6 de noviembre de 2010

Enemigos .- Capitulo 3


Cogió el libro con cuidado de entre mis dedos y le echo una ojeada antes de dejarlo en su sitio, yo no salía de mi asombro.

  • ¿Ya tienes edad para conducir? Eres una imprudente.
  • ¡Metete en tus asuntos! – espeté andando hacía otra sección de la librería.

Me siguió tras fruncir el ceño desconcertado.

  • Quieres dejarme en paz – miré por el rabillo del ojo.
  • - Tengo curiosidad…

Lo miré inexpresiva sin saber muy bien que pensar y miré la vidriera que daba a la calle, por suerte no había ni rastro aún de mis hermanos. Suspiré y volví a ignorarle con muchísima fuerza de voluntad y fui directa a por un par de libros y luego me fui a una de las mesas sirviéndome un té de la maquina. Soplé dentro y me senté, él se sentó frente a mí. Ahora me tocó a mí levantar una ceja mirándole fijamente.

  • - No te he invitado a sentarte.
  • - No me hace ninguna falta.
  • - No tienes la más mínima educación – abrí otro de los libros que había cogido. Antes de bajar la vista hasta este, vi como su expresión cambiaba, se había endurecido, ya no había rastro de aquella sonrisita traviesa y algo sarcástica, se había molestado. Se tensó de nuevo y luego se relajo. - ¿Qué? ¿No tienes nada mejor que hacer? – alce la vista entre las pestañas.
  • ¿Por qué dices eso? Eres tú la que está siendo grosera.

No pude evitarlo, cerré el libro de golpe y tras poner los ojos en blanco lo miré.

  • ¡Ja! ¡¿Y qué más?! ¿Qué demonios quieres? – espeté molesta, me había enfadado.
  • Conocerte. ¿Siempre eres tan suicida o buscas tu muerte prematura? No creo que seas una enamorada de esta última…

Parpadeé confusa, esperaba cualquier cosa menos eso.

  • ¿Qué? – dije aún descolocada – Estas de guasa.
  • No bromeo – me miró muy serio - ¿Eres siempre tan arisca?
  • ¿Por qué? No tengo nada interesante además tu eres… - deje la frase incompleta.
  • Ya ¿y qué? – se encogió de hombros – Tú… consigues desconcertarme y eso me intriga. Además… hueles demasiado bien para poder mantenerme alejado…

Ahí sí que ya me quedé muda, la boca me llegaría al suelo de no haberme obligado a mantenerme firme, el corazón aún no se me había relajado desde que lo había visto. Sacudí la cabeza, esa confesión era demasiado… ¿humana, sincera? Sacudí la cabeza incrédula, no sabía si echarme a reír, pero no tenía ganas de que se enfadase… ridículo sí, pero no podía permitir que los bajos instintos de aquel ser pusieran en peligro a nadie. Además… su pequeña observación sobre mis tendencias lúgubres me llamaron aún más la atención, le mire fijamente, se tensó. ¿Estaba planeando algo contra mí o decía la verdad?

  • ¿Cuántos años tienes? – me pregunto.
  • Diecisiete – me encontré respondiéndole sin querer y apreté los labios - No uses tus trucos conmigo – le amenace entrecerrando los ojos.

Él torció la sonrisa de un modo arrebatador, la sangre me subió a la cara, las manos se le crisparon levemente y luego esa seriedad volvió a diluirse mirándome fijamente, su nariz aleteó sutilmente un instante y cruzo las manos sobre la mesa.

Bebí un poco de mi te para salir del paso y que el rubor desapareciera enfadada conmigo misma. La sangre… recuérdalo me dije.

  • ¿Y qué crees? – me volvió a sorprender. Su voz sensual y aterciopelada era una tentación a la perdición…
  • ¿Cómo?
  • Me estas evaluando, así que cual es el veredicto ¿loco?
  • Aún no lo sé… - admití con un suspiro perdiéndome en la inmensidad de esos ojos increíblemente azules – No tendrías que estar aquí.
  • - Es un sitio público.

Me mordí el labio inferior distraída y desvié la vista hasta el enorme cartel publicitario que había pegado en la cristalera, para desgracia mía era el de Crepúsculo, más vampiros, suspiré y volví a mirarle.

  • - Oye, será mejor que te vayas, yo no soy una buena diversión ni la caza, ya puedes decírselo a tus amiguitos. Puede que esta vez si os encontréis con unos dientes igual de fuertes. No me gustan esos jueguecitos siniestros que os lleváis.
  • ¿Siempre estas a la defensiva? Creí que eras distinta pero tienes tantos prejuicios como los demás – se levanto visiblemente afectado y enfadado.
  • ¡Espera! – me salió con demasiada desesperación para mi gusto y rápidamente retiré la mano que había puesto en su muñeca.

Me miró y espero lo que pareció una eternidad para volverse a sentar rígido como una tabla. Los dedos aún me cosquilleaban, estaba frío a más no poder… pero una descarga me recorrió suavemente erizándome el bello, fue algo delicioso. Guardamos silencio un rato mirándonos, no parecía como los demás, pero no podía fiarme, no era la primera vez que engañaban y ejecutaban una trama para acabar con alguno de nosotros, era un pasatiempo. Mi hermana Lúan, que yo no conocía, había muerto así. Un escalofrío me recorrió.

  • No es mi intención dañarte – me dijo como entendiendo mis pensamientos – Aunque no puedo prometerlo – tensó la mandíbula – Tu olor…
  • Creí que no os gustaba.
  • Así es, por eso me intriga aún más… tu hueles extraña y deliciosamente bien, demasiado.

Me revolví inconscientemente sabiendo lo que quería decir, era muy difícil resistirse a según qué olores con nuestros instintos. Había veces que sin saber por qué no podíamos evitar perder la cabeza ante según que aromas. Era como si saliera el instinto primitivo, el animal. El también tenía un olor que me enloquecía, pero no de hambre…

Me aparte el pelo hacía atrás y lo miré apoyando la espalda en la silla.

  • No te gustaría mí sabor – lo reté.
  • Me temo que sería incluso mejor que tu olor, pero dejemos eso aparte – sus ojos centellearon de nuevo y tras cerrar el puño se echo hacía delante volviendo a sonreír.

¿Es que todos los vampiros parecían tener desdoblamiento de la personalidad? Parecía tener un carácter muy voluble, cambiante y desconcertante, me ponía inevitablemente nerviosa no poder predecir si saltaría sobre la mesa directo a mí yugular.

  • Hiciste bien la otra noche… aunque fuiste demasiado impulsiva ¿no te paras a pensar o qué?
  • No es de tu incumbencia lo que haga o deje de hacer.
  • Protegías a los tuyos. No hubiéramos hecho nada, no es bueno levantar sospechas innecesarias…

Lo observé en silencio siguiendo el movimiento de sus rojizos labios llenos como una fresa…y esa cadencia en su voz… no era consciente de lo que me rodeaba mientras lo escuchaba, me absorbía su sonido sensual, aterciopelado.

  • Olvidáis que nos hemos… refinado, ya muy pocos nos alimentamos como antaño, hay otros medios. A algunos nos gusta relacionarnos con humanos aunque entrañe cierto peligro y mucho autocontrol, disciplina.
  • ¿Por qué me lo cuentas? ¿Por qué hablas conmigo? No lo entiendo.

Él sonrió con esa sonrisa arrebatadora que me hizo ruborizar de nuevo.

  • No espero que lo entiendas, tampoco lo sé yo.
  • Genial – Suspire volviendo a echarme atrás y apoyando las manos en la mesa.

Desvié un instante la vista y cuando volví a mirar enfrente él ya no estaba y mis hermanos entraban por la puerta, miré ese vació y apuré mi bebida resignada e inquieta. Les indique donde estaba, recogí los libros y fui hacía caja.

  • ¿Te pasa algo Iria? – me pregunto extrañado Gabriel.

Yo negué con la cabeza tras pagar aún meditabunda y salí hacía fuera sin enterarme de lo que me decían, tenía la cabeza en otro sitio.

  • Estas muy callada ¿ocurre algo?
  • No – le sonreí parándome frente a él con la bolsa de los libros meneándose detrás de mí.
  • Bien entonces, vamos a casa, pero esta vez conduciré yo – me fulmino Biel.
  • Me parece bien – le dije y entre que ellos se miraron sin entender yo ya estaba junto al coche esperando, se encogieron de hombros y acciono la llave - ¿Vosotros sabéis cuál es el pacto? – dije de pronto apoyándome en los asientos delanteros, ellos se miraron alarmados con los ojos como naranjas, vi el temblor de sus cuerpos, olí la adrenalina así que suspiré resignada, me crucé de brazos y me apoyé en el asiento de atrás.

Miré los libros distraída mientras seguía pensando en lo que había pasado, no lo entendía, estaba desconcertada de verdad y tampoco podía decir nada a nadie o me pondrían aún más vigilancia, quería saber, tenía mucha curiosidad… y sobre todo… quería verle de nuevo. Aún podía ver su perfecto y bello rostro y sus ojos sin necesidad de cerrar los ojos. ¿Qué quería, divertirse, reírse a mi costa? ¿Hacer más llevadera su vida inmortal para que sea más amena? ¿Por qué moriría alguien que es eterno? ¿Qué alicientes puede tener? No todo el mundo sería capaz de ver como todo a su alrededor cambia y muere, las personas que amas se van apagando… has de rozar la locura, al final todo debe ser monótono… no sé, es difícil de decir… otra vez me había ido por la tangente, todo eso no respondía a mi pregunta ¿Por qué? La verdad… tenía curiosidad por conocer su mundo…y a él. El nuestro no parecía nada del otro mundo… quizás porque uno mismo desde dentro no lo sabe apreciar, no sé. Apoye la barbilla en mi mano y suspiré viendo todo pasar. Mis hermanos me observaron en silencio a través del retrovisor. La gente pasaba rápido, sumida en sus propias preocupaciones otros divirtiéndose, que sencillo parecía para ellos, no digo que tuvieran una vida fácil… pero no sé, lo tenían todo a su favor y nosotros no dejábamos de ser intrusos que tenían que protegerse bien para no ser descubiertos. Ni siquiera me di cuenta de que ya habíamos dejado lejos los altos edificios, el coche dejo de ronronear.

  • Iria… ya hemos llegado – la voz de Gabriel me trajo de vuelta.

Baje y subí hacia mi habitación en silencio cosa que pareció sorprender a ellos. Hubiera querido preguntar a Carula pero no me daría respuestas, quizás el único que me pudiera decir algo era Bast pero tenía mis dudas. En la casa vivía mucha familia, buena parte del clan. Bueno… hasta ahora.

  • ¡Iria tenemos que irnos! Acuérdate que dijiste que cuidarías de los niños
  • ¡Ois! – me di con la palma en la frente y fui al vestidor, aún no me había cambiado y sentí cierto alivio al comprobar que presentaba un aspecto presentable.


Me quite la ajustada chaquetilla que me llegaba a las caderas y miré el escotado jersey y la falda corta, me quite las botas y me enfundé los jeans, me puse unos zapatos más cómodos y baje saliendo al jardín para controlar a los monstruitos. Era no se qué reunión anual y estaba casi sola en aquella enorme mansión con los críos (aparte de los guardias) y algún que otro adulto. Estuve jugando un rato con los peques riendo y luego me apoye en el árbol observándolos de lejos. Definitivamente no compartía la obsesión por tener críos. No entraba en mis planes… ¡a mis padres les daría algo! ¿Era eso normal en una loba? ¡Seguro que no!

  • Vaya, otra vez te veo en la situación menos impensable… o quizás sea la más normal.

Esa voz la reconocí en seguida, me giré y allí estaba.

  • ¡Pero qué demonios! Deja de seguirme, ¡¿te has vuelto loco?! Lárgate de aquí – desvié la mirada hacia la casa y los niños.


Esa sonrisa traviesa volvió a curvar sus perfectos y apetecibles labios, oí una risita y luego poniendo una mano en el bolsillo de sus pantalones se apoyo en la verja.

  • No corro ningún peligro.
  • Si te ven…
  • ¿Te importaría? – enarco la ceja.
  • ¡Eres! – bufe y desvié la mirada incapaz de acabar la frase.

Cuando volví a mirar los niños estaban apelotonados delante de la verja con el bello erizado y hechos una pelota, no se habían acabado de transformar pero mantenían los labios retraídos mostrando los dientes y las garras extendidas gruñendo con más o menos éxito. Una de las más pequeñas me tiro de la punta del jersey con su manita.

  • Iria… ¿es un hombre malo? ¿viene a hacernos daño? ¿es uno de ellos?
  • No, tranquila Linda – me agache para quedar a su altura y le pase una mano por la cabeza.
  • Pero no debería estar aquí ¿no? Pero tú nos protegerás ¿no? Eres fuerte.
  • Ni una palabra, será un secretillo – le sonreí guiñándole el ojo.
  • Pero eso está mal… - frunció el ceño.
  • Vale niños, relajaos. Volved dentro. YA – señale la puerta.

Iban a empezar a protestar pero les clave una dura mirada y volvieron a dentro.

  • Ya está bien, esto es acoso ¿Qué haces aquí?
  • Pasaba por aquí – memiro fijamente

Me cruce de brazos y le miré, estaba tan irresistible con esos jeans y esa camisa… parecía un modelo de portada y yo me sentí como una niña de segunda.

  • Bueno… ¿Qué? No piensas decir nada – lo miré acercándome a la verja.
  • ¿Todas las chicas de tu edad piensan tanto como tú? No ha sido nada fácil… pero tienes unos pensamientos muy… inquietantes.
  • ¡¿Qué?! Ni vueltas a intentar fisgar en mi cabeza – achique los ojos de modo amenazador.
  • No descuida… no volveré a intentarlo, no quiero acabar loco. Es muy difícil leer en ti. Aunque no soy el único que no debería hacer uso de ciertos dones… apreté los dientes pero le sostuve la mirada.
  • Tengo que irme – me giré y volví hacia dentro antes de que salieran los de seguridad para ver qué pasaba.

Suspiré una vez cerré la puerta y fui al salón sentándome con los niños que por suerte, no dijeron nada, por el momento.


Sony observó la casa detenidamente y luego se alejo despacio.

  • Sony, Sony, Sony…

Este miro la esquina y paso de largo dejando a Daren aún apoyado en esta que en un instante lo había alcanzado.

  • ¿Qué estás haciendo?
  • Nada.
  • No deberían dejar a los pequeños solos en casa…

Ahora sí que Sony le prestó atención, el otro sonrió socarrón.

  • No voy a decir nada tranquilo, pero me gustaría saber por qué. Olvídala Sony, no te obsesiones.
  • No estoy obsesionado.
  • Ya… pues sea lo que sea sácatela de la cabeza, hay muchas mujeres por ahí – recalcó la palabra mujer intencionadamente – Entiendo que te pueda gustar, incluso atraer, es muy atractiva pero…
  • No es nada de lo que crees.
  • ¿Ah no? – levanto una ceja haciendo que lo mirase.
  • No – murmuró volviendo a hablar dándole la espalda.

Daren sonrió divertido y volvió a andar junto a este observándole, tenía los instintos más aguzados que de costumbre, le costaba controlarse, se le hacía raro ver a Sony así, normalmente era alguien impasible, almenos en los últimos cinco años. Aún así era el más humano de todos ¿habría dejado del todo la fase de considerarse un monstruo? Algo lo inquieto ¿y si lo que estaba buscando era su final?

Suspiró aún mirando a su amigo y se llevo las manos a los bolsillos en un gesto puramente humano y exhalo, aún no se formaba vaho pero en unos meses sí lo haría. Lo que tenía claro es que lo apoyaría pasase lo que pasase, se sentía quizás demasiado protector con él, era como un hijo. Pateo una piedra y pensó en cómo se torturaba Sony, con todo eso sólo conseguiría herirse más. Sufrir.

  • Eres un poco masoca Sony ¿lo sabes, verdad?
  • Toda penitencia es poco.
  • ¿Aún estas así? Creía que esa etapa ya la tenías asumida, somos lo que somos y ya está, existimos. Nosotros ya no cazamos a gente para vivir.
  • Lo sé, lo sé – Suspiró – No entiendes nada…
  • Amigo, parece mentirá que te dejes influir así, pareces el típico vampiro de las sensibleras pelis humanas – dijo y sonrió dándole una palmadita en la espalda y abrió la puerta de la cafetería.
Continuara...

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