20 de marzo de 2011

De Vuelta a la Tierra .- Las Caras de Urd - Cap.14


Me desperté tarde aquel día, me incorporé sobre el codo y aparte un poco la lona para ver el cielo, el sol aún parecía ascender perezoso sobre el cielo, era un bola enorme de fuego naranja que nos daba los buenos días, me giré al notar unos tirones en el brazo y vi que una niña intentaba que me levantase, me tape con la sabana y salí hacía fuera, estaba cansada, pero tenía la sensación de haber dormido más que en los últimos días, las demás ya estaban levantadas y todas estaban atareadas preparando cosas, unas lavando la ropa, otra

s preparando comida pero todas me dieron los buenos días con una sonrisa, Bashy me cogió de la mano y la seguí.

  • ¿Has dormido bien?
  • Sí, ¿Por qué no me habéis despertado?
  • Por que te convenía descansar y estabas tan a gusto que decidimos dejarte dormir, te estábamos esperando para ir al lago.

Cuando llegamos al oasis las demás chicas estaban ahí menos las que debían seguir con las tareas asignadas ese día, Hatsut me saludo desde dentro del lago con la mano, otra le estaba echando agua con un jarrón por encima de la cabeza, Hatsut llevaba aún puesto una especie de camisón blanco que era ya transparente por el agua y que se pegaba a su cuerpo, otras dos mujeres se acercaron a ella y esta levanto los brazos para que pudieran quitarle la tela mientras pétalos de rosas flotaban alrededor de la novia, una le peinaba el pelo y lo adornaba con florecitas de colores blancos y violetas mientras otra la perfumaba y la hacía sentarse en una roca más próxima a la orilla, Bashy me explicó que formaba parte del ritual de la contrayente, me comentó que se seguían tres ceremonias antes de que los novios contrajeran matrimonio y otro una vez casados pero esta vez juntos, no me los explicó pero tampoco se lo pedí pues entendía que eran cosas que sólo ellos debían conocer. A la luz del sol aquel oasis parecía un paraíso lleno de vida, la brisa mecía las hojas de las palmas suavemente y los pajarillos revoloteaban tranquilos, una gran variedad de flores daba notas de color aquí y allá y el agua invitaba a bañarse. Bashy me quitó la sabana pese a mis protestas y me condujo por la espalda hasta el agua hasta que esta me cubrió la cintura, hizo un gesto a unas mujeres y se acercaron cada una con diversos cuencos.

  • Eres nuestra invitada y no puedes protestar – me indicó Bashy.

Me encogí de hombros y deje que hicieran lo que tuvieran que hacer poniendo las palmas sobre el agua tal y como me indicaron, pero de todas maneras me daba la sensación de estar siendo sometida a una especie de ritual. Hastsut estaba ahora a mi lado y las demás nos rodeaban, nos miramos y las dos sonreímos hasta echarnos a reír al comprender que ambas nos sentíamos igual de incomodas, en la orilla la mujer mas mayor entonaba una alegre canción a la que se iban uniendo distintas voces a modo de coro, Hatsut y yo nos cogimos la mano y dejamos que las mujeres fueran tirando pétalos de flores sobre nosotras a la vez que iban pasando las manos en rápidos movimientos por delante de nuestros rostros y cuerpos, la mujer de Hat’Dor puso la palma abierta con el brazo extendido frente a la cara de Hatsut y a un movimiento de la mano de esta Hatsut se echo hacía atrás como si realmente la otra la hubiese empujado con suavidad, el cabello de Hatsut floto por el agua, Isis prosiguió como si estuviese recorriendo desde la cabeza hasta el torso el cuerpo de la joven flotando sobre el aire, trazo un símbolo y todas corearon, Hatsut se enderezo de nuevo y juntando las palmas a la altura de la nariz se inclino frente a Isis, dijeron una palabras y se besaron, las mujeres cerraron el circulo ocupando el hueco que Isis había dejado al colocarse frente a mi, en la orilla las demás seguían cantando acompañándose de panderetas, la miré fijamente, los labios de ella se movían como si estuviese recitando algo para ella misma, me sentí mareada cuando sus labios dejaron de moverse y note como todo el peso de mi cuerpo se desplazaba de golpe hasta los pies para sentirme luego tan ligera como una pluma, puso entonces una mano en mi frente musitando de nuevo con los ojos cerrado y como si ella controlase mi voluntad hizo que mi cuerpo se contornease como trazando un circulo. Extendió las manos a ambos lados de mi cuerpo por encima de mi cabeza y empezó a trazar mi silueta sin tocarme, el calor que desprendían sus manos me producían un suave ho

rmigueo, cruzo luego sus brazos frente a mi rostro en forma de x y luego puso sus manos sobre la parte superior de mis orejas y como una madre me acarició hasta dejar sus manos en mis mejillas.

  • Repite conmigo Urd – me susurro al oído.

Cerré los ojos y repetí las mismas palabras que ella iba pronunciando, cuando abrí los ojos Isis seguía frente a mi y tal como hizo con Hatsut estiro la mano y extendió la palma, realmente sentí como si me estuviese empujando hacía atrás hasta que mi espalda y mi cabeza flotaron en el agua, procedieron igual que con mi compañera y siguieron lanzando pétalos sobre mí. Olían tan bien que deseaba que su aroma se impregnase en mi piel, una vez procedí como lo había echo Hatsut la dos nos pusimos frente a frente rodeadas por las demás en todo momento, ella extendió su mano izquierda y la puso en mi hombro provocando una descarga eléctrica sobre mí, yo hice lo mismo, paso su mano libre por enfrente de mi rostro y luego cogiendo un poco de agua la dejó caer con suavidad sobre mi cara y mi pecho.

  • Que el agua pura y limpia del pozo de la madre tierra guíe tus pasos con la sabía de su poder recorriendo tu cuerpo bendito. Que esta agua entre en ti y limpie tu alma, purificada y libre, el agua de este manantial, lagrimas de nuestras protectoras diosas te den la claridad que necesitas en tu camino, sea pues la luz de su semilla abierta ante ti – la voz musical y dulce de Hatsut se escucho con nitidez por encima del canto, ahora fui yo quien hizo lo propio, era como si supiese de siempre lo que estaba haciendo y que era normal, era un sentimiento que brotaba de mi, fluido, sabía que debía hacer y como. Con una mano en su hombro izquierdo, y tras pasar la palma sobre su rostro vertí el agua sobre su dorada piel que se lleno de perlitas brillantes.
  • Que el agua pura y limpia del pozo de la madre tierra a nosotras ofrecido purifique tu cuerpo para ser entregado al amor que has encontrado, sea pues esta fuente de vida eterna y albergue la luz que nuestras antepasadas nos mostraron. Que el agua del pozo te bendiga y traiga felicidad y no conozcas desdicha en este tú nuevo camino en el día de tu boda. Sea así mi voluntad cumplida y seas muy feliz Hatsut.

Dichos los votos ambas con una mano en la mejilla de la otra nos besamos y volvimos a mantenernos rectas frente a Isis que asintió sin poder ocultar una sonrisa, elevó las manos al cielo y todas gritaron a coro acabando de verter los pétalos que quedaban, Hatsut y yo nos miramos de nuevo, teníamos ganas de echarnos a reír pero por respeto nos conformamos con una cómplice sonrisa, parecía que la parte ceremonial había acabado, Hatsut se me echo al cuello abrazándome como una niña chica que no puede esconder su alegría.

  • Muchas gracias Urd, no sabes lo mucho que ha significado para mí.
  • No hay de que – sonreí apartándola un poco.
  • ¿Sabes? Siento como si te conociese de toda la vida, es… como si fueras una amiga de siempre, no se si me entiendes.
  • Sí, la verdad… es que me pasa lo mismo contigo desde que te vi.
  • Chicas, que todavía no hemos terminado – fingió regañarnos Bashy para que volviéramos a mantener la misma postura de firmes, Hatsut me dio la mano y dejamos que nos lavaran el pelo con esencias de miel y flores, luego nos perfumaron y vistieron para volver al poblado a seguir con la ceremonia.

Cuando volvíamos Hatsut y yo encontramos la manera de quedarnos más rezagadas y poder hablar las dos un poco más, desde que había llegado allí habíamos hablado bastante pero no habíamos tenido ocasión de estar solas, y ella tenía razón al sentir que éramos viejas amigas.

  • Bueno Urd… ¿y que te parece mi futuro marido? – sonrió ruborizada.
  • Tiene mucha suerte de tenerte – hice una pausa - Ahora en serio, es un chico extraordinario, has acertado – le devolví la sonrisa.
  • Me alegra que me digas eso.

Estuvimos hablando durante un buen rato hasta llegar donde estaba dispuesta la mesa donde ella debía ir a ocupar su puesto junto al que sería su marido, y no me di cuenta de que aún estaba a mi lado cuando permanecí quieta mirando hacía donde estaban Azrrael y los demás, ella se rió y entonces la mire distraída.

  • ¿Qué?
  • Nada, bueno he de ir con mi chico – sonrió y se fue a su sitió y yo hice lo mismo cuando me indicaron cual debía ocupar.

A mi izquierda estaba Azrrael y a mi derecha tenía a Abraham junto a este Hat’Dor que estaba en la esquina central, su mujer, Bashy, su marido y el resto de las personas con las que había estado la noche anterior, los niños estaban en otra mesa todos juntos y los novios ocupaban la parte central algo más elevada.

- Vaya, te sienta muy bien el vestido de fiesta de mi pueblo Urd – me dijo Abraham, sonreí y baje la cabeza agradeciéndole el cumplido.

- A ella le queda bien todo – corrigió Azrrael.

Me quede mirándole un momento hasta que Hat’Dor empezó a hablar y le preste atención. Aquellos dos días fueron geniales y lamente realmente tener que irme pero ya habíamos pasado más tiempo del previsto y debíamos regresar, era la última noche en el desierto y no quería dormirme, estaba tendida en la tienda que me habían preparado unos chiquillos mirando la luna por la abertura que habían dejado, me encantaba la luna, me relajaba, aspire el humo de los incensarios que habían dispersado por la tienda, el suelo estaba cubierto de cojines y mantas mullidas, me gustaba pasar la mano con la palma abierta por encima ya que los pelillos suaves de estas me hacían cosquillas, olía todo a rosas y jazmín, sonreí al sentirme tan a gusto desde hacía tiempo, los cuidados de Bashy y sus hermanas me habían dejado la piel suave y brillante y había conseguido coger un color dorado que me encantaba. Estaba medio dormida cuando escuche en susurros mi nombre, me removí en el lecho hasta que sentí que me hu

ndía entre las mantas, sentí como miles de brazos salían por debajo de mi espalda y empezaban a acariciarme, era como aquella otra vez pero estaba realmente en mi tienda, gemí al sentir como unos dedos ardientes acariciaban mi sexo intente resistirme pero pronto me abandone al placer que m

e ofrecían hasta que noté algo oscuro que empezaba a materializarse dentro de la tienda, una sombra negra empezó a surgir cogiendo forma por entre mis piernas e iba levantándose, primero parecía un fantasma con una sabana negra por encima pero iba tomando forma humana mientras miles de rostros horribles se movían por ese cuerpo como en un mar embravecido, unas garras atraparon mis tobillos. Quería moverme y no podía, me asfixiaba a causa del peso de aquella cosa que iba poniéndose sobre mí, golpeé aquella cosa pero solo golpeé el aire, un trozo de tela salió disparado sobre mi muñeca y tiraron de ella hacía el suelo, levante el torso pero otro trozo de tela me agarro el cuello y casi me ahogo, entonces esa cosa horrible abrió los ojos, unos ojos que eran dos rubís rojos que centellearon, su lengua bífida y negra me lamió la cara, se me encogió el estomago cuando noté como sus huesudas manos recorrían mi piel desnuda, sus garras me hacían daño entonces se incorporo y con una grotesca sonrisa me mostró lo que se suponía que era un enorme miembro que se alargaba como la rama tiesa de un árbol deshojado.

¡No! grité con todas mis fuerzas, cuando me desperté bruscamente aún estaba echa un ovillo, cogí una blusa larga me la puse por encima y salí corriendo de l

a tienda, estaba temblando y sudaba, el corazón aún me latía desbocado y lo peor era que sentía como lo que había entre mis piernas palpitaba deseoso, me precipite hacía el agua tropezando, caí de rodillas en la arena al darme sin querer con una tinaja, me mordí el labio y me levante dando saltitos para cogerme el dedo del pie con el que la había golpeado, por fin llegue al agua y me precipite a ella limpiándome con desesperación sin racionalizar el hecho. Me pase el brazo por la cara refrescándomela y salí, cuando volvía hacía mi tienda vi apoyado contra una palmera a Azrrael.

  • ¿No podías dormir?
  • No, una pesadilla – murmure acercándome hasta él para no despertar a nadie.
  • Ven – me aparto el cabello húmedo de la cara rozándome la mejilla y le seguí hasta la montaña donde el trepo, me cogió de la cintura y me subió como si no pesase hasta el repecho donde tomamos asiento ya que yo iba descalza.

Desde allí arriba se veía el poblado iluminado por los rayos de la inmensa luna y los puntitos de fuego que quedaban encendidos, apoye la cabeza en su hombro y el me paso el brazo por detrás pues allí sentados hacía frío.

  • Tu pelo tiene el color de la luna con esta luz – susurró, sonreí y cerré los ojos oliendo el perfume que desprendía su cálida piel y distraída acaricié su torso desnudo.
  • ¿Y tú por que no dormías? – abrí los ojos dejando que mi vista se perdiera en la negrura de la noche.
  • No tenía sueño - sus dedos se enredaban en mi pelo jugueteando.
  • ¿También tienes malos recuerdos que te persiguen durante la noche? – asintió
  • Demasiados… y corren mas que yo por que siempre me atrapan.
  • Sí, pero no se puede huir siempre, tarde o temprano los has de afrontar.
  • Tienes razón.
  • ¿Pues si tengo razón por que pareces tan atormentado? ¿Tan malo es tu pasado?
  • Urd – suspiro – Es igual para que voy a mentirte, sí, lo es. Tanto que si lo supieras no estarías aquí ahora conmigo.
  • No será para tanto – le miré, estaba serio y el corazón me dio un vuelco de un modo que no me gusto.
  • ¿Tú crees que realmente alguien puede cambiar su naturaleza? Es decir, crees que puede borrar lo que ha hecho en el pasado.
  • Azrrael, lo echo ya esta ahí y no lo puedes cambiar, pero si puedes arreglar lo que tienes por hacer, claro que se puede cambiar y mejorar, sólo hace falta fuerza de voluntad y aguantar los golpes que te vendrán, siempre hay quien no sabe perdonar ni olvidar lo que alguien hizo aunque este se haya dado cuenta de su error y haya vuelto para coger el buen camino.
  • ¿Y tú sabes perdonar?
  • No sabría decirte, supongo – le acaricie la mejilla.
  • Ya ¿Qué soñabas?
  • Pues… no puedo contártelo, me da vergüenza – baje la cabeza.
  • Vaya – sonrió picaron.
  • Recuerdas el día de la fiesta del Hotel, cuando me quede atontada para variar – reí – Pues, resulta que... no se lo he contado a nadie que no fuera mi familia (jugueteé nerviosa con la punta de la blusa) pero hace unos meses, alguien me andaba siguiendo y bueno, aquel día en el hotel supongo que estaría mas sensible y al sentir nuevamente que me vigilaban recordé el día en que mi coche estallo – hice una pausa – No se sabe como, pero yo no estaría ahora aquí si no hubiese fallado la bomba, intentaron matarme ¿sabes? – él me estrecho y guardo silencio – Fue horrible, Pierce… - no pude seguir – Aún veo sus restos esparcidos sobre mi.
  • Urd
  • No, déjame acabar, ahora que he empezado siento que necesito soltarlo todo – le puse un dedo sobre los labios, asintió – De pequeña solía tener un sueño, bueno tenía muchos, y los sigo teniendo, pero era sobretodo ese el que me atormentaba, y cuando pienso en el accidente recuerdo también el sueño, en el estoy en una especie de cueva o santuario y bajo mis pies descalzos siento la fría y áspera piedra que forma el altar, sobre mis tobillos se cierran unos grilletes y tengo los brazos atados también con cadenas en forma de cruz y llevo sólo una especie de túnica vaporosa blanca, estoy paralizada y aunque intento soltarme no puedo quitarme los grilletes y las muñecas me sangran de tanto probar de liberarme y me digo a mi misma que soy pequeñita y que esos grilletes son para personas mayores y que puedo quitármelos pero no es así, aunque en mi mente sea una niña el cuerpo que hay allí es el de una adolescente, frente a mí hay un montón de personas vestidas de negro y capuchas que me impiden ver sus rostros, no es siempre pero a veces la túnica esta manchada con la sangre que resbala entre mis piernas otras no, en fin, resumiendo que toda esa gente se va aproximando – mi voz flaqueó al evocar ese recuerdo que siempre conseguía dejarme sin aire pero continué – es una sensación espantosa, por eso no me gusta que me empiezan a rodear, ya lo has visto, el hombre que va delante lleva un átame en la mano y se pone delante de mi y me apuñala, un golpe directo al corazón y siento como se me escapa la vida y el dolor de la herida, se ríen y es entonces cuando se quitan las capuchas y… Dios – me obligue a seguir – Son todos ellos, todas las personas a las que quiero, todos ellos en una sola mano me matan, ellos, mi propia familia.
  • Yo… mate a mi madre por supervivencia, si yo no lo hubiese echo lo hubiera echo ella y mi padre me metió en sus filas orgulloso.

Los dos permanecimos en silencio, que podíamos decir después de aquello.

  • Bueno seguro que no todos los sueños que tienes son malos – sonrió él.
  • Pues hombre… cuando no quieren matarme, me quieren violar, me persiguen, me monto orgías o no recuerdo cuantos flipes más… pues no se que decirte – reí
  • Ahora entiendo por que no te gusta dormir – me revolvió el pelo.
  • Lo mismo puedo decirte – me moví incomoda y el volvió a cogerme y con facilidad me sentó sobre él quedando cara a cara.
  • ¿No estás más cómoda? – no me salió la voz pero no podía apartar la vista de sus ojos, realmente eran dorados, ni miel ni marrones, dorados y esos labios, le aparte el pelo de la cara y le puse de nuevo la mano en la mejilla, él no apartaba la vista de mis ojos.
  • ¿No te incomodan?
  • ¿el que?
  • Mis ojos… la mayoría no los aguantan – susurré
  • A mi me encantan, son mágicos – sonrió – Eres como una gatita.
  • Miau – nos reímos.

El aire mecía mi cabello al viento, tras mi espalda sólo estaba el vació, Azrrael parecía brillar bajo la luna, acerque mi rostro un poco al suyo, hablamos un poco de tonterías y me senté bien a horcajadas sobre él de modo que podía sentir todo su cuerpo que hacía que mi deseo creciera, acaricié distraída su espalda intentado no pensar en nada, o en hielo, una ráfaga violenta me tiro sobre él, entorné los ojos y me aparte el pelo de la cara y me ruborice al re

cordar que tan sólo llevaba la blusa y poco más… fue entonces cuando me iba a apartar que me atrajo hacia él y me beso, creí que me derretía, sus labios ardían, fue un beso entre dulce y salvaje, se incorporó apoyado en las rodillas sin soltarme aguantándome por el trasero y casi me arrojo contra el suelo y se me abalanzo como el lobo sobre su presa sujetándome las muñecas sobre la cabeza y volvió a besarme mientras de un tirón arrancaba algunos botones de la blusa que se abrió y besaba mi cuello sensualmente. Luego se parto y aflojo la presión de las muñe

cas y me miró intentando disculparse, le atraje hacía mi y le rodeé la cintura con las piernas y abrazándole nos fundimos en un nuevo beso que me hizo estremecer mientras todo mi ser seguía palpitando pidiendo más. Dentro de nada amanecería así que, quedándome con las ganas bajamos de la montaña y volvimos cada uno a nuestra tienda, me deje caer al suelo con un suspiro, mi cuerpo estaba frustrado por no haber ido más allá de unos pocos besos y caricias, cerré los ojos, aún vibraba al recordar sus labios sobre mi cuello.


Continuara...


1 comentario:

  1. Uy me dejaste con ganas y fustrada . Un beso mi nena y te una linda semana

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