17 de febrero de 2011

De vuelta a la Tierra .- Las Caras de Urd - Cap.6






Cuando conseguí ver estaba en medio del desierto, sola, llame a mis acompañantes una y otra vez pero mi voz se perdía en la inmensidad del espacio como un insecto, ni siquiera tenía la respuesta del eco de mi propia voz, sólo veía la arena dorada a mi alrededor y no hallaba ningún fin, me puse la mano en la frente a modo de visera

  • Hola ¿hay alguien? – la voz se me quebró, miré mis precarias zapatillas y empecé a andar.

Subí por una duna que parecía no acabar nunca, una vez ahí arriba volví a mirar alrededor en busca de alguien, sólo estábamos el desierto inmenso y yo… entonces me fije bien y creí ver algo que brillaba por entre la arena y una pocas rocas, avancé a trompicones hasta allí, me deje caer de rodillas en la tierra y escarbe apartando la arena del objeto que brillaba, un lagarto se alejo corriendo de mí, más allá un escorpión buscaba cobijo entre las rocas ¿desde cuando había una montaña allí? Debía estar alucinando, sacudí la cabeza y me centre en sacar el objeto, jamás me había podido resistir a nada que brillase, se me escurrió un poco bajo la arena pero conseguí recuperarlo, parecía estar allí tendido a la espera de que alguien lo encontrase, acabe de quitarle la tierra y sople sobre el objeto situándolo a la altura de mi cara para poder ver que era, era un fino colgante, la cadena de oro estaba en perfecto estado, reseguí la cadena, había una pocas cuentas de colores vivos pero lo que me dejo sin respiración fue el colgante, tenía una forma extraña y parecía roto pero realmente era muy antiguo, los signos que contenía no los podía descifrar pero las yemas de mis dedos los resiguieron como si los conocieran, en un extremo encontré el Ank, símbolo de la vida eterna, tenía unas pequeñas piedras brillantes, una de color violeta, otra azul, blanca y negra, era de oro no había duda y sentía que era de una de las dinastías más poderosas del antiguo Egipto, ancestral, desprendía una vibración casi imperceptible que me recorría todo el cuerpo inundándome con miles de rayos calidos, gemí, sentía su poder inmenso entrando por mis dedos, era algo indescriptible, era tan hermoso, me levante y me puse el collar alrededor del cuello instintivamente y avance por el desierto como si flotase sobre un mar de suave arena hasta que la tierra cedió bajo mis pies y me precipite en una caída sin final, la oscuridad me envolvió junto a mi grito que se ahogo al sentir el estomago casi en el cuello, intenté agarrarme a lo que fuese si éxito hasta que al final note lo que suponía era una raíz y me agarré

pero resbale por la fuerza de la caída haciéndome un corte en la palma de la mano hasta que caí de bruces sobre algo duro y frío.


Me incorporé dolorida apoyando las manos por delante del cuerpo y eche la cabeza hacía atrás para que el pelo me dejase la cara al descubierto, abrí los ojos y miré alrededor, no se veía nada. Me levante a tientas, no notaba paredes alrededor, parecía estar en el centro de algún sitio, mire el agujero por donde había caído pero no veía luz al final pues con la vista no se alcanzaba a ver el final, un eco en mi cabeza me dijo sabes cual es la palabra, mis labios se movieron solos en una palabra sin sonido, oí como una oleada y el golpe de aire que se genero casi me tiro de espaldas y con el la luz avanzó poco a poco comiéndose la oscuridad, miles de antorchas se iban encendiendo al paso

de aquel aire, fue entonces cuando pude ver la sala de un antiguo templo, las columnas dividían el mismo espació en una avenida principal y amplia de otras dos que iban por detrás de las

columnas, era increíble! Avance por la sala girando sobre mi misma, no podía creer lo que estaba viendo, acaricie una de las columnas, estaba exquisitamente adornada, algunas con formas geométricas, otras florales, con oro y colores rojos y verdes, las paredes estaban llenas de símbolos e imágenes, continué andando por el templo, debía encontrar la salida, pero a medida que me iba internando más en sus salas, más sentía que conocía aquel lugar, era como si estuviera… en casa.

Mis pies me llevaron a una sala anexa, al final de aquel cubículo había una representación de Anubis, se alzaba varios pies sobre mi cabeza, retrocedí sobre mis pasos de cara al Dios, sentí

entonces el tacto suave pero irregular de las baldosas, mis pies estaba descalzos, tope con una piedra que sobresalía en la pared contraria, resbale hacía atrás cuando esta cedió abriendo una puerta y caí por una especie de tobogán, me levanté y me puse bien la especie de cinturón que llevaba por falda, era vaporoso de tonos dorados, una especie de joyas engarzadas me hacían de exquisito sujetador, mire mis piernas, de las aberturas laterales de la falda sobresalías unos adornos de cuentas, en la muñeca derecha tenía una especie de brazalete ancho, poco a poco mis ojos se adaptaron a la nueva luz de aquel lugar, el aire era menos denso ahí, corría un brisa fresca y ligera que llevaba consigo el olor dulce de las flores egipcias, en mi pelo se entrelazaban algunas de aquellas florecitas blancas, oía agua corriendo y seguí en la dirección de la que parecía provenir, dentro de aquella sala tallada en la mismísima roca había un oasis interno, las palmeras crecían verdes e impetuosas, había vegetación y flores de loto rosas, me acerque hasta el lago que se formaba gracias a una caída de agua que se filtraba por una abertura en lo alto de las rocas como un balcón, me agache y bebí de aquel agua, estaba fría y me vigorizo, estaba tan contenta que me quede petrificada cuando escuche una especie de siseo, algo se acercaba por detrás, a mi espalda algo se movía, se arrastraba…no… reptaba, una sombra se perfilo en la pared de roca frente a mi, tragué saliva y con un escalofrío que me provocaba la certeza de lo que iba a ver me gire, vi un cuerpo tubular lleno de escamas albinas y amarillas, seguí con la vista hasta donde llegaba mirando cada vez más y más arriba hasta hallar la cabeza de aquella enorme…¡Serpiente! Dios, era enorme, no se cuanto debía medir pero su ca

beza casi rozaba el techo y era altísimo, era una inmensa cobra pero no era negra, su dibujo me recordaba más al de una pitón albina, su lengua bífida vibro, parecía una aparición de la mismísima Uadyet. Sus ojos diamantinos me atraparon, acerco su enorme rostro al mío, vi sus colmillos y creí que era el fin, pero volvió a levantar majestuosa su testa e hincho de nuevo su cuello, quería correr pero seguía viendo en mi retina sus ojos dorados y como hipnotizada empecé a contornearme en una danza con la serpiente, los cascabeles de la pulsera de mi tobillo repicaban, ascendí por el cuerpo de la víbora hasta que con su ayuda quede sobre su cabeza, se irguió y repto hasta el otro extremo de la gruta y levanto la cabeza al llegar a una abertura y me dejo a la altura de una terraza para que bajase ahí, obedecí y desde aquella atalaya observe co

mo desapareció entre una luz dorada y negra, las antorchas se fueron encendiendo de nuevo, conocía aquel lugar, era un pasillo estrecho, si extendía los brazos podía tocar con los dedos las paredes y avancé así como hacen los niños, llegué a otra sala inmensa aún más hermosa que la anterior, caí de rodillas, un dolor inmenso atravesaba mi pecho. Me lo agarré todo era oscuridad, temblaba, había algo tan opresivo que creo que grité pero cuando abrí los ojos estaba en el jeep con Azrrael y Abraham. Me había dormido durante el trayecto, me frote los ojos, nos habíamos detenido.

  • Buenos días princesa – me sonrió Abraham mientras descargaba las mochilas
  • Seguiremos a pie desde aquí. Iremos por aquella calzada – me indico Azrrael abriéndome la puerta para que pudiese bajar.
  • Vaya… - silbé estábamos rodeados por kilómetros de arena - ¿Aún quedan calzadas?
  • Alguna, todas conectaban con la Gran Ciudad del Cetro – respondió Abraham
  • Sí, lo sé.
  • Vamos.

Caminamos durante un par de horas cuando Abraham extendió el brazo para que Horus pudiera posarse encima, su grito cruzo el cielo, era un Halcón precioso y si no estaba loca parecía comunicarse con el hombre a través de la mirada y la voz. Abraham lo acerco a mí para que pudiese verlo bien, me perdí en aquellos ojos tan negros, tenían una inteligencia especial, alargué los dedos y los extendí frente al animal y espere a que este con un gesto aceptase o no mi caricia, fue algo increíble, ambos hombres intentaron detenerme como si fuera a picarme, pero Horus ladeo la cabeza como en una reverencia y se dejó acariciar abandonando el brazo de Abraham por el mío, sus garras se me clavaron, el dolor era punzante y al ser sus uñas tan afiladas la sangre me resbalo por la herida. Abraham lo cogió sorprendido pero a la vez satisfecho y tras poner su frente contra la del Halcón lo lanzó de nuevo al vuelo, nos seguiría en nuestra expedición.

  • Le has gustado, Lady Halcón – indicó Abraham que emprendió de nuevo la marcha riendo.
  • ¿Y a quien no? – murmuró Azrrael – Eso le a dolido sabes – me miro Azrrael – Nadie, jamás, excepto él, había conseguido que Horus se dejase acaramelar – siguió con sus ojos fijos en mi hasta que acabo de vendarme el brazo.
  • No era mi intención molestarte Abraham – me adelante hasta situarme a su lado.
  • No lo has hecho, me alegra que le caigas bien – me dijo haciendo una especie de saludo-reverencia del desierto. -¿Cómo te has hecho ese corte? – pregunto señalando mi mano.

Me la mire y me encogí de hombros – No lo sé – me lleve la palma a la boca y limpie los restos de sangre.

Seguimos avanzando hasta llegar a un valle en mitad de una hondonada, parecía que no había fin en esas tierras, nos adentramos por una abertura que

había en el monte central, tras varías grutas salimos a otro valle verde , una cascada nos empapo refrescándonos, continuamos en dirección al sol hasta hallar los restos de unos antiguos templos y una pequeña pirámide que no se acabo de construir con una esfinge, parecía una replica de la parte más conocida de Egipto pero era muy distinto y de nuevo Anubis presidía una de las entradas de la pirámide que tenía un camino central con una pequeña recepción techada con dos columnas con representación de Hator en el capitel, el otro lado de la entrada la custodiaba Set ¿Cómo podía ser eso? Alce la vista al techado, y en lo alto como si se dispusiera a saltar sobre nosotros y atacarnos esta esculpida Apofis, por un momento realmente creí que se abalanzaba con las fauces abiertas sobre mí y caí de culo sobre la arena calida con una mano por

delante de mi cara, como si eso hubiese servido de mucho… palpe algo duro en la arena, me levante quedando de rodillas y rebusque en la arena con cuidado lo que había notado, lo estire, estaba atrapado por el peso de la arena pero tire un poco más y caí de espaldas cuando lo que fuese se libero, me tape la boca para no gritar, tenía en las manos parte de un esqueleto humano. Lo solté y me levante como un resorte limpiándome la mano en la parte trasera del pantalón.

  • ¡Joder! Muy bien Urd, un hallazgo que haces y es un muerto – me replique en voz alta.
  • Bueno… no es una momia pero algo es algo – dijo Azrrael mientras ayudaba a Abraham con los restos de ese pobre hombre, creo que llevaron a cabo una pequeña ceremonia y le dieron sepultura.
  • No deberías llamar a alguien para informar - objete.
  • No creo que sea conveniente, a demás aquí no hay cobertura. Debió de trabajar aquí.
  • O intento entrar sin ser aceptado – murmuré mirando la estatua de Apofis - ¿Qué es este lugar? Nunca había visto a los dioses de la luz con los de la oscuridad guardando… ¿el que? Esto es muy raro – me sacudí la arena del trasero y mire alrededor, me recordaba a una ciudad tallada en el interior de un cañón rocoso tipo Petra pero a la vez había una extensión inmensa de valle arenoso y oasis desperdigados con una frondosa vegetación de un verde insolente.
Continuara...

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