29 de enero de 2011

El Portal del Castillo del Tiempo .- Capitulo 7

pastedGraphic.pdf



Me vestí de nuevo y fui a ver a mis colegas al hospital, estaban bien pero estarían aún una semana ingresados. A medida que se acercaba la noche me fui poniendo nerviosa, apenas pude dormir y de nuevo por la mañana me paseé arriba y abajo del vestidor hasta dar con el vestido apropiado, un ceñido pero elegante vestido negro, ni demasiado sexy ni demasiado recatado, me puse un cinturón ancho, me hice un desenfadado recogido y me puse los pendientes adecuados, me calce mis zapatos de tacón y salí con las llaves del coche en la mano. Hice caso omiso de mi ocupa y salude al entrar en la oficina a todos con una sonrisa y me dirigí a mi oficina, los teléfonos no dejaban de sonar y las impresoras y faxes sacaban humo ya a esas horas. Suspiré y empecé a ponerme manos a la obra, mi jefe me llamo a su despacho y yo con un vuelco de corazón subí, una reunión se había adelantado, había un pequeño cataclismo con una cuenta, le entregué el informe que por suerte tenía preparado e improvise el discurso de la segunda reunión sorpresa saliendo airosa y victoriosa, mi jefe me miraba en silencio con el dedo apoyado en el mentón con una sonrisita extraña… todo fue bien y cuando ya respiraba aliviada y salía de mi despacho para volver a casa le oí llamarme.

  • Yumi – las piernas me temblaron levemente y el corazón se me aceleró… ¿sabía él el efecto que tenía en mí? Sabía cómo me llamaba, no era invisible para él… cuantas veces había deseado aquello… todo fue tan irreal, la conversación, las sonrisas... sus manos en las mías, su adulación… - ¿Querrías venir esta noche a cenar conmigo? Tengo una reserva… mi acompañante me ha fallado, bueno a mi colega le ha salido plan ¡No quería decir eso! – suspiro llevándose la mano a la nuca – Esto se me da fatal, quería invitarte a ti pero no sabía cómo te sentaría… ya sabes… soy tu jefe… - tenía mi mano entre la suya, le sonreí apunto de contestar no sé que cuando ¡le vi entrar!
  • Cariño siento el retraso… la quinta estaba intransitable a esta hora – sonrió cogiéndome del brazo y dándome un beso en los morros, yo me quede paralizada, los ojos iban a salírseme de las cuencas – Vaya lo siento usted debe ser Isaac, Yumi habla maravillas de usted, encantado de conocerle – le tendió la mano que el otro estrecho cortésmente, los ojos de mi desconocido demonio se ensombrecieron, sus pupilas parecieron brillar como una hoguera diminuta, mi jefe quedo como paralizado y empezó a sudar, la mano le tembló – Ruego nos disculpe, pero tenemos un poco de prisa.
  • Si claro… no sabía que… - me miro – bueno, es normal… una chica como tú no podía estar sola. Encantado de conocerte, espero que quedemos en otra ocasión para charlar. Nos vemos Yumi – me sonrió guiñándome el ojo mientras yo sonreía forzada cogida al otro, se alejo, yo aún seguía alelada.
  • ¡¿Pero qué demonios has hecho?! – le grite furiosa.
  • Salvar tu carrera y tu vida, no hace falta que me lo agradezcas. Tengo el coche en la puerta, vamos.
  • ¡Coche! ¡¿En la puerta?! ¡Ay Dios!

Una vez en casa me encerré con el móvil en el baño y le explique todo lo ocurrido a Sandra mi mejor amiga, no podía creérselo.

  • Bueno ¿y qué problema hay? Según tú ese chico que has conocido es un portento y creo que está interesado en ti querida.
  • ¡No digas eso! – proteste dejándome caer en el lavabo, por supuesto había omitido en la historia ciertos detalles que me hubiesen llevado directamente al manicomio - ¿Y si es un psicópata? ¡lo tengo metido en casa Sandra y no lo conozco!
  • Ya tengo ganas de volver para verte… lo del accidente debió ser terrible.
  • Si…
  • Así podré conocer al HOMBRE
  • ¡Sandra! Tú siempre igual… ¿puedes pensar en otra cosa?
  • Por supuesto, en Chanel, Jimmy Choo, Thifanys…
  • Oh por favor – apoye la frente en mi mano agotada – Si le conoces acabareis en la cama – suspiré
  • ¿Y te importaría?
  • ¡Sandra!
  • Vale, probaré a mantenerme alejada… eres mi amiga.
  • Miedo me das, te dejo… llevo una hora metida en el baño.
  • Ciao cielo, nos vemos.
  • Si… y no te fundas la tarjeta – colgué oyéndola reír aún.

Salí del baño tras ducharme y una vez vestida fui al comedor, allí estaba él sentado en mi sofá, con los pies en la mesita de cristal y comiendo patatas con una cerveza en la mano y el mando al lado.

  • ¿Ya te has desahogado?

Iba a volver a enfadarme con él y empezar a gritar pero levante las manos y me fui a la cocina harta de aquello. Cogí a regañadientes la cena que me había dejado preparada y me senté en el sofá (en la otra punta) comiendo la comida, estaba deliciosa… casi se me caía la lagrimita.

  • Al menos ten un poco de decencia, no estás en tu casa – mire sus pies.

Él suspiro y puso los pies en el suelo, yo plegué las piernas y dejé el plato vació sobre la mesa.

  • Aragorth, me llamo Aragorth.

Le miré en silencio y cambie de canal mirando la pantalla, aún me palpitaban los labios al recordar los suyos…

  • Mañana me dará la carta de despido.
  • No lo hará, me encargué de ello. Además… el mismo lo dijo, una chica como tú por fuerza tenía que tener pareja, y con una competencia así… el tío se retiro.
  • ¿No le habrás hecho daño verdad?
  • ¿Por quién me tomas? – dijo con una fingida indignación que consiguió hacerme reír. Suspiró – Un poco de sugestión basta – mi cara fue un poema y él volvió a suspirar - No… no le he hecho daño, su hora llegara.

Le miré mientras miraba la tele y suspiré volviendo a mirar CSI, seguía pensando que ese hombre no actuaba como un demonio, no era como un demonio, no almenos como los imaginaba. Los demonios eran malvados, crueles, taimados… manipuladores… pero él… no se… ¿Pero que sabía yo de demonios?

Y entonces llegaba inevitablemente la siguiente pregunta… ¿Cómo había conseguido yo invocar un demonio que además resultaba estar preso? Suspiré e intente concentrarme en la serie.

  • Mira que llegáis a ser violentos… - dijo y yo bufe.
  • ¿Estás seguro que eres un demonio? – insistí y desvié un poco la vista hacia él.
  • Muy graciosa…

Me frote la nuca cansada y cuando termino el capitulo me fui a dormir. La semana paso volando y yo ni siquiera me planteé que debía hacer Aragorth durante las horas que yo no estaba. Me horrorizaba el sólo hecho de planteármelo Total ¿Qué puede hacer un poderoso demonio suelto por tu mundo? Sacudí la cabeza para borrar aquella idea. Por fin era viernes, me moría de ganas.


Continuará...


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tus comentarios cuentan, gracias.

Blogs Especiales