4 de marzo de 2011

El Portal del Castillo del Tiempo .- Capitulo 16


Bueno... y llego la hora del desenlace final, espero os haya gustado:


Al llegar a casa no paso ni una hora que estaba sola que un grupo de seis hombres y una mujer irrumpieron en mi casa rompiendo la puerta, intente defenderme pero fue imposible note un pinchazo en la nuca y me desplome todo se volvía borroso.

Cuando conseguí abrir los ojos aún veía mal, me dolía la cabeza y estaba entumecida, probé a moverme pero fui incapaz, estaba atada.

Probé a quemar las cuerdas pero estas no prendieron, intente helarlas pero tampoco sucedió nada. La cortina se movió y vi entrar a Verónica suspire y asentí cuando me indico que guardase silencio. Me soltó y me levante aún atontada, sacudí la cabeza y Verónica exhalo sobre mis labios, poco a poco la neblina de mi cabeza se fue disipando pero me sentí sin fuerzas, exhausta… la miré furiosa y ella acercó sus labios a mí oído.

  • Lo siento, si no lo hago sospecharan. Recuperaras la fuerza. Tengo que prepararte.

Chasqueó los dedos y aparecieron cuatro diablesas más, entre ellas la rubia y desde que la vi supe que tendría problemas… me lavaron y me vistieron tras hacer sus “preparativos” que me dejaron mas mareada que a una noria y luego me ataron a una especie de menhir, era ya de noche y en el cielo se empezaba a ver el cometa. El pulso se me disparo, intente soltarme aterrada pero no logre más que hacerme daño, no sentía a Aragorth por ningún lado y sólo deseé con todas las fuerzas que mi plan funcionase. Los demonios empezaron a cerrar filas en torno al círculo que habían formado y sus voces se elevaron como una sola entonando una letanía, la tierra tembló bajo mis pies. Una grieta se abrió delante de mí, abrí los ojos desmesuradamente, había algo removiéndose allí abajo. Uno de ellos me puso una daga en el cuello y me dijo que entonase el cántico con ellos y desplegase mi magia pero me negué, sentí como el acero cortaba parte de mi cuello.

  • ¡Detente estúpido! ¡¿Qué quieres, matarla?! – lo fulmino con la mirada Verónica
  • Entonces haced vuestra faena – gruñó - Satí – llamó a la rubia y Verónica y ella se pusieron delante de mí y extendieron una mano moviendo los labios, no podía oír lo que decían pero noté como intentaban hacerse con el control de mí mente, probé a resistirme por todos los medios os lo juro pero eran tan fuertes y yo estaba tan grogui…

Mi voz se acabo sumiendo a la suya en contra de mi voluntad, y cada vez me sentí más aturdida, las piernas me temblaban. Frente a mi apareció aquel hombre… era una visión ahumada, trémula… se acerco a mí y me sentí morir cuando esos labios como aire se cerraron sobre la herida de mi cuello, sentí un corte en la muñeca y su boca de nuevo, me pesaban los parpados. La misma daga corto mi costado, jadeé las piernas no me sostenían, se bebía mi sangre como un vampiro… intente repelerlo, lance incluso mi energía contra él pero sólo atravesó aquel cuerpo insustancial.

El ente miró alrededor como buscando algo, estaba muy enfadado, una chica y otro hombre intentaron hablar con él pero molesto dio un manotazo al chico que quedo atravesado por una barra de hierro que sobresalía del puente en construcción. Ella se aparto, volvió a recorrer a los allí congregados y escogió a uno de los demonios y vi como ese humo fantasmal se introducía en su cuerpo. El chico se convulsionó agonizando hasta que tras un silencio interminable este se levanto con una sonrisa diabólica, se miró la mano moviéndola y se acerco a mí, aspiro mi aroma y me arranco la ropa, creo que grite no lo sé… pero me mordí la lengua cuando introdujo de golpe y violentamente sus dedos en mi… me dolió horrores, cuando retiro el dedo empecé a sangrar él se agacho y empezó a beber...

Probé a defenderme pero me golpeó, la sangre me ardía y la mejilla me palpitaba del impacto, noté como me precipitaba, caía… perdí el conocimiento, era todo demasiado irreal, demasiado turbulento… no podía hacer nada por mucho que lo intentase, estaba simplemente indefensa, me habían dejado sin escapatoria alguna, ¿Para qué quería tanto poder si no podía ni defenderme de lo que me dañaba? Cuando abrí los ojos no sabía dónde estaba, era un lugar horrible y caótico, oscuro, el fuego bullía alrededor, miré de levantarme de aquella dura y fría superficie pero la mano de aquel hombre me tumbo de nuevo, intente lanzarle lo que fuese, energía, fuego, hielo… cualquier ataque pero nada sucedió, seguía completamente indefensa.

  • Te resistes, eso me gusta – sonrió malicioso.
  • ¡Quítame las manos de encima maldito hijo de puta!

Se rió y a un solo gesto de su mano quede suspendida en el aire, le miré airada y eso aún le gusto más.

  • Ya es bastante sorprendente que no hayas muerto en el proceso, debe ser por la parte de tu padre – me lamió la mejilla – Ya sé quién eres Yumi – me sobó.

Con mucho esfuerzo conseguí mover el brazo y le golpeé cayendo al suelo dándome un buen golpe. Me levanté a tiempo de evitar un ataque, pero otra vez me agarro y me atrajo hacía él hundiendo sus colmillos en mi cuello tomando mi sangre ¡Pero qué manía oye!. Oí un chasquido y recuperé la fuerza y la movilidad completa, le golpeé y lo arrojé lejos de mí, en el proceso sus dientes me rasgaron parte del cuello y el hombro, sentía como la sangre resbalaba viscosa y caliente de la herida.

  • Verónica – pensé y sonreí atacándole – ¡Te mandaré de vuelta al infierno de donde no tendrías que haber salido!
  • ¡No me hagas reír brujita de segunda! ¡Tú serás mi reina y punto!
  • Está por ver – le ataqué alcanzándole de lleno – Prefiero estar muerta que servirte.

Empezamos a pelear, estaba exhausta y las heridas dolían como mil demonios valga la redundancia. Estaba intentando apartarlo de encima de mí cuando oí el barullo detrás nuestro, Aragorth estaba allí liderando la revuelta, no sé cómo, pero cuando vi al tipo atacar a Aragorth algo se desato dentro de mí. Perdí la conciencia de todo, perdí la razón, el instinto, la magia lo llenaba todo. Lo congelé, le arreé una patada y la figura se golpeo contra una estalactita haciéndose añicos, todo acabo pero no veía ni rastro de Aragorth, aún temblorosa me levante y me eche por encima un trozo de tela, todos me miraban. Me puse bien recta y chasqueé los dedos, un bonito vestido purpura tapo mi cuerpo desnudo y le hice una seña a Verónica para que subiese.

  • Se acabo, aquí tenéis a vuestra verdadera Reina. Si alguien tiene algo en contra lo mando al otro barrio – desvié la mirada hasta Sati que me miraba con odio.
  • ¡Tendría que ser yo! – subió como un relámpago las escaleras y con otro chasquido se desintegro. No estaba de humor para tonterías.
  • Bien chicos, tenemos faena que hacer, ya es hora de que las cosas cambien un poco por aquí. Vamos – dio un par de palmadas y todos se dispersaron arreglando todo el desbarajuste.

Verónica me miro y tras sonreírme me abrazo.

  • Gracias por todo lo que has hecho.
  • No ha sido nada.
  • ¿Estarás bien?

Asentí tragándome las ganas de llorar y nos sobresaltamos cuando de debajo de unas rocas se levanto Aragorth… sólo que no era él… oí gritar a Verónica.

  • Ven a mí Yumi – extendió la mano hacía mí con una sonrisa de autosuficiencia en el rostro.

Ese no era él… sentía la energía del otro enroscándose como una serpiente venenosa por el cuerpo robado de Aragorth, el muy hijo de puta se las había arreglado para poseerlo, para salirse con la suya…

  • Me perteneces Yumi – crispo la mano en una garra y sentí un tirón, estaba intentando controlarme.

Sin pensarlo me lance a sus brazos intentando conservar parte de mi mente intacta, me trague el dolor y procure pensar fríamente y prepare una especie de bomba. Aragorth me había pedido que nos mantuviera a salvo si algo iba mal… una lagrima resbaló por mi mejilla.

  • Siempre te querré Aragorth… - susurré en su oído y deje explosionar la bola intentando expulsar definitivamente a ese ser – Lo siento – gemí.

Verónica con el corazón encogido estaba atenta y preparada. Desencadenó su propio conjuro y atrapo con esfuerzo la esencia del demonio en el rubí de su pendiente. Me ayudó a levantarme y me aparto del cuerpo inmóvil de Aragorth, no podía dejar de llorar.

  • ¡Tienes que irte, tienes que irte ya Yumi si no quieres quedarte atrapada! – me cogió de las muñecas ella – Has de ser fuerte, te quería mucho…
  • Le maté…
  • Yumi… centrate, ahora no puedes hundirte… te echaré de menos pequeña.
  • Y yo… - suspiré y la abrace intentando hacer acopio de todo mi valor – Se mala… - medió sonreí y le di la espalda. Ella dejo el rubí en mi puño.

Mi plan había funcionado a medias así como el conjuro que habíamos hecho. Yo había realizado otro en secreto antes de que todo eso ocurriera. Pero parecía que no había servido para nada… al fin y al cabo no era una bruja tan buena ni poderosa… quizás porque yo no me lo había querido creer hasta que fue tarde…

Pronuncié las palabras de regreso a casa y entre sabiendo que lo hacía estando sola de nuevo. Aquel piso tan familiar y acogedor me resultaba vacio y grande, la soledad se hacía patente en aquel momento, la puerta estaba arreglada, miré alrededor y anduve hasta el sofá y me deje caer sobre la alfombra llorando apoyada en el borde del sofá. Había muerto entre mis brazos sin poder hacer absolutamente nada, yo misma acabe con él. Seguí llorando desesperada, enfadada conmigo misma, volví al castillo, rompí todo lo que encontré por en medio, lo llame una y otra vez gritando, pero no hubo respuesta. De nuevo en casa volví a quedarme en mi rincón, llorando otra vez, arrojé el vaso de licor contra la pared haciéndolo añicos. El teléfono no dejaba de sonar, eran mis amigos preocupados por mí, no había dado señales de vida y Sandra había venido y se había encontrado la puerta reventada, había denunciado mi desaparición pero yo era incapaz de ponerme al teléfono ni de dar ninguna explicación, quería borrar todo aquello.

Atravesar aquel maldito portal del tiempo en aquel castillo no me había servido, jugar con este como me había indicado mi instinto no había hecho más que herir mi corazón y aún así no lo cambiaría por nada, todo lo que había vivido y sentido… volvería hacerlo con tal de volver a sentir sus labios…

  • ¿Por qué lloras preciosa?

Os juro que oí la voz de Aragorth desde el pasillo, miré hacía allí pero no había nadie así que lo siguiente que busco mi vista fue el vaso estrellado.

  • Aún no me has dicho por qué lloras – sus brazos me rodearon por la espalda.
  • No… no puede ser - murmuré me giré, ¡allí estaba! Me abrace a él sin poder dejar de llorar como una niña. Él me apretó contra él acariciándome el cabello - ¿De verdad eres tú, de verdad estas aquí? Te vi morir… ¿me he vuelto loca ya?
  • Si. Pero tú me salvaste Yumi, no estás loca ¿Cuántas veces tendré que decírtelo? ¿No me llamaste acaso? No sé qué hiciste brujita mía, pero lo hiciste. Me trajiste de vuelta.
  • Aragorht…

Me beso con esa profundidad que sólo él podía darme y dejé de llorar, me abrasaba en su fuego.

  • ¡Ah! Y si eres la reina, reina de brujas, el conjuro funciono – me guiñó el ojo con esa sonrisa pícara y juguetona y me eche a reír abrazándole.

Volvimos a besarnos y la puerta se abrió bruscamente, dos policías entraron de golpe seguidos de Sandra y los demás, me puse roja como un tomate, era hora de dar las explicaciones oportunas… unas que pudieran entender mejor dicho, pero ya se encargo Sandra de todo al habernos visto allí a los dos… ligeros de ropa.

  • Señores no hay nada que ver, creo que ha sido un error… seguro que me dijo que se iba de vacaciones y se me olvido… - dijo ella empujándolos hacia el rellano.
  • Y la puerta…
  • Ya irá a poner la denuncia…

Aragorth y yo nos miramos y volvimos a echarnos a reír, me levanto entre sus brazos y nos fuimos a la habitación a terminar lo que no habíamos hecho más que empezar.

Se acabo


Nikta



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