25 de febrero de 2011

De vuelta a la Tierra .- Las Caras de Urd - Cap.8


Me costó abrir los ojos, arrugue la nariz, Abraham movía frente a mi cara un frasquito de olor peculiar, me intente incorporar pero me mareé, no se cual de los dos me dijo que no me moviese aún, tenía unas hojas en la frente con algo húmedo y viscoso, me lo quite, no soportaba su olor, me asfixiaba, sin embargo flotaba en la brisa un olor dulzón como de rosas o jazmín y lo seguí olfateando el aire hasta que quede apoyada en el cuello de Azrrael, sentí que se estremecía cuando sin querer mis labios entreabiertos rozaron su yugular. Me frote los ojos y me seque la humedad ¿había llorado?

  • Toma bebe un poco de esto – dijo Abraham tendiéndome un cuenco con lo que parecía agua turbia. Tenía tanta sed que me lo bebí, debí hacer una mueca que les hizo reír por que se partían la caja, saque la lengua.
  • Esta asqueroso, ecs – me pase el dorso de la mano por los labios y me senté -¿Qué ha pasado? – pregunte mirándoles.
  • Eso deberíamos preguntártelo nosotros, parecías otra persona ahí dentro…de pronto te quedaste en blanco, petrificada, nos preguntaste si oíamos esa música y te desmayaste. Si no llega a ser por Azrrael te hubieses dado un buen chichón Señorita – sonrió y me despeino el cogote.
  • ¿Estas bien? – pregunto Azrrael. Asentí, miré el emplazamiento y suspire, no entendía que había pasado pero tampoco le di muchas vueltas, me agarre el brazo intentando reconfortarme pues aún me sentía extraña, temblaba, pero ya esta acostumbrada a las cosas raras, de todas formas, notaba algo en mi interior que iba cobrando más fuerza y de nuevo ese susurro en el viento.
  • Eres un poco rarita – sonrió – será mejor que nos vayamos se ha hecho tarde y debemos llegar al hotel.
  • Si, suelen decírmelo… ¿Qué hora es?
  • Bueno, digamos que llegarás tarde a tu reunión.
  • ¡Oh no! Lo había olvidado.

El jeep se puso en marcha a tan duras penas que creí que nos quedaríamos ahí tirados, pero luego parecía ronronear como un gatito, al llegar al hotel quedamos en vernos má

s tarde para tomar algo, subí a la habitación y deje correr el agua para darme una ducha, que bien me sentó el agua corriendo por mi piel, salía bastante marrón a causa de la arena pero enseguida me limpie y entonces fue cundo me di cuenta al frotarme el cuello de que el collar estaba allí ¡No lo había soñado! Era real.

Saqué uno de los vestidos que había traído y me lo puse, me deje el pelo suelto y tras recoger las llaves del coche baje hasta el parking y me fui directa a la reunión. Irremediablemente habían empezado a cenar pues al llegar al hotel se nos hizo de noche, me disculpe como pude diciendo que todo era un caos, un punto a mi favor por lo menos, y me senté tras ser invitada, me incomodo que todos se levantasen cuando entre. Mierda, había elegido mal día para ponerme vestido, pues la cena era en el suelo con cojines y una mesa baja, me senté lo más digna que pude y proseguimos con las negociaciones etc., Ezequiel no me quitaba ojo de encima y su mirada era no se… escrutadora, en cambio no había visto a mi tío más enfadado que entonces o era preocupación? Deguste todos los platos de los que fui capaz y bebí quizás más vino del conveniente, pero no se percataron de ello. Omar me ofreció agua miel y dátiles de su propia casa.

  • Bonito collar, ¿de donde lo has sacado? – pregunto de repente en mitad de la cena Ezequiel.

Me lleve instintivamente la mano al collar, no me lo había quitado, lo mire y lo sujete un momento entre los dedos y lo deje posarse de nuevo sobre mi piel. No podía decir que lo encontré en el desierto mientras flipaba, ni siquiera podía mencionar que había ido por ahí con dos desconocidos o a mi tío le daría un ataque y ya estaba bastante enfadado, ahora todo el mundo centraba su atención en mi cuello, el silencio se hizo evidente y las caras de todos… uff, que miedo… que seriedad. Debía ser convincente y no dudar, seguro que mi tío pescaba la mentira enseguida. Sonreí encantadora y me lancé

  • Lo compre a un chico esta tarde en el hotel – dije sin darle importancia y bebí un poco, recordaba que rondaba por ahí un chiquillo que vendía bisutería a los turistas así que podía ser verdad.
  • Es muy bonito – dijo acercándose e intuí un puedo y deje que lo cogiera para verlo mejor pero cuando creía que lo haría detuvo su mano y la aparto.
  • Parece bueno y todo – rió Ezequiel frotándose la mano – Estos chicos cada día se las ingenian mejor.

Todo el mundo rió y la cena prosiguió, volví a tocar el collar, baje la vista y eche un vistazo a tío Akesh que me miraba serio y tan quieto que parecía que no se fuera a mover nunca. Acabe de tragar el liquido de mi boca y volví a comer. Era mi imaginación o de golpe había una tensión palpable en el ambiente, ¿podría usar el cuchillo para cortarla? No, no había cubiertos, sólo las manos.

  • Bueno, será mejor que dejemos ya de hablar de trabajo – sonrió Omar – He preparado algo para ustedes – levantó las manos y con una palmada quitaron la mesa para que nos pudiésemos recostar contra los almohadones.

Era una sala amplia y acogedora, los hombres aceptaron fumar un poco a la manera tradicional, otros en cachimbas, el aire se lleno de olor a frutas y especies. Omar explico que en honor a otro de los invitados Khan, había preparado un espectáculo de fusión, uno con bailes tradicionales de Egipto y otros de la tierra de Khan, mira, podría ver la danza del vientre en directo, haber si aprendía algún paso, así como pequeñas luchas simuladas.

Las chicas eran muy guapas y me invitaron a participar en la danza, enseguida acortaron un poco más mi vestido aguantándolo con un pañuelo e intente imitarlas y se ve que con mucho éxito según los vítores, la verdad me estaba divirtiendo y me olvide de todo lo sucedido en ese par de días. Mi tío por fin sonreía y bebía junto a Omar que le hablaba al oído, a ratos reían en otros me miraban y asentían ¿de que estarían hablando? Me gustaría saberlo. Cuando la música acabo las chicas se despidieron y yo volví a mi sitio.

  • ¿Disfruta Señorita? – me pregunto Omar, asentí y con una sonrisa me uní al brindis que me ofrecía al alzar su copa.
  • Espero que lo que viene ahora le guste también.

Empezaron las luchas, yo iba hablando con Ezequiel y con los demás, así como con mi tío, cuando acabase la velada seguro que me echaría un rapapolvo. Me encantaron las luchas tradicionales, pero cuando entraron dos chicas con la vestimenta tradicional y las armas egipcias me quede enganchada, me quede bien recta en mi asiento y me adelante, reseguía sus movimientos como un gato que sigue su presa, absorbiendo cada detalle, me recordó un poco a algunas escenas de una peli, pero de todas maneras estaba encantada. Una vez acabo su representación, miraron directamente a los asistentes e hicieron una inclinación. Le dijeron algo a Omar y este asintió, una de las chicas, la más diestra, estiro la mano

ante mí invitándome.


- ¿Quiereprobar Señorita?


Uno de sus tridentes salió volando de su mano y note que casi me rozó la mejilla y se clavó entre la maceta y el cojín de detrás, no pude reprimir una sonrisa maliciosa, me brillaron los ojos a causa de la iluminación y arqueando la espalda como un gato, me acerque levemente a ella que se había agachado, quede frente a su rostro enmascarado, ella retiro la mascara, era muy bella, de ojos negros enmarcados por el col, iba maquillada de forma tradicional, su piel dorada resplandecía, acerque mi rostro al suyo y casi rozando mis labios con los suyos cuando me alce elegantemente respondí.

- Por supuesto.

La chica sonrió complacida, desde cuando había rechazado Urd un reto claro. La chica se levantó, su semblante cambió, estaba serena, pero estaba muy seria.

  • Elije tu arma, no te haré daño – sonrió divertida.
  • Eso si consigues acercarte – miré las armas que había en el cojín de la chica que las portaba y me decidí por el mismo que usaba ella haciendo girar los tridentes sobre los dedos como hacen los vaqueros con las pistolas.

El combate empezó, no se oía nada alrededor, todos habían enmudecido y nos miraban, ella era muy ágil y no era sencillo deshacerse de ella, me defendí varias veces esquivando sus ataques, acabamos desarmándonos, nuestra respiración agitada era lo único que rompía el silencio, ella salto y cogió una lanza de una pared, yo preferí utilizar un palo arrojadizo que desvió su arma que cayó con estrépito al suelo, sin darle tiempo rodé sobre mi misma y me lancé con una pirueta hacia atrás para coger un arco que recordaba haber visto, no le iba a dejar coger otra arma, localice la flecha enseguida que tuve el arco en mis manos, lo arme y dispare, siempre había sido buena con las armas arrojadizas y con el arco, dispare, di en el blanco, la flecha se clavo en la muñequera de la joven clavándola a la pared, intento soltarse pero una segunda flecha ya había echo lo mismo con su otro pie, ella suspiro y se pego a la pared. Me acerque a ella tirando a un lado el arco y clave mis ojos en los suyos con una mano en la cintura. Alargue la mano y cogí su barbilla con suavidad para que su cara quedase un poco más a mi altura pues era lago más


bajita que yo.

  • ¿Y bien?
  • Me has ganado – admitió

Libere su mano de la flecha y me gire para ir a mi sitio cuando se abalanzó sobre mí, como ya lo preveía la esquive, la agarre y acabo con la espalda en el suelo y yo con un pie sobre su estomago. Ella sonrió satisfecha.

  • Muy bien.
  • Me enseñaron a cubrirme siempre las espaldas y no bajar jamás la guardia.
  • Soy Iset – me tendió la mano.
  • Urd – sonreí estrechándole la mano y ayudándola a ponerse en pie.

Todos aplaudieron y Omar se acerco a nosotras y nos rodeo con sus brazos.

  • Bravo, un espectáculo esplendido, Iset es mi hija, y jamás había perdido un combate hasta hoy, estoy impresionado.

Me ruboricé pensando que eso era una ofensa para él, pero como si supiera lo que estaba pensando se rió.

  • Venga bebamos y continuemos la fiesta. Me ha gustado mucho y eso refuerza mi teoría de continuar adelante con nuestro negocio con su empresa.

Mi tío me guiño un ojo y yo me senté bebiendo un poco de agua que me trajo un camarero.

  • Estoy impresionado – dijo Ezequiel arrimado a mi oído pues ahora había mucho barullo. – Pero ahora creo que deberíamos salir de aquí, mira – señalo a los hombres que había al fondo, se habían echo varios grupos, algunos jugaban a los dados, otros a cartas, otros estaban rodeados de chicas, parecía un casino-harén. Asentí y dejé que me ayudase a levantarme.
  • Tengo que avisar a mí…
  • No te preocupes por tu tío, esta ocupado, a demás estará encantado de que estés conmigo – sonrió malicioso en dirección a tío Akesh que estaba rodeado por tres chicas e intentaba mantener una conversación con Omar y otro par de hombres que parecían más ocupados en otros temas.
  • Tienes razón ¿Dónde vamos?
  • Ya lo veras.

Deje que Ezequiel me condujese hasta su coche, un Aston Martin negro, me abrió la puerta y condujo por la aún maltrecha ciudad, al llegar a un oscuro barrio aparco en una plazoleta y bajamos, me paso la mano por el hombro y nos metimos por unos callejones hasta que se paro ante una puertucha, pico con los nudillo y espero un momento hasta que se oyó una voz. Ezequiel le dijo algo al hombre y entramos en una casa pequeña de una sola estancia, levanto una estera y Ezequiel me guió a lo largo de una escalera metálica hasta llegar a un pasillo estrecho, al final había una puerta metálica y un ¿segurata? le hizo una seña y este nos abrió.

¡Dios había una disco clandestina increíble! Y la música me encanto, Ezequiel me miraba divertido apoyado en la barandilla mientras yo repasaba el local con la mirada, era circular, o eso creía, en la parte de arriba había algunas mesitas con reservados hechos en agujeros de roca, los asientos de una sola pieza estaban tapizados y las mesitas eran troncos de árbol con una pequeña lamparita. Abajo estaba la pista y en la aparte más alta la cabina del Dj, desde arriba de esta se dispersaban las luces de colores, por los lados de la pista había un pequeño pasillo que separaba más reservados iguales a los de arriba.

  • Menudo negocio tienes aquí montado.
  • ¿Te gusta? – me pregunto mientras me cogía del brazo y me llevaba hacia abajo.
  • ¡Si!
  • ¿El reservado de siempre Señor? – pregunto un hombre trajeado.

Ezequiel no tuvo que decir nada, nos dejaron pasar y enseguida nos metimos en un amplio reservado y nos trajeron bebidas, nos sentamos.

  • Vaya… ¿así que es a estos negocios a los que te referías el otro día? – sonreí
  • Bueno, en parte…
  • ¿Lo saben los otros?
  • No tiene por que conocer todos mis negocios Urd.

Cogí la copa y la olí, parecía manzana verde, sorbí un poco, estaba bueno y helado!


Continuara...


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