9 de noviembre de 2010

Enemigos .- Capitulo 4

Durante un par de días no supe nada más del vampiro ni había pensado más en aquello (mentira) estaba tirada en el sofá viendo una peli rodeada por los críos cuando los míos regresaron.

Los niños saltaron y corrieron hacía sus padres gritando y riendo sin dejar de hablar hasta que un frío helador recorrió la estancia al oírse la fatídica palabra, no se escucho nada más.

  • ¡Mama, mama vimos un vampiro! Estaba tras la verja de casa.
  • ¡Sí! Era muy alto y tenía los ojos brillantes – siguió otro excitado
  • No parecía feroz
  • Era guapo – apunto una niña.
  • ¡Olía mal! – la crítico otro.
  • ¡Y conocía a Iria! Hablo con ella.

Se me cayó el alma a los pies, creo que hasta me puse blanca. Fue un jarro de agua fría. Intente sonreír con naturalidad quitándole importancia. Poniendo una mano en el bolsillo trasero, levantando la palma de la otra. Biel gruño imperceptiblemente y todas las miradas fueron de mí a los de seguridad y viceversa. Acabaron de dejar las cosas y de ocuparse de los niños y vino el momento temido.


Me rodearon tras hacerme sentar de nuevo en el sofá y yo suspiré. El fuego crepitaba en la chimenea brillando en los ojos oscuros de los presentes.

  • - Iria… - la voz de mi padre sonaba cansada como presumiendo que había hecho algo o que me había metido de nuevo en algún problema. ¡No era así, que rabia!
  • - Niños… jeje. Lo magnifican todo. No paso nada en absoluto. Estuvieron controlados en todo momento y a salvo.
  • ¿Qué hacía un vampiro fuera? ¡Y vosotros! ¡¿como no lo supisteis?! – reprendió a los guardias que se encogieron ante su mirada.
  • Porque no había nada de qué preocuparse, sólo pasaba por ahí y nosotros estábamos en el jardín – me encogí de hombros.
  • ¡¿Quién era?! – me miró con esa mirada severa y dura que me hizo estremecer dando un respingo.
  • ¡Y yo que sé! – me enfade. Bast me miro preocupado de modo recriminador.
  • Te conocía.
  • ¡Pero yo no! – desvié rápidamente la mirada hacía Bast para que guardara silencio.
  • ¡Cómo puedes ser tan inconsciente! Estabais solos, con los niños. Ahora saben donde vivimos ¡¿Es que no lo ves?! – se me acerco una de las mujeres con los ojos brillantes por la ira y la preocupación.


Creía que me iba a soltar un bofetón.

  • - No paso nada. Era un único y solo vampiro – la mire con calma.
  • - ¡Iria! – soltó indignada mi madre, no había usado la mejor frase… lo sabía, uno era amenaza suficiente si lo decía a los demás, pero yo también sabía dónde estaban ellos.
  • - No dirá nada – murmuré.
  • - ¡¿Qué?! – sacudió la cabeza incrédulo Biel alarmado, horrorizado y temblando colérico, gruñía guturalmente.
  • Cálmate – lo mire fijamente - Podéis estar tranquilos – me giré para irme.
  • Dirás podemos… ¿no decías que no le conocías? – enarco la ceja deteniéndome. Yo me libre de su mano de un tirón mirándole enfadada.
  • Y no lo conozco – afirme.
  • Habrá que reforzar la vigilancia – miró a mi padre otra de las mujeres.

Ves lo que has conseguido pensé yo maldiciendo a ese chico sin poder evitar un estremecimiento al recordar esos labios curvados en esa sonrisa traviesa…

  • No os pongáis histéricos, no le interesáis lo más mínimo – espete y apretando el puño fui hasta las escaleras, ahora fue Gabriel quién me detuvo mirándome muy serio, yo miré la mano que tenía sobre la mía y luego a sus ojos.
  • Entonces… ¿Eres consciente de lo que estás diciendo? – lo dijo en un tono tan bajo que casi era como si sólo me lo dijese a mí.

Tragué saliva y me mordí distraída en labio inferior, otra vez lo había fastidiado.

  • No lo saques de contexto, no dije eso – sostuve su turbadora mirada. Sus ojos negros se achicaron, mientras que los dorados de Biel centellearon, los odiaba. Él los odiaba a muerte como casi todos ¿pero por qué?
  • ¿Pues que decías sino? – se acerco mi padre alarmado mientras los otros cuchicheaban igual de nerviosos intercambiando miradas.

Sinceramente ya no sé lo que decía.

  • Tranquilos ¿vale? – volví a girarme y subí las escaleras en dirección a mi habitación – No es como el resto, ni los conocéis – remugue
  • ¡Iria! – se aterrorizó mi madre asomando por la escalera.
  • ¿Que ha provocado esta situación?, está claro que algo ocurrió ¡y quiero saber que exactamente! – dijo severamente mi padre haciéndome detener en lo alto del piso.

Bast bajo la mirada carraspeando, mi mirada fue directa a él y mi padre lo supo.

  • Bast…
  • No… - susurré inapreciablemente. El daño estaba hecho -¡Fantástico! – me enfurruñé cruzándome de brazos.

Bast me miró con cierta tristeza y contó lo poco que sabía, lo de la discoteca, que me habían seguido, que Thor e Ylin salieron corriendo tras ellos y yo los protegí enfrentándome, bueno, encarándome en un desafío tácito a todo un grupo de ellos, fue suficiente para desatar más escándalo. Mis padres sacaban chispas, Biel hundió el puño en la pared.

  • Muchas gracias – le recrimine a Bast con cierto odió para herirle, enseguida me arrepentí.

Mi padre hizo salir a todos del salón exceptuando a mis hermanos, mi madre, Bast, Fier y yo.

  • ¡Pero te has vuelto loca! ¡¿Sabes lo que has hecho?!
  • Lo que tenía que hacer, no he hecho nada de malo.
  • - ¡Baja! – grito no lo había visto nunca tan enfadado… me asuste de verdad y tuve que bajar quisiera o no, agache la cabeza un instante pero luego lo miré desafiante, no había hecho nada.
  • - ¡Te has expuesto! Iria… a los cazadores les gustan los retos, jugar… les has dado la excusa perfecta, ¡eres el reto perfecto! ¿Aún no has asumido quien eres y lo que representas? No eres una humana Iria…
  • - ¡Eso ya lo sé! – me exasperé furiosa - ¡Me lo repetís constantemente para que no lo olvide! ¡¿Por qué demonios existe este ridículo odio? ¿Por qué representa que estamos enfrentados? ¿Qué defendemos, que nos diferencia tanto? ¡¿Y que es ese pacto?!

De nuevo esas caras aterrorizadas…

  • Iria… lo que hiciste fue estúpido – añadió Biel haciendo caso omiso a mis preguntas.
  • ¿Por qué evitáis responder? ¿Qué me ocultáis? ¿Por qué me mantenéis en la inopia? Eso no es bueno… - lo miré furiosa, estaba empezando a temblar y apreté la mandíbula.

Se hizo el silencio por un instante hasta que Gabriel lo rompió.

  • Calma Iria… calma… - un gruñido sordo salió de mi pecho.
  • Lo que hiciste fue… Fue increíble, valiente, loable y noble. Me siento orgulloso por eso. Pero lo que me molesta no es eso Iria – lo acalló mi padre para que no siguiera.
  • ¡Haga lo que haga siempre está mal para vosotros! ¡¿Qué se supone que debo hacer, vivir encerrada en esta casa toda la vida?!
  • Iria… - empezó Gabriel
  • ¡No! ¡Estoy harta de escucharos decir que soy una irresponsable, una cría y que solo causo problemas! ¡Si tan decepcionante soy para vosotros mejor que me largue! – explote - ¡Siempre estáis juzgando a los demás sin conocerlos! ¡No he hecho nada deplorable! ¡Soy una adolescente sí, pero no soy como creéis! Ni siquiera me dejáis hablar que ya habéis montado la inquisición por una tontería de nada. ¿Cuándo seré lo suficiente madura para vosotros? No puedo crecer más rápido ¿seré lo suficientemente buena para vosotros mejor dicho? – suspiré cansada y me aparte el pelo de la cara mi madre me miró algo apenada y yo ahora sí que ante el silencio reinante me fui a mi habitación dando un portazo.

Me sentía incomprendida en aquella casa, infravalorada, no me escuchaban ni me valoraban, cuando abría la boca era como si… uis ¿ha hablado alguien? O ponían esa cara de… por favor o de qué tontería, es una cría. Creían que no veía sus caras de suficiencia y como sacudían la cabeza. Era como… ella no entiende nada, es la lacra del clan, la rarita…

Me puse los auriculares de mi Ipod y me tendí en la cama, Dios aquello era una locura, era una tontería enfadarse por eso. Cerré los ojos y me concentré en la música mientras tarareaba, cogí uno de los libros y empecé a leer hasta que mi móvil sonó. Lo cogí, era Laura mire el reloj y me levante de un salto. Me cambie y bajé, estaban todos discutiendo abajo y se hizo el silencio cuando cruce el salón a grandes zancadas y salí por la puerta sin darle tiempo a nadie a reaccionar. Esta vez no oirían el rugido del motor del jaguar ni de ningún otro. Iría andando.

Por suerte mi cumpleaños sería pronto y por fin podría sacarme el carné y conducir legalmente.

Me reuní con mis amigas en el centro y entramos a tomar algo tras estar con los chicos. Estaba de mejor humor tras descargarme con mis amigas explicándoles lo injustos que eran mis padres y lo incomprendida que era. Entramos aún riendo por no sé qué tontería y nos dirigimos a una mesa, pedimos y seguimos hablando.

  • - Vaya, mira quien tenemos aquí – sonrió Daren mirando la mesa que ocupaban las chicas.

Sony se tensó de nuevo.

  • Joder… que bueno esta ese – murmuró entre risitas Julia desviando discretamente la mirada hacía la mesa de los dos chicos.

Mi cara palideció por un momento y casi me atraganto, aparte los ojos con esfuerzo y le devolví

la sonrisa a Julia y seguimos a lo nuestro sin mucho éxito. El corazón se me había disparado, el olor me pillo desprevenida, se me aceleró el pulso y la mandíbula se me tenso, el bello se erizo… enseguida controle mis instintos naturales…

  • ¡Dios esta de muerte! Es perfecto, eso sí es un milagro de la naturaleza.
  • Si de muerte… desde luego – murmuré – Aparta ya la vista Julia ¿Qué decías de Iván?
  • Pues… no puedo concentrarme. Esto… ¡que me beso! Por fin.
  • Te dije que le gustabas – bebí un poco y mire discretamente a los dos hombres conteniendo un gruñido.

Ninguna de las mujeres que habían allí eran inmunes a la belleza de aquellos dos Adonis pálidos y fríos como el mármol. Cuan peligrosa era aquella atracción…


Suspire y poco a poco fuimos hablando de nuevo ajenas a la presencia de los demás, pasaron las horas y ellas tuvieron que volver a casa, volví a suspirar y pedí otra bebida tras echar una ojeada al reloj, no quería regresar aún a mi guarida o celda… ya no lo sabía. Ellos seguían en la otra mesa. Apoyé la mejilla en la mano y deje la mirada perdida en la mesa jugueteando con un poco de azúcar que había esparcido.

  • Pareces algo… triste, molesta o enfadada no sabría decir…- se dirigió a mí el rubio.

Bufe indiferente y cerré mis dedos alrededor del vaso mientras las otras me dirigían una mirada furibunda y envidiosa. Aunque en otras, veía algo parecido al miedo. Esas eran las sensatas, las que sentían el peligro…

  • Que sabréis – murmuré e hice cortina con mi oscuro pelo para no verles, lo malo es que cuando alcé la vista se estaban sentando en mi mesa tras haber intercambiado unas miradas y encogerse de hombros.

Los miré enfadada apartando el vaso vacio de Laura.

  • No creo que os haya invitado. Esto se esta convirtiendo en una mala costumbre, la ciudad es muy grande para veros tanto.

El rubio pareció divertido ante mi comentario.

  • Bueno, el mundo es un pañuelo como suele decirse. Pero desde luego no es una buena idea.
  • No, no lo es – sacudí la cabeza para apartar el pelo más largo que me caía sobre los ojos a un lado – Aunque tampoco le veo el problema.
  • Humm – apoyo el brazo en la mesa el rubio observándome – Bueno, podríamos matarte.
  • Podrías intentarlo – replique manteniendo su mirada apoyando ambos brazos y echándome hacia delante – No soy un trocito de algodón inofensivo – mostré levemente el inició de mis afilados colmillos - Sonrió.
  • Existencialismo juvenil, que dulce. No le encuentras sentido a todo esto ¿verdad? Pero bueno… que sabemos nosotros – sonrió irónico – Sólo llevamos unos cuantos siglos más en este mundo.
  • Jaja que gracioso colmillos – le miré seria.

Bebí un poco de mi refresco y miré discretamente al otro, por suerte el pulso no me fallo ni me delato cuando mi corazón se acelero al encontrarme con esos ojos increíblemente azules. Ojalá no me ruborizara. Sentí el calor empezar a subirme por los pies…

  • ¿Quieren tomar algo más? – los miró la camarera esbozando su mejor sonrisa.
  • No gracias – la despidió el rubio mientras el otro no le hacía ni caso para decepción de esta. Torció el labio y regreso a la barra frustrada.

¿Sabían ellos el poder de atracción que tenían con la gente? Por fuerza tenían que saberlo. Sus caras, sus ojos, su cuerpo, su olor y hasta su voz eran una incitación, una invitación para los incautos humanos que caían rendidos ante sus encantos al igual que una planta carnívora, hermosa pero letal.

  • ¿Con quién te has peleado ahora? – su voz me llego suave y clara junto a su delicioso olor, sus ojos seguían fijos en los míos.
  • ¿Y que sabes tú de mí para decir eso? – mi reacción lo sorprendió, su cuerpo se envaró de nuevo pero luego se relajo.
  • Tu expresión corporal.
  • Pues mira todo a derivado por tu culpa ¡¿pero qué te pasa?! ¿Estás loco o qué? ¿o es tu macabra concepción de diversión, meterme en líos?

Él parpadeo confuso y jugueteó con uno de los vasos bajo la atenta mirada del otro.

  • Tendré suerte si puedo volver a salir a hurtadillas a la calle. Todo por vuestros estúpidos jueguecitos.
  • Ahora va a ser todo culpa mía.
  • Toda no – reconocí – No tendrías que haberte acercado – medió gruñí con voz algo ronca, tenía que relajarme o perdería el control… - Alejaos de nosotros, ninguno de los míos sabe donde vivís y seguirá así si vosotros cumplís vuestra parte. Hay sitio para todos – los miré a ambos por turnos – Puede que yo no entienda porque hay este enfrentamiento pero me gustaría seguir como siempre. Ya tengo suficiente lío en casa.
  • No te hemos atacado Iria – dijo el rubio repantigándose en la silla.
  • No. Vosotros no, pero mucho me parece que algunos de los vuestros no piensan mantener eso así.

El otro enarco una ceja mirándome y luego asintió.

  • Nos ocuparemos.
  • ¿Por qué ibais a hacerlo? – espete entre dientes.
  • Porque sí – me respondió con cierta dureza, sus ojos habían adquirido un tono rubí.
  • No nos interesa un enfrentamiento con tu familia. No todos somos iguales – añadió el otro – No nos encasilles Iria, no estamos muertos. Sentimos – el corazón me dio un nuevo vuelco.
  • ¿Qué es ese pacto? – silenció…

Suspiré aún desconcertada sin apartar la vista del más joven y bebí rodeando el vaso con ambas manos. Entonces caí en la cuenta… solo al entrar en casa los olerían en mi piel, en mi ropa… y los problemas serían peores, solté una maldición entre dientes y apreté los dedos.

  • - ¿Qué sucede? – me miró ladeando la cabeza el guaperas.
  • - ¿Queréis mi ruina o qué? ¡Joder! – me levante – Ya me enfrente con los míos por ti esta mañana, no voy a volver a someterme otra vez al tercer grado. Os olerán a la legua y esta vez no hay excusa posible. ¡Maldita sea! ¡Qué idiota! – cogí la chaquetilla del respaldo y me aleje tras pagar.

Ni siquiera me giré para ver sus caras, corrí hacía la parada del autobús cogiendo el último por los pelos y empecé a sacudirme la ropa. Olía su aroma una y otra vez. Corrí hasta casa y estudie el lugar hasta hallar la manera de colarme hasta mi habitación desde fuera. Trepe de un salto hasta mi ventana y me metí en el ducha frotándome la piel.

  • ¡Iria que es ese mal olor! – me llegó la voz de mi madre.
  • Continuara....

2 comentarios:

  1. bueno Nikta por lo que heleido la historia es muy interesante.....sigue adelante wapaaa

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  2. Prometí que vendría y aquí estoy. Sabes que soy lenta pero segura.

    Estos críos, siempre liándolo todo...jejejjeje neófitos, como diría en otro tiempo (¿recuerdas?)

    Me apena mucho Iria, al fin y al cabo no deja de ser una adolescente a la que los suyos mantienen sobreprotegida y en la ignorancia acerca de temas concernientes a su propia existencia.
    Surge de nuevo el eterno enfrentamiento... ¿será posible una coexistencia en paz? Mucho me temo que no, son ya siglos de lucha y enfrentamientos...

    Ese olor... ¿a perro mojado? jejejejeje

    Besos y me voy para arriba.

    PD. Me encanta leer con esta canción de fondo. Preciosa

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