17 de marzo de 2011

De vuelta a la Tierra .- Las Caras de Urd - Cap.13




Me despertó el olor del desayunó, estaba hambrienta salí del saco y devoré mi parte, una vez echo esto me aseé un poco y entre a la tienda a cambiarme, saque la ropa y la encontré demasiado… como decirlo, modosa, miré la samarreta y volví a dejarla buscando una vaporosa blusa de mangas anchas que sabía había cogido, ahí estaba, la cogí y me la puse, los hombros quedaban parcialmente descubiertos y la sedosa tela se cerraba un poco por debajo del pecho con unos botoncitos y dejaba al descubierto un generoso escote. Cogí una falda larga de gasa y con la daga que siempre llevaba le di un corte lateral, corte un poco de hilo y le di unas pasadas, cogí uno de los pañuelos más anchos que tenía y que apenas usaba y lo enrolle a modo de cinturón, me cepille el pelo y até otro pañuelo más estrecho a modo de diadema, rebusque en un bolsillo y saque una cadenita

con unos cascabeles y la anude al tobillo derecho, rescate un perfilador negro y marque discretamente las líneas de mis ojos a modo felino para resaltarlos y me di un toque de brillo en el centro de los labios, mire el aspecto que tenía acariciando el collar que el desierto me había entregado y sonreí satisfecha, cerré la polvera y me pase un paño húmedo con olor fresco de flores. Salí de la tienda pasando por delante de mis anfitriones, y subí al caballo escuchando como a uno de ellos se le cayó el cazo.

  • ¿Nos vamos?

Avanzamos en silencio, yo iba en cabeza y todo iba bien hasta que de nuevo apareció la conocida sensación de que nos seguían, gire la cabeza para ver a los dos hombre y vi como Azrrael susurraba algo a su compañero que asintió y se alejó desapareciendo tras una duna. Abraham se situó junto a mí y continuamos.

  • Nos siguen – dijo simplemente.

Quería preguntarle algo pero sabía que en ese momento no obtendría respuesta así que permanecí en silencio y cabalgue a su lado, al cabo de un rato nos detuvimos y Azrrael reaparecido al poco.

  • Ya no nos molestaran más por el momento. Vamos

Yo me adelante hasta él que había tomado ahora la cabeza y sin tener que decir nada respondió.

  • Bandidos
  • Mientes muy mal Azrrael – le mire de reojo y emprendí el galope incitándole a que me siguiera.

La acogida cuando llegamos al poblado fue increíble, este estaba instalado tras una montaña y en medio de un oasis increíble, había mucha gente riendo, bailando y bebiendo, estaban en plena celebración como era costumbre, Abraham me presento a todo el mundo, los novios estaban encantados y yo le ofrecí a Hatsut una garlanda de flores que hice a modo de adorno y lo trence entre su largo cabello azabache y le entregue una de las pulseras que llevaba y que vi que le gustaba, realmente no recordaba que llevase tantos complementos pero no le di importancia me había ido bien para hacerle un presente. Era increíble como enseguida te sentías uno más entre ellos, por la noche mientras todos estaban sentados alrededor del fuego viendo como las mujeres en edad casadera danzaban entre las llamas me levante del circulo tras haber sido invitada al baile me aparte, desde la oscuridad apoyada en una palmera observé a Azrrael, estaba abstraído disfrutando de la fiesta mientras bebía y fumaba aquel tabaco que llenada el aire de

olor a manzana verde. Inconscientemente le llamé, deseé que me buscase, que me viera a mi entre toda la multitud, había varias chicas bailando alrededor de él, entonces, como si me hubiera oído vi como movía la cabeza en busca de algo hasta posar la mirada en el lugar donde yo estaba, no se si realmente me vio, pero sonreí y empecé a andar hacía el oasis desanudando la blusa, oí los pasos de él tras de mi, se que me siguió, era una certeza, una vez en el borde del oasis trepe con agilidad a unas rocas más altas y deje que la ropa cayese al suelo, mi cuerpo era visible a la luz de la luna llena que brillaba sobre las cristalinas aguas que parecían un espejo, sentía su respiración agitada, se agazapo como un felino que estudia a su presa, sentía sus ojos fijos en mí y yo cerré los míos sintiendo el deseo que me dominaba, subía lento por los pies hasta llegar al pecho inflamándolo, giré la cabeza y fije la vista en el punto donde sentía que estaba él luego la desvié y me tiré al agua, estaba fría, tarde un poco en salir a flote escuchando como el latir de mi corazón golpeaba en los oídos y luego salí aspirando el aire y nade dejando que el agua enfriase los calores. El corazón me latía acelerado y sólo podía ver a Azrrael ahí, como uno más en medio de la fiesta ajeno

a que lo observaba desde que llegamos y de repente como un flash recordé aquella noche en la discoteca con Ezequiel, los labios me ardieron, me cabuzé e intente despejar la

mente de cualquier pensamiento, me senté aún dentro del agua y busque en el cielo la estrella roja pero desde allí apenas era un punto visible, un escalofrío me recorrió, sentía que mi fuerza había aumentado, sí, era el poder lo que sentía, después de tanto tiempo había olvidado lo que era… yo no estaba familiarizada con mi “don” apenas el Abuelo me había podido enseñar nada y lo había enterrado en lo m

ás profundo de mi corazón. Sentí rabia, intenté recordar partes de mi infancia y era como si las hubiesen borrado de mi cabeza, ahora lo sabía con certeza, sentía los hilos de unos dedos mucho tiempo atrás sobre mi mente llevándose mis recuerdos. Salí del agua y me escurrí el pelo, Azrr

ael procuro volver sin hacer ruido pero yo sabía que había estado ahí, volví al campamento y me puse la ropa que la hermana de Abraham me dio, me peine el pelo hacía un lado y trence unas flores blancas en él, a las niñas les encantaba el color de mi pelo ya que todas eran mo

renas pero mis ojos les daban cierto miedo a algunos, salí de la tienda y volví al circulo que había disminuido. Miré a Azrrael que dejo de reír y me miro por entre el hueco que dejaron las chicas que lo rodeaban y mientras me sentaba sentí… ¿celos? Volvió a desviar la vista y estuvo por las chicas hasta que se fueron, me di cuenta entonces que de mujeres sólo estábamos yo, la hermana de Abraham, la mujer de Hat’Dor y una mujer anciana de la que ahora no recordaba el nombre en aquel circulo. Ellos seguían hablando animados pero las mujeres me miraban en silencio, intente prestar atención a la conversación pero no conseguí pillar el hilo. Me di cuenta de que era un tema serio para ellos por lo que creí que estorbaba y que por eso me miraban las demás y me dispuse a irme cuando Bashy, la hermana de Abraham, me cogió del hombro para que me quedara. Azrrael también me miraba y parecía turbado.

  • Urd, un nombre interesante – dijo Hat’Dor, todos los allí presentes y que eran los más importantes de las tribus allí reunidas me miraban y a la vez que me halagaba quería desaparecer tragada por la tierra – Urd, la Diosa de la fortuna y la reina de la vida y la muerte, ella ve lo que ha ocurrido, el destino está en sus hilos. Era parte de la trinidad de diosas Norns. En su reino, llamado Hela, están las almas de los hombres buenos – prosiguió – E aquí el equilibrio más difícil de mantener, quebradizo como las alas de una mariposa. Ni la oscuridad ni la luz lo son todo, hay un equilibrio que debe mantenerse, ama tanto el bien como el mal, la hermosa Diosa Urd, la gran desconocida por todos, sus secretos se perdieron en el pozo de la luna, muy pocos saben la verdadera historia. El pozo de Urd guarda un sello junto al árbol de la vida que reza así “El ayer me ha creado; hoy es el día de hoy, y yo soy creador del mañana”. Lo escogieron muy bien para ti ese nombre querida.

Sus palabras me agitaron, fue un aguijonazo directo a lo más profundo de mi alma iba a hablar cuando Baistet, la anciana a la que no había prestado atención expulso el humo que había aspirado frente a mi cara, este me rodeó, olía extraño y me mareo al instante, tosí mientras ella seguía expulsando el humo que aspiraba de una pipa sobre mi mientras me iba rodeando, estaba aturdida, los músculos perdieron toda rigidez y las piernas me fallaron cayendo de rodillas pues me había levantado, a lo lejos escuchaba una flauta y percusión algo rítmico y soporífero, las mujeres se dieron las manos y giraron en corro al mi alrededor, no entendía nada, no podía moverme, estaba paralizada, hechizada por aquellas notas y no era capaz de apartar la vista de ellas mientras daban vueltas, extendí la mano abriendo la palma hacia Azrrael, Abraham que estaba situado junto a él situó una mano frente a su pecho haciéndole permanecer en su sito, se dijeron algo pero no lo podía oír, tan sólo escuchaba las voces a coro de ellas pero no entendía que decían, cada vez giraban más deprisa, mi cuerpo se estremecía, quería gritar, las mujeres alzaban más las voces y la música hacía lo mismo, se que gruñí, quede tendida en el suelo, me agitaba intentado luchar contra sus voces, luchaba por no cerrar los ojos, sabía que estaban efectuando u

n ritual, quede boca arriba y vi sobre mí la estrella, me incorpore un poco y arqueé la espalda, la blusa se abrió y la falda estaba tan revuelta que dejaba ver uno de mis muslos, bufe, hasta diría que parecía un vampiro de las películas con los ojos brillantes y los colmillos afilados, era la sensación que me daba, no era yo, no controlaba mi cuerpo, gemí, miles de imágenes incomprensibles se agolpaban en mi cabeza sin orden ni concierto, sentía miles de punzadas por el cuerpo, todo era irreal, lejano y etéreo, no estaba simplemente, era como estar fuera de mi cuerpo viendo que sucedía desde fuera como un espectador en el cine.

  • Es demasiado poderosa Hat’Dor y esta descontrolada, no podremos retenerla mucho más así esposo.
  • Sí, no debéis olvidar quién es querida, pedirle amablemente que coopere, necesitamos un poco más de tiempo. Con la fuerza no conseguiremos nada.
  • ¡Ahora no está precisamente en su lado bueno para pedirle un favor Hat’Dor! Hay que imponerse.
  • Déjame a mí – reconocí la dulce pero firme voz de Bashy, mis ojos se clavaron en los de ella que pareció soportar un dolor inmenso pero hizo que mi cuerpo se relajase y el movimiento de mi respiración era ahora rítmica. Desconocía que me estaban haciendo.
  • Mi Brujita de ojos de gata… te han querido dejar a oscuras pretendiendo tu bien y te han hecho un mal peor. No sabe nada de su poder, sólo lo que el instinto animal puede liberar, su energía esta encerrada y debe ser liberada, se aproxima el momento y su poder esta creciendo demasiado para que pueda soportarlo ahora tal y como esta, debemos liberarla y no será nada fácil. La esta devorando con ansia, los oscuros son fuertes en ella – el circulo se había estrechado y sentía que me asfixiaría.

Todo se volvió aún más confuso luego, borroso, quería gritar pero de mi garganta no salía ningún sonido, luche contra ese dolor, miré a Azrrael en busca de ayuda, estiré la mano todo lo que podía arañando el suelo para intentar escapar de ahí, por fin pude gritar y grite como una posesa, Azrrael se mantenía firme donde estaba murmurando palabras que no comprendía pero apretaba el puño, volvía a oír con claridad la música, Bashy me cogió la mano y me ayudo a incorporarme y me guió hasta el centro del circulo que se había vuelto a expandir, ella empezó a danzar y mi cuerpo se unió a la danza, oía el crepitar del fuego, la hoguera era enorme y las llamas se alzaban imponentes al cielo crepitando.

- Baila conmigo hermana – me decía.

Bailaba alrededor de las llamas que parecían explosionar al compás brillando ahora rojo, ahora naranja, azul, violeta. Gold estaba sentado bien erguido sobre un cojín rojo presidiendo el ritual, su maullido gutural resonó en el lugar, yo giraba y danzaba cada vez más frenética hasta que el tambor tocó su último acorde y caí tendida boca arriba como un saco sobre las rodillas de Azrrael que amortizo la caída poniendo las manos y dejándome sobre él. Me hizo un corte en la muñeca. Una vela se encendió en cada punto cardinal, una estrella de siete puntas apareció trazada en la arena y sobre cada extremo se deposito un elemento, agua, tierra, aire, fuego, sangre (mi sangre), una extraña flor y una daga. Algo en mi interior pugnaba por salir al exterior como una ola violenta contenida por las rocas, la presión era demasiado fuerte para aguantarla grite, sentía que me resquebrajaba, la fuerza y el alma se escapaban por una puerta que empezaba a ceder, Azrrael puso una mano sobre mi frente y otra sobre mi estomago y empezó a recitar de nuevo, todo daba vueltas pero su calor me mantenía unida a la tierra, miles de voces espectrales retumbaban en mi cabeza de nuevo como un torbellino imparable, veía miles de símbolos desconocidos brillar sobre mis ojos y ese dolor irrefrenable me estaba matando, era un éxtasis extraño que me poseía sin fin penetrando en mí, un placer extremo y un dolor infinito, algo estallaba en mi, se liberaba de sus cadenas una conciencia una fuerza, intente moverme, las mujeres sujetaron mis piernas y las separaron conseguí arrojar a una al suelo y arañe la mejilla de uno de los hombres que querían sujetarme las muñecas, sentí que vertían algo sobre mi pelvis, el liquido resbaló hasta el pubis, me estremecí y empecé a gritar zarandeándome, sentí como unos dedos se introducían en mí envueltos en algo, grite de nuevo pidiendo que por favor me dejasen, sentí como las lágrimas rodaban por mis mejillas, se dijeron algo y me soltaron las piernas, las voces seguían pero ya no podía ver nada, ni sentir ni oír, se que me enrosque sobre mi misma y una imagen empezó a hacerse nítida en la lejanía era un monte, un monte plagado de cadáveres, en lo alto de el había un tablado y encima había un guerrero, a causa de la cota de mallas y la ligera armadura no se podía definir nada en su talle, el casco ocultaba su cara, frente a este de rodillas y con las manos atadas tras la espalda había un hombre a quien no le veía la cara con claridad, el guerrero alzó la espada, y tras el yelmo podía adivinar una malvada sonrisa, el hombre suplico pero de un rápido movimiento el otro le atravesó el corazón con la espada y luego le cerceno el cuello, grite, intente impedirlo pero la espada paso entre mis manos como si fueran aire, el caballero de negro y con capa roja llevo su mano bajo del casco y se lo quito, el pelo largo y rubio ondeo al viento y los ojos verdes centellearon como faros, la sangre le había salpicado incluso con el casco y con la lengua lamía los restos que había sobre sus labios con morboso placer, sonrió satisfecha y creí morir cuando vi que era yo misma, grite a pleno pulmón y desperté violentamente, me convulsione, un gusto amargo vino a mi boca y sentí arcadas, no podía ser, no podía, me levante tambaleante y seguía viendo la sangre en mis manos y no podía parar de gritar y con mi grito sentía que subía emergiendo con mi voz una fuerza como un rayo que salió disparado y exploto en una deflagración devastadora, tras eso me desplome como una niña indefensa sobre el suelo mientras aquella fuerza se expandía en mis entrañas, lo último que recuerdo era que recobre la conciencia y estaba tendida como si me hubiera dormido ahí en el circulo con el resto de personas y que no recordaba nada concreto, era como un sueño velado, bajo la cabeza tenía un cojín y Gold estaba acurrucado conmigo y Bashy me acariciaba el pelo mientras cantaba una canción muy hermosa. Parpadeé y me incorporé confusa frotándome los ojos.

  • Bienvenida Urd – sonrió Hat’Dor, no se si me lo pareció a mi o se veía más viejo y cansado.
  • ¿Me dormí?
  • Tranquila, no pasa nada – respondió Bashy que jugueteaba con mi pelo y empezó a trenzarlo y a ponerme florecitas.
  • Lo siento… yo…
  • No debes disculparte por nada pequeña.
  • Toma, te sentará bien – Abraham me tendió una taza humeante de lo que parecía té, lo olí y su olor me echo un poco atrás pero me lo bebí y sentí como me relajaba.
  • Esta infusión la hacemos nosotros mismos con unas hierbas que cultivamos y que tiene propiedades muy buenas, tiene un sabor peculiar pero es bueno – explicó la mujer de Hat’Dor, Isis.
  • Mañana nos acompañaras al lago, hemos de poner guapa a la novia y nosotras también claro – rió Bashy – Vamos, es tarde, tu dormirás con las jóvenes iniciadas – me tendió la mano que acepte y me deje llevar arropada por todas ellas mientras miraba por encima de los hombros a Azrrael y ellas rieron no se por que pues no me prestaban atención cuando mire disimuladamente, que yo supiera.
  • Es un juego muy peligroso Azrrael, procura jugar bien tus cartas y no errar el bando – creí oír hablar a Hat’Dor, pero casi era un murmullo pues me estaba durmiendo con rapidez - Y tu hijo mío, no hace falta que te diga nada, ya sabes cuál es tu cometido, protégela con tu vida si hace falta. Ya ves Azrrael que hablo abiertamente y sabes lo que significan mis palabras, no hablaremos ahora del pasado que te persigue pues es el futuro el que importa ahora y que esta por escribirse en la gran rueda. Es muy bella, eso no puede negarse y eso lo hace más difícil pues todo hombre la deseará aún más. Es muy vital, ardiente y algo inocente. Alargad un día más la estancia, ha de fortalecerse bajo la luna de este enclave.
Continuara...

1 comentario:

  1. uy ese axrael es tan hot y que capitulo me estremeci.Cuidate nena un beso

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