23 de marzo de 2011

De Vuelta a la Tierra .- Las Caras de Urd - Cap.15




Fue difícil alejarse del poblado, hubiera seguido allí durante unos días más, pero debíamos volver ya, Abraham se reuniría con nosotros en un par de días pues él sí que se quedaba un poco más, así que Azrrael y yo emprendimos el viaje de vuelta. Me sentía mejor tras esos días, apenas me enteré del viaje, llegamos a la hora de cenar al hotel por lo que me reuní con mi tío y Ablace y tras cenar me retiré a mi habitación pues ahora si estaba cansada.

No tarde en dormirme pero era un sueño velado, un susurro en mi oído se repetía incesantemente y de fondo se escuchaba una especie de gong, me revolví hasta que el susurro fue una voz clara que me decía “Urd despierta” tras esto sólo recuerdo ver a través de mis ojos como mi cuerpo se levantaba y salía de la habitación y lo curioso era que no podía reconocerme a mi misma en ese rostro. Otra puerta se abrió…

La otra Urd estaba en la habitación de Ablace y lo abordaba sin pudor alguno mostrando un sinuoso cuerpo tras el vestido vaporoso que lo cubría. Él estaba de pie en el centro de la habitación y yo le rodeaba como hacen los lobos antes de atacar, me pare y le miré fijamente con una mano en la cintura, él retrocedió hasta el tocador.

  • ¿Pasa algo Urd, a que has venido? – le puse un dedo en el labio y subí un poco la radio y empecé a moverme sensual al ritmo de la canción.
  • Me encanta esta canción – susurré contoneándome rozando levemente su cuerpo que se tensó.
  • Esto Urd… ¿a que viene esto? – sus manos estaban en mi cintura.
  • A nada ¿no puedo venir a visitarte? Oh, vamos Ablace… ¿que puede querer una chica a estas horas?– murmure moviendo los labios cerca de los suyos sin dejar de moverme despreocupada con una sonrisita. Apreté la espalda contra él y pase las manos por detrás de su nuca, sentí como sus labios rozaban mi cuello pero me apartó.
  • Ablace, no seas tímido, se que te gusta – sonreí maliciosa poniéndome sobre la cama de un modo provocador.
  • Para Urd.

Me levante y me acerqué de nuevo a él que seguía contra el tocador.

  • ¿Quieres jugar? – sonreí y le cogí la punta de la corbata mientras acercaba mi rostro al suyo – Por que yo sí, no pienso parar - Lo separe del obstáculo y me puse yo de espaldas a él haciéndole moverse hacía la cama donde le tiré y saltando me puse a horcajadas sobre él, le sujete las muñecas y empecé a besarle el cuello y lamerle detrás de la oreja, gimió, seguí deslizándome hacía abajo desabrochando su camisa mientras le besaba y lamía sus pezones que se endurecieron, deslice mis manos sobre su entrepierna, sí, estaba caliente.
  • No Urd, para por favor…

- ¿Por qué no? ¿Te destrozaría la cuenta de conquistas? Han pasado muchas ya por el sofá de tu despacho para venirme ahora con tonterías, además - sonreí relamiéndome fijando la vista en su anatomía - Por aquí abajo no dicen lo mismo. Sé que siempre me has deseado Ablace - me erguí sobre él desabrochándole el pantalón – Te está gustando tanto como a mí.

  • ¡Ya esta bien te digo ¡ - me cogió de las muñecas y me las puso tras la espalda.


Me reí echando el cuello hacía atrás, él me beso el cuello, y sin dejar de agarrarme las muñecas me arrancó la blusa dejando mis turgentes pechos al descubierto, apretó mis pezones con su boca, me estremecí y me contorneé sobre su miembro cada vez más duro, entonces me giró violentamente y me dejo contra el colchón de cara a él.

  • No, esto no esta bien, la Urd que yo conozco jamás haría esto.
  • Quizás no me conozcas tan bien o puede que la Urd que tú dices conocer ya no existe – medió reí arqueándome.
  • ¿Qué te pasa Urd? Se que algo te sucede, tus ojos…brillan tanto.
  • Vamos Ablace, te deseo – susurré con voz dulce lamiendo su cuello y besándole – Y tu también aunque lo niegues, no hay nada de malo en ello.
  • No debería ser así, esto yo no…
  • ¿Lo imaginabas más… romántico quizás? ¿o lo que pasa es que debías ser tú quien me sedujese y no al contrario?
  • No es eso, ¡al diablo! – se sentó y me echo el cuello hacia atrás besándome a la vez que sus manos buscaban mi sexo.
  • Sí, así me gusta buen chico- me tumbo en la cama poniéndole las piernas tras su nuca.

Se aparto, momento que aproveche para volver a ponerme sobre él y acariciarle, su mirada estaba fija en la expresión de mi cara.

  • No eres tú.
  • Claro que sí, estoy aquí – acerque su mano entre mis piernas
  • No, no quiero hacerte daño Urd, será mejor que pares. Así no pienso hacer nada.
  • Te has vuelto muy aburrido – lo tire contra el colchón – No vas a hacerme daño.
  • ¿Pero que te ocurre?

Bufé, me levante y salí de la habitación dando un portazo, todo estaba oscuro.

Cuando abrí los ojos Ablace estaba por encima de mi cabeza abanicándome, estaba estirada en la cama y tiritaba.

  • ¿Qué ha pasado? – Parpadeé confusa – No recuerdo nada.

Ablace se ruborizo y murmuro algo parecido a como que “qué suerte porque a él no se le olvidaba” se movió incomodo y me di cuenta de que tenía una erección.

  • ¿De verdad no te acuerdas? – me miró preocupado.

Negué con la cabeza y me incorpore, me quede con la boca abierta al ver que no me quedaba parte de arriba.

  • ¡Lo siento! – se apresuro a decir él – Yo no quería, es que…, estabas tan…
  • ¿Qué he hecho Ablace? – le mire tapándome
  • Entraste aquí y empezaste a… , te abalanzaste literalmente sobre mí… querías echar un polvo, pero te eché… estabas fuera de ti, estabas agresiva… estas…, parecías un animal salvaje en celo.
  • No… - me tape la cara – las palabras que aquella mujer me dijo un día volvieron a mi mente: “no eres más que una putita” en tu interior no albergas más que lujuria, Zorra! el diablo a tu lado no es más que un vulgar aprendiz”
  • ¿Qué te pasa Urd? Jamás te vi así… por un momento no negaré que me gusto…
  • Lo siento, lo siento de veras - ( “calienta braguetas””Bruja, demonio”) volvía a oír la voz de aquella vieja.

Ablace se acerco y me hizo girar la cara hacia él, se quedo helado, me abrazó y me acurruqué contra su pecho, jamás había llorado hasta la fecha y nadie me había visto hacerlo. Me deje mecer por él que me acariciaba el pelo.

  • Ya paso, no pasa nada, no tiene importancia, deja que te ayudemos.

Poco a poco me fui calmando y las lágrimas iban disminuyendo, creía que si no paraba no podría dejar de hacerlo nunca, era como si todo lo que había ahogado siempre saliera ahora irremisiblemente. Suspire, oí el latir de su corazón contra su pecho y su respiración agitada, aún entrecortada, y sentía algo más latir más a bajo, y no se como ni por que deslicé mi mano por su bragueta y saque su miembro aún duro y palpitante, no le dejé hablar, puse un dedo sobre sus labios y le murmuré.


  • Déjame hacerlo.
  • No dijo nada, apoyó las palmas sobre el colchón y dejo que mis manos y mis labios lo acariciasen, me apartó el cabello y cuando noté que ya estaba apunto me aparté y seguí sin dejar de mirarle a los ojos, creo que luego ambos nos dormimos acurrucados.

    Me despertaron los trinos de los pájaros y el sol que entraba por la ventana y me desperecé hasta notar un cuerpo a mi lado, parpadeé confusa y miré a su dueño.

    • Buenos días preciosa – sonrió Ablace apartándome el pelo de la cara, estaba recostado mirándome.
    • Buenos días ¿llevas mucho despierto?
    • Bastante – asintió
    • ¿Y por que no te has levantado?
    • No quería despertarte, estabas tan tranquila… me gustaba mirarte ¿no te acordabas que estabas aquí, no?
    • Primero no – admití con una inocente sonrisa.
    • ¿Tienes hambre?
    • Un poco. Ablace, ayer yo…
    • No te preocupes, creo que tendremos que hablarte de algo, pero ahora ve a cambiarte, te esperare a bajo.
    • Vale.

    Me levanté y me puse una camisa que Ablace me dejó y me fui a cambiar tras una ducha y bajé al comedor. Lo primero que hice fue buscar a Azrrael a él no le vi pero si volví a sentir que me vigilaban y eche un vistazo por todo el comedor y algunas caras me parecían sospechosas.

    Tras un par de días presté atención y veía sombras torcer cuando giraba la cabeza, no lo comenté con nadie, ni siquiera a Azrrael al que no veía desde que volvimos pero dejo una nota para mí diciendo que en unos días estaría de vuelta, la reunión con Ablace y mi tío se pospuso ya que tuvieron que atender unos asuntos urgentes y yo me sumí en mi trabajo hablando de vez en cuando con Ezequiel que quería estar al día, comimos juntos un día. Estaba bloqueada frente a la pantalla azul del ordenador, tenía que salir del hotel para evadirme, además tenía que ir a la biblioteca para comprobar unos datos, así que cogí el coche y me fui hacía la ciudad. Al cabo de un rato tuve la certeza de que me estaban siguiendo, era un jeep negro con las lunas tintadas, aceleré y me metí en un hueco para despistarles pero justo cuando salía el jeep enfilaba hacía arriba de nuevo y al ver mi coche paro en seco y giró, volví a acelerar y juro que vi brillar un arma por la ventanilla medio bajada, no espere a oír el disparo iba sin control carretera abajo rezando para que ningún coche se cruzara conmigo de subida pues en las curvas invadía toda la calzada, el latir de mi corazón me golpeaba las sienes, ya tenía el coche pegado atrás y me envistió, el golpe fue fuerte, grite y aferré el volante, el otro vehículo acelero y se puso rueda a rueda, esquivé el primer golpe, pero el segundo casi me echa fuera de la carretera, volanteé, el cuello me dolía del golpe, aceleré y justo cuando volvía para embestirme frene y pasó de largo perdiendo el control al golpear yo su lateral trasero, aproveche para sacar ventaja ya que colisionó con una roca y quedo parado, creía que su radiador sacaba humo, pero no iba a esperar a comprobarlo, aceleré todo lo posible, miré por el retrovisor y durante un rato no hubo señales de mi perseguidor, suspiré relajándome hasta que por el rabillo del ojo pude ver el auto negro acercándose.


    -¡Joder!


    Ni siquiera recordaba haberme salido de la carretera ni haber tenido el accidente, solo notaba el sabor de la sangre, cuando abrí los ojos tan sólo veía hierros y la tierra arenosa del camino, el coche había volcado y olía a gasolina derramada, tenía que salir de ahí, me solté el cinturón como pude y me golpeé contra el techo, me dolía todo el cuerpo, intente sacar las piernas pero tenía el pantalón enganchado, tire ahogando un grito de dolor y volví a tirar con todas las fuerzas que pude y pateé lo poco que quedaba de la luna del coche y como pude salí reptando, el dolor me sacudió, intente ponerme en pie apoyándome en la pared de roca, ahogue un grito, estaba mareada, el móvil no funcionaba y no había nadie en quilómetros (que no fueran los que me perseguían) así que debía andar bajo el sol abrasador, no se cuanto conseguí andar, pero si se que me desplomé y quede sin conocimiento.

    Cuando abrí los ojos todo era borroso, oía un bip de fondo y la luz era demasiado intensa, lo primero que logre enfocar fue un techo blanco, me lleve una mano a la cabeza y vi que tenía una vía puesta, la cara de Azrrael me sobresalto al ponerse de pronto en mi campo de visión.

    • Eh, hola – sonrió cogiéndome la mano - No te muevas ¿Cómo estas?
    • ¿Dónde estoy? – conseguí preguntar, tenía la voz ronca y la garganta seca, me costaba tragar y sentía un regusto amargo.
    • En el hospital.
    • ¡¿Qué?!
    • ¿No recuerdas lo que paso? Tuviste un accidente.
    • ¡Urd! Menos mal ¿Cómo te encuentras? – Ezequiel irrumpió en la estancia y su voz me hizo retumbar la cabeza, gritaba demasiado o eso me parecía a mi pero se dio cuenta y bajo la voz.
    • ¿Dónde esta tío Akesh? – le busqué y entonces a mi lado derecho vi a Abraham como si fuera mi ángel de la guardia.
    • Él te encontró en medio de la calzada, yo… siento no haber podido llegar a tiempo, si hubiese llegado un poco antes… - Azrrael bajo la mirada pero aún seguía acariciándome la mano.
    • No pasa nada – le sonreí revolviéndole el cabello y luego mire a Abraham que seguía en silencio – Gracias - ¿Pero y mi tío? – tenía la necesidad imperiosa de que estuviese ahí, estaba contenta de estar con ellos no me entendáis mal pero necesitaba a mí tío como cuando era pequeña y él me abrazaba como hacía mi padre entonces se me pasaba todo, me sentía protegida y a salvo. Entonces oí su voz inconfundible pero estaba airada.
    • ¡No! ¡He dicho que ahora no entraran, ya les avisare cuando puedan pasar!

    Cuando entro por la puerta fue como ver la salvación, un aura brillante lo envolvía pero creí que eran imaginaciones mías.

    • Urd Cariño ¿Cómo te encuentras mi vida? – se acerco a mi y me aparto el pelo de la frente, me sentí tan agradecida y aliviada que apoye la mejilla en su mano y me acurruque abrazándolo.
    • Bien, sólo un poco magullada.
    • Avisad al médico por favor – pidió él.
    • Voy enseguida – respondió Abraham levantándose
    • Y tráeme una botella de agua por favor Ezequiel – este asintió y salió también.
    • Les dejaré solos – susurró Azrrael como si quisiera pasar desapercibido de tío Akesh.
    • No, quédate – la firmeza de su voz le obligo a quedarse donde estaba asintiendo y apartó la mano que aún me sujetaba.
    • Creía que te perdía Urd.
    • Soy un hueso duro de roer – sonreí intentando evitar toser, las cotillas me dolían ¿Con quien hablabas?
    • Con la Policía, querrán hablar contigo, el coche esta destrozado…
    • Me sacaron de la carretera, déjales que pasen les diré lo que recuerdo del coche que me perseguía.
    • ¡Dios! ¿Estas segura de que quieres hacerlo ahora? – me besó en la frente.
    • Cuanto antes mejor - se separo de mi para ir a llamar al inspector – tío – le llamé y se giró – Esta volviendo a pasar – se me hizo un nudo en la garganta y notaba los ojos vidriosos - ¿Por qué?
    • Pequeña… - volvió sobre sus pasos y me abrazó
    • ¿Y Ablace?
    • Esta rellenando papeles abajo, enseguida entrará. Cuando estés recuperada… hablaremos, creo que ya va siendo hora de que te expliquemos ciertas cosas. Quizás Naím tenía razón y hemos esperado demasiado.

    Fue hasta la puerta y avisó a los policías que entraron y se presentaron, les explique todo lo que recordaba y respondí a sus preguntas.

    • No me creen ¿verdad? – suspire sin ánimos.
    • Tenemos que comprobar todo lo que nos ha dicho.
    • ¿A caso no tienen el coche, no han visto las marcas en la calzada y lo que queda del coche? Se golpeó con una roca, así que allí también habrá restos del impacto, sólo han de buscar el otro coche, no iba borracha ni iba haciendo ninguna carrera, ni haciendo el tonto, si no me persiguieran no hubiera ido corriendo y no me hubiera estampado, que conduzco bien joder! – me exaspere.
    • La prueba del alcohol la tendremos en nada a demás no es tan sencillo Srta. Ese tipo de vehículos aquí pueden desaparecer fácilmente.
    • No tanto si realmente lo quieren encontrar – apuntó Abraham que entró con el medico – Y yo corroboro la versión de la Señorita. Urd, ya les expliqué lo que encontré cuando llame a urgencias.

    La cara del inspector cambió por completo y se disculpo haciendo una reverencia a Abraham.

    • Creo que nos hemos expresado mal, lamento lo ocurrido, haremos lo posible por esclarecer este asunto Señorita. – se inclinó y se marcho al ver que también el médico pedía que se marcharan.

    Miré a Abraham con una ceja arqueada, esperaba una explicación de aquella reacción.

    • Soy un hombre respetado aquí y tengo mis contactos a demás les conozco y se como funcionan, y puede que me deban algunos favores también. Te aseguro que el inspector es un buen hombre y cuando da su palabra puedes estar segura de que resolverá el caso.
    • Gracias de nuevo Abraham.
    • A mandar, ahora será mejor que salgamos todos fuera y dejemos al doctor hacer su faena.

    Estaban saliendo todos menos mí tío claro esta y tuve el impulso de pedirle a Azrrael que se quedase pero me calle y le observé hasta que se cerró la puerta tras él. Una vez el doctor hizo lo suyo entraron un poco todos y pude ver también a Ablace que estaba muy preocupado, luego la enfermera les pidió que se marcharan pero me las arregle para que pudiera quedarse tío Akesh que sentó al lado de la cama y al poco me quede adormilada.

    Creí oír la puerta de la habitación abriéndose pero eran sonidos muy lejanos así que no se si soñaba o realmente estaban hablando mi tío y Azrrael.

    • Pasa chico, tranquilo. Entra y cierra la puerta.
    • Yo lo siento no debería estar aquí.
    • No, no deberías pero ya estás aquí y eso significa algo. No nos han presentado formalmente soy Akesh.
    • Azrrael
    • Lo sé, y caerá el ángel dorado a la senda del mal.
    Continuara...

    3 comentarios:

    1. Cuanta información en tan pocas palabras! no se por dónde empezar a comentar... el momento de pasión, la tensión del accidente, la fuerza de las palabras en el hospital... quiero más! ;)

      Un abrazo!

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    2. Muchas gracias guapa ;) buen finde

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    3. Hola Nikta, he abierto otra vez mi blog para comunicar algo, espero pases por alli, besotes

      adis

      adis133.blogspot.com

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