2 de enero de 2011

Confusión .- Capitulo 11


- Cobarde... - apenas le salió un murmullo, los párpados le pesaban

- Ya lo entenderás - dijo acercándose tomándola para que no callese al piso.

- ¿Entender qué? ¿Que siempre atacas por la e

spald

a? - apenas le llegaba aire, la cabeza le daba vueltas… intento deshacerse de él pero no representaba ninguna amenaza en ese instante,

- No te resistas.


Yes gruño intentando luchar contra aquello con todas sus fuerzas pero no podía... su resistencia cedió y la oscuridad la envolvió.

- Me encanta que los planes salgan bien - la miro inconsciente entre sus brazos y desapareció del lugar sin dejar rastro.



Byron miro alrededor extrañado, hacia un rato que no veía a Yesi y sin saber porque tenía un mal presentimiento…


  • Señor… ¿Dónde está Yesi? – pregunto llamando la atención de todos.

Ellos se miraron entre sí como buscando la respuesta en sus rostros esperando que alguno dijera algo.


  • Estaba a tu lado no hace mucho – dijo Liz mirando a Drago.
  • Mirare dentro – dijo Byron dirigiéndose hacia el bareto. Tan sólo al abrir la puerta ya tuvo de nuevo esa mala sensación… estaba desierto y nadie había salido del interior de eso estaba más que seguro.



Drago sintió que el corazón le daba un tumbo y quedo como petrificado ante la sensación de que no estaba en el lugar quedándose sin aliento.


  • ¿Qué ocurre? – lo miro Liz serio poniéndole una mano en el hombro.


El padre de ella estaba rígido y más pálido que la cera. Era evidente que había captado lo mismo que Drago que cerró los ojos con fuerza y soltó un bufido, la ira le lleno la sangre y golpeó la pared que tenía tras su espalda abriendo un boquete.


  • No está aquí…- dijo mirando a su alrededor buscando algo más – Y tampoco él – mascullo con los dientes apretados y los músculos agarrotados.
  • Mierda – murmuro Liz
  • ¡¿Cómo pudimos ser tan estúpidos?! Debí imaginarlo en el callejón

Byron salía en ese instante del interior del bar con algo entre los dedos con un rostro que sólo confirmaba lo que ya sabían.


  • Desierto, es de su blusa – se acerco hasta ellos - ¿A qué te refieres con lo del callejón? Explícate – pidió Byron nervioso pillándole del cuello de la camisa.
  • Suéltame, no me pongas las manos encima – lo empujo haciendo centellear los ojos – ¡Ha sido uno de los vuestros quién os ha traicionado nuevamente!
  • He, he cálmate, calmaos los dos – se interpuso Liz entre ambos.
  • Señor, el demonio tiene razón, alguno de los nuestros nos traicionó porque bien sabemos que Yes vendería cara su piel antes de que se la llevaran – se acerco confidencialmente al padre de esta – Había rastro de la única droga que puede dañarnos y eso sólo lo saben los nuestros – lo miro muy serio.
  • Azael – dijo a secas mirando a Drago, parecía que en cualquier momento perdería la compostura.
  • Debemos ir por ella – el cuerpo de Drago temblaba a causa de la rabia.

Byron se paso las manos por la cara impotente, estaba furioso y preocupado ¡¿Cómo les podía haber pasado eso?!


- Tu dime donde pueden haberla llevado – dijo en tono amenazador Drago mirando al Padre de Yes que no salía de su desazón y rabia.

- Solo se me ocurre un lugar. Byron ¿algún rastro? – desvió la vista hacia este.

- Ninguno – negó con la cabeza.

- Drago solo te tenemos a ti ¿crees que podrás guiarnos a todos? Liz trae a los tuyos ya – empezó a organizar la situación saliendo del estupor inicial.

- ¿No creen que es justo lo que quieren? – Dijo Liz de forma pensativa y calmada – Debemos pensar bien lo que hacemos.


Drago lo miro como queriendo comerlo, no podía creer lo que escuchaba.


  • ¡Mira lo que sucedió precisamente por estar de cháchara!
  • Ahora mismo me da igual entrar a saco tengan lo que tengan planeado que quedarme aquí a hablar – dijo el padre mostrando los colmillos secundando a Drago – Ya perdimos demasiado tiempo.
  • Total no hay nada que perder, peor no puede estar la situación – se encogió de hombros By – Como le ocurra algo… - miro a Drago con ojos brillantes.
  • Todos sabemos lo que debemos hacer, como se debió hacer hace años… vas por los tuyos o iremos solos – volvió el rostro hacia Liz
  • Voy, voy pero relajaos, con la sangre caliente no se hacen bien las cosas, sólo digo eso. Mente fría. Regreso en un instante.
  • Y que diga eso un lycan… - bufo sarcástico By – Vuela – lo apremio.
  • Ser vampiro no parece ser de lo más honorable por estos días… - dijo olfateando a Byron enseñándole los colmillos – La única que parece tener la sensatez necesaria es ella.
  • ¡Ya basta! No pelearemos entre nosotros ¿vamos a hacer algo o no? – se puso ahora Drago entre los dos con una expresión que los hizo sorprender a todos.
  • Prepara a todos Byron – le pidió Vladimir, el padre de Yes a Byron para que así se calmara y los dejara solos a los tres, este asintió y se alejo aún con los músculos en tensión. Vlad miró a Drago.
  • ¿Qué tienes en mente? – dijo apenas viendo como lo miraba.
  • Digamos que lo mismo que está cruzando tu mente. Ha de estar en tus dominios, es el único lugar al que no tenemos acceso y que no podemos detectar sin luces
  • Yo puedo llevarlos a todos hasta ahí pero no puedo garantizar la seguridad de ninguno.
  • Eso es lo de menos, me importa un comino ahora mismo nuestra seguridad, es mi hija y sólo quiero sacarla de ahí, todos son mayorcitos y saben lo que se hacen y lo que se juegan, por desgracia las guerras son así, las bajas son inevitables a menos que no se participe. Saben protegerse.

  • Drago hizo una mueca de asentimiento, se sentía desesperado y aturdido, Liz ya había regresado con los suyos y esperaba instrucciones mirando a ambos hombres, no sabría decir cual tenía peor aspecto en ese momento.


    - Drago… céntrate, así no podrás ayudarla. Deberás que lo entiendo pero has de serenarte o será un desastre.


    Vlad lo miro en silencio como si fuera un reflejo del mismísimo Drago que soltó una bocanada de aire tratando de mantenerse calmado, no podía fallarle a Yes, no soportaba la simple idea de que algo le sucediese.


    - Seguro nos estarán esperando, pero no puedo hacer otra cosa Liz.

    - Vamos a por ella – le guiño el ojo con una sonrisa palmeándole el hombro para animarlo. Lo conocía demasiado bien como para no saber el infierno por el que estaba pasando – Hoy destrozaremos demonios.

    - Uno es mío – dijo cerrando los ojos al tiempo que un brillo comenzaba a formarse a su alrededor levantando un extraño aire.

    - Cuando digas – lo miro el padre, no quería perder más tiempo, cada minuto que pasaba era más angustioso y empezaba a perder la frialdad dejando paso a una ira ciega y voraz.

    - Vamos – abrió los ojos y el aro de energía se extendió a todos los que lo rodeaban haciendo volar los objetos del entorno y en un instante se desvanecieron en el aire.


    Cuando despertó no sabía dónde estaba, le dolía todo horrores y la sangre le ardía, estaba hambrienta y débil, intento moverse pero unas cadenas ataban sus muñecas y tobillos intento tirar de estos pero no había modo de que cedieran y ella se sentía morir, el pulso le atronaba, contuvo un grito de rabia intentando calmarse y pensar con claridad respirando como un toro apunto de embestir y no podía dejar de pensar en Drago…


    Sacudió la cabeza para apartar el cabello de su cara y contuvo el aliento cuando descubrió a Atori frente a ella.


    - ¡Tú! Ser miserable, vil y cruel – se sacudió cuando le puso una mano en la cintura - ¡Quítame las zarpas de encima!
    • Cuantos halagos ¿estás cómoda princesa? – dijo en tono burlón pasando un dedo por su mejilla. Ella giro la cara.
    • Pues tengo muchos más ¿cómo se puede ser tan miserable, ruin y rastrero? ¿también te gustan estos? – lo miro furiosa.
    • Tan rebelde como siempre, pero tranquila pronto veremos cómo sacas tu lado amable y cumples con tu destino – dijo tomándole la cara y apretándola contra la mesa – Eso o almenos veremos cómo tu adorado se reduce a pedacitos gracias a ti y tus juguetitos.
    • El día que yo haga eso tú serás una hermanita de la caridad ¡que no me toques! – se sacudió como una fiera - ¡Suéltame si tienes valor!
    • Ya veremos que tan fuerte te sientes cuando le veas morir – rió – Y tú serás quien lo haga ¿o preferirías verlo morir a él? – señalo hacia una pared donde entre las sombras podía divisarse una figura. El corazón de Yes dio un vuelco.


    Yesi se lanzó sobre él todo lo que dieron las cadenas.


    • ¡Hijo de…serás… argg! – intento soltarse aunque se cortase la piel.


    Atori dio un paso atrás al verse sorprendido por la velocidad y la ira reflejadas en su cara.


  • Qué carácter, ¿así saludas a tú familia? – dijo sonriendo de forma entre maliciosa y satisfecho de lo que sus palabras lograban. Yes gruño.
  • ¡Malnacido! Lo que tú eres no tiene nombre…
  • Necesitaba que se enfadara así que volvió a acortar distancia apresando su barbilla.


    • Eso es, muéstrame ese lado al que tanto le temes, deja que fluya dentro de ti.
    • ¡No voy a entrar en tu maldito juego! No soy estúpida – lo miro con los ojos brillantes por la ira, miles de emociones contradictorias atenazaban su estomago. Tenía que encontrar el modo de soltarse y solucionar aquello… se moría de ganas de correr junto a su hermano y estrecharlo.
    • No puedes luchar contra lo que eres, corre por tus venas y hoy mi joven amiga tu mano será la que selle el final de todo esto.

    Yes apretó los dientes, por dentro empezaba a desesperarse, no podía hacer nada se sentía indefensa, atrapada odiaba esa sensación, intento apartarlo lejos con una descarga de energía pero seguía estando demasiado débil, tenía que concentrarse…


    Atori rió malicioso y se acerco al vampiro que estaba frente a ellos, dándole un golpe que lo lanzo hasta donde dieron sus ataduras para que Yesi pudiera verlo bien.


  • Necesitaras más que eso querida.
  • ¡Elekan! – grito haciendo fuerza contra las cadenas - Pues juega limpio y veremos si te pateo el culo – necesitaba ganar tiempo, provocarlo.
  • Lo siento olvide leer el manual de las reglas, imagino que no será un problema para ti.

  • De pronto se escucho un estruendo y Atori volvió la cabeza para mirarla luego con un deje de satisfacción en la mirada.


    - ¿Qué quieres de mí? – lo miro ella.

    - Ya viene a por ti. Solo quiero que seas tú misma.


    Continuara...


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