9 de mayo de 2011

Tras Cortar el Hilo


Pues aquí regreso con otra alocada idea surgida de mi trasnochada mente, espero os guste.



Mi familia se había empeñado en montarme una fiesta para mi diecisiete cumpleaños... lo ni ellos ni o sabíamos que esa misma fiesta significaría el final de mi vida mortal.


Recuerdo que estaba agobiada de tanta atención y de tanta parafernalia, del vestido de princesita y de todo el rollo así que a la que pude me escape por la ventana de mi habitación y corrí calle abajo hasta el lugar donde había quedado con mis amigas. Las horas pasaron entre risas y cuchicheos, se que nos metimos en un antro que le habían mencionado a Carol y que allí todo empezó a torcerse...


Era un lugar oscuro y bastante sórdido, no tenía nada especial pero a la vez tenía un toque atrayente, el ambiente era raro, denso el olor dulzón de la bebida se mezclaba con la decoración gótica, la música estaba bastante alta pero era igual de sugerente. Era una mezcla rara entre heavy y gótico, había velas negras repartidas por el local, nos sentamos en un rincón y yo empecé a sentirme observada. Cuando quisimos darnos cuenta se nos había hecho más tarde de lo normal, salimos y nos despedimos como siempre en el mismo punto, hacia frío a esa hora así que se que me abrace a mi misma y seguí andando por la calle con un mal presentimiento, tenía un nudo en el estomago y sentía los latidos de mi corazón golpear acelerado tras mis sienes con fuerza.


Mire alrededor pero no vi absolutamente a nadie, las sombras parecían alargarse a la luz de la anaranjada farola de aquel oscuro callejón, el suelo empedrado esta húmedo aún de la tormenta de la noche anterior, no era una chica asustadiza pero esa noche había algo extraño, lo sentía por cada poro de mi ser, alce la vista hasta la luna y vi como las nubes empezaban a cubrirla y un escalofrío me recorrió la espina dorsal, una botella de cristal resonó por el suelo y yo di un respingo apresurando el paso volviendo los ojos hacia atrás y fue entonces al volver la cabeza al frente que aquella figura cayó del cielo.


Contuve el aliento dejando escapar un sonido extraño de sorpresa y se que mis ojos se clavaron en las de aire militar que llevaba con hebillas de plata, tenía los pies afianzados y separados sobre las piedras con una seguridad aplastante, fui ascendiendo por esas piernas poderosas enfundadas en un pantalón negro, tras él hondeaba un abrigo de piel negra y seguía subiendo hasta llegar a su torso, como no su camiseta era también negra y se adivinaba bajo esta unos músculos viriles marcados y poderosos al igual que esos brazos que podían apreciarse bajo la piel negra. Hasta que por fin llegue a su rostro, un rostro perfecto y hermoso, duro, anguloso, masculino como todo él, seductor... sus ojos estaba fijos en mi... negros como su pelo cortado al dos. Mire hacía atrás de nuevo para sopesar la situación y cuando volví a girarme para mirarlo él ya no estaba salvo que cuando quise darme cuenta estaba empotrada contra la pared y él estaba frente a mi con una mano alrededor de mi cuello.


Su aura salvaje y peligrosa me hizo estremecer y aquel maldito mal presentimiento llego con más viveza que nunca. No iba a salir de ese callejón...


Ni siquiera grite, sólo me quede muy quieta mirándolo con el reto en mi mirada y el mentón alzado, irritada, enfadada, sopesando la situación, si pensaba que sería mansa por mi aspecto frágil y aniñado lo llevaba claro, almenos vendería cara mi piel por pocas opciones que tuviera.


Extendió la mano libre y dudando la detuvo a escasos centímetros de mi mejilla y luego muy despacio rozo con sus nudillos mi piel, la suya estaba tan helada que al mismo tiempo quemaba. Sus ojos se movieron nerviosos por mi cuerpo resiguiendo las delicadas curvas que poseía, memorizando el contorno de mis labios rosados hasta fijar sus negras pupilas en mis iris azules. Cogió un mechón castaño oscuro de mi pelo liso y aspiro su aroma, los músculos de su cuerpo se tensaron aún más bajo su ropa y yo gire el rostro como pude cuando acerco su rostro al mío. Sus labios rozaron la piel de mi cuello y yo jadeé poniéndome de puntillas para intentar liberarme de su tenaza apretándome contra al pared que arañaba mi espalda y cerré las uñas contra esta cuando sentí como algo se hundía en mi carótida.


Un grito sordo y ahogado salió de mi cuello estrangulado, la presión aumento y esa punzada se hundió más en mi ¡aquel tipo me estaba mordiendo! intente empujarle clavándole los dedos en los hombros pero parecía de acero ajeno al dolor que me partía en dos. La cabeza me rodaba y poco a poco sentía como la fuerza me iba abandonando y la vista nublándoseme. Sentí sus labios en mi cuello una vez me libero y yo me estremecí con un quedo gemido mientras caía al suelo desmadejada.


“ Nise no te duermas, no te duermas, lucha” - me repetí a mi misma intentando alejarme de él arrastrándome por el sucio suelo de ese callejón olvidado.


Las botas del tipo volvieron a cruzarse en mi campo de visión y note como me alzaba como si yo no fuese más que una muñeca rota y la vida se me escapaba.


  • Deja de luchar o te dolerá más - su voz sensual era aterciopelada, algo ronca e hipnótica, intente enfocar su cara pero todo se nublaba. Se me hecho sobre los hombros y todo se volvió negro.


Desperté a causa del dolor, me quemaba, sentía mi cuerpo febril desgarrarse, era un dolor lacerante y atroz, me plegué sobre misma hasta que fui consciente de estar sobre un cuerpo, le aporreé la espalda y escuche un portazo tras eso él me soltó lanzándome sobre el suelo que estaba cubierto por una alfombra beige y suave, mis brazos quedaron tendidos al igual que mi mejilla sobre un desgastado y viejo sofá de cuero marrón, lo mire furiosa y él se agacho con esa expresión fría e indiferente frente a mi. La agonía regreso arrancándome un nuevo grito y de nuevo fue como si todo desapareciera salvo el calor de sus caricias...


Sentía sus manos recorriendo mi cuerpo con devoción, despacio... sus yemas eran llamas que calmaban mi ser, eran como un bálsamo...


Al día siguiente desperté entre las sabanas de una cama, mire alrededor ahogando un chillido tapándome la boca y mire alrededor, justo a mi derecha estaba él, dormido, perfecto... desnudo...


Me levante como una bala y me pegue a la pared mirándolo con la respiración agitada y el pulso por las nueves, mis ojos no podía apartarse de su figura por mucho que quisiera y entonces mire horrorizada mi propio cuerpo desnudo contra la sabana que aferraba contra mi cuerpo tembloroso y entonces lo recordé... sus besos, sus manos en mi piel, nuestros cuerpos unidos entre las sedas y mi espalda arqueada sobre él, los gemidos de placer, su aliento...


“¡Oh Dios mío! ¿Pero que diablos has hecho Nise?”


Él estaba de costado, casi boca abajo con uno de sus potentes brazos bajo la almohada, parecía tan inofensivo ahora... relajado. Tragué y dando un paso al frente lo observé palpándome el cuello, no lo había soñado... ahí seguían las marcas de sus colmillos.

El vampiro se movió y abrió sus oscuros ojos que se clavaron directamente en mi, se volvió y pasándose los brazos tras la cabeza sonrió de un modo arrebatador que me dejo sin aliento y yo sacudí la cabeza confusa. Parecía tan pequeña al lado de su cuerpo...


Su mirada iluminada por la suave luz que se filtraba por las ventanas pero me dejo ver algo más, su soledad, su dolor... estaba cansado, triste...


Y sin saber que me impulso a aquello volví a subir a aquella cama con el corazón encogido, su sufrimiento me golpeaba, puse una mano en su mejilla y lo mire.


  • ¿Porque sufres tanto?


Él rodeó mi mano con la suya y la aparto acercándola a sus labios.


  • El paso de los años es una pesada carga Nise, la eternidad es demasiado para estar solo si aún te quedan sentimientos.
  • ¿Quien eres?
  • Lo que siempre andabas buscando, vine desde el mismísimo infierno por ti. Yo soy tú deseo...


Yo negué aturdida ya que su voz era un susurro provocador junto a mi oído.


  • ¿Que me has hecho? ¿me has has condenado para paliar tu soledad sin mi consentimiento?
  • Sólo te he liberado, bienvenida al eterno baile de la vida, tu querida eres la muerte, mi compañera. No puedes resistirte - ronroneó tendiéndome en el lecho con una mano en mi nuca.


Jadeé cuando sus labios besaron mi yugular, sus labios se abrieron paso sobre los míos abriéndolos y todo estallo cuando la primera gota de su sangre resbalo por mi garganta más dulce que cualquier elixir.


No había nada más y entonces supe que por fin había encontrado mi hogar y que sus brazos eran mi refugió, ya nada me afligía, por fin encajaba en un mundo que nunca sentí como mío porque hasta entonces sólo existía como un sueño tras cortar el hilo...


Nikta


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1 comentario:

  1. Muy bello peor triste espero que sigas con esta historia.

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