6 de junio de 2011

De vuelta a la Tierra .- Las Caras de Urd - Cap.26


Notaba como la fuerza me abandonaba en oleadas, veía la energía fluir lejos de mi cuerpo siendo absorbida por el libro, algo indescriptible se me echo encima dejándome sin aliento, notaba como si me dieran cortes por todos sitios, grite se que grite, intente resistirme a aquella fuerza, de mi boca salían palabras ininteligibles eran palabras mágicas que ni siquiera sabía que conocía pero esos hilos tiraban de mí, era como si cada vez me enredase más en una telaraña, no podía más. Sólo entonces dos tipos se acercaron a mí y me cogieron con brusquedad, me tendieron sobre la mesita en medio del salón y me abrieron de un tirón la camisa, sé que me sacudí y les pateé y golpeé pero no tenía fuerza, instintivamente acudí a un par de hechizos defensivos que Vierna me había enseñado, herí a un par de ellos pero aún así me agarraron las muñecas y otros los tobillos. Tío Akesh miró con estupor a Azrrael. Cuando el tipo de la túnica negra con cinto rojo se lo indico los dos hombres que me retenían las muñecas empezaron a echarme los brazos hacia arriba trazando una semicircunferencia y los ataron estirados por encima de mi cabeza, las muñecas me ardieron, el pañuelo quemaba, vi el humo salir de este. El tipejo se acerco a mí y se puso a un lado, trazo un símbolo en el aire sobre mi pecho y sentí una sacudida que me aplasto contra el cristal, hacía mucho frío… salía vaho de sus bocas, el hombre saco algo de un bolsillo y agachándose me puso lo que había sacado sobre la frente, fue como si una descarga me recorriese entera, el metal quemaba, reprimí un grito e intente no escuchar su voz, intentaba soltarme, moverme pero no había forma, sólo me quede quieta cuando aterida comprobé que uno de los hombre iba a ejecutar a uno de los presentes si no me comportaba, gruñí, el otro tipo destapo un frasco y vertió un liquido rojizo sobre mi pecho era como ácido y esa vez sí que no pude evitar gritar, sentí unos latigazos en la espalda. Reprimí una lágrima de rabia y le escupí cuando manoseaba mis pechos, me abofeteo pero cuando volvió a pasar el brazo por delante le mordí, le clave todos los dientes con fuerza, tuvo que tirar de su carné para soltarse, volvió a azotarme, saco un cuchillo y me hizo un corte en cada muñeca, luego me mostro el filo manchado y me lo puso en los labios mientras iba dejando resbalar el acero por entremedio del pecho contemplando satisfecho como mi pecho subía y bajaba acelerado, llegó al vientre y me izo un corte superficial de lado a lado. Me sacudí con violencia intentado liberar mis pies, chille, grite y me revolví como las fieras acorraladas, y volví a lanzar un conjuro que detuve cuando una daga se clavo amenazadora en el cuello de Iset, cuando me calme la dejaron, lancé una mirada furibunda a la especie de sacerdote y salió despedido sobre un mueble que se astillo por el impacto, el hombre cayo de culo y se levanto con dificultad, pronunció unas palabras y miles de rayos me atravesaron, no le di el gusto de oírme chillar de dolor. Volvió a ponerse junto a mi retomando el hilo de lo que estaba leyendo y me puso otra especie de medalla un poco más debajo de la base del cuello y presiono mientras iba leyendo, cada vez me sentía peor, me hizo un corte en la mejilla, mi cuerpo se movió en un espasmo y empecé a gritar de nuevo, parecía la niña del exorcista pero sin tirar nada raro por la boca ni girar la cabeza, estaba perdiendo la conciencia, me pesaban los ojos, me dolía todo, estaba perdiendo la vida… era imposible describir la agonía que me atenazaba, una lágrima resbalo por mis ojos y más cuando sentí que uno de ellos frotaba un arma entre mis piernas, giré la cara agotada y vi a Azrrael, estaba sufriendo mucho. De pronto sentí una energía mágica inundarme las venas, todo se lleno de una luz fantasmagórica, olía a miedo y a sangre, unos tambores sonaban lejos… la puerta se abrió con estrepito, oí disparos y mucho jaleo, luego nada, silencio.

- Rápido una ambulancia – oía que gritaba alguien, sentí unos brazos cogerme y levantarme del suelo, alguien me sacudió con cuidado, no sabía que pasaba, estaba como fuera de mi… ajena a todo cuanto veía o pasaba, gritos, corredizas, llantos, sirenas…

- ¿Estáis todos bien? Acabo de enterarme. ¡Urd! – era la voz Ezequiel.

Cuando recobre la conciencia estaba de nuevo en el hospital, me seguía notando débil y entumecida. Fuera oía lejana la voz de tío Akesh hablando con los demás.

- ¿Pero quién le ha enseñado esos conjuros? Hay que estar alerta, es muy peligroso.

- Eso sólo lo ha podido aprender de…

- Una maldita bruja Jotori. La está envenenando, la han encontrado – decía preocupado Akesh.

- Ahora eso es lo de menos, por suerte está bien, no han podido dañarla, buenos o no esos poderes Jotori han evitado que le arrebaten su legado – era la voz de Luzmila.

No entendía nada, giré la cara hacia el lado opuesto a la puerta y encontré a Azrrael recostado en la barra de mi cama.

- ¿Estás bien? – le pregunte aún con voz ronca, tenía fiebre lo sabía.

- Eso debería preguntarlo yo – me sonrió brevemente.

- Vete de esta casa de locos antes de que sea tarde…

- No pienso ir a ningún sitio.

- Pero… ¿no… vas a preguntar nada, no te parecemos raros, no tienes miedo?

- Ejem… - oí carraspear expresamente a Iset, me senté y me lancé sobre ella abrazándola – Vale, vale, estoy bien, me alegro de verte pero túmbate… - me sonrió poniéndome la mano en la frente – Avisaré al médico y a tu tío.

Asentí y cuando abrió la puerta para salir vi como llegaban corriendo junto a tío Akesh a Naím, Rafa y David.

- Vinimos en cuanto recibimos tu llamada ¿Qué paso, está bien?

- Si, sentaos…

La puerta se cerró y no pude ver más.

- Estoy harta de hospitales – suspiré cerrando los ojos.

Azrrael sonrió y me aparto el pelo de la cara, le miré, tenía unos ojos tan bonitos… tan cálidos, alargue la mano hasta su mejilla, el acercó su rostro al mío, la puerta se abrió y la magia del momento pareció romperse, tío Akesh me miro y le lanzó una fiera mirada a Azrrael que se apartó, mis primos estaban también en la puerta. Acabaron de entrar y lo rodearon, creía que iban a comérselo, si no había hecho nada… Abraham entro y pareció que los ánimos se calmasen un poco.

- ¿Cómo estás? – se a cerco a mí Rafa

- Bien – me recosté de modo que quedase más sentada que tendida, la herida del vientre me dio un latigazo y me lleve la mano al corte. Fue como si me transportase a otro lugar, me quede con los ojos abiertos de par en par y un hálito en la garganta. Delante de mis ojos se extendía un precipicio, abajo había una muchedumbre congregada de rodillas venerando algo, con respeto y miedo. Miré lo que parecía el escenario, las llamas de las antorchas brillaban en la noche iluminando la negrura con su luz rojiza, era un ritual, una ofrenda a los dioses, un sacrificio, vi un cuerpo agitarse en el suelo, desde donde estaba no podía ver bien pero si pude contemplar como un hombre alzaba un corazón aún palpitante al cielo y tras este se recortaba una talla enorme y negra de Kali con sus cimitarras. Grite y regresé a la habitación del Hospital, el pulso disparado, las manos temblorosas, sudaba y aún notaba el sabor de la sangre en la boca. Debía estar peor de lo que creía para alucinar así. Un trueno resonó fuera y volvió a llover sangre del cielo, mis labios se movieron solos, dije algo, el que no lo sé pero tío Akesh me puso una mano en la frente y otra en el pecho y me quede… ¿inconsciente?

- Esta peor de lo que creía – dijo Ablace apoyado en el alfeizar de la puerta.

- Se nos ira de las manos, si seguimos así no podréis controlarla – los miró Iset preocupada por mí que seguía tendida en la cama como flotando en un ensueño, seguía respirando con dificultad y estaba intranquila, me sentía como Lucy de la película Dracula de Bram Stoker, hasta que una mano me reconforto, Azrrael, mi Azrrael, mi caballero de dorada armadura…

- Llama a Madame Zherina Abraham, tenemos que contenerla hasta que sea capaz de dominarse. Así… podremos mantenerla un poco más a salvo, si la… no le harán daño, sólo retrasaremos lo inevitable pero… - suspiró con tristeza y resignación Akesh.

Abraham obedeció y salió de la habitación, cuando regreso venía con alguien, era una presencia serena que transmitía una tremenda paz.

- ¿Estáis seguros de querer hacer esto? – miro a tío Akesh que asintió.

- Ve tú misma si es conveniente – le dijo Naím.

La mujer puso sus manos sobre mi sin tocarme, sentía la energía que desprendían y oía el tintineó de sus pulseras.

- ¿Por qué no puedes sólo abrazarme, porque es tan es tan difícil? ¿Te gusta ver cómo me rompo por dentro? ¿Por qué todavía me preocupo? Dices ver ahora la luz al final de este estrecho pasillo, deseo que eso no importase, deseo que yo no te diera todo…y ya no recuerdo la vida sin ti, - decía lo que yo estaba pensando, era una canción que me gustaba y con la que ahora me sentía identificada no sé por qué, estaba triste, dolida… sola, perdida y mi mente seguía vagando y hablándole a la mujer desde lo más hondo de mi corazón - No me toques por favor que duele, no puedo rendirme, siento tu calor, tus manos sobre mí, amor viciado, amor cruel, tú me mataste ¿Qué pasa con migo, porque me siento así? Me estoy volviendo loca…- La mujer suspiró y los miró. Los chicos se levantaron para irse – Podéis quedaros – les dijo y volví a sentir sus cálidas manos sobre mi cuerpo. Al cabo de un rato la mujer se tambaleó y suspiro agotada, luego se marcho. La canción sonó como un bálsamo por el altavoz, María Mena – Just Hold me y luego Sakira – Inevitable, las lagrimas volvieron a abrirse paso pero al menos no era del todo consciente.

- ¿Qué ha descubierto? – Pregunto Ablace a nadie en particular – Cuando nos atacaron ella había averiguado algo, estaba como loca…

- No lo sé.

Iset suspiro y miro la libreta que había guardado en su bolso y la abrió frente a ellos

- Yo no soy capaz de entender que pone – se la alargo a Akesh que miro y negó con la cabeza. Azrrael le puso una mano delicadamente en la muñeca, Iset lo miro y con un nuevo suspiro accedió a dársela, giro una página y leyó la primera parte, la que podía leer:

Sólo la elegida tendrá el poder, Sólo la elegida leerá la profecía, Sólo el cuello de la elegida podrá lucir el collar de Mut, Sólo la elegida empuñara el átame de Kali, Sólo la elegida, la bruja ancestral decidirá la suerte. Madre, hija y abuela, presente pasado y futuro. La elegida nacida de la sangre de caos, hija de la noche, mezcla de sangres y credos, la elegida restara entre una familia poderosa. Sobre la elegida pesa la profecía. La elegida, la gata, la bruja de dorados cabellos bajara hasta los infiernos, atravesará la sietes puertas y caerá en el pozo, beberá de la sabiduría y se nutrirá de la tierra y la sangre. La elegida fuego y lujuria, pasión y amor desatará los nueve ángeles. Caerá en la tentación y será seducida por su parte oscura. En ella recae el poder divino, en ella recaerá la muerte, en ella recaerá la vida. Ella tiene la llave de los mundos. No temerá, sus antepasados la protegen en su camino, no temerá ni la oscuridad ni la luz y amará a ambas, sabe que el equilibrio debe mantenerse. El ayer me ha creado, hoy es el día de hoy y yo soy creador del mañana…”

Acabo de leer y le entrego la libreta de nuevo a Iset.

- Por cierto papa, ¿Por qué esta él aquí? – pregunto David con los ojos clavados en Azrrael de modo poco amistoso.

- Ahora no David, os lo explicaré fuera.


Continuara...


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