12 de noviembre de 2010

Enemigos .- Capitulo 5

Daren sacudió la cabeza y miró a su compañero, aún estaba tenso y sentado como una tabla a su la

do. Suspiró y miró el asiento vació frente a ellos.

  • Te dije que no hicieras nada que nos trajera problemas. Los críos hablaron.

Sony se llevo las manos a la boca y luego se levantó seguido del otro pagando su cuenta.

Llevaban un buen rato andando en silencio hasta que Daren volvió a mirarlo.

  • Sony… háblame ¿Qué pasa?
  • Creo que debería alejarme unos días…
  • No tienes que hacerlo. Es ridículo.

Miró el cielo que se oscurecía lentamente y se apoyó contra un edificio poniendo la planta de un pie en la superficie vertical.

  • Tienes razón.
  • ¿Entonces? No te sigo de verdad…
  • Es igual, mejor así. Olvídalo.

Daren volvió a mirarlo y empezó a andar de nuevo hasta detenerse al ver acercarse a Aura al trote.

  • ¡Sony! Daren… ¿Qué hacéis aquí? - sonrió
  • Hola Aura – la saludo Daren echando una mirada fugaz al otro que se que froto los ojos cansado enfriando la efusividad de la otra.

Cuando salí del baño envuelta en la toalla casi suelto un grito, no estaba concentrada y no me di cuenta de que Biel estaba allí sentado en el borde de mí cama, me sobresalte e intente tranquilizarme para que el corazón volviera a su sitió. Había conseguido evitar a mi madre pero él… levanto la ceja extrañado, yo siempre detectaba a todos y cada uno de los habitantes de la casa estuvieran donde estuviesen, arrugo levemente la nariz y yo aparte discretamente la ropa con el pie hasta la cesta de la ropa sucia.

  • ¿Qué haces aquí? – le dije aún sin resuello – Me has dado un susto de muerte.
  • ¿Por qué será eso? – me miró furtivamente entrecerrando los ojos – Dios, que olor más molesto…

Era culpable, estaba claro.

  • Joder ¡¿es que no puedo tener ni un momento de intimidad para mí?! No puedo estar las veinticuatro horas con la antena puesta, que es mi habitación – me defendí con rapidez tirándole un cojín que tenía por ahí y aferré bien la toalla a mi cuerpo.
  • Oh, claro… perdona – dijo bajando un poco la vista, yo suspiré aliviada deshinchando el peso, de momento lo estaba distrayendo...

Me había librado por los pelos o eso creía…

  • ¿Cuándo has vuelto?
  • Hace un momento.
  • Eso ya lo sé. Me refería… ¿por dónde? ¿Desde cuándo entras por la ventana como un vulgar ladrón y por qué? ¿Qué ocultas Iria? No soy estúpido.

Mierda pensé.

  • ¡¿Por esto mismo?! No tenía ganas de someterme a un nuevo interrogatorio – me ofendí.
  • ¿Con quién estabas? No… pregunta errónea y estúpida ¡¿Por qué?!
  • ¿Pero que eres la Gestapo? Con mis amigas – lo fulmine con la mirada mientras los restos de agua resbalaban por mis piernas hasta el suelo - ¡¿y ahora quieres salir de aquí y dejarme cambiar?! – clave mi mirada airada y que no admitía replica en la de él que se levanto.
  • Iria… será mejor que no me mientas – se acercó a mí de ese modo implacable e imponente que sólo él era capaz de hacer y un escalofrío me recorrió.

Levate la mirada para sostenérsela pues era más alto que yo además de corpulento y esperé a que saliera de mi habitación. Me apoye en la puerta una vez a solas y me llevé la mano a la frente ¿pero qué estaba haciendo? ¿Qué era todo aquello? Estaban desquiciados, ya podía ir olvidándome de una disculpa después de eso. Me vestí y baje en un revuelo a meter la ropa en la lavadora y regrese a mí habitación cerrando la puerta. Los oí discutir abajo, no lo soportaba. Encendí el estéreo subiendo el volumen y volví a coger el libro tendiéndome en la cama. Al cabo de unas horas sabía que estaban cenando, no baje, incluso oí a mi padre enfadado gritar que si no quería comer con ellos que no lo hiciera pero que no comería nada, habían unas normas y en su casa se cumplían. Me enfadé aún más y me empeciné en permanecer en mi cuarto, tenía hambre pero no importaba. Serían eso de las once cuando mi madre subió, pico suavemente con los nudillos en la puerta y entró sin esperar mi respuesta. En sus manos llevaba una bandeja, el olor de la carné me lleno la nariz, suspiró y se sentó en el borde a mi lado apartándome el cabello detrás de la oreja.

  • Iria cariño…
  • Déjame mama – desvié la vista, estaba avergonzada por cómo me había comportado pero no me arrepentía de lo que había dicho aunque les doliera porque era verdad.
  • ¿Pero que te sucede hija? – me miró triste y no le respondí, suspiró - Te dejo esto aquí – volvió a suspirar y vio como yo miraba la comida y volvía a apartar la vista fingiendo leer – Cuando quieras hablar ya sabes dónde estoy – Se levantó y abandonó la habitación sin añadir nada más.
  • Gracias mama – susurré cuando cerró y miré la comida, si la tocaba significaría que había aceptado la derrota pero si no lo hacía… sería mucho peor.

Me golpeé la cabeza con la almohada echándome hacia atrás y miré el techo tras vaciar el vaso de naranjada y me acurruqué para intentar dormir aunque acabé cogiendo el portátil buscando por internet. Nada de todo lo que encontré sobre nosotros y los vampiros era muy fiable pero aún empeoró las cosas, no podía dormir, tuve pesadillas y acabe poniendo Vanhelsing en mi reproductor y me puse los cascos para no molestar a nadie, me abracé al cojín y volví a ovillarme.

la mañana unas manos que pretendían ser delicadas me apartaron el pelo de la cara con cuidado, abrí los ojos tras remolonear y vi a Bast sentado en una silla junto a mi cama.

  • Buenos días, preciosa.
  • Bast… ¿Qué haces aquí? – me incorporé un poco apoyándome en el codo.
  • Quería saber cómo estabas.
  • Bien.
  • Iria…
  • No estoy enfadada contigo, hiciste tu trabajo – me levante sin mirarle, me sentía triste esa mañana.
  • Ya – me miró en silencio y desvió la vista hacia el portátil y al DVD sacudiendo la cabeza.

A esas alturas él ya sabía que yo empezaba a hacer preguntas incomodas, cerré demasiado tarde la pantalla del mini ordenador de un golpe seco y me miró serio.

  • Ni una palabra – lo amenace y me dirigí hacía el vestidor.

Le oí suspirar a mis espaldas y salió de la habitación cerrando con cuidado. Repase la sala y sin muchas ganas cogí algo de ropa. Dentro de unas semanas empezarían de nuevo las clases, miré el aburrido uniforme y salí. Baje al comedor, mi familia ya estaba allí, sólo ellos, el resto habían vuelto a sus casitas y nos habían vuelto a dejar esa enorme casa para nosotros, era más seguro así después de lo ocurrido…

  • Buenos días – murmuré y me dirigí a la nevera sirviéndome un vaso de leche.
  • No piensas disculparte – atronó la voz de mí tío Olaf, su hijo era Fier.

Empezábamos mal pensé.

  • No tengo que disculparme por nada – vacié el vaso y lo dejé sonoramente sobre el mármol tras levantar la cabeza y orgullosa salí de la cocina.

Tenía que salir de allí, me sentía oprimida, las paredes parecían a punto de caer sobre mí, me falto el aire y salí haciendo caso omiso de los demás. Que ya empezaban a discutir de nuevo por mi culpa, apreté los ojos tapándome los oídos. No lo soportaba más.

Gabriel no tardo en alcanzarme.

  • Vuelve a casa Gabriel, no pienso volver – le dije sin girarme.
  • No seas así Iria. Sabes que te pasaste un poco ayer.
  • ¡¿Qué yo me pase?! – me giré incrédula, enfadada.
  • Vamos…
  • Tenía motivos Gabriel.
  • Puede… te entiendo de verdad pero esas no eran las maneras.
  • Gabriel, ve a casa – le miré cansada, me sentía derrotada y seguro hacía ojeras, no me había querido ni mirar al espejo por lo que no sabía si las dos coletas me habían quedado simétricas.

Él conociéndome suspiró y se dio media vuelta.

  • Ten cuidado ¿vale? Y no vuelvas tarde.
  • Tranquilo.

No sabía muy bien a dónde dirigirme pero acabe en el bosque corriendo, eso me desahogaba a pesar de no ir con el atuendo más adecuado, me senté sobre un árbol caído y observé la espesura verde.

  • La verdad… no sé quién sigue a quién – me miró serió el vampiro.

Allí con esa luz era aún más hermoso, tanto que daban ganas de llorar, era hasta ofensiva tanta perfección. Baje la cara mirando el suelo, el frunció el ceño e indeciso se acerco sentándose a mi lado.

  • Tenemos que dejar de vernos así. Tenías razón, se está volviendo una mala costumbre – medio rió buscado la forma de empezar una conversación.

Sin querer una medía sonrisilla abatida cruzo mi rostro.

  • Sera – suspiré en un susurro.
  • Estas triste…
  • Eso es fácil saberlo, no voy a darte un premio por eso – le miré ahora.
  • Vaya… lástima ¿Qué habría ganado? – clavo sus ojos neón en mí apartándome un pelo detrás de la oreja con una suavidad y rapidez tal que creí que de verdad no lo había hecho. Pareció como dolido contagiado por mi estado de ánimo o por verme así, no se… fue extraño.

Ahora si sonreí y el pareció satisfecho.

  • Estas mejor cuando sonríes.
  • Vaya… no se sí darte las gracias – bromeé - ¿Qué hacías aquí, cazar?
  • Pensar. Cuando estoy…gris vengo aquí a pensar, es tranquilo, me serena.

Volví a mirarle dedicándole otra leve sonrisa, que familiar me resultaba aquello y que irónico, yo hacía exactamente lo mismo, allí me sentía libre, era más yo, podía correr y ser libre por unos momentos en que casi podía creer que alcanzaría la luna con las yemas de los dedos.

  • Siento si te he metido en algún apuro. No era mi intención – desvió su vista hacía la inmensidad con una expresión que no supe descifrar, parecía sufrir, se esforzaba en… no sé.
  • ¿Ah no? ¿Y cuál es entonces? – le miré sosegada, hasta mi voz me parecía ajena.
  • ¿La verdad?
  • Por favor.
  • No lo sé. Quiero conocerte… pero no creo que sea buena idea.
  • ¿Por qué quieres conocerme? – le miré intrigada.
  • Ya te lo dije.
  • Oh.

Nos mantuvimos un largo rato en silenció, estaba seguro de que podía oír cada latido de mi corazón.

  • ¿Sería muy descabellado si dijera que también me gustaría conocerte? – dije sin mirarle.
  • Más que descabellado… no es correcto. Debería alejarme de ti.
  • Pero no lo haces – le miré.
  • No y tú tampoco.
  • No entiendo porque te sientes tentado hacía a mí, es…irracional. Somos opuestos.
  • Sí – desvió lentamente sus ojos del bosque hacía mí. Era como una extraña conexión, sentía que le conocía y que él me conocía a mí, me entendía…
  • Debemos ser una especie de masoquistas o de locos… eso o nos gusta sufrir. Esto no puede ir a ningún lado. Sea lo que sea esto…
  • Lo sé – murmuró aún con sus ojos fijos en mí, no podía apartarlos, estaba atrapada como una mosca en la tela de araña.
  • ¿Entonces?

No contesto, sólo acerco su rostro al mío, no retrocedí.

  • ¿Tú no te asustas ante nada? – me pregunto con un gesto extraño en su bello rostro.
  • De muchas cosas.
  • Pero no de la muerte…
  • Es algo que ocurre. No puedes escapar.
  • No – sonrió entre divertido y melancólico con un deje de dolor – Tenías una pregunta…

Lo miré desconcertada un instante y jugueteé con mis dedos a la vez que el aire me mecí

a las coletas. Sus dedos se aferraron a la corteza.

  • Sí… pero no es mía…
  • Da igual, dila.
  • ¿Qué te motiva a seguir cada día vivo? ¿Por que moriría alguien que es eterno? No puedo concebir vuestra vida… ha de ser muy duro ver como todo te deja atrás…

Sonrió con tristeza y miró la tibia luz que se filtraba entre las ramas.

  • Buena pregunta… no es la pregunta de una niña…
  • No soy una niña.
  • Lo sé, créeme.

Le miré y supe que estaba reflexionando, hoy no obtendría respuesta, quizás algún día me lo dijera

, o quizás nunca.

  • Fascináis a la gente – comenté para romper el silencio
  • Es increíble lo que les puede llegar a gustar a las personas, les gusta demasiado el peligro sin saberlo. No aprecian lo frágiles que son… ni lo hermosa que puede llegar a ser la vida o un insignificante instante de felicidad.

Me encantaba como hablaba, me quedaba atrapada entre sus palabras, flotando entre su voz que era como si te meciera. Cerré los ojos y suspiré escuchado aún la cadencia suave de su voz algo dulce.

  • ¿Qué tengo yo para haber captado la atención de tan fantástica criatura?

Me miró otra vez descolocado y luego sonrió afligido.

  • ¿Fantástica? No sabes lo que dices, no puede gustarte lo que ves… monstruo quizás…
  • Entonces enfócalo como un comentario inofensivo entre monstruos – le dije deseando tocar ese rostro perfecto y pálido, inmaculado.
  • No… tu no…
  • Lo soy tanto como tú, bajo este aspecto hay una asesina. Tendrías que odiarme ¿no? O eso se supone… Este mundo no nos pertenece– le miré un instante y para romper de nuevo ese aire desolado que nos invadía retraje los labios en una mueca medio mostrándole mis caninos.

Él sonrió divertido, por suerte mi acción tuvo el efecto deseado.

  • También soy un depredador, no lo olvides. Bajo este aspecto hay un animal – ladeé la cabeza – ¿Ves? Tú también estas mejor cuando sonríes.

Me miro en silenció y me acerque muy despacio posando mi mano en su gélida mejilla. Su textura era suave y delicada pero dura como la piedra, se la acaricie despacio. Los labios le temblaron, parecía a punto de saltar lejos de mi contacto, respiro entrecortadamente. Se quedo rígido un instante y luego consiguió relajarse mínimamente. Se estaba auto controlando. ¿Tan duro era aquello, tan difícil? No era una presa, ni un humano apetecible a quien merendarse, era un enemigo… ¿o

no?

Suspiró cerrando los ojos, parecía tan… anhelante.

  • ¿Cuánto hace que nadie te toca? – me aparte con cuidado de él sintiendo aún un helado cosquilleó en los dedos así como una corriente.
  • Yo… ya no lo recuerdo.
  • Pero vives con más como tú ¿no soléis tener contacto?
  • No es lo mismo… igualmente me mantengo bastante al margen.
  • Eres un solitario.
  • Podría decirse – susurró al sentir como mis dedos cogían con delicadeza su mano y la recorrían. Sabía que esa sensación le gustaba y lo enloquecía a la vez. Estaba jugando con fuego… lo solté sin brusquedad y volví a ocupar mi lugar inicial.

Se apartó un instante cerrando los ojos y luego volvió a acercarse ya más sosegado, aunque sé que le gusto.

  • ¿Siempre te arriesgas tanto? ¿Te lanzas a todo sin pensar en las consecuencias?
  • No sabría decirte… no creo que haga eso.
  • Discrepo – sonrió y me miró fijamente poniéndose serio de pronto.

Avanzo hasta mí en completo sigilo y yo aguante el aliento, me quede tan quieta que casi me mareé, el corazón se me disparó. Acerco su rostro al mío aspirando mi aroma y acerco con cierta duda su mano a mi rostro. Casi me eche hacía atrás pero permanecí quieta enseñando involuntariamente los dientes, él medio sonrió pero puso su palma helada sobre mi mejilla, me estremecí. Todo mi cuerpo se erizó tensándose, sentí el corazón aporreándome el pecho mientras sus dedos se deslizaban por mi cuello hasta mi hombro donde cayó a lo largo de mi brazo. Se suponía que tenía que repelerme, que instintivamente debía provocarme la transformación inmediata para atacarle… pero no me causaba nada de eso… me gustaba su tacto frío… mi piel era tan ardiente…

  • Respira – me susurró con los labios casi rozando los míos.

Sentí vértigo, su mejilla rozo la mía, su nariz olía mi cuello. Me quede petrificada cuando sus labios helados rozaron mi cuello con suavidad, gemí sin poderlo evitar ruborizándome. Se aparto lentamente con una expresión indescriptible en la cara.

Se miró la mano y luego fijo la vista al horizonte. Yo aún tenía el bello de punta por no hablar de otras zonas…

  • ¿Estamos en paz? – medió tartamudeé intentando respirar.
  • ¿Quién sabe? – dijo misterioso mirándome con esa sonrisa traviesa que me derretía.

Suspiré aún con el corazón desbocado y baje del tronco, deseaba demasiado que volviera a tocarme...

  • ¿Tienes planes? – me preguntó.
  • No.
  • Me gustaría llevarte a un sitio si te apetece.
  • Eh… bueno – me encogí de hombros y me aparte dejándole bajar, me tendió la mano y le seguí.
  • Quizás no sea buena idea que nos vean juntos.
  • Quizás…
  • ¿No te importa?
  • No.
  • No debería hacerte esto… - se reprendió.

Sonrió triste y le seguí hasta su flamante coche, subí y observé como todo iba quedando a lo lejos como un recuerdo. No le pregunte donde íbamos no me importaba, tantas veces había coqueteado con la muerte que no me preocupaba mi integridad física o que aquello pudiera ser una trampa.

dejé llevarme donde quiera que fuésemos. Aparco en una esquina y me abrió la puerta, torcimos en un callejón y abrió una puerta de madera, una campanita resonó en la amplía estancia y miré alrededor. Era la librería más increíble que jamás había visto, el olor a tinta, hojas y maderas me inundo enseguida y fui de aquí para allí como una niña en una tienda de caramelos.

  • ¡Es increíble! – me gire cara a él con una enorme sonrisa.
  • Me alegra que te guste. Toda tuya – hizo un gesto con la mano para que no me reprimiera y me perdiera entre los libros.
  • ¿Puedo ayudarla en algo señorita? – me miro el dependiente por debajo de sus gafas redondas que sonrió al verme tan entusiasmada.
  • De momento no, gracias – le devolví la sonrisa y empecé a mirar libros olvidándome de todo.

Él me miraba divertido con las manos en los bolsillos, parado en medio del pasillo.

  • Por cierto, aún no se cómo te llamas – le miré con un libro entre mis manos.
  • Sony – sonrió y luego estudio mi expresión – Sí… no lo digas por favor.
  • No iba a hacerlo – le guiñé el ojo divertida y volví a bajar la vista a las letras, almenos ahora sabía cómo se llamaba… Sony, su nombre me lleno la boca en silencio más dulce que cualquier trozo de carne.

Aquel día increíble e inolvidable lo pase con él, saboreé quizás el que sería el último helado del verano y ya de noche me dejo c

erca de casa pero no demasiado como para exponernos y entre tras cerciorarme de no oler a él.

  • ¡¿Dónde demonios estabas?! Estábamos preocupados, tengo a dos hombres buscándote. No contestabas al teléfono…

Esa fue la cálida bienvenida a mi casa.

Continuara....

Nikta

3 comentarios:

  1. No me extraña que Iria se sienta como prisionera en su propia casa, pues a pesar de que los suyos le exigen madurez y responsabilidades lo que ella recibe de su parte no son más que reprimendas y el trato digno de una niña de escuela. Se supone que es alguien grande dentro de su clan, pero su propia familia le guarda más incógnitas de las que caben esperar.

    Me fascinó ese momento bosque, ese roce, esa caricia tan perturbadora (hacía siglos que nadie le tocaba... auchhhhh) y esa afición de él por proteger su supuesta fragilidad, cuando en este caso ella también resulta ser de los más terribles depredadores.

    ¡Y el momento librería! Ahí me has llegado al alma, porque si a los hombres se les conquista por el estómago a ciertas mujeres se les hace con los libros jejejejjeje

    Procuraré seguir atenta a las publicaciones.

    Besos reina

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  2. IRIA que divertida juvenil y fresca para este vampiro eterno no me extraña que la quiera que dilema ya quiero el otro capitulo
    me recuerda cuando mis abuelos me contaban las novelas de radio como las esperaba EN
    el siglo XX
    yo en el SIGLO XXI ESPERO MI BLOG
    JA JA JA
    NO IMPOTA EL TIEMPO NI EL COMO
    CUANDO ES BUENA LA LECTURA UNO ESPERA
    GRACIAS
    NIKTA

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  3. Gracias a tod@s vosotros, sin vuestras aportaciones no seria lo mismo ni posible. Me alegra muchooo teneros por aquí y que podáis pasar un buen rato y que os guste ;) gracias de corazón.

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Tus comentarios cuentan, gracias.

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