12 de febrero de 2011

El Portal del Castillo del Tiempo .- Capitulo 11


Empezamos a charlar y reír mientras íbamos vaciando botellas de vino, preparamos la mesa y nos sentamos a cenar y la verdad es que el guiso olía mejor que nunca. Serví el vino y me senté con la copa en las manos, fuimos comiendo y hablando entre todos, riendo y bromeando.

  • ¿Sabéis que su jefe le tiro los trastos? – soltó de pronto Sandra dejando la copa en la mesa tras beber.
  • ¡No! – dijeron las otras dos a coro y giraron las caras hacía mí que asentí.
  • ¿Y qué le dijiste? – preguntó Eva
  • Lo rechazó – siguió Sandra
  • ¿Pero no se suponía que te molaba ese tío? – me miró de nuevo Eva.
  • ¡No!
  • Di que sí, tiene un polvo y ya está – levantó la copa Ruth y brindamos entre risitas.
  • Y dinero.
  • El dinero no lo es todo Sandra ¿Dónde está Jes?
  • Con quién dirías…
  • Le romperá el corazón.
  • Bueno dale una oportunidad…
  • No se trata de eso… lo sé - suspiré
  • Si lo sabes… dime qué número de la lotería va a salir- bromeó Toni
  • El cuarenta y cinco.

Subió el volumen y pum ahí estaba el cuarenta y cinco

  • ¡Serás… podrías haberlo dicho antes y sería millonario! Tú eres bruja, ya lo digo yo.
  • Que tonto – reí, Aragorth me miraba en silencio.

La velada avanzaba y entre la comida y el alcohol la conversación cada vez era más disparatada, bebí un poco de mí copa y reí con una de las salidas de Sandra.

  • Admítelo, a ti lo que te pasa es que ese tipo te pone – oí decir a Sandra dirigiéndose a Ruth aunque a quién miraba con segundas era a mí.
  • ¡Vale sí!
  • ¡Pues no esperes más! Date el gustazo – rió.

No sé como acabamos en ese punto pero empezamos con las anécdotas y yo ya me sentía más achispada de lo recomendado, reía y estaba colorada como una gamba, aún reía con una mano en la cara cuando Eva soltó lo siguiente:

  • Aún me acuerdo cuando te levantaste en mitad de la clase y le metiste un morreo al profe - rió
  • ¿Y el día de la apuesta? Menudo striptease profesional te marcaste – añadió Sandra, casi me atraganto con el vino.
  • ¿Tú hiciste eso? – me miro Paris
  • Si – reí roja poniendo una mano delante de mi cara.
  • Que si lo hizo… eso no lo olvido yo en la vida – sonrió picaron Rafa y yo le tiré la servilleta a la cara.
  • Bueno… espero que no te enfades conmigo pero cuando lo vi no pude contenerme, supe que era para ti – me tendió un paquete Sandra.
  • Sandra… no tenías porque.
  • Anda ve y pruébatelo ahora mismo – me ordenó intentando ponerse sería pero se echo a reír al ladearse sin querer.

Sonreí y fui a la habitación y me puse el vestido que Sandra me había comprado, siempre había tenido muy buen gusto… era un vestido precioso, algo plisado de arriba, ceñido y que se abría hacia un lado con un sensual corte y la espalda abierta hasta… casi el trasero, me recogí un poco el pelo y me puse unos zapatos y salí al comedor. El silencio se hizo tras ser roto por un tenedor que cayó sobre el plato.

  • ¿Y bien?
  • Estas fantástica, ¡os lo dije, como un guante! Que cabrona… yo no puedo lucir esas cosas ¡y tú no te sacas partido! – sonrió tras dar unas palmaditas y reprenderme luego
  • Pero te habrá costado una fortuna.
  • Para eso está el dinero ¡y ya sé que el rojo no te gusta pero te queda de maravilla!

Seguimos hablando y bromeando hasta bien entrada la noche hasta que se fueron, me iba a ir a cambiar cuando picaron de nuevo, abrí, era Paris.

  • Me he dejado el móvil – sonrió y le deje entrar dirigiéndome a la habitación, yo no me di cuenta de que me seguía y que había cerrado la puerta.

Estaba demasiado bebida para darme cuenta de nada hasta que no se cómo me encontré en la cama con él encima intentando desnudarme. Me hacía daño.

  • No, para… no, déjame, no… - murmuré intentando quitármelo de encima, la cabeza me daba vueltas y todo estaba tan borroso, consiguió quitarme la ropa y me separó las piernas - ¡Basta! ¡No! No quiero… - sentí sus manos en mis muslos.
  • Te ha dicho que la dejes – era Aragorth apoyado en el marco de la puerta, sus ojos tenían un brillo mortal, estaba serio y su postura sin quererlo era imponente.
  • ¡No te metas en esto tío! – volvió a manosearme y yo le abofeteé como pude.
  • Te he dicho que la dejes. A menos que estés sordo ella también te lo ha pedido – lo miró amenazador y luego me miró - ¿Yumi, quieres?
  • No…

No hizo falta más, lo agarro del cuello de la camiseta y de un tirón lo mando al pasillo, avanzo hacía él y lo único que pude ver fue a Paris salir corriendo del piso. Me quedé echa un ovillo en la cama, aún temblaba y sentía un zumbido a mi alrededor, era como una energía crepitante y sólo pensaba en matar a ese tipo, Aragorth me levantó y me abrazo. Todo acabo, esa extraña sensación de furia y venganza que me embargaba desapareció tan rápido como había venido, era una cólera ciega… la energía que sentía que me envolvía se disipo. Y juro que creí oír una voz que le decía a Aragorth ¿Por qué no has dejado que lo hiciera, porque no la has dejado matarle? Todo sería más fácil.

  • ¿Estás bien? – me aparto de su pecho mirándome, su mano rozó mi mejilla al apartarme el pelo.
  • No… he bebido demasiado – me lleve el dorso de la mano a la frente – Gracias. Si no hubieras estado… no se…
  • Ya paso, olvídalo. Ese no volverá a intentar nada parecido en su vida, te lo prometo.

Asentí y me levanté tambaleándome hacía el baño y me moje la cara, él seguía sentado en la cama mirándome. Cuando volví me deje caer cerrando los ojos mientras mis dedos acariciaban ese fuerte pecho.

Cuando abrí los ojos al día siguiente di un bote al encontrar a Aragorth en mi lecho, estaba despierto y vestido, yo en paños menores… miles de ideas me cruzaron por la cabeza hasta recordar lo sucedido.

  • ¿Te has quedado aquí toda la noche?
  • Sí.
  • ¿Has dormido?
  • Algo…

Baje la cara y en silencio cogí una camiseta de hombre dos tallas más grande y me la puse por encima.

  • Hare el desayuno, descansa si quieres – me levante.
  • ¿Te encuentras mejor?
  • Si.

Salí hacía la cocina y preparé algo de comer tras quedarme un rato con la cabeza contra el armario diciéndome de todo menos bonita. Iba a llevarle la comida pero vino al comedor algo descamisado y la corbata abierta a los lados. Yo sí que le hubiera saltado encima en ese momento pero me contuve, no le iba a dar esa satisfacción aunque me hubiese salvado.

  • No estará tan bueno como tus manjares pero es lo que hay.
  • Está bien descuida – se sentó delante de mí en la mesa y comimos en silenció.

Al acabar chasqueó los dedos y todo estaba limpio y recogido.

  • Eres mejor que el mayordomo de Ten – bromeé, me sonrió - ¿Por qué no fuiste con tus amigas? – quise saber levantando la vista hacía él.
  • No me apetecía estar con ellas.
  • Su invitación sonaba más propia de… lo que eres…
  • Puede – clavo sus ojos serio en mi - ¿Puedes olvidar por un rato lo que soy Yumi?
  • Perdona – suspiré.
  • Ya… tu amiga Sandra es la leche.
  • Sí – sonreí y luego le miré muy fijamente, más bien amenazadora.
  • No pienso acercarme a ella descuida – levanto las manos.
  • Te lo agradezco.

Mi móvil sonó, era Sandra así que lo cogí

  • Esta noche en Nox Karaoke, a la hora de siempre, no faltes ¡ah! Y tráete a ese pedazo de moreno tuyo.

No me dejo hablar que colgó y yo me quede parpadeando como una tonta.

  • Me ha colgado – le miré y se echo a reír
  • Estaría ocupada…
  • Eso sería, con un rubiales escultural al que tiene atado y embadurnado en chocolate con una fuente de fresas… te lo digo yo. Me voy a la ducha – sonreí.

Por la tarde me puse unos vaqueros y un jersey de cuello de barca con la espalda al aire blanco, me calce los zapatos con un poco de tacón y nos fuimos hacía Nox, era el antro de un colega, desde la calle ya se oía el bullicio, se notaba que ese domingo no era uno cualquiera sino que era predecesor de un largo puente y para mí… ¡toda la semana, sí! ¡Por fin después de tanto sacrificio tenía una recompensa! Entramos los dos juntos y crucé hasta nuestra gran mesa en un rincón. Cuando Sergio abrió la tanda de Karaoke la gente empezó a subir y nosotros íbamos riendo y bebiendo, yo refrescos, ya había tenido suficiente… aunque algún cubata cayó. Las chicas me arrastraron hacía el escenario, nos pusimos a berrear y luego subieron también ellos para acabar de hacer más divertida la situación. Bajamos y dejamos a Eva sola ante el micro hasta que me toco, intente negarme pero me arrastraron de nuevo. Me quede allí delante de todo el mundo, con las mejillas coloradas, me lleve la mano a la frente y tras pensar puse la canción que me apetecía y me puse a cantar, la gente enmudeció y se quedaron mirándome embelesados… quería que me tragase la tierra, empezaron a vitorearme y animarme a cantar otra y al final me anime y cante una más, según mis amigos cantaba muy bien. Bajé del escenario y volví a la mesa tras varios aplausos, reí y bebí un poco.

  • ¿Hay algo que hagas mal? – enarco una ceja Ruth poniendo morritos – Que envidia… sana pero envidia – me tiro una bola de papel.
  • Tú no te pienses que te vas a librar, te toca – le dijo Rafa cogiendo el micrófono que le daba Sandra – Aquí todos hacemos el ridículo… bueno algunos más que otros… - se rasco el cogote.

Aragorth hizo intención de protestar pero le señalamos todos el escenario, se encogió de hombros y tras vaciar su vaso subió y busco la canción. Las primeras notas empezaron a sonar, la reconocí enseguida… me encantaba esa canción, me ponía, la voz del cantante era tan sugerente y sensual… me quedé como idiotizada mirándole, la canción era I like The way You move de The Bodyrockers, la voz de Aragorth empezó a llenar el local… era aún más sexy y sugerente que la del propio cantante, me estremecí de placer os lo puedo asegurar… y como cantaba… sus ojos estaban fijos en mí, una sonrisa maliciosa cruzo mi rostro y me levanté poniéndome enfrente del escenario y empecé a bailar con las demás chicas que ya lo hacían babeando. Deje que el ritmo invadiera mi cuerpo, era fácil, me encantaba bailar y más esa canción, mis caderas iban solas y mis manos se deslizaron por mi piel provocadoramente. Las enfervidas fans le pidieron otra y otra y yo volví a la mesa abanicándome, me senté y bebí apoyando el vaso frio entre mi mejilla y el cuello. Aragorth también regreso.

  • ¿No os dan un poco de asco este par? ¿Es que tenéis que ser perfectos? – bromeó Toni.

Estuvimos un rato más allí charlando y luego subimos a casa de Sergio y nos pusimos a jugar a la consola.

  • No, no pienso jugar al trivial, esta siempre nos gana – protesto Ruth.
  • Vamos a hacer dos grupos pero a estos dos los separamos – propuso Eva
  • Mejor vamos hacer un chicos contra chicas.
  • Vais a morder el polvo – sonreí enarcando una ceja divertida.
  • ¡Que te crees tú eso!

Jugamos un buen rato entre risas y empujones y alguna que otra trampa y luego los dejamos echando una de carreras o de futbol ya no sé, me quede apoyada en el marco del pasillo mirando a Aragorth.

  • Yumi – me llamó Sandra y yo me reuní con ellas en la habitación - ¿Qué?
  • Que se te van los ojos… deja de comértelo.
  • ¡Yo no me como a nadie!
  • ¡Nooooo! – dijeron a coro
  • Esta buenísimo tía, si yo tuviera a ese hombre en mi casa ya me lo habría tirado – dijo Ruth.
  • Pero que bruta eres, tú siempre con lo mismo… – la miré a ella y a Sandra - ¿Bueno que? – las mire espachurrándome en la cama.
  • ¿Cuándo piensas hacer algo? – me miro Sandra
  • ¿A qué te refieres?
  • Lo sabes muy bien… ¿Qué pasa contigo?
  • Nada.
  • ¡Tía es que pareces de piedra!
  • Pero qué manía tenéis, no necesito a nadie, me gusta mi vida, seré una vieja solterona, gorda…, gruñona y rodeada de gatos.
  • Gruñona si, ahora gorda lo dudo.

Reí y dejé mi vista vagar por la revuelta habitación.

  • Yo también echo un polvo cuando me apetece, así que dejadme en paz.
  • No es eso…
  • ¡Dios! Que pesadas – me levanté y me fui al comedor, estaba harta de aquello
  • Eh ven aquí – me dijo él, se le veía tan feliz… su sonrisa era tan sincera, lo estaba pasando bien, sonreí y me deje sentar en sus rodillas.

Rafa le echo una discreta mirada… ¿celosa? Echamos unas cuantas risas más y cenamos unas pizzas y luego volvimos a casa.

  • Parece que lo has pasado bien – sonreí mirándole
  • Sí – me devolvió la sonrisa.

Parecía tan humano… tan sencillo, tan… increíble, suspiré jugueteando con mis manos y seguí adelante hasta la puerta del edificio donde vivía. Subimos en silencio pero mi mente no paraba de pensar.

  • ¿En qué piensas? Has estado muy callada todo este rato.
  • Nada importante… tonterías de críos.
  • Si tan concentrada te tiene es porque sí es importante, importante para ti. Tú no te pones a pensar tanto en necedades.
  • No, de verdad – le di la espalda cogiendo el jarrón de agua sirviéndome un vaso.
  • Voy a cambiarme – dijo él y yo asentí.

Yo también me fui a cambiar, cogí unos pantaloncitos blancos y la camiseta y me senté en el sofá, él regreso con un pantalón cómodo y negro y una camiseta sin mangas también negra y se sentó en el otro extremo, miré su pecho y sus brazos… y me acurruqué entre ellos apoyando la cabeza en su torso, me sentía tan bien… protegida de todo. Me paso el brazo por la cintura mientras que con la otra mano enredaba sus dedos en mi pelo y yo jugueteaba con sus dedos mirando la tele. Deseaba besarlo pero no podía, no debía, lo sabía… aún así el corazón me saltaba dentro del pecho, plegué las piernas y él me echo la mantita por encima sin moverse, pase los dedos sobre el suave tejido sin prestar demasiada atención a la ardiente escena que se desarrollaba en la peli.

  • ¿Tu primera vez? – pregunto de pronto rompiendo aquella situación.
Continuará...

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