1 de octubre de 2010

El Cazador - Octava Entrega

La puerta de la habitación de Kelly se abrió por fin y Cool se precipito sobre esta cayendo al suelo. Kelly salió corriendo al comedor y se llevo las manos a la boca reprimiendo un grito y cayó de rodillas.

-¡Kelly no! – se levanto Naya abrazándola. La chica temblaba como una hoja.

- ¿Qué ha pasado, y Ilda? – Sollozo ahogándose - ¡¿Qué es todo esto?! ¡La habéis matado! Habéis sido vosotros…¡No! ¡Asesinos!

- Kelly…- Naya se apartó de esta al ver a una figura en el ventana apuntándola, por la puerta habían entrado dos hombres más.

- ¿Naya que está ocurriendo? – quiso saber su compañera que en shock empezaba a balancearse sobre ella misma mientras Cool la abrazaba por detrás mirando a sus dos amigos a la vez que intentaba consolarla.

- Tranquila, no pasa nada, ya esta… shh – le decía al oído dándole un beso en la mejilla.

Naya se llevo las manos a la cabeza apartándose el pelo y se seco las lágrimas con el dorso de la mano mirando desconcertada a su alrededor y negando con la cabeza se pego a la pared.

- Hades apártate – dijo el de la ventana.

- Joe, Zack, Biel ¿Qué hacéis aquí?- los miro uno por uno.

- Habéis hecho un buen trabajo con esa semi demonio pero ahora apartaros, es cosa nuestra. Llevamos tiempo vigilándolas, era cuestión de días que por fin saliera su verdadera naturaleza a flote.

- ¿Qué estáis diciendo?

- La noche de los días ¿habéis oído hablar de ella?

Los tres chicos asintieron.

- Sí, ¿Qué tiene que ver? – insistió Hades mirando a Joe el de la ventana.

- Si sabéis eso, sabéis que hay una especie de mesías de todos estos seres.

- ¿No pensaras…? – dio un paso atrás y se giró mirando a Naya.

- Me temo que sí amigo, tenemos que llevarla al cuartel.

- No…

- Hades – lo miro sin apartar el arma y arqueando una ceja

- ¿Qué pruebas tienes?

- Es una loba Hades, qué más da eso ahora, te lo explicaremos por el camino, ponle las esposas – le lanzó los fríos grilletes.

- ¡¿Pero que está diciendo?! Estáis locos – se levanto Kelly corriendo hacia Naya aunque al ver sus ojos se detuvo dudosa.

El gesto de dolor del rostro de Naya fue evidente al ver el miedo en Kelly, aún temblorosa miro alrededor.

- No – murmuro Naya viéndose acorralada por los otros dos y sin poderlo evitar erizándose enseñó los dientes gruñendo y adoptando una posición defensiva.

Hades la miro y volvió a girarse hacia el hombre de la ventana.

- Por favor Joe, deja que yo me encargue… no lo hagas – le dijo mirándolo fijamente con su determinación característica – Baja ese arma y vosotros no deis un paso más – ordenó a los otros dos.

- Ya sé que es bonita y que tiene un buen polvo tío pero mejor será que te mantengas al margen si no puedes pensar con claridad.

- Joe, me conoces, me conoces desde hace tiempo. Eres un buen compañero, sólo te pido esto. Por favor, Baja el arma – este miró el arañazo de su hombro y suspiro.

- Entonces haz que se calme – señalo a Naya que cada vez se mostraba más amenazadora pero sin llegar a transformarse.

- Naya – se acerco a ella abrazándola – Cálmate, yo me ocupo.

- No, por favor, por favor… no me encierres, no – lo miro con los ojos aún anegados y manchada con su propia sangre pues Ilda la había herido varias veces, tiritaba.

- Lo siento, no podía hacer otra cosa, lo sabes – le dijo al oído refiriéndose a Ilda, ella asintió, aún así seguía temblando.

- Yo no he hecho daño nunca a nadie – se aparto de los brazos de él mirando al tal Joe.

- Lo sé y es raro.

- No lo es ¿Y no es raro cuando un padre maltrata a su hijo o a su mujer, no lo es cuando matan a un hombre que sólo quería un trozo de pan, o que un adulto viole a un niño? ¿Dime por que sois mejores que nosotros? La mayoría no os hacemos nada, seguimos con nuestras vidas sin inmiscuirnos, ni siquiera sabríais de nuestra existencia ¿Cuántos de los supuestos míos no han acabado con la mala calaña de los vuestros? Sólo intentamos vivir al igual que vosotros, no todos somos bestias ni todos vosotros sois buenos. Di ¿Por qué?– lo miró amenazadora lanzando las últimas palabras entre dientes.

Nadie dijo nada.

- No sé de dónde venimos, ni quién nos creo, pero eso tampoco lo sabéis vosotros. No hay un Dios… pero sí un infierno.

- ¿Naya que estás diciendo? – la miraba fuera de lugar Kelly que volvía a estar sujetada por Cool.

- Acabemos de una vez – se descubrió lo justo el pecho mirando a Joe que bajo el arma igual de desconcertado que todos - ¡Vamos! – grito.

- No… Naya. No hagas esto – le susurró Hades.

Naya miro a su alrededor y aún con los churretones que había dejado en sus mejillas la pintura negra aprovecho para salir corriendo del edificio. Hades hizo ademán de salir tras ella pero Hammer lo cogió del brazo haciendo que no con la cabeza. Suspiró y se dejo caer en el sofá con las manos en la cabeza.

- - No lo entiendo… ¿Cómo no lo supimos? – dijo Cool tras dejar a Kelly dormida en la habitación tras darle una pastilla. Estaba conmocionada, era demasiado para su cerebro.

- Porque no es como los demás – respondió Joe mientras acababan de curarlos y arreglar el desorden.

- Es una loba sin clan, bueno, es más que eso. Ella misma os lo dijo – añadió Zack.

- ¿Pero y si nos equivocamos? ¿y si tiene razón? – los miro Hades – Yo he sido el primero en odiarlos como los que más… pero ahora… ¡y no es por lo que pensáis! – dejo claro.

- Pero influye Hades – lo miró Biel desde la pared.

- Vale sí, la amo ¿y qué?

- Hay que encontrarla, eso está claro, ya oíste a Ilda – lo miro Hammer preocupado.

- Sigo sin entender como no nos dimos cuenta, por eso tenía esa hambre, y se orientaba en el bosque sin cansarse, sus movimientos, la voz, el silencio…por eso se mantenía alejada de ti al principio, por eso hubo ese numerito en la discoteca – apuntó Cool.

- ¡La discoteca! Creo que se donde ha podido ir – se levanto Hammer.

- No… ¿crees que… - no acabo la frase Hades mirándolo con los ojos muy abiertos.

- ¿Si estuvieras solo, desesperado y hundido, a quién acudirías? – lo miró Joe.

- Andando.

Cuando iban a salir por la puerta llegaba corriendo Rosalía.

-¡¿Rosalía?! ¿Qué haces aquí? – la miró con estupor Hades.

- Hay papacito, las cartas… no te lo conté todo, encuentra a la chica, está en peligro, ella es importante – le dijo apurada aun respirando trabajosamente.

- Esta bien, tranquilízate. Quédate con Kelly, es la rubia de la habitación, está conmocionada, cuéntale lo que quieras pero que este calmada. Volveremos enseguida, subid arriba y cerrad las puertas – le entregó las llaves de su piso – Tú dirás Joe.

Este asintió y los guió, cogieron los coches y empezaron a meterse por callejones estrechos hasta que tuvieron que abandonar los vehículos.

Naya miró alrededor, el agua goteaba por una de las aberturas de la piedra gris, hacía frío y se sentía indefensa en aquel lugar, estaba completamente sola, era vulnerable y aún así sabía que ninguno le pondría una mano encima salvo él. No tenía otra opción, estaba desorientada y desconcertada, no se le ocurría otro lugar al que ir. El resto del clan se marcho dejándola a solas con el chico de la discoteca, Fender.

- La hija prodiga vuelve al rebaño – sonrió malicioso observándola desde el trono donde estaba sentado con una pierna encima de la otra.

- ¿Dónde está Teresa? Quiero verla – dijo altiva y autoritaria tragándose todo su miedo. El orgullo ante ese macho no pensaba perderlo.

- No está aquí querida, ya no la veras más – se levanto y bajo las escaleras acercándose a ella rodeándola sin perder ningún detalle de su tembloroso cuerpo.

- ¡¿Qué le has hecho maldito?! – se encaro con él con los ojos brillantes de nuevo dorados.

- Cuanta ira… - rió divertido – Te dije que te alejaras de él Naya, él es EL CAZADOR, te matara, No significas nada, no eres más que un animal de los que mata sin ningún remordimiento. Tú eres mucho mejor que él, estas destinada a ser mi reina. Tú eres una dominante como yo. Los tuyos te esperan. Ellos sólo te harán daño al igual que mataron a tus padres.

- ¡Basta!

- ¡No! ¡ahora me vas a escuchar! Todo esto es culpa tuya, si hicieras lo que debes hacer no estarías ahora aquí con el rabo entre las piernas ¡apestas a él! A partir de hoy las cosas van a cambiar – la cogió de la muñeca tirándola a suelo – Vas a aprender una lección que no olvidaras, sumisión a un superior. ¡Entérate ya que tú eres mía, no te va a tener otro!

- ¡Jamás, antes muerta!

- Entonces estás viendo la cara de tu verdugo.

- ¡Vete al infierno, allí tendríamos que estar todos!

- Mira a tu alrededor querida, ¿aún no es lo suficientemente decadente para ti? Ya estamos en el infierno y pienso reinar en él, el mundo nos pertenece – volvió a tirarla sin dejarla levantar

Las piedras arañaron su cuerpo y se golpeo la frente con una de las escaleras, se llevo la mano al lugar del golpe y miró la sangre de sus manos. Naya aún temblando pero llena de furia se transformo en loba rodeada de una luz hermosísima. Él ya lo había hecho, el macho la esperaba con los colmillos extendidos, Naya gruño y salto sobre el enorme macho que pronto la revolcó por el suelo cerrando sus potentes fauces sobre su cuello. Naya gimoteo pero volvió a intentar zafarse de él golpeándole con las patas. Había sido una estúpida al ir allí. Intento con todas sus fuerzas abatir al lobo negro pero este la volvió a sacudir tirándola contra las escaleras dañándole una pata. Naya soltó un lastimero quejido y tras muchos vanos intentos acabo bajo el peso de él, era demasiado fuerte y ella no estaba en condiciones, el mordisco de Ilda y el desesperado hechizo por contenerla la habían acabado de dejar sin fuerza, Ilda había absorbido el poder mágico que poseía. Jamás podría así con él, era un macho dominante, joven, fuerte y diestro en el combate y además… estaba excitado y en celo.

Cuando recobro la conciencia sus ojos no distinguieron donde se encontraba hasta que enfoco la piedra gris, oyó como la tela de su camiseta se rasgaba, se incorporó y vio a Fender sobre ella, intento patearlo y logró darle un puñetazo que lo derribo haciéndole sangrar, Naya se levanto pero la pierna le fallo y cayó de rodillas, intento arrastrarse y salir de allí pero él la atrapo por detrás acabando de desgarrar su ropa. Tiro de ella y Naya ahogo un grito cuando sintió su envestida.

-¡No! ¡Para! – lo aporreó como pudo y se mordió el labio hasta hacerlo sangrar y se dejo las uñas en el suelo, le hacía daño. Fender le tiro del pelo para hacerla incorporar un poco y siguió penetrándola sin ninguna contemplación desgarrando su carne. Naya intento tragarse las lágrimas cuando la giro cara a él para poder verla, giro la cara y le araño la mejilla haciéndole reír. Siguió y siguió hasta desahogarse por completo anulando toda resistencia de Naya que intentaba desesperada quitárselo de encima antes de que la destrozara, sentía que se partía en dos, un dolor agudo subía por entre sus piernas aún así no grito. Cuando acabo la dejo ahí tirada en el suelo. Naya se incorporó temblando de impotencia, golpeo la escalera abriéndose los nudillos y grito dejando que las lágrimas fluyeran libres. Miró sus heridas y la sangre que manchaba sus muslos y se levantó tambaleándose, corrió sin parar hasta caer en un riachuelo y empezó a limpiarse arañándose la piel. Tiritaba, se había cortado los pies pero siguió corriendo hasta quedar deslumbrada por el faro de un coche y cayó desplomada casi sobre el capo. Sintió unos brazos cálidos y fuertes que la arropaban y luego el sonido del motor y algo blandito, nada más.

Continuara...

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