25 de febrero de 2011

El Portal del Castillo del Tiempo .- Capitulo 14


Ella se revolvió y se giro cara a él apoyando la cara contra su pecho y pasándole un brazo por la cintura como si él fuera un peluche. Le puso bien el tirante y siguió dándole vueltas… ni siquiera el color de los ojos era como el de su madre pero sí su forma felina y el modo de mirar capaz de traspasar el hielo y derretirlo. La forma de la cara y el cuerpo recordaban a Mona pero Yumi era más fina, más delicada y sensual. Pero seguía siendo muy raro que los rasgos principales no fueran como los de la bruja. Mona tenía los ojos verdes y los labios aunque bonitos y bien definidos eran más finos, los de ella eran carnosos y llenos, rosados… aunque eso no era relevante pues siempre había recordado a Mona con los labios pintados de rojo intenso, no le gustaba ser discreta y a la mínima lucia su esbelto cuerpo. Si no calculaba mal Yumi debía tener unos siete años cuando Mona murió. Siete… un número significativo.

La miro de nuevo y se levanto con cuidado de no despertarla, la cogió entre sus brazos y la dejo en la cama, volvió al comedor tras arroparla y se sentó cambiando el canal, al cabo de una hora el grito de Yumi lo sobresaltó y corrió hacía la habitación.


El corazón aún seguía apunto de salírseme por la boca cuando me desperté sudorosa, las punzadas de mi pulso eran dolorosas, jadeando miré alrededor y apoye la mano que tenía en el pecho en la cama, me había sentado de golpe, fue un sueño horrible y extraño, confuso, no podía recordar apenas nada pero aún me sentía angustiada. Temblaba, Aragorth apareció en la puerta y mis ojos se encontraron con los de él.

  • ¿Estás bien, que pasa?

Asentí bajando la cabeza de modo que el cabello me tapara parte del rostro y suspiré sintiéndome ridícula.

  • No es nada, perdona. Sólo una pesadilla – aparté el pelo hacia atrás.
  • ¿Seguro? ¿Recuerdas que soñaste?
  • No.

Él me miró aún en silencio y se medio giro para irse y mis labios se movieron solos, más rápido que mi mente.

  • Quédate, no te vayas…

Se paro y volvió a girarse, el corazón me iba muy deprisa… me mordí la lengua mirándole y creí que se iría pero se acerco y se sentó en el borde de la cama, yo me acerqué como si fuese una gatita y una vez junto a su espalda me senté sobre las rodillas y le pase las manos por el pecho.

  • Quédate conmigo – susurré dejándome caer hacía atrás seguida de él que me atrajo hacía su cuerpo y cerré los ojos abrazada a su calidez, era tan confortable, seguro…

Cuando abrí los ojos él seguía mirándome, me moría de ganas de besarle pero no iba a ser yo quién lo hiciera recordando la seguridad con que dijo que un día le suplicaría así que me tragué las ganas. Pero mi cara estaba tan cerca de la suya… los labios casi se rozaban buscándose… mi cuerpo me mando una oleada de deseo recordándome la dolorosa necesidad que me acuciaba. ¿Por qué no podía dejar de mirarle, porque no podía simplemente quitármelo de la cabeza y no pensar más en él? Pero estaba allí tendido… tan atractivo, le deseaba, deseaba tenerle y que él me tuviera… intente que mi cabeza negase lo que sentía mi cuerpo y mi alma. Un nuevo cosquilleo me subió por entre las piernas prolongándose a los labios, sentí vértigo y me mareé cuando sus labios besaron los míos en una especie de mordisco cariñoso como si pidiese permiso, me buscaba… una descarga eléctrica me sacudió cuando nos besamos, rodamos por la cama acariciándonos y besándonos con ansia, mis manos surcaban su piel y ese pecho que tanto me gustaba, bese su cuello y jugueteé con el lóbulo de su oreja mientras mi otra mano reptaba más al sur… fui bajando por su cuello, besándoselo hasta llegar al punto crítico… le sentí estremecerse y jadear, su mano se cerró sobre la sabana, enloquecí y no fui capaz de reprimirme más, ya era hora de perder la cabeza y disfrutar, de hacer lo que me venía en gana. Me besó apartándome con suavidad, sus ojos ardían. Me quite la camiseta y él acabo de sacar el resto muy despacio… gemí de placer.

No hubo un rincón de aquella habitación en el que no nos amasemos esa noche, disfrutando del cuerpo del otro y de lo que sentíamos, fue una sensación increíble e inexplicable cuando se introdujo en mí, me llenaba por completo, ardía, era duro, intenso y suave a la vez que salvaje… era un éxtasis inacabable. Casi dolía tanto placer. Jamás había disfrutado tanto ni me habían hecho sentir algo así. Era como si me partiese en dos y por primera vez en la vida fuese YO.

Por la mañana salí al salón mirándole con una sonrisa traviesa en los labios, estaba tan sexy sentado en la silla solo con los pantalones… me mordisqueé el labio y me acerqué despacio a él y tras dejar la taza de té, le pasé las manos detrás de la nuca y sentí como vibraba y como volvía a estar dispuesto. Le acaricie la espalda y me senté sobre él que me levanto por el culo y aparto la tela que molestaba. Sentí como entró de nuevo en mí, gemí sujetándome al respaldo de la silla y empecé a moverme sobre él. Aún ruborizada y sobre él le miré y sonreí al terminar.

  • Buenos días – le dije sin ocurrírseme nada mejor que decir.
  • Buenos días – medio rió él apoyando su frente en la mía, me apartó el flequillo y me besó - ¿Otra ducha?

Reí asintiendo y nos fuimos a duchar, durante un buen rato pareció que no sabíamos muy bien que decirnos pero poco a poco la normalidad volvió y empezamos a hablar y finalmente decidimos salir a pasar unos días por ahí. Estaba aún vistiéndome cuando le vi enarcar una ceja, se acercó serio y con aspecto sombrío acaricio la marca que tenía a la altura de la pelvis cerca de… lo acarició con las yemas de los dedos, ¿no lo había visto la noche anterior, ni esa mañana? ¿Ni antes? Tenía una especie de lunar (por decir algo) en forma de corazón con alitas y cola de diablillo, dentro del corazón había una media luna. Aragorth seguía con la mirada fija como si evaluase si era un tatuaje o no.

  • ¿Ocurre algo? – le puse la mano en la mejilla obligándole a mirarme.
  • No…
  • Pareces… ¿abrumado? – me aparte un poco y baje la cabeza mirando mi curiosa marca de nacimiento – Siempre la he tenido, es curiosa ¿no? – sonreí.

Os juro que se quedo lívido, casi blanco… acabe de vestirme y sin decirme nada me cogió de la mano, cogió la mochila y me metió en el coche para ir vete a saber donde.

  • ¿Me vas a decir que pasa?
  • Nada, no pasa nada.
  • Si…claro – sonreí y me acomode mirando por la ventanilla.

Al cabo de un rato paro el coche y mire hacia donde él miraba y vi a Verónica.

  • Vaya hola – le sonreí
  • Hola chicos ¿Dónde vais?
  • A pasar unos días fuera, sube anda. Iremos a tomar algo.

Ella sonrió y subió tras intercambiar una extraña mirada con él, Aragorth busco donde aparcar y paramos a tomar algo y yo aproveche para ir al baño.

  • ¿Y bien? – sonrió maliciosa tras olfatearlo.
  • Verónica…
  • Ya sabes que no voy a parar hasta que confieses…
  • Uf, no tengo palabras…
  • Vaya… ¿Incluso mejor que yo? – puso morritos.
  • Sin ánimo de ofender… muchísimo mejor, ni punto de comparación.

Ella sonrió maliciosa y miró hacía el baño.

  • Quién lo iba a decir… ¿pero qué es lo que te preocupa? Estas… extraño. ¿Te encuentras bien, te sientes mal…?
  • No entiendo como no me di cuenta antes… de verdad… Yumi tiene la marca.
  • ¡¿Queee?! No…
  • Sí.
  • ¿Y qué piensas hacer? No podrás ocultarla siempre. ¿Y si él te elige a ti? Aunque no lo haga… ¿y si te pide que la entregues?
  • No quiero pensar en eso ahora ¿Por qué crees que me podría elegir a mí?
  • Aragorth…
  • ¡Vale, si… una pregunta estúpida!
  • Sólo hay una salida dependiendo de lo que quieras.
  • Volver a mi prisión.
  • ¿Pero quién lo hará? Jamás te había visto tan… Completo.
  • Yo podría hacerlo – les interrumpió un hombre mayor apoyándose en el respaldo del sillón de Aragorth, el medallón que colgaba en su cuello relampagueó con la luz.
  • ¡Tú! – exclamaron los dos de golpe.
  • Oh, que efusividad… se que os alegráis de verme – sonrió divertido - Aléjate de ella antes de que la dañes, es lo más inteligente que habrás hecho en tú vida.
  • Aragorth… - lo miró triste Verónica – ¿Realmente estarías dispuesto a sacrificarte por ella? ¿La quieres? – le dijo mentalmente mirándolo, él asintió sin vacilar – Esta bien, entonces…Les mantendré lejos de ella – suspiró.
  • Gracias Verónica.

Salí del baño y vi a los tres allí tan serios… había algo en el viejo… que me resultaba familiar a medida que me acercaba, pero luego oí que les pedía dinero y luego se fue renqueando. Me senté con ellos y pasamos un rato agradable hablando. Él me miraba todo el rato…

  • Bueno… ¿y se puede saber que os pasa? – les eche una ojeada a ambos.
  • Nada ¿Por qué lo dices? – me dijo el bebiendo un poco de su café.
  • No soy tonta Aragorth – suspiré y me giré a tiempo de sujetar a la camarera que resbalo y pesque el vaso antes de que se rompiera - ¿Estás bien?
  • Si, muchas gracias.
  • ¿Seguro? – la miré ella me sonrió – Estas pálida… necesitas descansar un poco.
  • Eso es fácil decirlo.
  • Lo sé…
  • Gracias de nuevo.

Le sonreí y la miré ir hacia la barra pasándose la mano por la frente, parecía que sentía algo mejor. En otra mesa oí protestar a un chaval que se paso nervioso los dedos por la cabeza despeinándose, estaba al borde del colapso, miré disimuladamente la pantalla y medio reí. Me levante y me acerque a él.

  • Hola – sonreí él me miró sin verme – Disculpa creo que puedo ayudarte – me senté a su lado haciendo que se echará hacía el fondo de la banqueta.
  • Eso sería genial…
  • Es muy fácil, mira esto… - empecé a explicarle el tema hasta que el rostro se le iluminó, tenía una amplia y bonita sonrisa.
  • Me acabas de salvar la vida. ¡¿Puedo hacer algo por ti?! Invitarte al menos a una copa - Reí
  • No, no hace falta – me levante y le sonreí – Espero que te vaya bien la presentación – me despedí y volví a la mesa - ¡¿Qué?! – reí me miraban como a un bicho raro.
  • Sigo sin entender cómo te pudieron dar este nombre… pero si eres un angelito – jugueteó Verónica con su copa.
  • No soy tan buena como creéis… - murmuré sin darme cuenta del leve tono misterioso que me salió, ni siquiera parecía mi voz, volvieron a mirarse y yo vacié mi vaso.

Seguimos un rato hablando distraídamente hasta que mi mente empezó a alejarse de allí, oía una voz pronunciando mi nombre, primero sólo fue un susurró pero luego fue como si tuviera a esa persona al lado pronunciando mi nombre al oído, me sobresalte, todo a mi alrededor era brumoso, no veía absolutamente nada hasta que frente a mis ojos, en un punto lejano me pareció distinguir algo entre la niebla, una cabeza empezó a asomar, tenía el cabello negro y largo, era un rostro hermoso, anguloso y masculino. Un escalofrío me recorrió cuando abrió los ojos, unos profundos ojos negros como un pozo sin fondo, se alzo un poco más entre la niebla y pude apreciar su perfecto torso, sus labios se movieron repitiendo mi nombre y extendió la mano, cuando me eche hacia atrás me encontré de nuevo en la cafetería, mi mano aún aferraba el vaso, estaba lívida, pálida según vi mi reflejo en el cristal. Parpadeé confusa y hubiese sacudido la cabeza de estar sola.

  • ¿Estás bien? Parece que hayas visto un fantasma – sonrió Verónica lanzándole una mirada significativa a Aragorth.
  • Sí, claro – le devolví la sonrisa.
  • La ha visto Aragorth – le dijo mentalmente ella.

El asintió y procuró devolver la normalidad a aquella reunión.


1 comentario:

  1. Muy buen capitulo aunque me demore leyendolo por el fondo pero valio la pena un beso Luna

    ResponderEliminar

Tus comentarios cuentan, gracias.

Blogs Especiales