1 de abril de 2011

De Vuelta a la Tierra .- Las Caras de Urd - Cap.17



  • ¿Qué ha pasado? – preguntó mi tío a Abraham
  • Nos atacaron.
  • ¿Eran ellos?
  • Si.
  • Hola, estoy aquí, estamos bien y tengo un hambre que me muero ¿podemos comer mientras habláis? Esto tiene una pinta increíble – sonreí a Iset y desvié la vista hasta el grupo de hombres – Además, me parece que todos me debéis una explicación por que vosotros parece que entendéis lo que estáis diciendo por que lo que es yo – me senté obedeciendo al gesto de Iset acabando de devorar una especie de empanada a la vez que me presentaba a su madre y su abuela.
  • Esta bien, tienes razón.
  • Gracias por vuestra hospitalidad – mire a Omar que inclino la cabeza y tomaron asiento mientras que dejaba que me sirvieran un poco de todo y les preguntaba por los platos y sus nombres.
  • Se la ve de buen humor – murmuró Abraham a mi tío que asintió.

Una vez acabamos la comilona ayude a recoger y a lavar los platos aunque no quisieran que las ayudara, así se podían quedar cuchicheando sobre sus cosas y así le explicarían lo sucedido a mi tío que esperaba el reporte del día. Quizás esperaban que estuviera destrozada pero es que no podía… habían intentado matarme, sólo me defendí… es más prefería ni pensar en ello o no podría seguir sin volverme loca, joder había matado…

  • ¿Cómo te encuentras? Por lo que me han contado el accidente fue muy fuerte – me preguntó Iset pasándome otro plato para enjuagar.
  • Estoy bien.

Entonces me pincho con un dedo en el costado por lo que me encogí y nos echamos a reír.

  • ¡Ay!, Vale, un poco magullada lo admito – sonreí – Pero ya esta.
  • Te recuperas deprisa y eso me alegra porque así podremos practicar juntas si te parece.
  • Si, me gustaría mucho.
  • Y nosotras podemos enseñarte algo de nuestras artes – me miró la abuela de Iset – Vamos pequeña, ya sabes a que me refiero, no me mires con esa cara.
  • Será un honor - asentí
  • ¿Quieres que mi madre te lea el poso del te? Es muy buena.
  • No creo que me de muy buenas noticias – sonreí con tristeza.
  • Iset, Urd debería hablar antes con los suyos de muchas cosas y esto va por vosotras dos – las regaño la madre de Iset – Y ahora ve con ellos a sentarte, estas cansada y debes mantener reposo. Nosotras ahora llevaremos el te. Urd ¿recuerdas que paso antes de llegar a casa?
  • Vagamente.
  • Anda ve.

Obedecí y me dirigí al comedor deteniéndome junto a la puerta observándoles a todos que enmudecieron, me cruce de brazos y les miré desafiante ya estaba harta de tantos secretos y de que me dejaran a parte como si fuera una niña, aunque realmente en ese momento poco me importaba lo que me podían decir estaba algo pasota o quizás era mi propio método de bloquear todo aquello, la mente humana es un misterio.

  • ¿Puedo sentarme o queréis seguir solos?
  • Ven – me invitó Azrrael a sentarme junto a él.
  • Disculpa Omar por mi comportamiento.
  • No tengo que disculpar nada me hago cargo, además como si estuvieras en casa – sonrió mirándome con sinceridad cosa que agradecí – Voy a por unos licores.
  • ¿Dónde esta Ezequiel? – pregunté
  • Ha tenido que irse, luego volverá – respondió mi compañero de asiento, yo no dejaba de mirar a mí tío que seguía sin mediar palabra con el rostro ensombrecido.
  • ¿No quieres hablar verdad? – le acusé y no le deje tiempo a replicar – ¡No! No digas nada, déjalo, cuando lo veas conveniente ya me lo explicarás, sólo espero que sea antes de los treinta.
  • Urd…
  • Que no, que da igual, no importa, vosotros sabréis, yo ya me las he apañado siempre desde la ignorancia. Siempre me sobreproteges, no soy tan frágil como crees, soy mayorcita. Antes eras diferente conmigo, fuiste cambiando poco a poco y no se que ocultáis ni que cosas raras hay pero a mi ya me da igual. Pienso seguir con mi vida y no me voy a amargar. ¿Por qué me excluisteis de la familia?
  • ¿Por qué dices eso Urd? Ya sabes que no es verdad.
  • Si, si lo es. ¿Crees que no se lo que sois y lo que hacéis?
  • ¿A que te refieres? – enarco una ceja sin cambiar de postura, estaba recostado en el sofá con la mano derecha estirada sobre el cabezal con la americana abierta, se aflojo con la otra mano libre la corbata y me miro.
  • Que no soy tonta tío, tu y yo hemos hablado mucho de ciertos temas con los que nadie más he hablado. Sé que los Drafire son algo más que simples seres humanos. Los Drafire son una dinastía ancestral de brujas. Lo se desde que era una enana y el único que me enseño algo fue mi padre, el Abuelo y al principio tú, pero luego fue como si eso no hubiese pasado nunca, querías que lo olvidará, en cambio a los demás les educáis ¿Qué pasa conmigo? ¿No soy yo una Drafire igual? Creo que a veces entendería mejor muchas cosas de las que pasan si me hubierais enseñado a comprender esto que tengo y que intente encerrar por ti tío Akesh, por que te veía sufrir y esforzarte por querer que me mantuviese ajena, y no se por que. Sí, es una familia complicada, con sus cosas malas y buenas pero como todas. En fin, cuando estés preparado para hablarme claramente te estaré esperando – concluí.
  • Urd, quiero explicártelo, pero no se como.
  • No es tan difícil, habla.
  • No puedo hacerlo aún.
  • ¿Por qué? ¿Por qué entonces me dices siempre que me explicaras lo que pasa y luego no lo haces?
  • Tienes razón lo se, te lo contaré pero antes debes acabar el proyecto que te pedimos.
  • De acuerdo, esta bien – bufe levantando las manos – Siempre tendrás una escusa preparada.
  • ¿Así que lo de nuestros poderes ya lo sabías?
  • Pues claro. Pero no me vengas ahora con eso por que no es el quid de la cuestión, lo que me ocultas es otra cosa – dije y preste atención a las mujeres que entraban en la sala portando las bebidas humeantes y las pastitas correspondientes y sin venir a cuento me vino la imagen de Ezequiel sonriendo malicioso cosa que me hizo sobresaltar cuando Azrrael que tenía discretamente su mano por debajo de mi pelo rozó con su dedo mi nuca.

Cogí la taza que Iset me tendía y me fui al jardín de la parte de atrás de la casa, al poco Azrrael apareció tras de mi.

  • Tú también sabes de qué se trata ¿no? – el asintió apoyando los brazos en la barandilla con la mirada perdida en el horizonte – y no puedes decirme nada.
  • Podría, pero no me corresponde a mí hacerlo pero si quieres…
  • Es igual Azrrael, déjalo estar. ¿Por qué estas tú metido? Noto que tienes algo… especial pero no se que es para variar.
  • Si te lo dijera puede que ya no pudiese estar aquí contigo.
  • Eso debería decidirlo yo ¿no crees?
  • Puede – se giró y me aparto el pelo de la cara dejando su mano en mi mejilla quedando muy cerca de mi rostro - ¿ya recuerdas lo que paso?
  • Sí –baje la mirada – Los maté sin inmutarme.
  • Instinto de supervivencia. Eras tú o ellos.
  • No es tan sencillo Azrrael, eran seres humanos y aunque ahora me duela en ese momento no me importo en absoluto y me gustaría sentirlo o al menos llorar, sentirme culpable, algo, pero no puedo, se lo que vi en sus corazones y no puede más que matarles y no debería haberlo hecho. Al igual lo que necesito es un buen psiquiatra.
  • No había otra salida. Debes seguir tu instinto.
  • Siempre hay otra salida Azrrael, tu mismo lo dijiste. Yo jamás hubiese hecho eso, empiezo a no saber realmente quien soy, es como si hubiera dos Urds encerradas en el mismo cuerpo y no puedo fiarme de este instinto por el momento - Le mire un momento en silencio y decidí largarme de allí, no mire atrás, salí por la puerta y me fui andando para despejarme un poco tapándome con mis propios brazos del viento frío que se había levantado.

Giré por una calle y me tropecé con alguien me disculpe y me aparte para seguir pero unos manos me cogieron los hombros.

  • Urd, soy yo –dijo divertido Ezequiel, alcé la vista y le miré.
  • Ay perdona, estaba distraída ¿Qué haces por aquí?
  • Ya lo he visto ya, estaba acabando de hacer unos encargos. ¿Vamos a tomar algo?
  • Si, me sentará bien.
  • Te llevaré a un lugar que te gustará, vamos.

Me dejé guiar por él y fuimos hablando tranquilamente por el camino una vez que él consiguió romper mi silencio en el momento oportuno, subimos por una calle empinada hasta llegar a un placita donde había una terraza con mesas y sombrillas dispuestas frente a un mirador que ofrecía unas vistas increíbles de una buena parte de la ciudad, bajo este había un hermoso jardín de palmeras y flores que perfumaban el lugar.

  • ¡Guau, es increíble! – dije corriendo hacía la barandilla del mirador - tenías razón al decir que era un pequeño oasis, conoces los mejores sitios de este lugar por lo que veo - sonreí
  • Es parte de mi trabajo – sonrió cuando llego a mi lado, me ladeé para poder verle mejor, a la luz del atardecer su rostro de ángel brillaba de forma muy peculiar y le acaricié distraída la mejilla mirando como su pelo flotaba alrededor de su rostro y su cuello – vengo a menudo, me gusta sentarme viendo el paisaje, me relaja y me olvido un poco del trabajo, vamos a sentarnos.

Le seguí hasta una de las mesas que quedaba junto a la pared rocosa de color dorado que nos protegía un poco del aire que iba soplando cada vez más meneando las sombrillas de paja y tela blanca, pedimos de beber y volví a fijar la vista en la panorámica.

  • Lástima que no se me haya ocurrido coger la cámara.
  • Eso tiene fácil arreglo, anda ponte ahí – dijo él sacando su móvil y fijándolo en la posición ideal.
  • ¿Así estoy bien? – sonreí.
  • Perfecta, como siempre, di patata – hizo la foto y volví a sentarme bebiendo un poco de mi te helado sin dejar de jugar con la pajita entre mis labios.
  • Pareces más animada.
  • Creo que ahora mismo eres el único que me entiende y que no me trata como a una niña.
  • Yo no tengo nada que ocultarte, esto es lo que hay – dijo haciendo un gesto hacia su cuerpo indicando que sólo había lo que veía y se encogió de hombros, admire su exquisito traje y su porte.
  • ¿Tú tienes familia Ezequiel?
  • No.
  • Vaya, lo siento.
  • ¿Por qué? Así tengo menos problemas – se rió
  • Dicho así – le miré a los ojos que brillaban con ese azul tan indescriptible – Creo que me debías una cena.
  • Eso esta echo, pero llama antes a casa para que no se pongan histéricos – me tendió el teléfono arqueando una ceja y nos echamos a reír.
  • Y luego me llevas de fiesta.
  • Estas abusando un poco ahora, deberías estar trabajando – le puse morritos
  • Pensaba que me ibas a decir que debería descansar, por el trabajo no te preocupes, creo que voy por el buen camino. Además…. Un trabajador contento rinde mejor.
  • Si… ¿sabes? No esperaba menos de ti, ¿Qué has descubierto?
  • Bueno ahora mismo nada que tú no sepas ya. Todas las mitologías tiene muchos puntos en común, la creación de la tierra, dioses… hay que seguir los puntos donde todas estas coinciden y tirar de los hilos, creo que la primera parte del puzzle esta en el pueblo maya, pero aún me falta acabar de perfilar unos datos.
  • ¿Creía que el juego empezaba aquí?
  • No, me temo que nos hemos saltado unos pasos y creo que aquí ya termine por ahora.
  • Bien, será mejor que bajemos ya, el coche no esta muy cerca y donde quiero llevarte a cenar queda un poco apartado, puedes ir llamado por el camino.
  • Si vamos.
  • ¿Alguna petición más princesa?
  • Sí – dije seria.
  • Te vi cuando nos atacaron y se que tu eras más fuerte que ellos pues no se atrevieron a acercarse, podrías haber echado una mano y no lo hiciste, por eso quiero que me enseñes – él sonrió malicioso y tras pasarme una mano por el hombro bajamos las escaleras para bajar por el lado de los jardines.
  • ¿Y que recibo yo a cambio?
  • ¿Siempre estas negociando?
  • Siempre.
  • Eres un hombre muy interesante Ezequiel ¿Puedo confesarte algo?
  • Claro – dijo sin apartar su mano de mi hombro manteniendo la otra en el bolsillo del pantalón mientras mantenía la americana apartada en ese lado.
  • Cuando te vi la primera vez no me dabas muy buena espina.
  • ¿Y ahora?
  • Me gusta conocerte – sonreí picara a lo que él sonrió complacido – Pero sigo creyendo que estabas aquella noche en el hotel.
  • ¿Por qué estás tan segura?
  • Una presencia como la tuya no se olvida…
Continuara...

1 comentario:

  1. Me cae Ezequiel y ahora que pasara. Y parece que vino para quedarse. Un beso nena y ten un lindo fin de semana.

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