24 de abril de 2011

De vuelta a la Tierra .- Las Caras de Urd - Cap.21


- Urd… - me cogió por el hombro Iset yo la aparte pero ella volvió a abrazarme por la espalda.

- Soy una mala influencia ya lo has oído, mejor será que me dejes.

- No, sólo necesitas que alguien te guie.

- ¿Sabes? Me da igual, que piense lo que quiera, no me importa, es mi vida – me deje caer en la cama cogiéndome al cojín.

- Urd, voy a decirte algo, algo que quizás ya sabes pero que necesitas que te digan – se sentó jugueteando con un mechón de su cabellos, suspiro y me miro fijamente – Eres bruja.

Sí, Iset tenía razón, aunque lo intuyese o no quisiera creerlo… necesitaba oírlo pero eso tampoco contribuyo a mejorar mi estado de ánimo y como si no fuera yo sólo pude murmurar un que más mientras una lagrima traicionera resbalaba por mi mejilla. Luzmina entró en ese momento y me tendió una taza, sin decir nada me lo tomé y me quede dormida.

Al día siguiente comimos todos juntos, Iset y yo ya habíamos ultimado los detalles de nuestra… salida, yo llamé a Ezequiel y quedamos en que nos recogería en el sitió indicado. Parecía que el día no se iba a cavar nunca. Al medio día picaron a la puerta y Luzmina hizo pasar al inspector y a dos ayudantes, dos chicos jóvenes, uno de ellos bastante atractivo, saludaron a mi tío y a los demás y yo me quede un momento aún en la escalera observando, fue cuando me percate de las miradas de Iset y el chico guapo, sonreí al oír que el inspector me llamaba y baje, le tendí la mano y me la beso, me llevo al centro del comedor y me presento a los dos chicos y retuve expresamente la mano de Joshun’dur y mire a Iset.

- Es un placer conocerle – le dije desviando mi mirada hacía Iset y sonreí discretamente, tras tomar asiento nos reímos las dos del modo más discreto posible cogiéndonos las manos aprovechando que Luzmina les estaba sirviendo un té y unas pastas.

- ¿No puede ser, es él? – le dije en voz baja

Ella asintió y lo miro de soslayo mordiéndose coqueta el labio inferior.

- Me alegro, me gusta, es guapo – sonreí

- ¿De verdad? ¿No me mientes, te da buena impresión?

Asentí y me aparte dejando sitió a Ablace que se sentó a mi lado.

- ¿Han encontrado algo? – pregunte clavando los ojos en el inspector.

- Tenemos una pista sí… lo que me gustaría saber Señorita, ¿es que interés pueden tener la Hisalkut en usted?

- ¿La que? – pregunté desconcertada y desvié la vista hasta Abraham, Omar y mi tío estaban pálidos y con la mandíbula apretada, rígidos.

- Es una organización presuntamente secreta, religiosa, practican ocultismo y no sé cuantas historias raras más de las que no creo ni una sola palabra Urd, pero son una facción extremista muy peligrosa, tienen un brazo armado que está intentando coaccionar al gobierno, tienen hombres en todos lados... – explico echando una mirada a Abraham – Me temo que si no me dan una explicación plausible no podre hacer mucho, deberían marcharse del país o dejar que le pongamos escolta.

- Yo podría encargarme – dijo Joshun’dur

Entonces tío Akesh se levanto y se llevo a parte al inspector, discutieron un rato pero pronto con el concurso de Omar el inspector pareció ceder.

- Esta bien, les mantendré informados de todo, Señorita – se despidió haciendo un gesto para que los jóvenes le siguieran.

Miré a mi tío pero no dijo una palabra desapareciendo escaleras arriba. Suspiré y decidí no darle más importancia aún estaba enfada por lo de la noche anterior. Por fin llego la noche y bajamos las escaleras como si nada una vez en el salón nos dirigimos a la puerta con naturalidad.

- ¿Donde creéis que vais jovencitas? – preguntó tío Akesh sin levantar la vista del periódico.

- Iset y yo nos vamos al cine.

- Ni hablar.

- Ya tenemos las entradas – las saque mostrándolas a Ablace que se acercaba con intención de registrar mi bolso - ¿Qué es esto la inquisición? – desvié la vista de Ablace para clavarla en los ojos de mi tío que por fin se había girado y dejaba el periódico en la mesa.

- Urd…

- Ni Urd ni Ostias, si no te fías ponme un collar como a los perro y así sabrás en todo momento donde estoy, últimamente parece que te gusta controlar a la gente, sólo queremos ir al cine – le dije con rabia sabiendo que eso le dolería de todos modos yo ya llevaba demasiadas cosas guardadas dentro y estalle, era la excusa perfecta.

Él se levanto y vi como cerraba el puño con impotencia, por un momento creí que me abofetearía, me había pasado un poco.

- Urd, han intentado matarte, no es la primera vez, entiende que me preocupe por tu seguridad.

- Lo siento – dije de veras agachando la cabeza, empezaba a flaquear pero las siguientes palabras de Akesh hicieron que mi cabezonería persistiera.

- ¿De verdad? No creo que lo lamentes, lo has hecho expresamente. Madura Urd. Tú no entiendes nada.

-¡No, no entiendo nada tío! ¡Es cierto, no sé qué pasa pero es por culpa tuya, por no querer decírmelo! Estoy cansada de vuestras malditas intrigas y que me dejéis a un lado hasta que os interesa, siempre por mi bien… no puedes protegerme eternamente – me encaré a él echando una rápida ojeada a la posición de los habitantes de la casa que asistían al espectáculo, perfecto pensé.

Vi el dolor en los ojos de mí tío cuando esta vez sí, me abofeteo, oí sobresaltarse a Luzmina que ahogo un gritito yo le miré desafiante, me brillaban los ojos lo sabía y me temblaban los labios, abrí la puerta. Él puso una mano en el tirador sobre la mía.

- Lo siento Urd, yo…

- Por favor Señor Akesh, llegaremos tarde… - intento quitarle leña al fuego Iset mirándolo con ojos suplicantes.

- Tienes razón Urd… yo no podré estar siempre para protegerte – murmuro con tristeza – Oscar os acompañara, no puedo reteneros – acabo con su tono tajante e inquebrantable, ya no había nada más que discutir o decir.

- Bien – dije secamente y salí por la puerta, una vez fuera corrí hacía el coche y me apoyé en la puerta respirando el aire frío ¿Pero que había hecho? Apreté el puño y sabiendo que miraba por la ventana me metí en el coche, no iba a permitir que me vieran llorar, yo no lloraba. Espere a que llegará Oscar y el coche se dirigió hacia el cine, durante el trayecto no abrimos la boca. Una vez en el cine esperamos a nuestro guardaespaldas en la entrada.

- Urd, ¿Qué hacemos con él?

- Deja que venga, yo me ocupare.

Entramos en la sala y nos acomodamos en nuestras butacas, la película empezó, yo ya la había visto pero eso era lo de menos.

- Bueno, es hora de que ponga en práctica mis dotes… ¿no crees? – sonreí a Iset volviendo a ponerme seria y me giré mirando a Oscar que pareció verse atrapado en mis ojos, le hice una señal con el dedo para que se acercase, yo me había puesto de rodillas en la butaca de cara a él que estaba detrás de las nuestras, nadie nos prestaba atención al estar detrás de todo, además estaba casi vació. Cuando lo tuve delante sonreí encantadora y tirándole de la corbata lo acerque más, casi se cae de la silla, lo miré divertida, estaba desconcertado, le acaricie la nuca jugueteando con sus rizos y acerque mis labios a los suyos, vacilo e Iset me mirada azorada. Le besé y aproveche para arrancarle un cabello, lo apreté entre los dedos y separando mi rostro del suyo que aún buscaba mis labios susurré mirándole fijamente DUERME y él durmió. Sonreí a Iset que no podía creerse lo que había visto y la hice levantarse.

- Venga vamos, la noche es nuestra

- ¿Cómo has hecho eso? ¿Sabías lo que hacías?

-¡No! Pero tenía un plan B – le dije entrando en el lavabo empezando a sacarme los tejanos.

- ¿Y cuál era el plan B? Espera, no me lo digas… bueno sí – sonrió sacándose la ropa y cogiendo el vestido que ocultaba mi bolsa y que habíamos elegido para ella.

- Dejarle inconsciente o emborracharle.

- Ay Dios, ¿dónde me estoy metiendo? – río acabando de colocarse bien el pecho dentro del ajustado vestido de lentejuelas doradas.

- Estas genial – la mire acabando de deslizar el mío por mi piel. Había elegido un vestido de un tono morado oscuro atado al cuello, la forma del escote era insinuante y dejaba la espalda al descubierto, la falda suelta acababa por encima de las rodillas – Ale pues ya estamos – dije acabando de perfilar mis ojos y ponerle un poco de brillo de labios a Iset – ¡Vamos a arrasar, ha divertirse se ha dicho! – grite animada secundada por Iset.

Salimos por la puerta de atrás donde ya nos esperaba Ezequiel en otro descapotable distinto.

- Estáis preciosas – sonrió y nos dio un beso fugaz en la mejilla – Señorita Iset, es un placer verla de nuevo. Yo subí delante al lado de él e Iset que sentó a tras medió sentada en la capota. Ezequiel me tendió una petaca y yo eche un trago pasándosela a Iset que bebió, subí el volumen del estéreo y me uní al grito de Iset que dejaba sus cabellos al aire y estiraba los brazos y yo dejé que él me besara, sus labios ardían y sus manos vagaban por mi pierna.

Ezequiel nos llevo a un impresionante club, era el más moderno y lujoso, Iset estaba encantada, nos tomamos unas copas y fuimos a la pista, nos pusimos a bailar y al poco teníamos un corro a nuestro alrededor, Iset sonreía y brillaba entre la penumbra de la sala, estaba tan bonita, era como un pajarillo que hubiese recuperado sus alas, volvimos a la barra y bebimos otro coctel, me apoye en la barra y mire el lugar, las arañas del techo, las alfombras….

- Podría acostumbrarme a esto – me dijo al oído ella, la miré e hicimos un brindis.

- Vaya, si estaban aquí mis dos chicas favoritas – sonrió Ezequiel pasándonos un brazo por la espalda a cada una, pidió otra ronda para los tres y con él en medio fuimos a un reservado después de bailar un rato más - ¿Te gusta Iset? – pregunto sentado delante nuestro, estaba imponente, tenía un no sé que que lo envolvía que me enloquecía y sus ojos tenía un brillo especial cuando clavo su mirada en Iset que me hizo estremecer, era una mirada oscura, seductora y sensual, provocativa, era una invitación a dejarse seducir a dejarse tentar…

- Sí – sonrió bebiendo un poco más – Esto está muy bueno.

- Me alegro – sonrió recorriéndonos con la mirada como un león.

Las horas pasaban y empezaba a hacer mucho calor ahí, no me di cuenta de que el ambiente de la sala se había vuelto extraño, la cabeza me rodo y baje de la mesa donde estaba bailando con Iset, sentía las manos de ella aún sobre mi cuerpo, deslizándose, contorneándose… ¿Por qué estaba tan oscuro? Hacía calor… y ese olor, me senté otra vez en el sofá e Iset se dejo caer a mi lado aún riendo, hacía un momento Ezequiel estaba sentado en medio de nosotras, con los bazos en nuestros hombros, cuando volví a mirarle estaba enfrente, sus ojos estaban prendidos en los míos, bebí un poco más y observe como él se ponía de rodillas en el suelo, ¿Qué edad tendría? Era mayor que yo eso lo sabía… Ezequiel avanzó hasta mí colocándose entre mis piernas, sentí su lengua y con un gemido arqueé la espalda separando un poco más las piernas mientras dejaba que mi mano se deslizase por mi escote, cerré los ojos.


Continuara...

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