10 de mayo de 2011

De vuelta a la Tierra .- Las Caras de Urd - Cap.24



- Perdona… - escuche una voz femenina dirigiéndose a mí, levante la vista y observe a una mujer entrecerrando los ojos ya que tenía el sol de cara, era alta y delgada, de piel oscura, se quito el sombrero que llevaba y lo puso frente a mí para que el sol no me molestase. Tenía el cabello rojo como el fuego y los ojos tan oscuros como la noche - ¿Me podrías decir por donde se va a la biblioteca? Creo que me he perdido – sonrió tendiéndome la mano – Me llamo Vierna.

- Urd – le estreche la mano.

- Pareces bloqueada Urd, un nombre curioso el tuyo – me dijo de pronto.

- ¿Qué? Ah – dije sonriendo al ver que me señalaba el ordenador – Sí un poco.

- ¿Conoces el lugar?

- Sí.

- Bueno – suspiro levantándose de mi lado - ¿La biblioteca?

- Si quieres puedo acompañarte, hace días que tendría que haber ido.

- Vale, será perfecto – sonrió encantadora, me sentí tan a gusto con esa mujer que después de ir a la biblioteca le enseñe la ciudad, acabamos comiendo juntas, era muy agradable, hablamos mucho.

- Oh, se ha acabado – dijo poniendo la botella de vino boca abajo y apoyó elegantemente su mejilla sobre la mano, luego me miró y apoyó la barbilla – Una chica como tú seguro que sabrá dónde puede divertirse una en este lugar.

- Puedo indicarte algunos sitios.

- Ven conmigo – dijo de modo encantador, esa mujer me hechizaba.

- No, no puedo de verdad – reí – Ya he tenido suficientes clubs por ahora

- Oh, vaya. Qué lástima – hizo un mohín mirándome – Eres una chica encantadora. Dile a tu escolta si quiere comer un poco.

Sonreí y la mire, era tan elegante y atenta, cariñosa, te hacía sentir como si fueras su amiga desde hacía tiempo.

- Bueno, tengo que irme ya, me alegro de haberla conocido – me levante.

- Lo mismo digo, toma – me alargo una tarjeta – Por si cambias de idea sobre lo de ir de fiesta, o por si tienes ganas de hablar – se encogió de hombros.

- Me gustará volver a verte – sonreí guardándome la tarjeta y volví a casa, Iset no había vuelto aún pero durante el trayecto de regreso tuve la sensación de que volvían a vigilarme.

Aquel día seguí trabajando al igual que los días siguientes aunque siempre tenía un momento para Iset y para verme con Vierna, la verdad fueron unas semanas extrañas, era como estar flotando dentro de un sueño… Vierna me explicaba tantas cosas increíbles y me enseñaba tanto, era muy interesante, sin darme cuenta estaba aprendiendo a ser bruja con esa mujer de la que no sabía nada, no sé porque pero no le di importancia cuando ella empezó a hacer conjuros delante de mí, me parecía fantástico que por fin alguien pudiera enseñarme y que lo hiciera tan abiertamente. Un espectador que lo viera desde fuera se hubiera percatado de muchas cosas que yo no supe ver, estaba deslumbrada por Vierna, tan elegante, tan exquisita…

Me tumbe en la cama mirando mis apuntes, hacía un par de semanas que todo parecía haber vuelto a la normalidad, seguía teniendo pesadillas pero conseguía controlarlas gracias a todo lo que había aprendido con Vierna y usaba los conjuros que ella me había enseñado cuando estaba asolas, aún así sabía que me avisaban sobre peligros los muchos augurios que veía y que pasaba por alto intencionadamente. Me sentía más tranquila y la verdad me mantuve a distancia de todos los chicos de la casa ya que sino siempre tenía tentaciones, sobre todo con Azrrael, nuestras miradas se cruzaban en las comidas y durante algunas de sus visitas y yo me sentía arder, hablábamos cuando nos dejaban a solas. Abraham y yo en cambio, sí hablábamos a menudo y le di una carta para su hermana y para Hatsut. Volví a releer lo que tenía hasta entonces, siempre me llevaban al mismo punto… mi móvil sonó y lo cogí sin mirar.

- Hola desaparecida – era la voz de Ezequiel, el sólo hecho de oírle hizo que mi bello se erizase y mi piel ardiera - ¿Cómo va la investigación? Me han dicho que estás trabajando mucho…

- Si, pero estoy atascada, siempre vuelvo al mismo punto.

- Bueno tomate tu tiempo, ya lo resolverás.

- Vaya que optimista, tienes demasiada fe en mí.

- Urd, no es fe es que sé que tú resolverás ese rompecabezas, sólo tú- Sonreí mordiéndome el labio y bajando la tapa del ordenador, me recosté en la almohada apoyada con el codo - ¿Aburrida?

- Un poco…

- Siempre puedes venir de fiesta conmigo, ya he localizado a los hombres que decías y he tomado medidas expeditivas – su voz sonó cruel y fría cuando dijo esto último.

- ¿No echas de menos mis atenciones?

- Sí – murmuré sin reflexionar.

- ¿Quieres que te rescate de tú prisión bella princesa?

Reí. - Me gustaría verte.

- Siempre que quieras, sólo tienes que desearlo.

- Aja… - suspiré apoyando la cabeza en la cama.

- ¿Hace calor en tu habitación?

- Mucha…

- ¿Estás sola?

- Sí – le dije jugueteando con un mechón de pelo y acariciándome la cadera distraída.

- Bien… ¿Tienes ganas de jugar?

- Ezequiel…

- Se que puedes sentir mis manos en tu cintura, deslizándose por tu cuerpo, tu piel arde… - Gemí instintivamente al recordar sus manos, sus labios en mi pecho – Deja que guie tus manos, vamos deslízala por tus piernas…

- Ezequiel no seas malo…

- Pero si eso es lo que más te gusta de mí.

Reí, tenía razón, me gustaba su aspecto de gánster, su forma de dar órdenes sin que lo parecieran a los demás, su chulería, su seguridad, su forma de mirarme y de tratarme, su buen gusto, su olor… sin darme cuenta ya estaba obedeciendo, mis manos acariciaban mi cuerpo, me dejé llevar por mis deseos, tenía tantas ganas. Mi respiración se entrecortó, el corazón latía cada vez más a prisa disparando el pulso, gemí y me mordí el labio para que nadie pudiera oírme, cada vez más húmeda, cada vez más excitada mientras me hablaba, era realmente como si él estuviese allí con sus manos en mi interior.

- Si eso es, así pequeña…

Me corrí, fue una explosión de placer intensa y gratificante, me mordí el labio y luego no pude evitar reírme roja como un tomate.

- ¿Ya estas contento?

- Tengo que dejarte, he de ir a limpiarme, lo he puesto todo perdido.

Volví a reír divertida.

- Ciao – le colgué e inspiré profundamente dejando el móvil por ahí tirado y me quede un rato tirada sobre las sabanas aún acalorada y las mejillas rojas. Iset entró como un torbellino.

- ¿Con quién hablabas? me ha parecido oírte – dijo examinándome, yo me puse aún más roja y desvié la mirada a la pantalla del ordenador que cogí y abrí poniendo las manos entre mis piernas para sujetar la camiseta.

- ¿Qué tal con el poli guapo?- pregunte para salir del paso.

- Muy bien – sonrió – Ven abajo, puedes seguir trabajando allí mientras preparamos la cena, vendrá Azrrael. Clavo sus ojos en mí, el corazón me dio un vuelco.

Azrrael… me moría de ganas de verle, necesitaba sus ojos como el aie para respirar, hasta estaba como depre si no estaba…

- Vale, ve bajando, ahora voy – sonreí levemente y me levante para ir al baño, abrí el agua fría y me metí debajo.

Baje al comedor y me senté en uno de los almohadones, cruce las piernas como si fuera a hacer yoga y me puse el ordenador encima. Suspiré y rascándome la cabeza me eche atrás, me estiré cogiendo la libreta y pase unas hojas ¿y si…? Vi la luz, ni siquiera me di cuenta de que sonó el timbre y de que Azrrael llego, le salude por inercia como hacía en la oficina sin levantar la cabeza y empecé a teclear como un rayo, se que se miraron los unos a los otros pero yo seguí, había encontrado algo. Leyendas, mitos, culturas ancestrales… siempre las mismas coincidencias, las Moiras, las Parcas o Nornas, siempre la mitología nórdica, allí había una señal… Urd y su pozo, Urd era una de las Nornas, pero halle algo más, encontré un culto muy antiguo que todo el mundo había desechado, en esa leyenda aparecía otra Urd. Sé que dije algo en voz alta sin querer pero seguí devorando esa web, una Urd con dos caras y que recibía el nombre de Kali. Me estremecí y recordé la espada que vi en el templo donde me llevaron Abraham y Azrrael. Kali era una Diosa compleja, normalmente violenta, una criatura de destrucción y aniquilación, en esa web la identificaban también como la “realidad última” y la “fuente del ser”, en su complejidad aparte de ser el fuego de la destrucción era la benévola Diosa Madre o Gran Madre Tierra o la propia noche de la que curiosamente se dice que descendieron las tres Moiras. Seguí leyendo mientras anotaba lo más importante. La forma “desencadenada” de Kālī a menudo llega a ser salvaje e irrefrenable (vaya por Dios… tal y como estaba yo), y sólo Shivá es capaz de "domesticarla" desafiándola al baile silvestre. La figura de Kali era una figura oscura, una deidad normalmente ligada al mal.

Pase al siguiente párrafo y leí para mí: Para los seguidores del tantra era esencial hacer frente a su maldición, el terror de la muerte… aunque aceptaron las bendiciones de su hermoso y consolidado aspecto maternal. La muerte no puede existir sin la vida, igualmente la vida no puede existir sin la muerte por eso Kali era el ciclo entero de la vida, madre, amante y verdugo. El papel de Kālī aumentó a veces más allá de un caos que se podía enfrentar para traer la sabiduría.. Kali al igual que Astarte era una diosa con dos caras, Diosa de la guerra y la destrucción por una, Diosa del amor y la pasión por otra. Kali asimismo era la esencia de la feminidad y la sensualidad, a menudo en occidente se la mencionaba como la Bruja. Brujas pensé, adivinas, mujeres relevantes... Busque por internet todo lo que pude sobre las brujas más famosas y luego mis ojos fueron directos a mi tío. Revise la genealogía familiar, Rumania, Haití, India, Antiguo Egipto, Escandinavia, Escocia, celtas, nibelungos, ingleses, sajones, nativos americanos… ¡joder la lista no acababa nunca! Y ¡Dios! Ahí estaba ¿Coincidencia? En todas las historias de brujas aparecía una antepasada… en cada ciudad donde las leyendas eran muchas siempre aparecía el apellido Drafire… Gold se acurruco a mí lado y lo acaricié distraída hasta que en una web un dibujo me llamo la atención… parecía mi collar, me acerqué más a la pantalla haciendo caso omiso de Ablace, detrás de la hermosa mujer que portaba el collar había…

- ¡Lo tengo! ¡Un papel! Dejadme un papel ¿Dónde puse la libreta? Ah, aquí. ¿Un boli, un lápiz? – miré alrededor haciéndoles enmudecer.

- Y el científico loco grito Eureka – rio Ablace levantándose para ir a por un boli.

- Dejad eso ahora y vamos a cenar.

Miré nerviosa a Luzmila pero su mirada no dejo concesión alguna, me senté a la mesa y cuando levante la vista me quede como atontada mirando a Azrrael.

- Hola de nuevo– me sonrió y mi pierna parecía que iba sola por debajo de la mesa dando golpecitos, me quede sin aliento, un sofoco me subió por los pies y el pulso se me acelero, no podía apartar la vista de él y recordé aquella noche en el campamento, su piel, sus labios… me lance sobre el agua ¿Por qué me ponía tan nerviosa? ¿Por qué mi corazón latía tan aprisa? ¿Por qué se encogía mi estomago dando saltitos? Por un momento me vi saltando encima de la mesa y lanzarme a por él… quería besar esos labios, quería sentirle dentro de mí. Intente apartar la vista pero no podía, sus ojos despedían fuego…


Continuara...

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