23 de noviembre de 2010

Enemigos .- Capitulo 8


En clase me desahogué con Laura para variar y el profe nos dio el toque.


La semana paso sin más incidentes y cinco días más, sólo uno volví a hablar con Sony y luego volvió a desaparecer como tragado por la nada. Mi desilusión volvía a ser una realidad, tenía que pisar de pies en el suelo. Iba hacía casa después de haber ido de fiesta cuando ocurrió, no vi venir el ataque así que impacte de pleno contra la pared, intente zafarme pero caí al suelo de un golpe y un cristal me corto el muslo. Lo tenía encima cuando un estrepito me ensordeció, me levante de un salto y vi como Sony se peleaba con el vampiro agresor. El chico rubio que siempre iba con él apareció y me aparto del lugar, yo aún estaba… aturdida. El otro iba a golpear a Sony y lance una descarga directa al cuello de este que cayó al suelo convulsionando como cuando a uno le aplican una pistola eléctrica. Sony me miro y levantó al otro del cuello de la camisa golpeándolo de nuevo con un rugido que me hizo estremecer.
  • Sony… - me acerque a él pero se apartó extendiendo la mano y yo baje la vista hacía la sangre de mi herida.
  • Será mejor que te vayas a casa Iria – dijo con voz ronca aún tomada por la ira y el deseo.

Asentí y le mire preocupada.

  • Ve tranquila, yo me ocupo de él – me saco las manos de los hombros el otro hombre, asentí y empecé a salir del callejón cuando otra voz conocida me hizo quedarme de piedra.
  • Iria…

Alce la vista, Beikar estaba en la entrada del callejón, su pose era amenazadora, estaba preparado para saltar, sus ojos resplandecían, tenía una fuerza inmensa… me sobrecogió. Tenía que alejarlos, el terror me invadió cuando el sueño cobro vida en mi mente.

  • Beikar…
  • Apártate despacio Iria – me indico haciendo un gesto con la cabeza para que me pusiera detrás de él, eso me molesto un poco pero me acerque a él que me tendía la mano. Miró mi herida y su rostro se ensombreció aún más… estaba a punto de cambiar...

Eche un último vistazo a Sony y me alejé llevándome a Beikar conmigo con un tremendo esfuerzo.

  • ¡¿Qué paso? ¿Qué hacías con esos? ¿Estás bien?! – me atacó a preguntas Beikar con los ojos aún rabiosos y luego me miró preocupado.
  • Si estoy bien, me atacaron, no me di cuenta… fue muy rápido.
  • No debes bajar nunca la guardia, no te confíes. ¡¿Fueron ellos?! ¡Voy a volver y a aplastar a esos chupa sangres!
  • ¡No! Beikar…. No, mírame – me alarme cogiéndole las manos - No lo hagas. No necesitaba ayuda. ¡Ellos no hicieron nada!
  • Ya… - me miró incrédulo viendo mi corte.
  • ¡No es nada! – me defendí – Me ayudaron Beikar no… - me mordí el labio al ver su reacción y calle.

Me volví para seguir andando hasta casa.

  • Ese vampiro te defendió Iria…
  • No que va – sonreí forzada riendo para desviar el tema, el mal ya estaba hecho, yo misma lo dije.
  • No me trates de necio Iria, te he visto otra vez hablando con él… te ha tocado.

Se me heló la sangre. Los dedos de él se deslizaron ardientes por la piel de mi cuello hasta cerrarse sobre el colgante, lo miró en silencio y clavo sus penetrantes ojos en mí reteniendo mi mirada. Supliqué en mi fuero interno.

  • Anda… vamos a casa – suspiro, me cogió la mano para atraerme hacía él y me paso la mano por la cintura. Mi corazón se aceleró de nuevo.

Yo miré por encima de su hombro mientras nos alejamos y pude ver a Sony mirándonos, su expresión era… inescrutable pero creó que gruño, golpeó la pared, pude ver como se desprendía parte del yeso y como luego el otro le ponía una mano en el hombro. Sony pareció relajarse.

  • Eso es lo que debe ser Sony… - susurró con un suspiro al lado de este que apretó el puño – Él es como ella… es una pareja posible, puede estar con ella pase lo que pase…


Sony se giró y corrió hacía la casa abriendo de un golpe la puerta, abrió la nevera y sacó una caja de botellas vaciando una tras otra. Aura se acerco ronroneante poniendo sus manos en sus hombros. Este se tenso como una cuerda de piano, gruño intentando apartarla pero luego la tiro en el sofá y se abalanzó sobre ella besándola con cierta violencia. El resto abandonaron la sala dejándolos solos.

En un rincón Daren los observaba negando con la cabeza y se metió en su propia cámara meditando.

En la cabeza de Sony aún resonaban sus palaras, así es como ha de ser Sony, olvídalo. No podrás protegerla eternamente. Es fuerte, seguirá su camino si te alejas, no lo compliques más, aún no es tarde, estas a tiempo, apártate sigue tu vida como hasta ahora. No es para ti. No te condenes a sufrir más, sabes que esto no tiene un final feliz, no puede ser, son mundos distintos, imposibles, sólo sufriréis y os dañareis. Era fácil decirlo, lo sabía era verdad… pero Daren no sabía lo que dolía eso… sentía celos, ahora lo sabía. Se había enamorado irremisiblemente de esa chica que lo llevaría a la ruina. Tiro bruscamente del cuello de Aura y volvió a envestirla con un gruñido, la otra jadeó enrollando su pierna sobre su cintura mientras los colmillos afilados atravesaban la dura piel.

Llegamos al cabo de poco a casa y me detuve frente a la puerta y miré a Beikar.

  • Esto… por favor, no digas una palabra de lo ocurrido ahí dentro.

Él me estudio en silenció unos segundos frunciendo el ceño pero luego asintió reticente, ahora estaba claro que le debería una.

Abrí la puerta, estaban todos distraídos en el salón, hablando y viendo la tele como cualquier familia, entre saludando en general, mi madre se levanto viniendo hacía la entrada y se detuvo sonriendo encantada cuando vio entrar tras de mí a Beikar que saludo. Pero el olor de la sangre…

  • Beikar, vaya… que sorpresa, me alegro de verte – sonrió de oreja a oreja – Mira cariño – llamó a mi padre - ¡Iria! ¡¿Qué ha pasado?! – se alarmo

Yo quería fundirme en el suelo.

  • Vaya, ¿habéis salido juntos? No nos habías dicho nada –se apuntó Carúla. - ¡¿Y eso?!

Yo me llevé una mano a la frente.

  • No, nos encontramos por casualidad en la calle y la acompañe – se encogió de hombros él con naturalidad.

Parecía que era yo la que no sabía mentir…

- ¿Qué es ese olor? – dijo Biel arrugando la nariz y acercándose a mí, me rodeo olfateando.

Me tensé, todos lo vieron y las caras volvieron a cambiar.

  • Eso será del antro ese donde entramos – me miró Beikar
  • ¿Eh? Sí, seguro. Me corte sin darme cuenta, había mucha gente… – sonreí inocentemente - ¿Vamos? – miré a Beikar que tras mirar a mis padres y me siguió escaleras arriba.

El corazón estaba a punto de salirme por la boca, le hice entrar sin echar la vista abajo y cerré la puerta.

  • Gracias – le dije al cerrar la puerta y apoyarme en ella.
  • Sólo quiero saber porque he mentido Iria…
  • Pues para que no me encierren de por vida como a una monja – sonreí.
  • Si es por eso volveré a hacerlo – sonrió guiñándome un ojo de un modo arrebatador y miro alrededor – Así que esta es tu habitación.
  • Sí…
  • Interesante.
  • No la imaginabas así ¿verdad?
  • Pues si tengo que ser sincero… sí, luminosa, espaciosa, sin muchos trastos, con una estantería llena de Cd’s y libros – me miró sincero.

Me sorprendió de nuevo, ese chico me intrigaba… me atraía no me engañaré, tenía algo especial… lo miré en silencio, estaba irresistible con esos pantalones y ese jersey con cremallera con una camisa blanca debajo. Era tan atractivo, su cara, sus facciones… cualquiera estaría encantada de estar a solas con un hombre así. Se acerco a mí y miró la herida, rebuscó en el baño y me lo limpió aunque no hiciera mucha falta, le deje hacer, un escalofrío me recorrió al sentir su tacto ardiente.

Sus ojos brillaban con intensidad casi con un tono dorado que realzaba sus espesas pestañas negras. Con paso inseguro me aparte de la puerta y deje el bolso sobre el escritorio con la chaqueta que aún descansaba en mis brazos y me apoye de espaldas a la silla con las manos en el escritorio.

  • Gra…gracias - sonreí
  • ¿Estás bien? – me miró sin decidirse a sentarse.
  • Sí… ¿Por qué? – una pregunta estúpida me dije enseguida, él podía escuchar los claros latidos de mi corazón acelerado.

Sonrió.

  • No eres muy habladora ¿eh?
  • No…
  • Bueno, con tus amigas hablas un poco más – volvió a sonreír – Te he visto algunos días con ellas.
  • ¿Has estado observándome?
  • Sí, lo siento – bajo la vista un instante y se sentó en el borde de los pies de la cama – No podía dejar de pensar en ti…

Suspiré sin saber muy bien cómo reaccionar o que hacer, estaba segura que todos estaban atentos a lo que pasaba aquí dentro. Él me devolvió una sonrisa cómplice entendiéndome. Era tan fácil comunicarse con él… volvió a mirar alrededor y recogió una caratula de DVD del suelo.

  • Blood & Chocolat
  • Sí – me había acercado hasta él tan rápido y en silencio que hasta se sorprendió cuando le quité la película de los dedos con cuidado y la guarde.
  • ¿Te gustó?
  • Sí – me giré mirándole.
  • No lo entiendo ¿Por qué iba una loba a elegir a un “débil” humano?
  • Por amor… - murmuré y baje los ojos.
  • Amor… curioso sentimiento. No te hacía una romántica, sino alguien más práctico.
  • Los sentimientos son importantes – lo miré frunciendo el ceño.
  • Sí claro, pero es algo muy humano. Traen problemas si no sabes llevarlos.
  • Tú lo eres en parte.


Él hizo un sonido extraño y guardo silencio pensado, yo vacilé pero finalmente me acerque a él y me senté a su lado estudiándole.

  • ¿Y tú sabes de amor? – me miró con sus intensos ojos miel apartándome un mechón tras de la oreja rozándome la mejilla. Me estremecí.

No pude contestar, sólo oía los latidos desbocados de mi corazón y mi propio cuerpo alborotado, extraño…

  • Nosotros nos guiamos más por instintos… aunque también amamos claro – susurró mirándome aún fijamente turbándome - ¿Por qué te esfuerzas en ser tan humana? – su mano estaba en mi mejilla.
  • Yo… - no podía hablar, ni pensar, me nublaba la mente.
  • ¿No te gusta lo que eres? – me miro extrañado y con cierto dolor en sus hermosos ojos – Eres hermosa Iria, perfecta… fuerte, inteligente…

No podía responder a eso. No me desagradaba lo que era, lo aceptaba, pero tampoco me entusiasmaba ser una especie de monstruo. Él pareció entenderlo pero no lo aprobaba. El era un orgulloso licántropo y el resto eran débiles errores… lo vi.

  • Lo aceptas que no es lo mismo, te resignas… ¿Por qué? No lo entiendo, eres grande… maravillosa, una maravilla de la creación, somos una evolución Iria. No deberías dejarte influenciar por pensamientos humanos, no somos monstruos, ni animales, somos un ser único.

Ahora sabía por qué a Biel le caía tan bien ese chico, intente apartarme de él pero no pude, me quede quieta y no me di cuenta de que me había tendido sobre la cama hasta que mi melena se esparció sobre el mullido nórdico. Sentí una punzada de dolor, en parte tenía razón.

  • Estas muy desconcertada y no sé porque… - me acarició el cabello y el rostro hasta mi cuello, jadeé – Tendrías que estar más con los tuyos en vez de plantarles cara. Deja de revelarte por todo.
  • No es verdad – dije con un hilo de voz nada convincente.

Las piernas me temblaron ligeramente cuando sus labios se acercaron peligrosamente a los míos. Cerré los ojos cuando su diestra descendió desde mi cuello hasta mi vientre, abrí los ojos y le vi sonreír de aquel modo tan tentador y

se aparto un poco pero volvió a acercarse a mi cara, sus labios se posaron en los míos, me beso suavemente, muy despacio, cálidos, sus labios apresaron mi labio inferior, me sentí desvanecer. El se apartó levantándose. Jadeé de nuevo respirando agitadamente.


  • Bueno Iria, me debes una cita – guiño el ojo.
  • Claro… - murmuré
  • Bien, nos vemos el martes entonces. Cuando salgas de clase allí estaré – abrió la puerta y se fue hacia las escaleras, yo salí aún sofocada y lo vi bajar las escaleras.


Beikar era unos años mayor que yo, observé sus movimientos elegantes y sigilosos, se despidió de todos chocando las palmas con Biel y luego se fue tras darle dos besos a mi madre, se giro y miro directamente hasta donde estaba yo.

  • Nos vemos Iria – sonrió malicioso y cuando estaba a su altura en la puerta se giro y sus labios apresaron los míos de un modo indescriptible de nuevo y salió por la puerta cuando el corazón me daba otro vuelco como si diera un salto mortal y los ojos se me abrieran desmesuradamente, no sabía si atizarle.
  • Si, hasta luego – murmuré y suspiré apoyándome en la puerta aún algo ruborizada.

Carúla me miró con una sonrisilla traviesa y regreso al comedor, subí como un rayo sin mirar a nadie medio furiosa y baje al cabo de un rato. Abrí la nevera, las voces de mis padres y mis hermanos me llegaron desde el otro salón y me acerque con sigilo.

  • No me gusta lo que estáis haciendo – dijo la voz de Gabriel.
Continuara...

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