1 de febrero de 2011

El Portal del Castillo del Tiempo .- Capitulo 8



Los edificios acristalados asomaban por encima de su cabeza, estaba cerca de su objetivo, había sido fácil localizarla, cruzó la recepción del lujoso edificio y le indico al botones el número del piso donde quería ir. Una vez en el rellano pico a la puerta.

Una despampanante pelirroja le abrió solamente con un conjunto de lencería.

  • Aragorth… así es cierto que has vuelto, pasa cielo – se apartó a un lado para que pudiera entrar.

Él obedeció y miró el piso mientras ella lo repasaba descaradamente con una sonrisa entre maliciosa y lasciva.

  • Siempre has tenido muy buen gusto Verónica – se giró cara a ella observando sus ojos de un tono miel casi dorado.
  • Me alaga que hayas venido a verme, sírvete tú mismo, estas en casa.
  • No esperaba menos – la observo sentarse con las piernas cruzadas sobre el sofá de un modo sexy.

Aragorth se dirigió al mueble bar y sirvió dos anchas y grandes copas de licor tendiendo uno a la mujer que la cogió rozando su mano.

  • Bueno y ¿Qué paso? – lo miro con intensidad.
  • La elegida del viejo me liberó sin saberlo.
  • ¿Sin saberlo? – se sentó de rodillas frente a él con los ojos como platos.
  • Sí, eso parece.
  • Vaya… interesante – sonrió perversa poniéndose sobre él y desabrochándole la camisa con sus delicados dedos.
  • Sí, mucho.
  • Bien… ¿y por qué no rompes el lazo entonces?
  • No es tan fácil, es poderosa Verónica… mucho y no sabe absolutamente nada y aún así se las apaña para atarme bien corto – acarició su espalda y sus pechos mientras sentía su lengua jugueteando en su cuello.

La pelirroja bajo hasta quedar de rodillas en el suelo entre las piernas de él que enredo sus dedos entres sus rojos rizos.

  • Verónica – murmuró
  • ¿Y es bonita?
  • Mucho.
  • Oh… ¿más que yo? – levanto la cara con un puchero delicioso.
  • Me temo que sí.
  • Eres malo Aragorth – rió volviendo a lo que estaba haciendo.

Acabaron recorriendo todos los rincones del piso hasta acabar en la cama, las sabanas revueltas caían hacía un lado. Aragorth puso la mano tras la cabeza y miro al techo acariciando distraídamente la espalda desnuda de ella.

  • Falta muy poco para el regreso del maestro…
  • Cierto.
  • Sí, pero no hay ni rastro de la elegida. Todas están como locas por ser la próxima reina, pero las pobres ilusas no saben que sólo puede ser la que tenga la marca – suspiro – Yo sería una reina estupenda.
  • Por supuesto que lo serías no hay una diablesa igual. Siempre has sido muy lista, al menos tú sabes eso.
  • Por desgracia no es suficiente. Y bueno… me ahorro hacer el ridículo. Quizás tampoco podría soportar su… calor.
  • Lo que no entiendo es cómo le perdisteis la pista ¿Nadie sabe nada de la chica?
  • Es lo que hay… se cabreara – suspiró – Aragorth, corre un rumor… dicen que el maestro… en la última batalla perdió su cuerpo al menos por un tiempo y dicen que él ocupara el cuerpo de alguno de vosotros, el que sea el mejor candidato para albergarlo.
  • ¿Por qué me cuentas eso?
  • No se… tú eres… distinto.
  • Tengo que irme ya.
  • ¿Tan pronto? Pensaba que tal vez… podríamos hacer otra ronda, me he divertido y tú… estabas algo necesitado ¿Te tiene a pan y agua? – sonrió perversa.
  • En otro momento Verónica.
  • Vale encanto, ya sabes dónde estoy.
  • Nos vemos preciosa.
  • Eso seguro… vas a venir mucho a verme ¿qué problema tiene esa mujer para no haberte metido ya en su cama? – jugueteó con su lengua y una fresa.


Cuando llegué a casa él no estaba, sonreí feliz y encendí las velas que tenía dispersas por el baño, puse el estéreo y llene la bañera con un poco de espuma y aceites aromáticos, necesitaba relajarme. Me desnude y me metí en el agua calentita y apoyé la cabeza en el mármol cerrando los ojos. Ese viernes no habría fiesta. Mis compañeros ya estaban en casa, con sus familias y cuando estuvieran mejor ya haríamos una fiesta.

Estaba medio adormilada cuando míster demonio irrumpió en mi baño apareciendo sin ser invitado. Grite, me levante y enseguida volví a meterme en el agua echa una pelota.

  • ¡¿Pero qué demonios haces?! ¡Fuera!
Continuará...

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