9 de febrero de 2011

De vuelta a la Tierra .- Las Caras de Urd - Cap.4



Parpadeé varias veces, Azrrael aún me sacudía y Abraham me tomaba el pulso, intenté calmarme y recobrar el aliento, entre los dos me ayudaron a tenderme en el sofá de recepción, tenía que racionalizar aquello, lo que había visto no era real, no podía serlo, había sido el mido, seguro… después de ver tanta serpiente el subconsciente debía de haberme jugado una mala pasada, pero no… estaban ahí de nuevo, a mis pies, me eche para atrás como un gato atrapado hasta que se detuvieron, las dos cobras desplegaron sus capuchones, una era blanca, la otra negra e hicieron ¿una reverencia? Luego sentí como la lengua de un áspid rozaba mis labios, grite, grite como jamás había gritado en mi vida hasta que las palabras de Abraham en su dialecto me devolvieron a la realidad.

  • ¿Qué has visto? – me pregunto cogiéndome las dos manos.

No pude más que explicárselo todo, el semblante de Azrrael era serio, oscuro, parecía muy cansado, miré a Abraham que escuchaba atentamente y miraba a su compañero como en una comunicación mental.

  • Debéis pensar que estoy loca. ¿Quizás si que me he golpeado más fuerte de lo que creía? – dije tocándome la cabeza
  • No – respondieron ambos, Abraham miró a Azrrael que se levanto y se acercó a mí.
  • Será mejor que te acompañe a tu habitación, deberías descansar.

Asentí, me despedí de Abraham y subí hasta la habitación con Azrrael que no dijo nada.

  • Gracias por todo – dije mirando al suelo y luego a él con un suspiro.
  • No hay de que. ¿No confías en la gente verdad Urd?
  • ¿Por qué debería hacerlo? Nunca conoces bien a alguien – Me extraño que me hiciese esa pregunta, pues en las últimas horas era la segunda persona que me lo decía y mi instinto se puso alerta.

Azrrael sonrió con amargura, se giro y al llegar al arco se medio giró recostándose en el con una mano en el ladrillo.

  • Quizás haces bien. ¿Crees en los designios?
  • Sí.

Hizo un gesto con la cabeza y tras girarse me dio las buenas noches tras pedirme que descansase que mañana sería un día duro, no le entendí, pero entré en mi habitación más calmada. Me volví a dar una ducha para refrescarme y cuando salí de la ducha me pareció escuchar una voces familiares, salí con cuidado al balcón y miré hacia fuera, ahí estaban los dos hombres que había conocido y otro, cuando se apoyó contra la pared encalada la luz le dio en la cara, su piel era fina y dorada, tenía cara de ángel, el pelo tan negro como la noche le caía largo por su torso semi desnudo, era fuerte y tenia un aire de superioridad y arrogancia innegable, pero era majestuoso, sus movimientos gráciles y sensuales, y su boca era perfecta, sus ángulos marcados y fuertes… era tan… no se como describirle, discutían, no podía oír que decían pero sus caras lo decían todo, entonces el hombre misterioso miró directamente hasta donde estaba yo, sus ojos me atraparon como si fuera una hormiga en la tela de araña, sus ojos eran como una profunda laguna de aguas cristalinas y azules. Agarre la toalla para que no cayera, sonrió malicioso y me pegue a la pared para que no me vieran pues los otros dos iban a alzar la cara, con cuidado entre en la habitación y me metí entre las sabanas.

Debían de ser las seis de la mañana cuando me desperté, creí oír a alguien que me llamaba entre las brumas, me levante, estaba congelada, me castañeaban los diente y veía mi aliento recortado en la oscuridad, hacía muchísimo frío, demasiado para este lugar, me acerque a la ventana, había una niebla espesa, brumosa que cubría todo el valle, no se veían siquiera las copas de las palmeras, entre las sombras me parecía ver figuras vaporosas danzando, pero aquel frío petrificaba y cortaba la piel, cerré la ventana y entonces la ví, vi la nieve cubrir El Cairo ¿Cómo podía estar nevando? Me frote los ojos, no lo imaginaba, el cristal estaba escarchado, corrí las cortinas y me giré para volver a la cama, tenía los labios morados y las manos me dolían y otra vez aquel susurro en mi oído, venida de detrás de mi, de mi espalda, el vello de la nuca se me erizo, me gire rápidamente pero no había nadie, retrocedí aterrada al ver unas manos como garras sobre el cristal de la ventana, era como un espíritu deshilachado, cogí una botella del minibar, la engullí y me metí en la cama tapada hasta la cabeza con las mantas que encontré sin poder dejar de temblar, y esa voz seguía retumbando en mi cabez

a como una cadencia incesante que me taladraba la cabeza, me agazape echa un ovillo y agarre las mantas pues parecía que alguien tirará de ellas desde fuera y creo que me dormí diciendo basta, basta, basta…hacia tanto tiempo que ya no me sucedían esas cosas…



El día amaneció radiante, ya no había apenas pruebas de lo sucedido la noche anterior, ni siquiera había palmeras rotas, la nieve se había derretido casi por completo y hacia muchísimo calor, estaba empapada en sudor, me levanté y me duche, creo que nunca había pasado tanto por la ducha como entonces, baje a desayunar y salí a la terraza junto a la piscina que parecía un oasis, cogi el diario tras hablar con el recepcionista y me senté en una de las mesitas de mimbre, bebí un poco de zum

o de naranja recién exprimido y leí el diario que milagrosamente había llegado.

Nadie podía dar una explicación a lo que había sucedido, se hablaba del final de los dí

as, de la maldición de Dios, una plaga de langostas había arruinado miles de cosechas, las carreteras habían quedado muy dañadas y el aeropuerto destrozado, la cuidad era un caos y los templos estaban a rebosar. Sus

pire y cuando baje el diario de mi cara me quede boquiabierta al observar de espaldas a mí a Azrrael, estaba mojado, el agua resbalaba por su esplendida espalda bronceada por el sol, tenía un culito increíble, se tiró a la piscina.

Me quede mirando como nadaba un buen rato hasta que se dio cuenta de que estaba ahí, se acerco al borde de la piscina y cruzando los brazos sobre la piedra con su espectacular sonrisa me dio los buenos días.

  • ¿Has podido descansar?
  • No recuerdo lo que es eso – sonreí acabando el zumo.

Entonces de un salto salió del agua y agarro la toalla para secarse un poco, iba a acercarse cuando su rostro cambio súbitamente, me giré para ver que era lo que había visto pero no vi nada extraño, salvo que tras las columnas había un grupo de hombres que preguntaban en recepción y señalaban hacia la piscina

pero nada más, cuando me gire hacía Azrrael ya no estaba, entonces oí la voz de mi tío.


Continuara...


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