11 de marzo de 2011

De vuelta a la Tierra .- Las Caras de Urd - Cap.12




Apenas pude pegar ojo, pero no me importó, así vería amanecer, a las seis ya estaba en recepción con la bolsa apunto para emprender el viaje con Abraham i Azrrael, ellos no tardaron en aparecer, el primer tramo del camino lo haríamos en jeep, fuimos hablando la mayor parte del camino y así me entere de que mi tío y Abraham se habían conocido hacia años durante una expedición en la que Abraham le salvo la vida milagrosamente. Hacía un día precioso y el calor apretaba, a mediodía llegamos al siguiente stage, allí nos esperaban dos caballos, Abraham monto en un poderoso caballo de color marrón, tenía los ojos color miel y una crin brillante y trenzada al estilo del desierto, Azrrael se quedo con una yegua marrón con pintas blancas que respondía al nombre de Nube de azúcar era muy bonita pero yo esperaba que podría montar mi propio caballo pero no veía rastro de ningún otro animal hasta que por detrás de una duna a mis espaldas oí el relinchar de otro animal, me gire y de verdad creí que soñaba al verlo ahí recortado contra el cielo aguantado sobre las dos patas traseras, moviendo las delanteras al aire y la crin al viento al ejemplar más increíble que jamás había visto, su piel azabache brillaba como el fuego, agito el cuello y se acerco majestuoso hasta mi y me miro como si me estuviese estudiando y una vez me hubo evaluado agitó la cola, resoplo y bajo la cabeza hasta dejarla a mi altura, acaricié su frente y mirando a sus ambarinos ojos espere a que me indicara con un gesto que podía subir, una vez aceptó monte de un salto a su grupa, no llevaba montura alguna pero ya me estaba bien, una vez allí subida el animal avanzó elegante pasando al frente entre los otros dos y emprendió la marcha no sin antes frotar el hocico discretamente con Nube de Azúcar.

  • Espero que sepa donde vamos por lo que es yo – reí mirando a los dos hombres que cerraban la fila.
  • De eso puedes estar segura – sonrió Abraham – puedes estar orgullosa de que haya venido Blackfire para llevarte, en principio es el caballo del jefe de la tribu y por tanto nadie más tiene el privilegió de cabalgar con él.
  • ¿Entonces, como es que lo ha enviado?
  • No lo ha enviado, él eligió venir querida, como ya puedes ver es un caballo muy peculiar.
  • Es increíble.
  • - Tiene don con los animalitos – sonrió Azrrael.
  • Menos con las serpientes y resto de bichejos…
  • Es un pura sangre, sólo el gran Hat’Dor consiguió que lo aceptará. Capturaron a su manada cuando era muy pequeño, era tan salvaje que cuando intentaban domarlo se daño una pata, iban a sacrificarlo por imposible cuando mi abuelo que pasaba por allí lo vio tirando con fuerza de los hombres que intentaban arrástralo fuera del cercado para matarlo, entonces Hat’Dor se acercó a los hombres y tomando la cuerda clavo la mirada en la del animal, puso una mano en su frente y tras susurrar unas palabras en su oído este dejo de patear. Los capturadores estuvieron encantados de deshacerse del animal y ganarse un buen jornal así que se lo entregaron a cambio de la oferta de Hat’Dor, esa es la historia, Blackfire jamás fue domado en el estricto sentido de la palabra.

- Me siento alagada.

Sonreí y palmeé el cuello de mi montura y lo animé para que se diera una carrera si le apetecía, me sentí libre volando sobre su lomo con los brazos tendidos al viento, grite con toda la fuerza de mis pulmones descargando todo lo que llevaba encima y me propuse pasarlo bien y olvidarme de todo durante esos días, ellos también azuzaron a sus caballos.

- Es joven e impetuosa – sonrió Abraham

- Fresca, impredecible y alegre…

Blackfire al cabo de un rato permitió que nos atraparan y seguimos hasta que el sol empezaba a caer, Abraham nos guió hasta donde pasaríamos la noche, dejamos a los caballos a su aire y levantamos el campamento.

Después de cenar un poco me recosté contra un tronco frente al pequeño fuego que habían encendido dispuesta a trabajar un poco con el ordenador cuando note unos golpecitos en mi espalda, era Blackfire que me daba con el morro lo acaricié y le di lo que me quedaba de mi manzana que es lo que quería y luego se sentó apartando el tronco para que apoyara la espalda en su costado, lo hice y Gold, que también venía se estiró al salir de la mochila y se enrosco sobre el lomo de su nuevo compañero. Estaba absorta en mi trabajo, la brisa era fresca y el desierto tenía su propia voz llena de vida, entre las lonas de la tienda podía ver las figuras de ambos hombres que proyectaban largas sombras, los oía susurrar y seguí trabajando hasta que dejé de oírles hablar, era tal el silencio que reinaba ahora que me asusté y levante de nuevo la vista de la pantalla para encontrarlos sentados frente a mi al otro lado del fuego mirándome fijamente.

-¿Qué pasa?

- Nada ¿por? – respondió Azrrael.

- A no sé, como me miráis así… - me encogí de hombros y apagué el ordenador -Así que se casa tu prima – proseguí, Abraham asintió - ¿y tú, no estás casado?

- Mira que curiosilla – rió Azrrael

- No, sólo me gusta demasiado saber – sonreí mirando de nuevo a Abraham que respondió.

- No.

- ¿Y no se supone que deberías estarlo, e incluso tener ya hijas e hijos?

- Sí, se supone que sí… es complicado.

- ¿Aún se

deciden y arreglan los matrimonios?

- Bueno, en algunas tribus aún se hace pero siempre que ambos contrayentes estén de acuerdo, pero siempre se da más cuando se trata de los dirigentes, ya sabes…

- Claro – sonreí mirándole todavía, había algo de tristeza en sus ojos. -¿estuviste casado, verdad? – Se sorpre

ndió ante la afirmación pero tras un segundo asintió pero sus ojos se ensombrecieron.

- Perdona no quería molestarte.

- No pasa nada.

-¿Qué paso? No respondas si no quieres…

- Mi esposa y mi hijo… murieron – hizo una pausa – los asesinaron – dijo arrojando una piedra al fuego. El dolor había nublado sus ojos – Fue culpa mía… si yo – apretó el puño y guardo silencio.

- Abraham, sabes que no lo fue – murmuró Azrrael sin poder mirarle a la cara.

- Bueno, cambiemos de tema por favor ¿os parece? – pidió arrojando otra rama a las llamas.

- Si… claro, propón tú mismo, no se me dan muy bien las conversaciones – comenté acurrucándome dentro del saco pues la noche del desierto era fría pese al calor asfixiante de la mañana.

- Uff… ¿tan viejo me has visto para preguntar eso Urd? – frunció el ceño Abraham echando un trago de la bota que llevaba. Me eche a reír sin poderlo evitar

.

- ¡No! No claro que no, sólo que sé que normalmente en las tribus os casáis jóvenes.

- Bueno eso me anima más, aunque tampoco soy tan joven – rió también y me acercó la bebida y eche un trago.

- ¿A no? ¿Cuantos años tienes?

- Podría ser tu padre, soy más joven que tú tío eso si… así que calcula.

- ¿Y… no tienes a nadie ahora?

- Bueno… alguien hay – sonrió y por un momento creí ver el rubor en sus mejillas – Pero ahora creo que ya he respondido bastantes preguntas por hoy, así que ahora os toca a vosotros – se escabullo mirándome - ¿Y tu Urd, tienes a alguien?

Negué con la cabeza, y borré los garabatos que había echo en la arena inconscientemente. Alcé la vista y contemple el cielo plagado de estrellas y me sentí diminuta ante aquella inmensidad.

  • Estoy sola, siempre lo estoy. Aunque me rodeen millones de personas sigo sola, como aquella estrella de ahí, aún así… apreció mi libertad – dije señalando un pequeño puntito minúsculo de tonos rojizos y suspiré.

Blackfire se agito, estaba inquieto al igual que mi interior donde se movía de nuevo esa alarma que me decía que había alguien al acecho, mire entre las sombras escrutando el lugar, pero sólo estaba el vacío y mentalmente me repetí para mi misma no, esta noche no pasaras, este es mi centro y aquí nos protegemos los presentes, vuelve a ocultarte entre la arena o prueba mi furia, tras esto volví a sentir que todo estaba bien.

  • Urd ¿Habías visto antes esa estrella? – pregunto con urgencia Abraham
  • En una ocasión, hace mucho tiempo… creo, no es siempre visible ¿no? ¿Por qué lo preguntas?
  • ¿Recuerdas haberla visto últimamente?
  • No, ayer no estaba… ni antes tampoco.
  • Entiendo. Es tarde, será mejor que durmamos.

Tras decir esto se levantó y ambos se retiraron a dormir, yo no hubiese podido aunque quisiera, yo era de las que necesitaba un techo y la seguridad de una casa para estar tranquila para abandonarse al sueño pero a la vez me sentía extrañamente bien ahí en medio de la nada como una más de la naturaleza, sólo que no quería dormir y mis ojos se toparon de nuevo con la pequeña estrella roja que parecía brillar ahora con intensidad y grabarse en mis ojos, me sentí mareada y una extraña sensación se adueño de todo mi cuerpo, tenía calor, sentía un sopor increíble era como si flotase, me despoje del saco y arqueé la espalda al sentir como si miles de manos acariciasen mi cuerpo suavemente, una fuerza desconocida estallaba en mi piel, era una corriente inmensa, y esa estrella seguía brillando más y más hasta que parecía que sólo estaba ella en mitad del cielo, la brisa era un susurro constante, un millón de voces que hablan y c

antaban en un idioma desconocido, oía mi nombre una y otra vez y una música lenta y rítmica sonaba alrededor, ya no estaba en el desierto sino en una sala dorada, mi cuerpo desnudo descansaba sobre un suelo mullido lleno de cojines y suaves alfombras, mi piel perlada de sudor se rendía a las caricias de las miles de manos que recorrían cada poro de mi ser, extasiada me dejaba hacer, los candiles iluminaban tenuemente la sala, los dulces labios de una hermosa chica se cerraron sobre los míos, nos besamos deseosas, todo era sensualidad, se oían risas suaves entre la música, me recosté respondiendo a la mano que cogía mi mejilla y me invitaba a seguir a su dueña hasta sus labios, más besos, caricias, el deseo me embargaba, deseaba más, y todas aquellas chicas y chicos me complacían dándome lo que deseaba a cada instante, era consciente de mi lujuria,

pero no podía hacer más que abandonarme a ellos, al placer inconmensurable que amenazaba con partirme en dos, perdí la noción del tiempo, de las horas y de mi misma, era una orgía constante, una cautiva de aquel lugar del que no podía escapar, cuando se iban unos aparecían otros que me amaban nuevamente, sentía el palpitar de mi sexo húmedo creí que explotaría quería gritar pero no podía, era como estar en un trace de semiinconsciencia, lo sentía todo pero lo veía desde fuera de mi cuerpo, cerré los ojos y la estrella aún brillaba en mi cabeza pero cuando volví a abrirlos ya no parecía estar ahí, miré alrededor, no me había movido del lugar Blabkfire resopló acomodándose. Los ojos verdes de Gold brillaban en la oscuridad, estaba sudada y excitada, sentía el deseó urgente y la necesidad de mi cuerpo, Gold saltó frente a mi y clavó sus ojos en mi , yo siempre había creído que los gatos tenían algo de místico y me preguntaba que verían sus misteriosos ojos enormes, había algo en Gold que lo hacían parecer irreal, quizás eran la forma en que esos ojos brillaban y me miraban, no, no es que me mirasen sino que me atrapaban y me transportaban a un lugar lejano y lleno de paz, mi cuerpo se relajo, la tensión desapareció y el sueño acudió por fin a mi, pero seguía sintiendo algo en mi interior que pugnaba por salir, algo en mi había cambiado y ganaba terreno adueñándose de mí y no podía controlarlo.


Continuara...

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