7 de mayo de 2011

De vuelta a la Tierra .- Las Caras de Urd - Cap.23


Estaban todos sentados alrededor de la mesa, mi tío, Ablace, Oman, Luzmila, Iset su abuela…, Azrrael también estaba y era Iset la que hablaba.

- Ella lo sabe.

- ¿Qué sabe? – la miró su madre cogiéndola de la mano.

- Lo siento, se lo dije. Sabe que es bruja.

- ¿Y nada más? – preguntó Akesh.

- No, no soy tan imprudente, aunque no es tonta… algo debe intuir.

- Nos va estallar la bomba en la cara- le dijo Ablace a Akesh.

- Anoche, ¿Qué paso Iset? Y no me mientas no soy estúpido… - clavo sus ojos en la chica.

- Ya os lo contó Azrrael – lo miró de modo acusador.

- No le metas Iset, al menos hizo algo correctamente.

- Hija, mira de estar a su lado y no te dejes arrastrar, has de guiarla tú…

- Lo sé madre.

- Es una chica muy vital y convincente ya lo sabemos, ha de controlar sus instintos, recuerda que ahora pueden más que ella, es un todo complejo. Pero mira de estar tú centrada.

- No volverá a ocurrir, pero tenía que comprobar cómo se desenvuelve, tengo que conocerla. Ver todo lo que la rodea. Era una prueba y no me equivoque respecto a algunas cosas – miró a su padre que la observaba serio – Además estamos bien.

- Eso no borra lo sucedido, nos desobedeciste y os pusisteis en grave peligro. Y además, no nos cuentas toda la verdad…

Iset suspiro y acabo contando todo lo que paso realmente o lo que al menos recordaba sin agachar los ojos.

- Sabemos cuidarnos.

- Si ya lo veo – murmuró Oman.

- Hombres… - se exasperó Iset – No somos tan débiles como creéis, abrid los ojos maldita sea. No necesitamos vuestra ayuda perpetua, podemos defendernos papa – lo miró.

- Iset, las mujeres siempre hemos sido fuertes, tenemos más poder pero aún así no lo publicamos a los cuatro vientos y aún así necesitamos de ellos, tienen la fuerza, pueden dañarnos – la riño su abuela.

- Ese es el problema abuela, que consentís que se sigan creyendo superiores. El problema señores son ustedes – los miró muy sería.

- Pero, pero… - intento hablar uno de sus hermanos que olvide mencionaros.

- No, es verdad, no me miréis así. Dejando aparte lo que puede provocaros Urd por lo que ya sabemos… si dejaseis de pensar con la cabeza de abajo nos veríais tal y como somos. Además Señor Akesh, no veo bien que recrimine a Urd por ser… tan liberal, vosotros hacéis lo mismo, pero lo que pasa es que si lo hace un hombre no pasa nada, es normal, es un macho por ir con muchas mujeres, pero en cambio nosotras somos unas putas, pues no. ¡Somos personas como vosotros y también nos gusta disfrutar! Nos puede gustar el sexo tanto como a vosotros. En fin a lo que iba... que creo que eso nos puede beneficiar. Y podríais dejar de ser tan ambiciosos también de paso.

- ¿Explícate? – la miró su padre con verdadero interés tras superar el estupor inicial.

- Si ella no pone reparos a… bueno a eso… entonces no podrán hacerle daño, estaremos a salvo de que la dominen.

- Iset tiene razón – los miró Azrrael.

- Tienes una hija muy despierta Oman – le sonrió Akesh palmeándole el hombro – Siéntete orgulloso.

- Eh, hola que sigo aquí – le dijo ella.

- Vale ¿Qué hay de Ezequiel?

- No sabría decir… de verdad, son desconcertantes – dijo mirando a Azrrael – Al momento que uno parece el bueno resulta que es lo contrario y parece sospechoso. No me fío de ninguno de los dos.

- Ya, pero Urd… - dijo su madre para que continuase.

- Urd – suspiro – La he visto con él y si algo puedo decir es que le atrae y lo entiendo, es como un imán, tiene esa mirada… sabe perfectamente lo que le gusta, le ofrece todo aquello que puede ansiar, la tienta… Te absorbe, te sientes indefensa y grande a la vez estando a su lado, es como si te dominase, como si doblegase tu voluntad, te hipnotiza, la trata como a una reina, la hace sentir importante… no puedo explicarlo mejor, vosotros no podéis entenderlo.

- Pues lo has explicado demasiado bien, lo que has descrito es… muy preocupante – se recostó en la silla Akesh pensativo.

- ¿Y si realmente los dos son malvados, o no? Y si… ninguno de ellos fuera el peor enemigo.

- ¿Qué quieres decir? – Frunció el ceño Ablace

- No se… el otro día aproveche para como si fuera un juego leerle las cartas a Urd y aparecía una mujer… - es estremeció – No acabo de entender lo que me querían decir, pero no sólo simbolizaba la propia Urd.

El silencio se hizo presente.

- ¿Y te ha dicho algo de él? – preguntó Akesh mirando a Azrrael.

- No creo que sea prudente decirlo delante de él ¿no?

- Habla tranquila – volvió a decirle Akesh.

- Bueno… Oye, me siento muy mal haciendo esto, ella confía en mí y yo me siento como una vulgar soplona.

- Iset Yantouir, habla ahora mismo – exigió su madre.

- Está bien, está bien – suspiro mostrando las palmas – Me preocupa más lo que no dice.

La miraron extrañados animándola a seguir.

- Le he preguntado sobre él pero no responde, se queda callada. No voy a decir lo evidente, porque ya sabéis que le atrae, ¿a qué mujer no le atrae? – Dijo echando una mirada sobre el aludido que se ruborizo – Pero es eso… que no dice nada. Pero creo que le gusta, sus ojos… – se cayó esa parte – Vosotros la conocéis más, no se…¿sabéis si ha estado enamorada alguna vez?

- No – respondió Ablace – No la conocemos tanto como crees aunque seamos familia es muy reservada con esas cosas, pero sinceramente… creo que no la he visto nunca enamorada, el día que lo esté te aseguro que lo sabré aunque no me lo diga, sus gestos, sus ojos… Le han gustado chicos pero… nada serio. No le gusta atarse. Además… estoy preocupado.

- Bueno es normal.

- No, no es sólo eso…

- ¿Entonces qué? – Lo invitó a hablar Luzmila – Tu estas muy unido a ella, sabes cómo es, sabes cuando esta triste, cuando le preocupa algo y cuando es feliz. Una madre ve esas cosas – le sonrió al ver la cara de él.

- Si claro, no os podemos ocultar nada a las mujeres ¿no? – esbozo una leve sonrisa.

- No, así que suelta ya, no es tan difícil dejar hablar a los sentimientos.

- El otro día… se quedó llorando entre mis brazos y…. se me rompió el corazón, ella no podía dejar de llorar, ella jamás… al menos nadie de casa la ha visto llorar. Hasta ahora – suspiro quitándose el peso de encima, le había costado soltarlo – Creo que no podemos juzgar sus actos de estos últimos días, esta no se… es como si no fuera ella. Creo que el inspector tenía razón en algo, llevémonosla de aquí Akesh. Volvamos a casa, seguro que si mis primos están con ella estará mejor, hablará. Los quiere mucho y creo que necesita su apoyo, siempre has sido tú pero ahora… siente que ha perdido su punto de apoyo y esta desorientada de verdad.

Akesh estaba visiblemente afectado pero me sonrió cuando me vio bajar las escaleras aún frotándome los ojos.

- Buenos días cariño ¿has descansado?

Asentí sentándome en la mesa, bostece y me desperece, la manga de la blusa resbalo por mi hombro.

- ¿De qué hablabais?

- De nada en concreto – me sonrió Oman.

- Si ya… hablabais de mi como siempre y a mis espaldas – murmure frotándome la cabeza, Iset palideció, parecía un trozo de cera – Tranquilos, vengo en son de paz – dije destapando la tetera y oliendo su contenido, Iset pareció aliviada.

- Te prepararé algo – se levantó Luzmila

- No te molestes…

- No es una molestia, ya sabes que me gusta cocinar – rió con su preciosa voz y sonreí dándole las gracias mientras volvía a frotarme la cabeza.

- Uff – deje caer la frente sobre la mesa con los brazos cruzados y estirando la espalda

- ¿Estás bien? – me pregunto Iset

- Me duele la cabeza, no gritéis tanto por favor – pedí

- ¿Te traigo algo?

- Con un poco de ajo, limón, absenta y ron se me pasa.

Iset puso cara de asco pero me trajo lo que le pedía, espachurré el limón, pique el ajo echándolo dentro y cogí la botella de absenta, calcule la dosis adecuada e hice lo mismo con el ron, tres gotas.

- Por cierto… ¿tienes belladona?

- Creo que sí…

- Pues trae un poco.

Le eche una ínfima cantidad y me bebí el brebaje de un trago.

- Veo que dominas las plantas pequeña – me miró la abuela de Iset desde su silla, intentado que no viera la reacción alarmada de mis chicos. Sus pequeños ojos negros me escudriñaban de arriba abajo, me encogí, me recordaba a esa vieja que siempre hablaba mal de mí, por eso quizás me mantenía alejada de esta.

-¿Eh? Si… supongo – respondí adormilada y bostece agarrando la bandeja que me alargaba Luzmila a la vez que me llevaba a la boca una tostada con gula.

- Mi nieta no es capaz de recordar para que sirve cada cosa ni cuantas gotas ha de echar – rió.

- ¡Abuela! – protesto la aludida poniendo morros.

- Pero si es verdad cariño, has salido tan bruta como tus hermanos, siempre peleándote, así no encontraras marido.

- ¡Abuela!- volvió a protestar y yo con una sonrisa le guiñe el ojo y le alargue el móvil.

- Tienes un mensaje – le dije engullendo el desayuno.

Ella lo leyó y yo intente no atragantarme al reprimir la risita que me daba al ver la cara iluminada de Iset, su sonrisa se ensancho y sus mejillas adquirieron un tono rosado, dio un gritito de alegría y se abalanzo a mi cuello dándome un beso en la mejilla y salió corriendo escaleras arriba.

- ¿Qué ocurre? ¿Qué pasa cariño? ¿Quién es? – pregunto su padre que se quedo con la palabra en la boca y me miro con severidad.

- ¿Qué? Yo no he hecho nada.

Luzmila sonrió.

- Tu hija está enamorada Oman ¿acaso no te has dado cuenta? Hace días que se cuida más y está contenta.

- No, no . No… eso no puede ser, no puedo permitir que un mequetrefe cualquiera le haga daño a mi niñita, no aprobare ninguna relación que no…

- Oman… - le corte – Tu hija es una chica responsable no como yo que soy una cabra loca, confía en ella. Es un buen chico, te gustara. Dale tiempo y te lo presentará. Se quieren de verdad.

Él me miro y tras suspirar me dio un beso en la frente y tío Akesh me dio un achuchón en la mano.

- Ay… que bruto… - me frote la mano – No sé que he dicho para que os pongáis así – me encogí de hombros acabando de devorar otra pastita y bebiendo un poco de aquella rica infusión que Luzmila preparaba. Cuando acabe me apoyé en el respaldo y frotándome el estomago suspiré, estaba llena – Que rico.

Luzmina sonrió complacida y retiró el resto de platos.

- Oman, debo disculparme por mi comportamiento de anoche, os falte al respecto a todos cuando nos habéis acogido en vuestra casa. Siento haber involucrado a Iset en mis disparates, pero quiero que sepas que no dejaré que le pase nada. No me meteré en su vida salvo para ayudarla.

- Muchas gracias Urd. Significa mucho para mí que digas eso, Iset se ha encariñado contigo, eres como una hermana para ella. Respecto a mí no tienes que disculparte – me cogió las manos.

Le devolví una sonrisa y miré a mi tío, no sabía por dónde empezar…

- Tío… yo… no sé si servirá de mucho decirte que lo siento – baje un momento la mirada – Tenías razón, todo lo dije para herirte, estaba empeñada en salir de aquí, necesitaba aire…y sentía como estabais estrechando el lazo y… me ahogaba.

- Dijiste lo que sentías Urd.

Suspiré apartando la vista.

- Pero tú también tenías tu parte de razón.

Lo miré entristecida, parecía tan abatido, tan preocupado y tan… cansado. Se me hizo un nudo en la garganta y noté como se me empañaban los ojos desvié la mirada no quería echarme a llorar ¿Qué demonios me pasaba? Pero era tarde, ya habían visto el brillo que causa el agua en los ojos y la rojez de mi nariz y mis mejillas. Tío Akesh me abrazo y me enterré entre sus enormes brazos.

- Lo siento… - susurre.

- No quiero perderte cariño.

- Yo tampoco… - apenas me salía la voz de tanto intentar controlar mis emociones.

- No pasa nada, no te preocupes, lo de ayer ya paso, ya esta, olvidémoslo.

Asentí y miré de reojo a Azrrael y a Abraham que se mantenían al margen pero me devolvieron un asentimiento como diciendo bien hecho. De todos modos eso no servía para que me sintiera mejor, la culpa y el remordimiento estaban haciendo mella en mí. Me levanté más serena y me disculpe, subí a mi habitación y me despedí de Iset que paso por mi lado como una exhalación y salió por la puerta. Me vestí, cogí el ordenador y los dossiers y me puse a trabajar. Al cabo de dos horas las paredes se me venían encima. Salí de la casa dándole tiempo a Oscar de recoger sus cosas y me dirigí hasta el bazar, me senté en unas escaleras y tras echar un vistazo al lugar intente concentrarme, el pobre Oscar muerto de calor busco un poco de sombra y espero de pie cerca de mí, hacía mucho calor así que le pase una botella de agua fría del bolso.


Continuara...


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