17 de noviembre de 2010

Enemigos .- Capitulo 6


  • ¡¿Qué has hecho que?! – miré desquiciada a mi hermano mayor – Esto es ridículo. ¡No!, de locos – le miré desafiante al verlo enfadado plantándose frente a mí hinchando la nariz – Estoy perfectamente.
  • No sabíamos dónde estabas… - me miró Carúla compungida y detrás de los hombros enormes de Fier pude ver a Laura sentada diciendo sin palabras lo siento.
  • ¡¿Para qué coño quieres entonces un móvil?!

Lo saque irritada tirándolo sobre la mesa.

  • Se me quedo sin batería, además… sabías perfectamente que estaba bien, no tenías por que montar este numerito – lo recrimine pasando a su lado.
  • Tu no entiendes nada – me cogió del brazo con fuerza y yo lo miré verdaderamente airada, me hacía daño.
  • Suéltame – espete entre dientes entrecerrando los ojos.
  • ¡Ya basta los dos! – nos cortó la firme voz de mama, yo me solté bruscamente y me acerque hasta Laura saludándola.
  • Siento que hayas tenido que ver esto.
  • No, no pasa nada… - sonrió sin atreverse y añadió bajito – Me siento responsable.
  • No, descuida. Vamos arriba – le dije echando una última mirada airada a todos los presentes, mi padre me miraba de nuevo con esa expresión indescifrable… y Bast volvió a mover la cabeza negativamente. Suspiré.

Ya en la habitación solté el bolso y mire a Laura que se sentó en la cama con las piernas cruzadas.

  • ¿Pero dónde has estado? ¿Estás bien? Estaba preocupada, de veras lo siento – se atropelló entre preocupada y curiosa.
  • Necesitaba pensar, ayer tuve un encontronazo con los míos, ya te lo dije…
  • Ya veo… y no ha mejorado.
  • No – admití con un suspiro dejándome caer sobre la mullida alfombra.
  • Bueno… cuenta.
  • He pasado el día con un chico.
  • ¡¿Así?! ¡Joder cuenta!
  • Mejor que no sepas mucho… no vaya a ser que te sometan al polígrafo – bromeé aunque realmente es lo que pensaba.
  • ¿Es guapo, esta bueno, lo conozco?
  • Sí… mucho, casi parece imposible – suspire tendiéndome de espaldas en la alfombra con una sonrisa y un gran suspiro – Pero no me conviene… no me conviene nada pero aún así…
  • ¡¿Por qué?!
  • No importa.
  • Bueno… ¿Qué más? Ósea que esta bueno y es un chico malo – sonrió pícara al ver mi cara que se puso roja - ¿Lo he visto yo?
  • Sí, pero por ahora no voy a decirte más.
  • ¡Así que piensas verle otra vez!
  • Si él quiere – murmuré
  • ¡¿Cómo no va a querer?! – rió con su sonrisa traviesa bailando en su cara y aporreándome con el cojín.

Salem entro con unos refrescos y unas galletas y las dejo en el escritorio, cuando volvió a salir volvimos a echarnos a reír.

  • Por desgracia… fue el mejor día de mi vida – suspiré triste mirando el techo.
  • ¿Por qué dices eso?
  • Bueno… pero cuéntame tú ¿supongo que viniste por algo?
  • Para verte y estar juntas.

A la hora de cenar aún seguíamos hablando y Salem subió para preguntar si Laura se iba a quedar, miró el reloj y viendo lo tarde que era se levanto como un resorte de la cama.

  • ¡Uy no! Tengo que irme. Gracias
  • Pero no te vayas así…
  • Mi hermano viene a buscarme tranquila.
  • Salúdalo de mi parte – le dije ya en la puerta y le guiñé el ojo.
  • Se pondrá muy contento – rió maliciosa, la salude con la mano cuando se alejo y cerré girándome hacía el salón aún con una sonrisa en la boca que se esfumo tan solo verlos a todos con cara de palo.

Suspiré y avance hacía la cocina resignada.

  • ¿Ahora qué? – me senté en mi silla.
  • Te fuiste sin decir nada – me miro mi padre dejando los cubiertos en la mesa, mala señal…
  • ¿Qué querías después de todo? La próxima vez os dejare mi planning por escrito.
  • No te lo tomes a broma Iria – siguió aún con tono sosegado. Mi padre y yo nos parecíamos bastante en lo del carácter explosivo.
  • Vale papa, perdona – levante las manos apartándolas de los cubiertos.

Suspiró y yo clave mi mirada en él poniendo mi mejor cara de niña buena, pareció removerse inquieto y Gabriel enarcó una ceja, sin darme cuenta estaba usando mi… preocupante don vampírico con mi padre… Gabriel me dio un golpecito con el pie por debajo de la mesa rompiendo el contacto visual y me miró frunciendo el ceño a modo de regaño.

  • ¿Podemos comer ya? – mi voz sonó demasiado ansiosa o nerviosa mi padre clavo su mirada sobre mí entre preocupado, extrañado, desconfiado y…asustado. No me gusto.
  • Si, será mejor – intentó sonreír Carúla saliendo al rescate.
  • Se me ha quitado el apetito – se empezó a levantar Biel.
  • ¡Tú te sientas a comer! – sentenció mi madre que me fulminó con la mirada.
  • Sea lo que sea Iria… espero que esa absurda… moda pasajera que te ha entrado con los vampiros termine aquí… ese olor en mi propia casa es más que una ofensa.

Gruñí, iba a protestar cuando mi madre me puso una mano en la muñeca y calle masticando con furia.

Comimos en silenció, el aire era tenso y eso estaba desquiciando mis nervios a flor de piel. No controlaba mis… nada convencionales poderes psíquicos y mágicos por decirlo de una forma ya que tenía varios… era la rarita de la familia como dije.

Esa noche no me quede con los demás a ver la tele ya que volvieron a soltarme sermones que ni escuché, subí a mi habitación y me senté abrazándome a mis rodillas, cada vez que cerraba los ojos le veía a él. La piel aún me cosquilleaba sintiendo su tacto y la mano me quemaba… era como una droga, deseaba tenerlo allí, tocarle, sentirle… no podía ser, no podía volverle a ver…

Gabriel sacó la cabeza con cuidado por la puerta y me miro entrando tras entender que podía pasar y se sentó a mi lado mirándome, estaba serio, pero sus ojos negros mostraban cariño y preocupación. Deslizo su fuerte brazo por mis hombros y me atrajo hacía él con facilidad estrechándome. Me despeino y luego me miró al no protestar.

  • Iria… ¿Qué te pasa hermanita?
  • No lo sé… - admití abatida enterrando la cara entre mis rodillas.

Le oí hacer un ruido extraño y luego me apretó el hombro con suavidad deslizando su mano reconfortante por mi espalda.

  • Estas fuera de control… ¿has pensado en lo que podría haber pasado allí abajo? Iria… has intentado moldear la voluntad de papa…
  • Sí lo sé, lo siento – me pase las manos por los lados de la cara apartándome en el proceso el cabello que aún tenía entre los dedos.
  • Estoy cansada Gabri, estoy cansada de luchar contra todo y sólo oír críticas vuestras. No hago nada bien…
  • Pues deja de hacerlo ya sabes que no es eso. No estás siendo objetiva.
  • Sabes que es verdad… siempre estáis sometiendo al microscopio todo lo que hago o digo… me siento como un perro de laboratorio. Tengo miedo de abrir la boca por lo que podéis decir, ya no puedo seguir fingiendo que no me importa, que me da igual porque en el fondo no es así, no me puedo engañar. Duele que la que se supone es tu familia y que te tiene que querer tal y como eres te trate así… no me conocéis ninguno Gabriel.
  • Deja de huir, de aislarte… no se qué te pasa pero no es bueno…

Apoye mi cabeza en su fuerte pecho y cerré los ojos intentando relajarme, estaba tensa. Notaba los músculos agarrotados.

  • Esta tarde parecías contenta… hacía días que no veía esa sonrisa tan bonita – me sonrió apartándome un mechón a la vez que me acariciaba la mejilla.
  • Tú siempre has sido más comprensivo y paciente.

No dijo nada.

  • ¿Por qué estás así? Iria… ya sabes lo que le paso a… nuestra hermana. No queremos que te pase a ti, no podemos permitirlo, tendrías que entenderlo. Biel esta aterrado, mira de entenderlo un poco, perdió una hermana una vez… nadie pudimos hacer nada y luego la abuela le salvó a él perdiendo la vida.

Suspiré sintiéndome más culpable.

  • Lo siento…

Me beso la frente y me estrecho guardando silencio, espero hasta que me quede dormida y me dejo en la cama.

Me desperté pasada la media noche, el reloj marcada las cuatro y media, me gire y mis sentidos me alertaron, me levanté de un brinco. Sony estaba en mi habitación.

  • Lo siento… necesitaba verte…
  • Definitivamente estás loco de remate – suspire pero le devolví una cálida sonrisa, me alegraba de verle, me reconfortaba.
  • Tengo una pregunta…
  • Di – me senté tapándome lo justo con la sabana haciéndole sitio, él me acarició indeciso la mejilla, mi pulso se acelero y el bello se me erizó placenteramente.

Pasamos el resto de la anoche hablando y estudiándonos en silenció, me sentí vacía cuando desapareció, dejé la ventana abierta para que el olor se fuera diluyendo muy a mi pesar y miré con un suspiro el vació que había dejado. Los días pasaron, y cada vez fui quedando más con él, hasta que una noche no se qué paso… estaba frente a él… sus labios rozaron los míos deslizándose por mi cuello, mi hombro… se levantó y sin mediar palabra desapareció tal y como había aparecido. Sentí un dolor agudo en el pecho. Ya me costaba suficiente no pensar en él para que encima me dejase así…


Sony tras devanarse los sesos y aporrear varias paredes torturándose mentalmente se sereno y sonrió evaluando esos últimos días, no podía arrepentirse, era lo mejor que había tenido nunca. Atravesó la estancia y subió las escaleras de mejor humor que de costumbre, todos lo vieron, cerró la puerta tras él y se sentó en el butacón pensativo, poco a poco la sonrisa se iba desvaneciendo a medida que iba pensando fríamente en todo aquello. Tenía que cortar con aquella insensatez antes de que alguien resultara herido. Ya había ido demasiado lejos… no tendría que haber hecho eso.

No fue hasta pasada una hora que se dio cuenta que Daren estaba sentado en la otra punta de la habitación observándolo. Su pierna derecha descansaba sobre la izquierda y tenía el mentón apoyado en la mano.

  • Daren… no me había… - se calló.
  • Ya…¿Sabes que allí abajo estas siendo el centro de atención? Has captado todos los cuchicheos.

Él apretó la mandíbula.

  • ¿Has estado con ella verdad? Otra vez – suspiró al añadir eso último.
  • Sí.
  • Bueno ¿Almenos cuéntame? ¿Valió la pena?
  • Irremediablemente.
  • Ay madre… Sony… sabes que esto no puede seguir ¿verdad?
  • Sí – suspiró aún recordando el tacto de ella en su piel.

Daren lo miró asombrado y arqueo la ceja estaba a punto de hablar cuando entraron Aura y dos chicas más.

  • Os dejo, hasta luego Sony – se levantó mirándolo y cerró al salir.

Supo que iban a tener problemas sólo con verla, bajo y hecho una mirada helada a tres de los chicos que parecían estar conspirando en un rincón y salió de la casa.


Me desperté sobresaltada, había vuelto a tener pesadillas y extraños sueños y él… aparecía en ellos. Me levante aún alterada y me metí en la ducha con agua fría. Me vestí y baje a desayunar.

  • ¿Qué, listos para la excursión? – sonrió más animado.
  • ¡Oh no! – quise morir en ese momento, lo había olvidado pensaba que aquello había pasado a la historia.

No había forma humana de escapar de aquello, subí corriendo antes de que la cara de mi padre se desfigurara y subí a cambiarme tras que mi madre me echase una mirada, volví a bajar con la ropa adecuada.

  • ¿Lo habías olvidado verdad? – me miro mi padre con cierta pena.
  • No…no… sólo es que…
  • Quizás sois un poco mayores para algunas cosas…
  • Papa, esto nos va bien. Vámonos – dijo Biel.

Suspiré y ayude a mi madre a coger una mochila mientras bajaban al parking, oí el rugido del motor y subimos. La ciudad no tardo en quedar atrás, pero mi mente seguía allí y no fui consciente de que se me escapo otro suspiro, antes me gustaban aquellas salidas, las disfrutaba… ahora…no sé.

La mano de mi madre que se había sentado atrás conmigo me saco de mi ensimismamiento, le sonreí distraída y volví a apoyar la cabeza en la mano mientras miraba por la ventanilla.

Estaba claro que no iba a volver a verlo, almenos no en los próximos días y eso me causaba una extraña ansia. Durante todo el día y toda la caza estuve distraída pero nadie dijo nada y suspiraron resignados cuando deje escapar una presa. Oí gruñir por lo bajo a Biel y me fui a sentar al claro y me acurruque al sol aún en mi forma de loba. Aquellas salidas eran lecciones, aparte de alimento. Mi pelaje entre gris claro oscuro y negro resplandecía, me miré las puntas de las patas blancas y suspiré cerrando los ojos con el morro en el suelo. Aquello ya no me llenaba. Estaba apática, Un morro me dio en el costado con un gemido lastimero, ignoré a Carúla y Gabriel que volvieron a correr monte arriba. No comí, al anochecer mi padre adoptó la forma de licántropo, era imponente, hermoso… pero no me embargo aquella emoción de siempre. Permanecí aovillada con un nudo en la garganta ¿pero que me pasaba?


Biel se acercó a mí en la misma forma, era enorme, su descomunal pecho tapaba la luna, sus músculos eran increíbles. Mi madre negó con la cabeza y me dejo tranquila. Se perdieron en el bosque y pronto empecé a sentirme intranquila, regresaron jadeantes, Biel aún tenía un reguero de sangre en la comisura. Gruño de modo salvaje, alerta, el pelaje se le erizo y mostró los colmillos preparando las garras, no estábamos solos. Había unos vampiros… los

olí, pero permanecí tumbada aún cuando aparecieron en el claro con aspecto amenazador ¿Y si eran amigos apreciados de Sony? ¿Cómo iba a atacarles? No tenía nada en contra de ellos, porque esa animadversión… quizás si me quedaba quieta, si no los atacaba… ellos... El entrechocar entre Biel y uno de ellos fue ensordecedor. Fier que aún estaba en formo de lobo salto a la yugular de otro transformándose. El suelo tembló, eran más de los que había calculado y empezaron a saltarnos encima sin motivo. Me levante gruñendo sin ganas cuando uno se me planto delante sonriendo, presentía un

triumfo fácil, adopté una pose desafiante y amenazadora erizando el pelaje para parecer más grande y retiré el morro mostrando los dientes. Aquello no lo amedrentaba lo sabía. Normalmente huían ante un grupo como el nuestro… mi gruñido no era convincente siquiera, sentí un golpe en el costado, oí a alguien gimotear, me levante atolondrada y me sacudí, por un instante fui

incapaz de respirar, un peso cayó de nuevo encima de mí, sentí una punzada en la nuca y me sacudí. Por suerte con el grosor de esa piel sus ponzoñosos colmillos no habían llegado a la carne, me revolví y no sé como quede patas arriba, jamás me había pasado nada de aquello. Sentía un cúmulo de sensaciones contradictorias, el instinto me instaba a tacar a morder, a derramar su sangre maldita, pero mi cabeza… Biel cargo y de un salto lo aparto de mí, unos instantes después todo había acabado. Intente avanzar hacía Carúla pero mi propio alarido me alarmo, me lamí la pata instintivamente y apretando la mandíbula me acerqué hasta ella, estaba bien, sólo eran unos rasguños sin importancia.

irrumpió de un salto triunfante al claro y se sacudió mirando alrededor.

  • ¿Estamos todos bien? – pregunto recuperando su aspecto humano.

Yo aparte la cara de su perfecto cuerpo desnudo y me tendí cuan larga era como loba, todos habían recuperado su forma y se vestían. Me sentía muy cansada… un sopor inaguantable me sobrevino, apenas podía mantener los parpados abiertos, el cuerpo me quemaba. Tenía nauseas y estaba débil, me sentía fatal, era un dolor agudo e insoportable. El corazón parecía a punto de estallar aprisionado por una presión demasiado fuerte, gemí lastimosamente, no podía… ese dolor lacerante… me sentía morir. El olor de la sangre me mareó, ya no me pareció, me revolvió las tripas. Mis padres se alarmaron y corrieron hacia mí, sentí la mano de mi madre en mi frente, respiraba agitada, todo fue oscuridad tras eso. Recuerdo una manta cubriendo mi cuerpo espasmódico y un paño en mi frente, nada más.

Continuara....


1 comentario:

  1. Sin duda nuestra heroína se encuentra en un difícil dilema: encerrada en una existencia licántropa (que le emocionaba y le fascinaba hasta el momento en que descubrió que era posible una coexistencia pacífica con sus eternos enemigos, que estos no eran tan malos ni ellos los buenos de la historia).

    Su propia familia la pone en contra de ese otro clan constantemente, sin comprender que la joven pueda albergar dudas y deseos de saber. Al fin que es solo una adolescente saturada de hormonas y constantes cambios.

    ¡Me encantó la escena nocturna en la habitación! La próxima vez hazla más extensa jejejejeje

    Nos leemos, ánimo y si no nos vemos buen finde amiga

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