7 de abril de 2011

De Vuelta a la Tierra .- Las Caras de Urd - Cap.18

Llame al móvil de mi tío y por suerte se puso Iset la cual a regañadientes acepto ser mi aliada en ese asunto y colgué, el restaurante estaba a las afueras pero era un lugar increíble, comimos y bebimos tranquilamente, nos trataban como reyes, no nos faltaba nada en ningún momento y me fije en el trato que todo el mundo tenía con Ezequiel, lo respetaban pero era algo más, me sentía como en medio de una película donde la chica sin saberlo estaba con el temible y todopoderoso jefe de una banda mafiosa y realmente esa sensación me encanto. Ezequiel era un hombre poderoso y no negaré que eso me gustó, me trataba como a una reina y eso a una mujer… Seguí contemplando a mi acompañante desde la puerta del baño, era muy atractivo y tenía un poder de atracción innegable, era imponente como hombre y la seguridad que tenía en si mismo era palpable, rezumaba un poder inmenso, la piel de los brazos se me erizo y me dirigí hasta la mesa, Ezequiel me había facilitado un vestido acorde con el sitio al que íbamos, era de color negro, entallado y exquisito, plisado en la parte de arriba y de palabra de honor. Mientras me acercaba no dejo de mirarme, me senté y bebí un sorbo de la copa que me tendía.

  • ¿Te gusta lo que ves Urd?
  • ¿Me estas tentando Ezequiel?
  • Por supuesto – dijo sin apartar sus ojos de los mío y recostándose en la silla volvió a preguntar - ¿Te gusta lo que ves?
  • Si – dije bebiendo un poco más de cava.
  • Conmigo podrías tener todo lo que deseases.
  • Tengo todo lo que quiero – le sostuve la mirada con el rostro cerca del de él.
  • No como te lo ofrezco.
  • Estás muy seguro de ti mismo, eres directo y eso me gusta.
  • ¿Te gustan los chicos malos Urd?
  • No estaría aquí contigo si no fuese así. Pero no eres tan malo como pretendes.
  • ¿Ah no? No me conoces.
  • No, no te conozco, pero eres más travieso que malo, un diablillo con cara de ángel al que le gusta divertirse – Él se echo a reír.
  • Vamos, la noche nos espera.

Nos fuimos, subí al coche y él bajo la capota y puso un cd, me encantaba sentir el aire en la cara mientras el coche avanzaba por una carreterita llena de curvas haciendo rugir su motor, me quede adormilada mientras miraba las estrellas con la cabeza apoyada en el respaldo del auto y empecé a sentir como unos calidos labios llenos besaban la base de mi cuello e iban ascendiendo lentamente hasta mordisquearme el lóbulo de la oreja, entreabrí los labios reprimiendo un gemido al notar unas manos firmes deslizarse entre mis muslos suavemente, sin prisa. Los azules ojos de Ezequiel se clavaron en los míos, tenía una sonrisa indescriptible entre malévola y divertida. Le deseaba, sentía mi cuerpo palpitar y el corazón acelerado mientras sus manos rozaban distraídas la cara interna de mis piernas, acerque mis labios a los suyos y se aparto un poco, me mordió el labio inferior y volvió a besarme la yugular, me acaricio el pecho, mis pezones se endurecieron, eche la cabeza atrás arqueando la espalda mientras sus manos se deslizaban dentro de mi ropa interior húmeda, sus hábiles dedos se deslizaban sin resistencia entre mis piernas. Me desperté sobresaltaba y me puse colorada al mirarle, me lleve la mano al cuello y desvié la mirada, tras la siguiente curva se recortaba contra la oscuridad una mansión increíble, el coche enfilo la última curva y traspasó la verja y se paro frente a la casa rodeada de un hermoso jardín con césped, el camino estaba iluminado con puntos de luz que reseguían el camino estratégicamente, ya habíamos llegado, Ezequiel me abrió la puerta y baje del coche siguiéndole hasta la parte de atrás por el jardín hasta llegar a la terraza donde había una enorme piscina con caída de agua incluida, la depuradora estaba en marcha y las luces de debajo del agua invitaba a meterse en esas cristalinas aguas.

  • Este es mi paraíso particular. Voy a por unas copas.
  • Vale – le mire y empecé a bajarme la cremallera del vestido, enseguida la tela resbalo por mi piel y acercándome al borde de la piscina me eche al agua sin pensarlo dos veces, aún sentía mi corazón latiendo más deprisa de lo normal, el agua estaba templada, nade y me acerque al borde cuando Ezequiel volvió con dos copas y una botella de vino blanco bien frío, cogí la copa y bebí mientras el dejaba su ropa en la hierba y se metía también en el agua.

Salió frente a mi reapareciendo de debajo del agua que resbalaba por su piel dorada, reseguí con mi mano una gota que resbalaba por su pecho y luego me apoyé en el borde con los codos de cara a él.

  • ¿A cuantas has traído aquí?
  • No llevo la cuenta.

Me reí un momento hasta que me vi acorralada contra la pared de la piscina, sus ardientes labios encontraron los míos, un frío increíble me sacudió y tuve que salir del agua escurriéndome como un gato y me senté en el borde agarrando una de las toallas que también había traído.

  • Será mejor que vayamos a dentro a por algo de ropa, te voy a llevar a otro de mis clubs, ya que te gusta bailar aprovechare eso – salió de un saltó y me tendió la mano con la que me alzó sin dificultad, le seguí por el interior de la inmensa casa, el cristal y el metal eran lo que más predominaba a parte del mármol del suelo, el fuego crepitaba en la chimenea, frente a esta en el suelo había una mullida alfombra blanca, me acerque y me senté en ella frente al fuego enrollando las manos en la suave superficie de esta acabado de beberme la copa, ladeé la cabeza y puse mi pelo en el otro hombro mientras movía la copa frente al fuego donde los restos del dorado liquido brillaban como oro, me estremecí al recordar los labios de Ezequiel sobre mí, cada vez que cerraba los ojos recordaba el sueño y sentía sus manos certeras, el cosquilleó reapareció.

Al poco bajo y me dio un sencillo vestido corto de color rojo y me indico donde estaba el baño para poderme secar un poco el pelo, rebusque entre mi bolso y saque una pinza grande que llevaba y me recogí el pelo hacia un lado dejándolo un poco ondulado, me pinte un pelín y nos fuimos hasta el local, bailamos durante un buen rato, apuré mi copa y me fui hasta el privado que nos correspondía, me hubiera tendido en el sofá de cuero pero quedaba demasiado lejos así que me quede de pie apoyada contra la pared de roca artificial, Ezequiel se acercó hasta mí colocándose enfrente con una mano apoyada en la pared a la altura de mi cabeza, acercó su rostro al mío y me beso, le acaricie la mejilla un momento y deje caer la mano de nuevo al lado de mi cuerpo, había bebido demasiado. La mano libre de Ezequiel subía por mi pierna levantando el vestido por ese lado.

  • Ezequiel – puse una mano en su hombro y trate de apartarlo pero no puede, sus labios besaban mi cuello, me estremecí y mi mano perdió firmeza volviendo a su anterior posición.
  • Yo se lo que quiero Urd ¿lo sabes tú?

Cerré los ojos y me concentre en lo que mi piel sentía al tacto de su mano que ya había alcanzado mi ingle, el estomago se me encogió al notar como su mano se deslizaba dentro de las braguitas, la cabeza me dio vueltas, sentí vértigo y creía que las piernas me iban a fallar, entonces él se separo unos milímetros de mi cuerpo y tras meter su mano en el bolsillo volvió a besarme y sentí algo frío a la altura de la cadera, oí un clic muy débil pero ahora sabía que con una navaja había cortado la ropa interior que cayo por el lado de la pierna que estaba entera, sentí como palpitaba mi ser y la humedad que fluía en mí mientras sus manos libres de impedimentos se deslizaban tal y como lo había soñado.

  • Cede a tus sentidos Urd… - susurro a mi oído mientras metía con suavidad un dedo en mi boca.
  • Nos van a ver – conseguí articular al ver la puerta abierta.
  • ¿Y que importa? Cada uno esta a lo suyo ahí fuera.

Gemí, no tenía voluntad para oponerme a su voluntad, era como si me absorbiera y dominase. Estaba llegando al éxtasis, sus dedos se movían como a mí me gustaba, como si conociese mi cuerpo, él me levanto una pierna y bajo. Me aferre a la columna al notar su lengua y deje escapar un gemido.

  • Cojéla vamos – su voz era suave y convincente como una droga, le obedecí bajando su cremallera y extraje su enorme miembro.
  • Quiero que lo deslices entre tu piernas, sí, así – cerró los ojos un instante para luego clavarlos en los míos que seguían cerrados rendidos al placer mientras mis caderas se movían sobre su miembro impidiendo en todo momento que me penetrase.

Me alzó un poco agarrándome del culo hasta que estallamos de placer, me dejo de nuevo en el suelo con cuidado y me quede tendida sobre su hombro jadeando con los brazos aún detrás de su cuello, y de nuevo miles de imágenes de él haciéndome el amor a mi y a miles de mujeres asaltaron mi mente como si un proyector estuviese pasando fotos delante de mis ojos sin parar, ahora era una orgía de él con muchas mujeres y de repente era como estar viendo como una chica en toda su lascivia estuviese siendo montada por una enorme serpiente dorada, alrededor miles de sombras se recortaban en la roca, grotescos monstruos hacían lo mismo con otras mujeres en todas las posiciones y en el centro una enorme criatura de ojos rojos parecido a un demonio mantenía con los brazos extendidos a una chica a la que desde detrás penetraba con un enorme falo que parecía crecer sin parar, manteniéndole las piernas separadas y encogidas con las garras, el monstruo me miro fijamente y su rostro se transformo en el Ezequiel.

  • Quiero poseerte Urd – su voz resonó en mi cabeza pero ya no era una voz indefinida, sino la de Ezequiel, la de Azrrael, la de Ablace, Naím… ahora ya eran las voces de miles de hombres, caí de rodillas al suelo gritando, me agarré la cabeza que parecía querer estallar, quería que parasen esas imágenes pero seguían, detrás de mí tenía a Ezequiel con sus manos en mis hombros mientras me hacía mirar dentro de una habitación donde todo el mundo seguía gozando del sexo sin parar. Salí corriendo del local cuando conseguí para aquello, Ezequiel salió tras de mí preocupado.
  • ¡Urd, espera! Para un momento- grito intentando recuperar el aliento y que yo dejase de correr, me pare y mire alrededor, estaba desorientada, no sabía donde me encontraba así que pare de correr y me gire hacia él.
  • ¿Pero que te ha pasado ahí? Me tenías preocupado, cuando entraste al privado te desplomaste al suelo blanca como la leche.
  • ¿Qué? – parpadeé incrédula - ¿Cómo que me desplome?
  • Te quedaste inconsciente, apenas tuve tiempo de cogerte para que no te dieras en la cabeza.
  • ¿No ha pasado nada ahí dentro?
  • ¿El que? – miraba estupefacto.
  • No… - me calle al ver que realmente parecía que no sabía de que hablaba, y ahora ya no sabía si lo que había pasado había sido real o no pero aún sentía el placer y el tacto de sus dedos en mi sexo.
  • Urd… me va fastidiar decirlo pero al igual si que tendrías que hacerles más caso cuando dicen que necesitas un poco de reposo. Te llevaré a casa, ya veremos que les décimos para que no te agobien más.
  • De acuerdo – murmure y dejé que me metiese en el coche sintiendo aún un calor abrasador alrededor y un extraño olor.

Por suerte cuando llegamos aún no era muy tarde, me recompuse como si nada antes de atravesar la puerta tras beberme algo que me daba Ezequiel y nos unimos a la partida de cartas que estaban echando y tras unas manos me disculpe y me retiré a mi habitación bajo la mirada de reproche de Iset y su madre que parecían saber más de lo que parecía, una vez arriba suspire aliviada y me metí en la ducha dejándome resbalar por la pared fría y deje que el agua se llevase mis lagrimas mientras me hacia un ovillo sobre mi misma ¿Qué demonios me estaba pasando?, me seque el pelo y me metí en la cama poniéndome el pijama. Me sentía como una ramera…


Continuara...


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