20 de febrero de 2011

De vuelta a la Tierra .- Las Caras de Urd - Cap.7




Horus estaba representado en la cornisa del templo adyacente, así como Hamon-Ra, Osiris e Isis en una pequeña construcción de aspecto extraño, parecía una espiral ascendente de columnas pero que luego desaparecía bajo tierra bordeado por tupidas palmeras. Me acerqué a otra de las construcciones era un pirámide escalonada, sin absolutamente ninguna inscripción ni grabado, subí cada vez más lentamente pues los escalones se hacían más grandes hasta que llegue a la cúspide y miré alrededor con los brazos en jarras.

- La vista es increíble – grite. Horus paso sobrevolándome, extendí las manos y con los dedos casi roce las plumas de su tripa.

  • Te dije que te gustaría, vamos baja – sonrió Azrrael adelantándose hasta la pirámide y cogiendo la linterna de la mochila me tendió la mano para que le siguiera una vez llegue a bajo – Sigamos.
  • ¿Y como pretendes entrar? No creo que puedas forzar la puerta – crucé el umbral una especie de corriente me sacudió por dentro, alce la vista, otra vez esos símbolos extraños… no eran jeroglíficos, si lo fueran podría descifrarlos y entender los símbolos pero no, Abraham se quedo tras de mi mirando la entrada oscura, juraría que antes de poner los pies en la loza estaba cerrada, pero quizás me confundí, entrecerré los ojos para ver mejor y avancé hasta la entrada, probé de leer las inscripciones que recorrían la puerta, reseguí las filigranas con los dedos, Horus sobrevolaba el lugar en círculos, podía sentir el batir de sus alas contra el viento y su grito.

Tan sólo aquellos que posean el equilibrio podrán traspasar esta primera puerta, oscuridad y luz confluyen aquí pero nada es lo que parece. El ayer me ha creado; hoy es el día de hoy, y yo soy creador del mañana”

  • ¿Qué has dicho? – hablaron ambos a la vez mirándome fijamente.
  • ¿Yo? No he dicho nada – me encogí de hombros, que yo supiera no había pronunciado palabra, o eso creía…
  • Urd, acabas de leer parte de la inscripción ¿entiendes ese lenguaje?
  • No, no lo había visto nunca – me interrumpí al recordar como un flash de mi sueño, me toque la nuca y apartándome un mechón de pelo los aparte y entré, esa última frase ya la había oído antes…

De nuevo sentí aquel susurro y mi nombre mezclado en el viento y esa corriente calida dentro de mi cuerpo, cerré los ojos y extendí las palmas de las manos, era como si no fuera consciente de mi misma, como si lo viera todo desde arriba, como los ojos de Horus, murmure algo, no se que, pero de nuevo el fuego prendió las antorchas y la oscuridad desapareció dejando sólo las sombras alargadas que proyectaban las formaciones interiores y que parecían vivas. Las paredes brillaban como si fueran el cielo nocturno con miles de puntitos blancos, había diminutas gemas incrustadas por doquier, frente a nosotros había una puerta de ciertas dimensiones y a ambos lados habías unas bolas de colores con formas distintas estaban incrustadas, algunas parecían escarabajos sagrados. Uno de los chicos estaba sacando una palanca y no pude evitar reírme.

  • ¡O vamos! Menudos arqueólogos estaríais hechos, no necesitáis eso, sólo hay que saber cual es la clave que abre la puerta.
  • ¿Y tú sabes cual es? – preguntaron.
  • Veamos… - dejé que mis manos recorrieran las piezas, apreté una de las figuras por intuición, y reseguí con la mirada todo el lugar, fui apretando cada una de ellas hasta que cuando iba a empujar la última me detuve, no era esa, no estaba a la vista, me separe de la puerta y me coloque en el centro, cerré los ojos y deje que mi mente volará, cuando los abrí sabía perfectamente que debía hacer, me agarré a uno de los saliente y trepé por la roca hasta llegar a la parte superior de la puerta, estaba ahí, ese era el símbolo, una luna con una mitad negra y otra blanca de modo que formaban dos medias lunas por separado, la apreté hasta el fondo y volvió a oírse el movimiento de los engranajes, salté al suelo con una pirueta, los miré satisfecha y pase por la puerta asiendo una antorcha. Miré por encima de mi hombro y observé a mis compañeros que seguían mis pasos, era impresionante, pasamos a través de unos túneles, y una vez contemplamos el interior de toda la extraña pirámide llegamos al templo, era precioso y no podía describirlo, alcé la mirada, podía verse el cielo desde ahí recortado contra una representación del Dios Horus con su cabeza de halcón, en una de sus alas extendidas había el ojo que todo lo ve. Descubrimos cada uno de sus rincones y salimos a la luz del día, respiramos hondo intentando vaciar la nariz del olor del aire cerrado y viciado del interior con eones de polvo concentrado. El sol nos hirió los ojos, apagué la antorcha y corrí hacía la estructura que restaba por ver, un escalofrío me hizo dudar, pero aquel lugar me llamaba tanto… me introduje en el pasaje y camine por el centro del camino, aquello me recordaba al desfile de las estrellas de las galas de Hollywood, el aire azoto mi cabello y oí aquella voz, no recuerdo haber acabado de entrar ni lo que había visto, solo se que cuando volví a mirar alrededor estaba en una sala de forma pentagonal, en las paredes que nos rodeaban excepto en la de delante y por tanto central, había talladas en las rocas una especie de altares, cada uno contenía una figurilla de alguna deidad, las más poderosas de todas las culturas, no podía entenderlo, como podía haber aquella mezcla de culturas ahí, en ese desierto, eran todas tan antiguas que era imposible pero allí estaban, incas, mayas, egipcias, aztecas, celtas, nórdicos … perdí la cuenta, seguían un aparente orden, al lado de una deidad bondadosa había su homologo contrario, me estremecí, la pared frontal era de un rojo tan oscuro e intenso a la vez que era agobiante y aquel olor… el aire era pesado y el polvo flotaba entre los haces de luz, había inscripciones y un altar de piedra negra, avance hasta quedar frente a este y mire la pared donde parecía haber un mapa o alguna cosa similar echo como una constelación con las piedras brillantes que habían adornado la pirámide. En lo alto culminando el mapa había unas espadas, una parecía Vikinga no se por que y la otra me recordaba un poco a una de las cimitarras que portaba la Diosa Kali en una de sus manos. Me resultaba familiar pero aquel olor me nubla la mente, unos tambores resonaron, los oía encerrados en mi cabeza en una cadencia infernal, me tape los oídos y cerré los ojos pero no paraban, cada vez eran más fuertes.
  • ¿Oís eso?- pregunte, un resplandor como un rayo me sobresaltó, vi el altar y aquellas manchas incrustadas, el humo, los cánticos, la sangre… sangre humana ese era el olor, una imagen me asaltó, una mueca horrible frente a mi, un grito inundo el lugar, había una chica tendida en el altar, y rodeándola un grupo de hombres con túnicas de diversos colores según el rango, había uno tras el altar con las manos extendidas, las mangas de la túnica flotaban a lo largo como alas enormes, la corona de plumas que llevaba ensombrecían el rostro, si es que tenía, el pelo negro y algo ondulado caía tras el tocado, la capa por delante dejaba ver su torso bronceado y musculoso, frente a la chica había otro hombre desnudo con el enorme miembro erguido y la cara cubierta por una mascara horripilante, otras tres chicas se hallaban de rodillas con la vista al suelo polvoriento sólo cubiertas por unas gasas que no servían de nada, se movían rítmicamente como si una brisa las meciera, una alzó la rodilla del suelo, alzó las manos y levantó el rostro. Las otras hicieron lo mismo, empezaron a danzar como zombis, pero yo creía distinguir sus sollozos, su miedo, los ojos parecían en blanco y seguían meciendo sus cuerpos como víboras lascivas, el hombre desnudo se situó con un paso frente a la chica tendida, le separo las piernas, el sacerdote alzó las manos y tras de su cabeza alzó una daga, la asió sobre su cabeza con las dos manos y tras pronunciar unas palabras bajo rápidamente las manos, la chica estaba sujeta de las muñecas, las piernas parecían suspendidas separadas en el aire como si algo invisible le impidiera moverlas, la sangre empezó a manar de la herida de su pecho, no era aún lo suficientemente profunda para matarla, entonces aquel otro hombre la envistió con su miembro, la sangre salió de entre sus piernas, pronto se hundiría el acero en su cuerpo...
  • ¡Urd!

Oí que alguien gritaba mi nombre. Cuando recobre el sentido estaba en el Jeep, Azrrael me sujetaba la cabeza y me zarandeaba levemente, sentí un estruendo como un estal

lido o un trueno.

Estaban hablando entre ellos pero no acaba de entender lo que decían.

  • No deberíamos haberla traído aquí Azrrael, es demasiado pronto.
  • No había otra salida, ya hablaremos más tarde, se esta despertando…
Continuará...

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