querríamos igual, es inevitable. Eres un cielo.
  • Si bueno… pero al menos habría muchos que no pensarían con la cabeza de ahí abajo.
  • Urd… el problema estaría igual, al ser mujer la única forma de poder controlar tu poder y usarlo por parte del que lo ansia siendo un hombre es ese, doblegarte y dominarte.
  • ¿Y si es una mujer?
  • Normalmente sois más nobles y acertadas pero también sois peores que nosotros.
  • No me ayudas…
  • Eso ya lo sabes Urd, podéis ser muy crueles…
  • Me mataría para obtener mi…- él asintió, no se que era peor, pensar en que me querían de objeto sexual etc. o que me matase alguna loca…
  • Si… supongamos que Ezequiel me hubiese… poseído luego ¿no me mataría igual?
  • Los varones no pueden utilizar tu poder directamente por que es la fuente primigenia, quien posee el don de la vida y la muerte sois vosotras.
  • Entonces… ¿no sería posible que yo pudiese recuperar mi conciencia y derrotarle?
  • Pues, en tu caso no lo descartaría.
  • ¿Por qué? – sonreí.
  • Porque eres muy fuerte pequeña, eres una fiera salvaje, eres fuego, pasión… y no se doma tan fácilmente un espíritu así que ama tanto su libertad.
  • Pero me comporte como una cría.
  • Estabas asustada y muy diezmada por los poderes de Ezequiel no olvides, tu aún no conoces de que eres capaz, no sabes lo que tienes dentro ni como usarlo.
  • Pero no debería haberlo estado si tan poderosa decís que soy, debería haber salido natural de mí…
  • Ser bruja no te convierte a ti en alguien inmune a no sentir. Debo irme ya- se levantó.
  • - Si ya… ¿entonces qué hago, me meto a monja o a puta? – sonreí cansada.
  • Que recuperes el sentido del humor es bueno, tengo que irme
  • Espera, quiero saber de dónde sal… - pero Abraham ya no estaba.

Mi madre entró por la puerta y por su cara se que notó que había habido alguien allí ¿pero no había estado Abraham con mi madre ayudándose ese día? No entendía ahora por que no podía quedarse. No, si lo sabía… si mi madre notaba que Abraham aún estaba con Azrrael ahora que se suponía que estaba fuera de juego podría ser mortal para él. Entonces… Ya no estaba segura de nada y esa mujer… algo en mi interior me dijo que mentía pero no quería creerlo, había encontrado a mi madre.


Mientras en otra parte de la ciudad:


- ¿Donde está Urd? – preguntó Akesh preocupado a Abraham. Sabía que había pasado algo terrible y que no había podido estar para ayudarme.

- Con Lady Bianka

-¡No! Mierda, sigue en peligro, vamos a buscarla – dijo Ablace cogiendo las llaves del coche.

- No nos escuchará, ahora solo haría caso a una persona – volvió a decir Akesh

- Iset – dijo Luzmila

- Sí.

- Voy a buscarla – dijo Ablace saliendo por la puerta.

Naím, Rafa y David miraron preocupados a Akesh que daba vueltas por la habitación.

Cuando Ablace regreso con Iset no perdieron tiempo y siguieron a Abraham hasta el lugar donde estaba yo, en una terraza tomando un te frió cerca de casa de Bianka estaba aún mal pero al verles me levante, ya estaba cansada de que me dijeran lo que me convenía, sí otra vez volvía a negarles, era la tercera vez que lo hacía... no quería oírles hablar mal de Bianka porque eso es lo que venían a hacer a alejarme de ella, de la persona que me había salvado. De mi madre.


Continuara...

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