20 de febrero de 2011

El Portal del Castillo del Tiempo .- Capitulo 13

Se paseo nervioso como un animal encerrado hasta que el teléfono empezó a marcar los tonos y ya estaba a punto lanzar el móvil contra la cama cuando la voz del otro lado del auricular lo llamo.

  • ¿Sucede algo Aragorth?
  • ¿A caso no lo has sentido?
  • ¿Te refieres a una nueva energía que nos ha sacudido de arriba abajo? Sí Aragorth, se me ha puesto el bello de punta. He sentido el éxtasis, es una fuerza tan pura e intensa… tiene un parecido con la de Mona ¿Cómo puede ser? Ella está muerta ¿no?
  • ¿Y nunca te preguntaste por que una gran reina de las brujas desapareció de la noche a la mañana para mezclarse con el resto de mortales normales y corrientes?
  • Claro… pero vete a saber, las brujas tienen parte humana, son un poco impredecibles. Volubles.
  • Piensa… tu eres una mujer ¿Qué te haría impulsarte a una nueva vida?
  • Un hijo…
  • ¡Exacto!
  • ¡No! ¡¿crees que puede ser la…. Elegida?
  • No sería de extrañar. ¿Habéis descubierto algo?
  • No, pero todo el mundo está muy revolucionado, es la misma energía que notamos el día que regresaste y los buscadores andan cerca de saber… - se interrumpió de pronto – Aragorth… un momento… es tu brujita – murmuró.
  • Me temo que sí – suspiró.
  • Vayamos a lo que creo te… “preocupa” ¿Tiene la marca?
  • No.
  • Entonces seguimos igual.
  • ¡No lo entiendes! – se le escapó asombrándole hasta él.
  • Aragorth…
  • Ya hablaremos – colgó dejando caer sobre la cama el teléfono.

Se miro en el cristal de la ventana y suspiro tras pasarse la mano por la cabeza y volvió al comedor.

Seguía en el sofá pensando en todo lo ocurrido y realmente agradecí tener la semana libre. No podía creerlo era demasiado, quizás estaba más loca de lo que creía… en fin.

  • ¿Tienes hambre? – me preguntó él apareciendo por el pasillo.
  • No.
  • Deberías comer algo.
  • Luego, es pronto.

Me miró y se sentó pensativo, a él también se le veía distinto desde… mi… numerito, estaba sumido en sus propias elucubraciones, había algo que parecía preocuparlo incluso inquietarlo, inspiré profundamente y deje de nuevo el libro sobre la mesita, cogí mi portátil pero tampoco tenía la cabeza para trabajar ni nada mejor así que también lo deje.

  • Tampoco es tan grave ¿no?
  • ¿Qué? – me miró como saliendo de las tinieblas de su mente.
  • Nada… - suspiré apoyando de nuevo la cabeza en el reposabrazos – Nunca tendría que haber abierto ese libro – murmure.
  • No digas eso, es lo mejor que podías hacer.
  • ¿Entonces qué te pasa?
  • ¿A mí? – se sorprendió. Se acerco hasta mi y se metió entre mi cuerpo y el respaldo – No me pasa nada, pensaba, eso es todo, ¿tengo derecho a pensar en mis cosas, no? – sonrió apartándome un mechón.
  • Vaya… - silbe como haciéndome la impresionada - ¿pero piensas y todo? – bromeé, él se rió y yo le devolví una sonrisa – Almenos he conseguido que te rías.
  • ¿Por qué te preocupas por mí? No deberías…
  • Soy así – me encogí de hombros jugueteando con su mano.
  • Eso parece… te preocupas por todo el mundo menos de ti misma – me rodeo transmitiéndome su calor, había refrescado.
  • No somos tan distintos como crees… pero pensamos diferente.
  • Bueno… yo soy un demonio y tú eres una buena chica.
  • O quizás tú no eres tan malo como piensas y yo no sea tan buena como crees.
  • Eso estaría bien – rió divertido – Pero habría que verlo.

Sonreí y me acurruque dándole la espalda y mire la tele sin mucho interés sintiendo como sus dedos se deslizaban distraídamente por mi brazo hasta que me quede dormida.

ARagorth volvió a marcar el número de Verónica y suspiro cuando esta le respondió, nunca había estado tan confuso en su vida y aún así sentía que comprendía todo mejor que nunca y se sentía también mucho mejor, se sentía vivo. Era… como dirían los humanos por fin completamente feliz y era de verdad, eran cosas simples y tontas pero lo llenaban, le daban fuerza y sensatez a toda esa loca existencia. Una razón de ser, todo parecía más…lógico.

  • Necesito hablar… - admitió él.
  • Pues hazlo.
  • Es que no se… que decir exactamente o que me pasa, ni lo que necesito soltar… es como un peso.
  • Aragorth, Aragorth… lo que te pasa es simple.
  • ¿Ah sí?
  • Sí, te gusta esa chica, te estás enamorando y eso es peligroso… no voy a decir que es de débiles por qué no lo es, pero sí peligroso, peligroso para ti.
  • ¡No digas tonterías! ¡No la soporto! ¡¿Cómo quieres que me guste esa… esa… borde, doña perfecta y angelical niña?! – espero a que ella dijera algo pero suspiró al no oír nada – Vale… puede…
  • ¿Puede? Es tu tipo, sabe manejarte y te deja fuera de combate, jamás he visto a ninguna diablesa que consiga doblegarte lo más mínimo o hacerte callar, en cambio ella… sin hacer ningún esfuerzo ¡ala! Con un chasquido de dedos te tiene y me da mucha envidia. Además… se te resiste y siempre queremos lo que no podemos tener. Es un encanto de chica, guapa, lista, elegante, tiene saber estar… es divertida, ocurrente, trabajadora y tiene carácter ¿hace falta que siga?
  • A ti también te ha embrujado.
  • Podría decirse… - suspiro - ¿A quién no le gusta esa chica? Quién sabe mirar realmente en ella no puede evitar quererla – la tienes allí ¿verdad?
  • Sí… dormida – suspiró mirándola a la vez que acariciaba su suave y fino rostro.
  • Ya, lo suponía. Tengo que dejarte.

Él asintió y colgó observando a la mujer que tenía entre sus brazos. Se había sentido tan bien entre ellos, era uno más, lo trataban como a un igual, sólo como a un hombre… no temblaban ni salían corriendo. No había miedo ni ese tenso respeto, ni cualquier otra cosa. No tenía que preocuparse por cubrirse la espalda constantemente. Dejando aparte las complicaciones que los propios hombres habían creado era una vida sencilla y simple, tranquila al menos para él. Pese a todo le gustaba ser lo que era, era su naturaleza, había nacido así, era lo que era… miró a Yumi, la dulce Yumi como decía Ruth ¿Por qué Mona le habría puesto aquel nombre? No le pegaba… y aún así había algo que lo inquietaba, algo en la energía de ella, una esencia antigua y conocida… tenebrosa, temible.

  • Mona, Mona… ¿Con quién crearías esta preciosa criatura? – murmuró con un suspiro a la vez que enredaba sus dedos entre el cabello de ella tan negro…

¿Cómo podía ser que Yumi tuviese ese color azabache con reflejos azulados? Lo lógico al tratarse de la hija de una bruja es que fuese pelirroja como su madre. Jamás había visto un cabello tan rojo como el de Mona, era un criajo pero la visión de aquella jovencita lo sobrecogió. Mona había descendido al mundo de los demonios y se había paseado por él con plena impunidad, hasta su padre le tenía cierto miedo a esa mujer.

  • ¿Quién eres tú Yumi?
Continuara...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tus comentarios cuentan, gracias.

Blogs Especiales