1 de marzo de 2011

De vuelta a la Tierra .- Las Caras de Urd - Cap.9



  • Manzana verde con cava – dijo, pensé que podría gustarte – También hay de frutos del bosque
  • Veo que lo tienes bien organizado – le miré, estaba apoyado con ambos brazos a un lado en el respaldo. Llevaba unos pantalones oscuros y una camisa liliácea.
  • ¿Quieres bailar?
  • ¡Si! Me encanta bailar – grite emocionada y me levante de un salto tendiéndole la mano - ¿vamos? – sonreí, no se si la euforia era por la bebida o que pero hoy no me sentía tan reticente con él aunque tenía ese no se que en el estomago.
  • Avánzate tú, enseguida te alcanzo – se levanto y se dirigió a uno de los gorilas me pareció entender algo así como “ que nadie toque a esa chica o que no le pase nada” pero no preste atención, me lance a la pista y empecé a bailar dejándome llevar por la música, ahora sola, ahora con más gente, con unos chicos, con una chica, cuando vi acercarse a Ezequiel yo estaba bailando con una chica morena, desprendía fuego, y no se por que, al verle avanzar hacía mi entre la multitud con el pelo ondeando a su paso y la camisa abierta y esos ojos… una idea me cruzó por la cabeza, sonreí juguetona, tenía ganas de ser mala, acaricie a la chica, nos besamos y empezamos a bailar de una forma más provocadora y sensual, estaba sudando y estaba disfrutando con aquello, hacía tanto que no me divertía así que me deje llevar por el ambiente, habíamos formado un corro a nuestro alrededor hasta que Ezequiel me agarro del brazo y me giro hacia él y me apretó contra su cuerpo, reí y me giré de modo que quedé de espaldas a él y empecé a moverme algo separada de su cuerpo hasta que me atrajo a él haciéndome sentir su cuerpo caliente al rozarme contra él, empezamos a bailar, me gire, sus ojos
  • brillaban de un modo indescriptible, sonreí y me mordí el labio juguetona, bailamos un buen rato hasta que sentí que un calor inmenso me recorría todo el cuerpo, estaba de espaldas a Ezequiel y delante tenía otro chico, estábamos bailando los tres juntos hasta que cuando volví a mirar al otro chico vi a Azrrael, os juró que a quien tenía bailando frente a mi, pegado era Azrrael, gemí de placer cuando Ezequiel me mordisqueo la oreja desde detrás y allí estaba yo bailando con aquellos dos volcanes hasta que Ezequiel susurro algo en mi oído mientras su mano acariciaba de forma ascendente mi brazo erizándome la piel y vi que Azrrael no estaba en ningún sitio ¿lo había imaginado?,
  • asentí a Ezequiel y fuimos de nuevo al reservado y apuré mi copa. Él se había sentando un poco detrás de mi, me recogí el pelo hacía arriba para que me diese el aire con una mano y lo ladeé un poco. Entonces sentí sus labios soplar sobre mi nuca desde detrás y sus labios rozar mi cuello, cerré los ojos, sentía el latido de mi corazón golpearme en las sienes, entre abrí los labios pero no me salió nada de ellos, un escalofrió de placer me recorrió la espalda.
  • ¿Quizás es hora de irse? – dijo sacándome de mi trance.

Asentí, justo cuando subíamos las escalera la tierra tembló, oímos un zumbido y algo explotar. Salimos corriendo al exterior y seguimos corriendo hasta estar lejos de los callejones, el suelo volvió a temblar bajo nuestros pies, yo me apoyé contra la pared de una casa y empecé a reír con una mano en la frente, Ezequiel hizo lo mismo hasta que quedo sobre mi con una mano apoyada en la pared y deje de reír, tenia sus ojos azules clavados en los míos, entonces me besó, o Dios!

Quería desvanecerme, me fundía, sentía que me derretía con el contacto de su lengua tan caliente como la mía, temblé al notar su mano en el interior de mi muslo, entonces se apartó lentamente de mi, me acarició la mejilla y mientras me apartaba un mechón de la cara me cogió de la mano y me metió en el coche sin mediar palabra.

  • ¿Te llevo al hotel?
  • No hace falta, sólo con que me dejes donde mi coche es suficiente ¿Qué pasa? – le miré

Él dijo nada y acabamos

echándonos a reír y nos despedimos al llegar a mi coche.

  • Seguiremos otro día, por cierto que me querías decir el otro día en la piscina cuando me fui – dijo aguantando la puerta de mi coche para que no pudiese irme aún.
  • Que me debes una cena – sonreí y cerré la puerta.

Arranque y me fui hasta el hotel. Subí a mi habitación para refrescarme un momento, abrí la puerta y grite pegándome a ella cuando la cerré de un salto.

  • Dios, que susto tío – le dije con una mano en el corazón pues creía que se me iba a salir por la boca.
  • Perdona, no quería asustarte. ¡¿Dónde demonios estabas?! Estaba preocupado por ti
  • ¿Por qué? ¿Estas bien? Haces mala cara – me acerque a él poniéndole una mano en la mejilla.
  • Estoy bien – dijo brusco apartando mi mano y pareció arrepentirse ante mi cara y me la cogió.
  • Urd… no sabía nada de ti, llegaste tarde, no respondiste a ninguna llamada, desapareciste de la fiesta, tu aspecto y ese comportamiento…
  • ¿Qué aspecto? Tío Akesh, no te preocupes tanto por mí, no soy una niña. Me fui de la fiesta eso es todo, estabas muy ocupado para decirte nada… no me pareció oportuno.
  • ¡Ves! Tu divirtiéndote por ahí como si nada y yo sufriendo – suspiró -Vale, tienes razón – giró sobre si mismo - Quizás me haya excedido un poco. Yo soy responsable de ti, y tu siempre serás mi niñita, no puedo permitir que te pase nada tú no sabes… - se cayó - ¿dónde te metiste todo el día Urd? - Ahora no podía mentir, se lo debía así que se lo dije, sólo lo que se podía contar.

-¡Pero estas loca! (Ya volvía a gritar) ¡Como se te ocurre! ¡Tú no sabes lo valiosa que eres! – se mordió la lengua y me dio la espalda.

- ¿Qué pasa aquí tío Akesh? Nunca te había visto así, la cena fue bien, la negociación también ¿cuál es el problema? Ya se que mi comportamiento no fue el mejor al llegar tarde, pero siempre lo hago bien. Tu chica nunca te fallaría – puse morritos y las manos atrás como una niña chica y me agache para verle la cara pues se había vuelto a sentar en la cama como cuando entre.

- Urd…- suspiro y tras pensárselo mejor dijo – sólo estaba preocupado, hubo otro terremoto y no sabía donde estabas y con todo lo que paso…

- Perdona, tienes razón – asentí, me cogió la cara entre las manos y me besó en la frente, luego se levanto y se dirigió a la ventana y echo un vistazo fuera. - ¿lo pasaste bien al menos?

- Si, hacía mucho que no me divertía – me dirigí hacía él y apoye la cabeza en su hombro.- Y estos no han sido precisamente los mejores días de mi vida, ya lo sabes.

- Me alegro – se giro y me abrazó. ¿Te ha pasado algo extraño estos días Urd?- pregunto de repente.

- ¿A que viene eso ahora? – Me aparte – No – le mire, no se por que le mentí pero sentía la necesidad imperiosa de hacerlo, como si eso me protegiera de algo y eso me gusto aún menos. No quería mentir a tío Akesh, me entristeció pero lo hice con una naturalidad y una frialdad que hasta ahora no recordaba tener.

- ¿Y ese collar Urd? – lo acarició con el índice y frunció el ceño.

- Lo encontré – dije simplemente.

- No, vino a ti – suspiro, se llevo la cabeza a las manos y se fue hasta la puerta – Estamos muy cansados creo que necesito dormir un poco y mañana las cosas se verán más claras. Buenas noches cariño, descansa – me dirigió una leve sonrisa y se fue.

Me dejé caer en la cama, no me lo podía creer, un poco más y me echa en cara irme por ahí como una fulana… no me cuadraba nada, me levante, me moje la cara y baje con la esperanza de que, aunque tarde, aún estuvieran Azrrael y Abraham abajo esperando tal y como quedamos… Oh! Ahora que lo pensaba había quedado mal dos veces en un mismo día, baje trotando y entré en el salón, estaba en penumbra, mire alrededor poniéndome de puntillas desde el alfeizar de la puerta donde me aguantaba, no vi a nadie, suspire, y me giré dispuesta a irme cuando oí su voz llamarme.

- Urd.

Era Azrrael, me giré con una sonrisa y me acerque hasta su mesa.

  • ¿Puedo sentarme? – pregunte – Lo siento…
  • No pasa nada, creí que no vendrías al tener la cena.
  • ¿Y Abraham?
  • Se fue a dormir, estaba cansado, es tarde.
  • Lo siento, discúlpame ante él por favor.
  • Eh, tranquila, no pasa nada – sonrió – es normal, tú tenías trabajo.
  • Si bueno…
  • Te fuiste de fiesta- afirmó
  • ¿Cómo lo sabes?
  • Bueno, yo también se lo que son las cenas de negocios – sonrió picaron
  • Vale, si lo admito, luego me fui de fiesta.
  • Bien echo. ¿Una copa?
  • Uh no, creo que ya he tenido suficiente alcohol por hoy. ¿Me ves distinta de aspecto? – le pregunte recordando el comentario de tío Akesh
  • No. ¿Por qué?
  • Por nada…

Hablamos hasta casi bien entrado el amanecer luego nos retiramos a dormir, no conseguí descansar muy bien

pero tampoco recuerdo si soñé alguna cosa. Cogí el móvil de la mesita y mire la pantalla, tenía un mensaje, por fin habían arreglado las comunicaciones, me levanté y me duche, me puse una blusa sin mangas de estilo japonés y la falda a juego con la americana y salí cogiendo el bolso, si me daba prisa llegaría a tiempo a la reunión, bajé las escaleras todo lo deprisa que puede con los zapatos de tacón y me recogí el pelo con la pinza, llegue al mostrador y pedí las llaves del otro coche que había pedido. Apuré el baso de zumo que le cogí de la bandeja a un camarero y me metí en el coche.

El motor rugió, puse la radio y conduje cantando como una posesa carretera abajo

mientras veía como el cielo iba encapotándose cada vez, tenía la sensación que de un momento a otro se vendría abajo, acelere, no tenía buena pinta y teniendo en cuenta lo sucedido últimamente no iba a quedarme en medio de esa carretera con una tormenta de vete a saber que. Un rayo estallo frente a la carretera, agarre con fuerza el volante y subí marcha, el estruendo del trueno cubrió todo el lugar, creí que había oído crujir la carretera bajo las ruedas, miré por el retrovisor y vi despeñarse unas rocas, otro trueno y el agua empezó a caer tímida sobre el parabrisas, apagué la radió pues ahora era todo interferencias y seguí bajando la serpenteante carretera, no recordaba que era tan estrecha, quizás debería haber cogido otro coche en ves del todo terrero, el viento soplaba con fuerza, oí ruido de tierra viniéndose abajo, mire de nuevo por el retrovisor y vi una avalancha de tierra y rocas que cubrían parte del carril de subida, di un volantazo al volver la vista al frente, una enorme roca se precipitaba sobre el coche, di un trompo al perder el control pero conseguí esquivarla y volver al centro de la calzada, estaba tan oscuro que tuve que poner las luces, y juro que parecía que fuera de noche, las continuas descargas eléctricas de los rayos iluminaban la carretera que parecía querer tragarme, abajo, el valle apenas era visible salvo cuando otro rayo caía, más truenos y con el último la tromba de agua fue implacable,

casi me salí de la carretera pues no veía nada, los limpias no daban abasto y hacía un frío increíble, puse la calefacción y suspiré al llegar al cruce de la carretera principal que me llevaría hasta donde me esperaban Omar y mi tío, Ablace estaba ya allí, la avioneta sufrió un percance al aterrizar para repostar pero pudieron solucionarlo a tiempo para estar ya hoy aquí, estaban bien me habían dicho, baje marcha y aceleré una riada de agua venía directa de la montaña hacía el coche, volví a subir la marcha y torcí por el primer desvió para salir del curso del agua, puse punto muerto y el freno de mano y me serené para conseguir orientarme y ver algo entre la lluvia, cuando lo conseguí volví a avanzar más lentamente, se estaba haciendo eterno el viaje, por fin llegue, el edificio se recortaba contra el cielo como un fantasma, baje del coche justo cuando el portero me tapaba con el paraguas que no servía de nada, nos apresuramos y justo cuando me disponía a darle las gracias y colocarme la ropa bien nos quedamos sin habla, el agua se había vuelto roja, una cascada carmesí se vertía por delante de nosotros y el suelo era una alfombra cubierta por ese líquido como una botella de vino vertida.

  • Señorita. Será mejor que entre – me apremió el botones haciendo presión sobre mi hombro para que me moviera. – La esperan arriba, planta 7, pero yo de usted no cogería el ascensor.

Asentí y corrí hasta las escaleras mirando de no resbalar sobre el mármol, estaba empezando a poner el pie en el primer escalón cuando se fue la luz, suerte que no cogí el ascensor o ahora estaría ahí encerrada, unos instantes después las luces de emergencia se encendieron y subí hasta la séptima planta, pique a la puerta y entre con toda la dignidad que me quedaba pues estaba mojada y casi sin aliento por la carrera que me había dado por las escaleras para no llegar tarde.

  • Urd, menos mal que estas bien – dijo mi tío apartando la silla para que me sentará.
  • Sí bueno… la carretera no ha salido tan bien parada – sonreí y salude a todos los presentes, me disculpe y le di un abrazo a Ablace que llevaba una especie de tirita en la frente – Vaya - suerte que tienes la cabeza dura.
  • Sí… bueno, la suerte fue que no nos matáramos- se parto y me indicó que tomase asiento, intento ser irónico pero se le notaba que aún estaba conmocionado y que fue más grabe de lo que parecía.

Omar seguía mirando por la ventana con las manos detrás de la espalda, meneo la cabeza y luego se sentó y me tendió una taza de te aún caliente. Miré alrededor, había otros dos de los hombres de la noche anterior y para mi asombro estaba también presente sentada a parte en una butaca Iset y allí en la penumbra al fondo de la mesa estaba Ezequiel, como si fuese el mismismo príncipe de las tinieblas, separo la espalda del respaldo y se adelanto lo justo para que pudiese entrever su rostro, tenía algo tan atrayente… pero a su vez esa visión me produjo un escalofrío, pues la luz rojiza de las lámparas de seguridad lo envolvían en una aura siniestra y en sus ojos juraría que había fuego, el mismo fuego que bailaba en la llama de las velas que Iset había dispuesto a lo largo de la mesa lacada.


Continuara...


2 comentarios:

  1. Me gusto mucho genial, capitulo sigue.

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  2. Gracias por tu comentarios y tu apollo constante Citu ;) significa mucho, cuidate guapi besos y nos leemos que tu historia también esta muy interesante.

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