28 de noviembre de 2010

Enemigos .- Capitulo 9


  • Es lo que le conviene, le ayudara a centrarse antes de que se pierda en sus fantasias
    – le respondió mi padre.
  • A mí tampoco me gusta Kamel, no apruebo el modo – esa era mi madre, estuve a punto de atragantarme con la carne, deje la comida en el mármol y escuche.
  • No empieces cariño, ya lo hemos discutido. Es un buen chico, a todos os gusta, es perfecto.

Suerte que había dejado lo que tenía en las manos por que se me hubiera caído… no podía creerlo, todo era una maniobra de mis padres. El corazón volvía a aporrearme con fuerza pero esta vez de furia. Sentí un momentáneo despreció por Beikar pero pronto lo rechace, él no tenía la culpa, él no lo hacía por ellos, lo sabía, lo veía en sus ojos… su interés por mí era real… ¿pero que esperaba de mí? ¿La loba sumisa y perfecta para formar su clan? Yo no era esa… Bast fue el primero en verme bajo el marco de la puerta, su cara fue un reflejo de la mía, entre rota por el dolor, por la traición y la rabia.

  • Iria – se giro Gabriel intentando acercarse a mí.
  • Genial papa… ahora sí que lo veo claro… no sé quién ha decepcionado a quién – me mordí el labio para tragarme las lagrimas y desaparecí escaleras arriba dando un portazo.
  • ¡Lo ves! – grito mi madre enfadada - ¡¿Ves lo que has conseguido?!
  • ¡Cúlpame de todo a mí!

Me eche sobre la cama pero no podía dejar de dar vueltas. Mi padre se paro delante de la puerta.

  • Déjame entrar Iria.
  • ¡No! ¡Vete!
  • Cariño… Beikar es un buen chico… es… es… dale una oportunidad.

Abrí furiosa lo justo para que me viera la cara.

  • ¡Es lo que quieres tú! ¡¿Te has parado a pensar en que quiero yo?! ¡Ahora encima quieres emparejarme! ¡Te odio! – di un nuevo portazo sin darle tiempo a mi padre a abrir aunque hubiera podido hacerlo.

No quería llorar y la furia no me dejaba pensar, salí por la ventana, Bast me detuvo cogiéndome por el brazo pero me deshice de él gritando como una loca.

- ¡Suéltame, suéltame! – me revelé y salí corriendo del terreno, salte la valla y corrí calle abajo.

Eso me arrojo a sus brazos, ahora lo veo pero no me arrepiento, sólo quería alejarme y estar con él incomprensiblemente, era como una droga. Sólo estaba él, odiaba mi familia, odiaba lo que era, me odiaba a mí misma… lo odiaba todo… excepto a él, él me ofrecía un mundo hermoso, lleno de luz.

Me pare frente a la casa y un estremecimiento me recorrió consciente de que no debía estar allí, me gire y me aleje antes de que nadie volviera a atacarme, en la otra esquina estaba el amigo de Sony. Me miró de un modo que intérprete como apenado y sacudió la cabeza de modo negativo, suspiró e impulsándose con el pie que tenía

en el edificio se aparto y ando despacio hacia mí.

  • No tendrías que estar aquí.
  • Lo sé – dije aún con los brazos entrelazados sobre mi pecho, empezaba a hacer frío y mis labios temblaban ligeramente sin ser exactamente del frío, el frío me gustaba dentro de lo que cabía debido a mi parte animal. Aún contenía hipidos y las lágrimas rodaban por mis mejillas.

Él volvió a suspirar y me tendió el brazo.

  • Ven, te llevaré a un sitio más seguro, vamos.

Asentí sin pensar en lo ridículo del comentario y le seguí en silencio hasta un bar bastante tranquilo y agradable, el calor de dentro me encendió las mejillas, pidió mientras yo me sentaba y al poco regreso con dos tazas, yo envolví la porcelana calentita con mis manos mirando el oscuro líquido.

  • Gracias.
  • No las des.


Me aparte la especie de flequillo largo de pelo que llevaba a un lado y lo revolví hacia el otro nerviosa. Estaba actuando como una cría.

  • ¿Por qué lo haces? – miré al vampiro.
  • No tengo nada contra ti – se encogió de hombros – Soy un hombre civilizado.
  • Ya… tienes la inteligencia de los años – suspiré volviendo a mirar mi té.
  • Me llamo Daren.
  • Encantada Daren – acepté su mano estrechándola y volví a poner la mía en el calor de la taza, estaba tan helado…


Él esbozó una media sonrisa ante el formalismo y me miro de nuevo con esa seriedad tan suya, tan profunda.

  • Sabes que deberías alejarte antes de que sea tarde ¿verdad?
  • ¿Y si ya fuera tarde?
  • No lo es… aún no.

Suspiré mirando la callejuela oscura que había al lado de la cristalera. Sí lo era. Era tarde.

  • Iria… ¿Por qué buscas la muerte? – me miró fijamente.
  • ¿Qué? Yo no… no – lo miré confusa.
  • Es lo que somos, lo que simbolizamos.
  • No, sois eternos, sois bellos aunque letales… estáis más vivos que otros, sentís con tanta intensidad…

Daren volvió a esbozar esa media sonrisa de nuevo.

  • ¿Por qué parecéis tan tristes siempre? Os envuelve un halo de misterio que es muy atractivo para los demás… es normal que nos interesemos por lo que no conocemos.
  • Recuerdos… esta “vida” no se… - se encogió de hombros y rió para luego mirarme otra vez con pesar – Entiendo que se sienta atraído… eres tan… dulce… inocente, fresca. Pero hay algo distinto hoy en ti, cuando te vio la primera vez dijo que estabas llena de fuerza, de vida, de alegría… ¿Qué ha pasado?
  • Situaciones estúpidas…
  • Si lo reconoces ¿Por qué dejas que te afecten entonces? la vida es corta y hay que saborearla al máximo.
  • Cierto… - suspiré - ¿Por qué me es tan fácil hablar con vosotros?
  • Iria… no estés triste…

Pero yo tenía ganas de llorar, de hecho lo estaba haciendo sin darme cuenta, el atrapo esa lagrima furtiva y la miro.

  • Perdón – dije con voz quebrada.
  • Si buscas la muerte… y no lo entiendo… la rondas… huelo el odio y el miedo que te atenaza hoy… - me limpio una lágrima más.

Oí un leve gruñido entre rabioso y celoso. Sony entró por la puerta en aquel momento, me levante sin darme cuenta ¿Por qué deseaba tanto lanzarme a sus brazos? Él pareció debatirse con él mismo y se acerco despacio para no levantar sospechas y yo me senté también lentamente reprimiendo las ganas de tocarle.

  • ¿Paso algo? – se sentó junto a Daren frente a mí. Negué con la cabeza avergonzada.
  • Antes… no os pude agradecer lo que… - inspiré no sabía cómo continuar – Estoy demasiado distraída últimamente – finalicé y arrugué la nariz percibiendo un olor extraño en Sony.


Ahora me tocó a mí tensarme y quedarme rígida, ese olor me ofendía, me había enfadado, era una traición, fue como si descargasen un puñal directo a mi corazón. Era casí como si yo lo hubiera elegido a él, como si lo hubiera marcado para mí. ¿Lo había hecho, lo había escogido? Él me miró extrañado y luego suspiró.

  • Es como ha de ser – dijo con frialdad. Gruñí, lo sé.

De hecho no había nada entre nosotros para que yo me molestara así, asentí tragándome ese amargo sabor y bebí. Daren lo miró por el rabillo del ojo y luego volvió a posar su mirada sosegada en mí.

  • Por supuesto… ¿a qué has venido entonces? – lo miré con más dureza de la necesaria, pareció enfadarse pero luego su expresión se relajo. Había habido más entre nosotros en unos cuantos días que cualquier otra relación de años… era muy extraño y tampoco iba a detenerme a explicar todos nuestros encuentros y conversaciones… todo estaba ahí… la atracción, el deseo… ¿ahora fingiría solo amistad?
  • Me habéis llamado vosotros no yo.
  • Yo no te llame – dije igual de fría y dura como su mirada gélida, molesta aún.
  • Perfecto entonces – se levanto para irse.


La angustia de mi mirada me delató al echarme hacía delante, apreté el puño por debajo de la mesa.

  • Perfecto – repetí – No me ayudes la próxima vez si no quieres saber de mí. Supongo que tu dosis de curiosidad ya pasó.
  • Puede que no lo haga la próxima – sentenció enfadado – Si eres capaz de mantenerte lejos de tu propia muerte. Aprecia más tu pellejo y yo podré seguir a lo mío.

El rubor de la rabia me llego hasta las orejas inflamando mi cara, los nudillos ya estaban blancos de tanto apretar los dedos. Perdería el control…

  • ¡Chicos! ¿Pero que estáis haciendo? Esto es ridículo – se metió Daren ya que ambos estábamos de pie mirándonos desafiantes.
  • Ni que lo digas – me dispuse a irme Sony me cogió la muñeca.

Nos miramos en silencio, su vista se deslizo por mi escote hasta el colgante y luego volvió a mis ojos. Sus labios parecían luchar por no buscar los míos, me había atraído hacía él, su mano se clavaba en mi brazo.

  • Siéntate, por favor – me pidió con amabilidad en un susurró apartando la vista de las venas palpitantes de mi cuello.

Me relaje pero no me moví aún, olía a… sexo ¿Era posible?

  • Tienes cosas mejores que hacer – dije entre dientes pero con facilidad me hizo sentar con su fuerza sobrenatural, tenía la muñeca helada allí dónde él me había agarrado.
  • Bebe – dijo secamente atrapándome en sus ojos y yo bebí aún refunfuñando, el líquido cálido me calmo.
  • ¿Qué pasa con vosotros? ¿Os habéis vuelto locos? – nos miró Daren incrédulo, yo aparte la mirada hacía el cristal aún enfurruñada.

Desde ahí podía ver su reflejo, el corazón volvió a disparárseme, todo mi cuerpo reaccionaba ante él de un modo desconcertante, placentero… nervioso…

  • Os dejo… creo que tenéis que hablar – suspiró Daren y salió del local dejándonos solos.


El silencio pareció eterno y el miedo empezó a adueñarse de mí al pensar que volvería a desaparecer.

  • ¿Qué nos pasa? – desvié lentamente la vista hacía él.
  • No sabría decirte…
  • Pues vaya…
  • Oí lo que le dijiste a Daren…- empezó yo fruncí el ceño – No te enfades por favor… déjame hablar.
  • No soy yo la que tengo el carácter voluble…
  • Lo siento… no sé qué me pasa cuando estoy contigo, se me nubla el poco buen juicio que me pueda quedar… me cuesta contenerme, ya te lo dije.
  • Sí, lo hiciste. Noble por tu parte.
  • Eso no alivia Iria…
  • Ya.
  • ¿De verdad crees eso? Tú no sabes cómo es esto… a veces siento que es como una condena de la que no puedo escapar…
  • Te comprendo.

Me miró extrañado de nuevo y su sonrisa volvió a aparecer poco a poco.

  • Siempre lo haces… me sorprendes, quizás por eso me desconciertas y me es tan fácil hablar contigo.
  • ¿Elegiste ser lo que eres?
  • No, pero no me arrepiento, me alegra que lo hiciera… sino estaría muerto y no te habría conocido.

Parpadeé confusa y bebí al notar el rubor de nuevo en mis mejillas y el aporrear de mi corazón.

  • No me comprenden… - murmuré.
  • Somos unos incomprendidos Iria.
  • Sí – suspiré
  • A veces este mundo se vuelve muy duro… también yo tuve tu edad… sé lo que se siente pero no puedes luchar contra todo, no puedes ir contra corriente, esta siempre te acaba arrastrando. Es lo que hay, has de procurar mejorar lo que se puede y ya está.
  • Decirlo es muy fácil Sony ¿sabes cuantas veces me repito eso?

Él sonrió.

  • Yo era como tú cuando…
  • ¿Qué edad tenías?
  • Veinte. Me puse en la trayectoria de una bala para proteger a otro… estuve medio muerto durante varios días, luchando por sobrevivir, la fiebre me atenazó, la enfermedad se metió en mi cuerpo…

Bebí incómoda y volví a mirar aquel rostro perfecto, y le acaricie la mejilla despacio, sin prisa. Él puso su gélida mano sobre la mía.

  • Pueden vernos…
  • No me importa.
  • ¿Realmente lo dejarías todo? ¿Te enfrentarías a todos sólo por esto? – se toco el pecho mirándome entre asombrado y enfadado – No sabes lo que quieres Iria. Lo que pides… yo ya estoy condenado.
  • Te equivocas… sí lo sé. ¿Por qué dices eso?
  • No puede ser, no dejaré que esto te arrastre también a ti. Me niego, tenemos que alejarnos el uno del otro.
  • ¿Pero por qué? ¿Pero que hay entre nosotros? Si es que hay un nosotros… no nos conocemos…
  • Por eso mismo aún estamos a tiempo de parar esto.
  • Tengo derecho a opinar Sony.
  • Y yo a no hacerte caso.
  • No dejo de pensar en ti… sé que no está bien pero… - suspiré
  • Iria… esto, lo que sea, no puede ser. Ve con ese chico, es de los tuyos, es guapo, fuerte e inteligente y se interesa por ti… puede que no me guste todo lo que piensa de ti o en hacerte pero…
  • Sólo quiero conocerte, déjame conocerte.
  • No puedo Iria.
  • Esto es tan… ¡estúpido!
  • Si no me voy ahora ya no podré hacerlo ¡¿pero qué has hecho conmigo?!
  • No te vayas – le retuve la mano para que no se levantase.

Se sentó a mi lado, nos abrazamos ahora sí, se que Daren nos observaba desde la oscuridad.

Pasamos el resto de la noche juntos observándonos en silencio y otras hablando y riendo como personas normales, ni siquiera fui a clase al día siguiente, no me importaba otra cosa que estar con él, no podía alejarme ahora. Estaba anocheciendo de nuevo cuando me miró muy serio.

  • Los tuyos te estarán buscando, estarán preocupados…
  • Olvídalos.
  • No Iria, tienes que irte ya.
  • Pero…
  • Te prometo que no desapareceré, volveré a verte mañana si quieres y pasado.
  • ¿De verdad?
  • Sí… te advertí que si me dejabas entrar luego no podrías echarme.

Sonreí dejando que me cogiese las manos y luego contuve el aliento cuando me cogió el rostro entre sus manos, sus labios rozaron los míos y luego se alejo dejándome tambaleándome. Corrí increíblemente feliz hacía a casa y antes de que pudieran saltarme encima con un nuevo rapapolvo los interrumpí.

  • Sé que me he comportado como una niña malcriada e irracional, lo siento. No quería hacéroslo pasar mal. No volverá a pasar.

Se quedaron tan estupefactos que pude colarme hasta mi habitación antes de que pudieran oler nada. Me metí rápidamente en la ducha dejando la ropa en la cesta y deje que el agua se deslizase por mi piel, aún sentía sus dedos deslizándose lentamente por mi costado, mi vientre, mi espalda… los labios me ardían aún. Me puse el uniforme y de un revuelo baje al garaje, cogí mi coche ¡ahora sí! Y arranque sin esperar a mis hermanos que tenían que bajar también y me fui hacía clase. Laura me sometió al tercer grado y yo le conté todo lo que se podía.

Continuará...



1 comentario:

  1. Me ha encantado esa complicidad de ambos conversando (o simplemente mirándose) en la oscuridad. A menudo el entendimiento entre dos almas puras es posible pese a la disparidad de sus caminos.

    "Te advertí que si me dejabas entrar ya no podrías echarme..."

    Creo que para Iria ya no hay vuelta atrás, el corazón no obedece mandatos y a menudo nos envía de cabeza hacia quien más dista de nosotros, aunque este no sea el caso.

    Besos y continuo

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