21 de noviembre de 2010

Enemigos .- Capitulo 7


Cuando abrí los ojos aún en el claro la cabeza aún me rodaba, vi las copas de los arboles cerrándose sobre mí dar vueltas como un helicóptero delante de mis ojos. Me dolía todo y sentí el sudor frío de mi cuerpo, me estremecí y miré de medio incorporarme.

  • Iria cariño ¿Cómo te encuentras? – me avasalló mi madre tumbándome con una sola mano en mi pecho, era fuerte no pude deshacerme de su tenaza o su zarpa como prefiráis.

La cara de mi padre también irrumpió en mi campo de visión al igual que la de los demás.

  • ¿Qué paso? – murmuré, la garganta me raspaba y mi voz era ronca, tenía el cuello reseco y ardiente.
  • Te quedaste inconsciente tras el ataque – me puso la mano en la frente mama - ¿Te mordieron?
  • No llegó a la piel – intente hablar normalmente pero era un hilillo de voz, Gabriel me paso el agua y bebí, estaba sedienta.

Me llevé la mano a las costillas y me queje. Tenía el tobillo hinchado y la cabeza me iba a estallar.

  • ¿Por qué no te defendiste? Parecías un perro domesticado – protestó Biel – Nunca te vi quedarte pasiva ante una amenaza.

Cierto, yo era la primera en atacar, era fuerte, rápida y buena… no había rival aún capaz de hacerme morder el polvo ¿entonces por qué no había hecho nada?

  • ¡¿Qué demonios te pasa?! Se lanzaron todos a por ti, nos pusiste en una situación delicada Iria.

Apreté los labios con un millón de sentimientos opuestos y desvié la vista, estaba helada, tirité y me aferré a la manta, estaba desnuda bajo esta.

  • No debí traeros aquí – suspiró papa.

Me levanté como pude y envolviéndome en la manta recogí mi ropa de la bolsa y renqueando me fui hasta unos espesos matorrales y me cambie. Hasta mi madre se sorprendió. Todos la miraron y se acerco hasta mí cuando ya salía vestida.

  • Ira… ¿qué va mal? ¿Estás con alguien, te ha hecho algo?
  • No – me acerque hasta el resto aún con la frente perlada de sudor, estaba muy cansada.
  • ¿Entonces?
  • ¡Nada!
  • ¿Por qué te escondes de nosotros? – me cogió de la muñeca, su contacto me daño y sin querer solté un quejido mi madre me soltó alterada y me miro la muñeca enrojecida – Desnúdate - me dijo autoritaria.
  • ¡No!
  • ¡Iria obedece ahora mismo!
  • ¡No! ¡No soy un animal! – me arrepentí al punto de haber dicho aquello y me mordí el labio retrocediendo un paso.

La cara de mi madre estaba descompuesta, dolida, enfadada y desamparada, la vi vulnerable y cansada por primera vez en la vida.

  • Sujetadla – les dijo con frialdad pese a lo impulsivo de mis protestas.
  • ¡No! ¡Ni os atreváis a tocarme! – los amenace con la mirada.
  • ¡¿Vas a renunciar también de nosotros?! ¿Vas a renegar? Hija… ¿Qué te pasa? Eres lo que res, siéntete orgullosa…

Biel dio el primer paso, salí corriendo pero ellos fueron más rápidos esta vez y me rodearon, las fuertes manos de Biel me agarraron de un brazo y mi padre lo hizo del otro, me revolví, gruñendo, pateando y arañando a parte de gritar, no iban a detenerse. Mi madre agarro la cremallera del jersey.

  • ¡No! ¡Mama no! ¡Por favor! No me hagas esto – solloce, los ojos se me habían llenado de lagrimas muy a mi pesar y aún me enfade más conmigo misma. Ella dudo. Gruñí estaba a punto de transformarme pero me lo impidieron.

Aún así siguió y me dejo en cueros tiritando, hizo su examen de mi cuerpo y cuando estuvo contenta les ordeno soltarme, me deje caer de rodillas al suelo y cogí mi ropa furiosa.

  • ¡¿Satisfecha?! – la miré enfadada con el ceño fruncido destilando veneno en mi única palabra, quería herirla aposta.
  • No Iria, va siendo hora que tengas un poco de disciplina – me miro con fría indiferencia, estaba claro que no iba a ceder, era cuestión de poder.

Aparte la vista tras vestirme con rapidez y me senté a un lado soltando una retahíla de maldiciones en mi fuero interno. Mi madre arrugo levemente la nariz y yo me encogí. Había percibido un sutil aroma… vi sus colmillos bajo los labios y el tono de sus ojos… creí que allí lo descubriría todo, oteó el aire y fijo la vista en un insignificante resto de vampiro y pareció relajarse. Yo también lo hice.

Los días pasaron, las clases empezaron antes de lo previsto y yo no tuve ninguna noticia de Sony y cada día sentía un vació más grande. Había desaparecido, no había ni rastro. Suspiré resignada haciéndome a la idea de que era lo mejor, tenía que ser así, no lo vería más. Era lo correcto ¿pero porque me mortificaba tanto, porque le daba tantas vueltas y pensaba tanto en él? Sólo lo había visto unas cuantas veces. Suficientes para engancharme a él…y buscarle.

Estaba más deprimida de lo normal, nada me hacía gracia y todo parecía insulso y monótono, hasta Laura estaba desquiciada conmigo, no sabía qué hacer para distraerme, no entendía que me pasaba. Encima era mi cumpleaños. Intente mostrarme entusiasmada con la sorpresa de mi grupo y sonreír pero no tenía mucho sentido aún así fui complaciente. Se lo habían currado por mí…

Suspiré antes de abrir la puerta de casa, allí me esperaba otro suplicio, todo el clan reunido pendiente de mí, regalos, tirones de carrillos, llantinas y ohs. No lo soportaba, hubiera querido salir corriendo en aquel mismo instante. Gabriel me salió al paso y me hizo entrar. Aguante el chaparrón aburrida hasta que un chico extremadamente guapo y atractivo se me acerco. Sus ojos color miel eran grandes y brillantes, preciosos. Tenía una sonrisa picarona encantadora y su cuerpo era perfecto. Su olor característico me embriago enseguida emborrachándome.

  • Hola Iria. Cuanto tiempo – clavo sus ojos en mí.

Lo miré extrañada intentando ubicar o recordar aquel escandaloso (de buenorro) lobo. No lo conseguí y resultaba imposible.

  • Creo que no te acuerdas de mí – sonrió travieso acercando sus golosos labios a mi oído haciéndome estremecer – Soy Beikar – su voz aterciopelada y cálida me erizo el bello de la nuca, mi cuerpo se altero de arriba abajo, un cosquilleo inoportuno me subió de las entrañas, me ruboricé y el pulso se me aceleró.
  • Lo…lo siento… no… - balbucí estúpidamente aún descentrada por sus ojos.
  • No pasa nada, éramos muy pequeños cuando nos vimos por última vez – me miró tras rodearme evaluándome.
  • Me acordaría de ti- le miré sin poder evitar devolverle una sonrisa cuando él hizo otro tanto desarmándome, me tendió otra copa llena.


me había dado ni cuenta de que todos nos observaban cuchicheando en susurros aprobatoriamente, satisfechos, las sonrisas de satisfacción cruzaban sus caras.

Al final, la noche resulto más provechosa y emocionante de lo que creía, mis hermanos si lo conocían, parecía caerles bien y pasamos buena parte de la noche juntos, hablando, riendo… tonteando… olía tan bien… testosterona, mandaba un mensaje claro, estaba disponible y preparado.

No pude dormir esa noche, salí al balcón y suspiré mirando el gajito de luna, la brisa revolvió mi cabello. Suspiré mirando la ciudad hasta que algo a mis espaladas me sobresalto, una mano fría se poso en mis labios pidiéndome silencio.

  • Creo que tengo que felicitarte – medio sonrió Sony, las piernas me temblaron.
  • ¡¿Pero qué haces aquí?! ¡Eres tú el suicida! ¿Acaso quieres que te maten? ¡Si te pillan! – hable lo más bajo que pude sintiendo mi corazón aporreándome el pecho, me incline un poco hacía delante aún con la mano sobre este e inspiré. Su aliento frío erizaba mi nuca.

¡¿Por qué diablos había tenido que volver a aparecer para volver del revés mi mundo ahora que parecía avanzar?! No era justo. Hizo una mueca extraña algo dolida y sin darme cuenta me lance a su cuello abrazándole. Se envaró agarrotándose pero luego poco a poco me rodeó con sus brazos. Enseguida me aparte avergonzada.

  • - Lo… lamento.
  • - No… no pasa nada – me miró aún con cierta reticencia, aunque sorprendido.
  • - ¡Dios! ¿Por qué has vuelto Sony? – le miré frunciendo el ceño dolida.
  • - He intentado mantenerme al margen de veras…
  • - Esto es muy raro…

Asintió dejando vagar su vista por la oscuridad.

  • - ¿Qué te ha pasado? – me miró de pronto muy serio, tanto que me asusto.
  • Los tuyos nos atacaron en el bosque.

Le oí gruñir y sus ojos brillaron con ese tono rubí airado.

  • - Estamos todos bien.
  • - Tengo que irme… - susurró – Felicidades Iria – me dijo de nuevo y tras cerrar una cadena en mi cuello desapareció tan rápido como había venido.

Miré el colgante, aún desconcertada y lo cogí entre los dedos, era precioso, delicado… y exquisito, la figura era un lobo aullando, sonreí aún jugueteando con él y volví a dentro.

Me metí en la cama y volví a soñar con él y con Beikar y sus ojos color miel pero el dulce sueño se volvió una pesadilla cuando se pelearon. Grité desesperada, toda la casa se despertó e irrumpieron en mi cuarto con los dientes brillando, mi madre salto a mi lado y me aparto el pelo, sudaba, y aún respiraba acelerada, ahogándome de pánico

  • ¡¿Estás bien, que pasa, quién hay?!- – empezó mi padre mientras Bast y Biel olfateaban con un gruñido sordo. Me horrorice aún más.
  • Cariño ya paso, sólo fue una pesadilla ¿Cómo estás? – las caricias suaves de mi madre en mi mano me tranquilizaron un poco, me atrajo hacía ella y yo enterré la cara en su pecho avergonzada aún respirando agitadamente - ¡Calmaos todos y salid fuera! – los regaño y nos dejaron solas.

La vi mirar la cadena y arrugo la nariz, yo cerré mi mano en torno a este, ella no dijo nada, me abrazó acunándome, sollocé.

Cuando salió de mi habitación suspiro, todos estaban fuera esperando.

  • - Es peor de lo que creemos… se nos va de las manos… - sonaba apesadumbrada.
Continuara....

1 comentario:

  1. Los padres de Iria son sin duda demasiado protectores (yo diría incluso que un poco dictadores) no me ha gustado nada ese acto de desnudarla en medio del bosque y ante todos para "examinarla".Humillante sin duda.

    Aparece Beikar en escena, un lican atractivo y con un gran magnetismo, pues ha hecho tambalear a Iria e eincluso ya se atreve a irrumpir en sus sueños. Espero y el reinado de Sony no se tambalee.

    Me encanta que Sony esté siempre pendiente, siempre apareciendo cuando menos se le espera y cuando más se le necesita... auqnue luego aparezcan los padres olfateando el aire jejejjeje

    Besos amiga

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