17 de septiembre de 2010

El Cazador - Quinta entrega

Sin darse cuenta Naya acabo echa un ovillo con la cabeza sobre la pierna de él que acariciaba su negro cabello tras haberla cubierto con una toalla limpia que encontró, ya empezaba a hacer frío. Seguramente pronto empezaría a nevar y ella iba demasiado fresca para esa época aunque tampoco parecía tener frío.

- Me gusta el frío – susurró como sabiendo lo que estaba pensando – Correr por encima de la nieva que cruje suavemente bajo los pies… el olor a invierno, a humedad y leña ardiendo en los hogares, el aroma de los árboles con sus hojas marrones.

- - Una bonita visión.

- - Ya… - se medio incorporó mirándole.

Hades acarició su mejilla sin apartar la vista de Naya que no se aparto, acerco despacio su rostro al de ella y fijo los ojos en los de Naya, sus labios se rozaron. Encendiéndose estos volvieron a buscarse hasta encontrarse fundiéndose en un cálido y apasionado beso, primero lento, suave, para volverse profundo. El pulso de ambos se disparó, un intenso sentimiento se alojo en el estomago de ambos, como un latigazo o una descarga. El estomago de Naya se encogió con un cosquilleo excitante. Naya miró el rostro de aquél hombre y se sentó sobre él a horcajadas, le gustaba verle, puso una mano en su mejilla y recorrió con sus labios el cuello de él hasta llegar al lóbulo de la oreja con el que jugueteó, Naya podía sentir el cuerpo de él estremeciéndose de placer bajo el de ella, endureciéndose. Le mordisqueó con suavidad el labio juguetona, sus lenguas se buscaban con leves roces. Las manos de Hades antes en su cintura y su espalda acabaron aferradas a su trasero. Sin duda había saltado la chispa. Una vez recuperada una cierta calma se miraron con las mejillas enrojecidas al igual que los labios que parecían palpitar por su cuenta. Hades aparto el pelo de ella hacia atrás, era tan suave como su sedosa piel canela, ambos sonrieron.

- - Me siento como si aún estuviera en el instituto – rió Naya.

- - Bueno… me parece que estamos los dos igual – acarició su hombro atrayéndola hacía él al notar un leve tiritar en ella. Hacía frío.

- - Quizá…. Sera mejor que vuelva a bajo – bajo la vista.

- No - dijo sin reflexionar, se mordió la lengua e intento rectificar lo que quería decir - quédate, si quieres claro- guardo silencio.

Naya sonrió aún sobre él.

- - Dios que mal – rió Hades llevándose una mano a la cabeza.

- ¿Por qué? Has dicho lo que sentías – le aparto un mechón de la frente.

- - ¿Así que? ¿sesión de pelis? – sonrió – Puedo hacer palomitas si te gustan.

- Para mí no hace falta, pero si a ti te apetecen hazlas – se levanto tapándose con la toalla.

Sonrió y se dirigió al baño, una vez cerró la puerta suspiró y se miro en el espejo.

- ¡¿Pero qué demonios estás haciendo?! ¿Estás tonta?! – se recriminó asimisma mojándose la cara, resopló y levanto la tapa del lavabo, limpió, se sentó e hizo lo que venía a hacer y se limpió a conciencia nerviosa, maldiciéndose por al menos no haber subido el bolso con el maletín de primeros auxilios. Tenía las piernas suaves, el resto igual de bien arreglado, levanto el brazo y siguió con el examen, se olisqueó y quedo lo suficientemente satisfecha para volver fuera.

Cuando iba hacía el salón miró la habitación, quedaba a un nivel superior, en el centro estaba la enorme cama decorada con un cabezal de cuero oscuro, sobre esta en el techo se abría una pequeña ventanita tipo buhardilla, el nórdico parecía tan mullidito y acogedor, calentito… a ambos lados habían unas mesitas bajas de madera azulada, un sifonier y a un lado se abría el enorme vestidor con una pared de espejo, al otro lado había el baño particular de la suit. Volvió al salón con una sonrisilla bailando en su rostro y espió por detrás de la puerta con la mano en el marco de la puerta.

- ¡Serás estúpido! ¿pero qué te pasa? Estas muy oxidado tío– oyó que decía para él mismo. Naya reprimió una risita e hizo ruido intencionadamente para que Hades supiera que ya estaba de vuelta.

- Las palomitas ya están – se giro mirándola.

Naya se había puesto la camisa de manga larga que él había dejado tras la puerta del baño y apreció que se había quitado el jersey, la prenda le llegaba por los muslos dando el efecto que no llevaba nada más.

- Espero que no te importe – le dijo.

- No, para nada.

- He visto que tienes una pantalla enorme en la habitación – señalo hacía atrás – Te ganas bien la vida, todo esto vale una fortuna…

- Hago lo que puedo, soy bueno en lo mío.

Naya sonrió jugueteando con sus manos.

- Ya… ¿Podríamos…ver las pelis en la habitación? – lo miró y se apresuró a corregir – Es que hace frío y se ve tan calentito… no quiero que pienses que soy una chica…

Él la interrumpió.

- No lo eres, lo sé. Vamos, es más cómodo desde luego.

- El sofá también lo es, pero del mismo modo que me gusta el invierno me gusta acurrucarme en un lugar calentito y mullido, sobre todo cuando llueve.

- ¿Está lloviendo? No me había dado cuenta – se sorprendió y cogiéndola de la mano la llevo hacía la habitación.

Hades se cambio en el baño y salió con un pantalón de pijama negro solamente y se metió en la cama apartando el nórdico bajo el que Naya se había hecho un ovillito.

Miraron las pelís comiendo palomitas y riendo mientras jugueteaban entre las sabanas, Hades había descubierto que ella tenía cosquillas y aprovechaba cuando se distraída para atraparla y rascarla haciéndola reír. Le gustaba su risa despreocupada.

Naya se estaba adormilando cuando de nuevo aquel calor empezó a subirle por el estomago inflamando todo su ser, jadeo mordiéndose el labio y se encontró con los brillantes ojos de Hades que la miraban, Naya se ruborizó e intento que el corazón no se le saliese del pecho cuando él se puso sobre ella, se aguantaba con un brazo extendido y el codo estudiando sus reacciones para acabar de acercar su cuerpo o no. Naya en un primer momento tensa hizo intención de aproximarse al cuerpo ardiente de él poniéndole una mano tras el hombro, Hades acercó su cuerpo al suyo y aprisionó con suavidad y firmeza las muñecas de Naya besándole la base del cuello. El cuerpo de ella se estremeció, Hades pudo sentir un ligero temblor a medida que iba subiendo por su cuello rozando y besando la sensible piel de esa zona hasta llegar a sus labios que correspondieron a los suyos. Ambos dejaron que sus cuerpos hablasen llenando el aire con sus gemidos, Naya cerró las uñas sobre la espalda de él e intento no arañarle aunque sabía que él era inmune a todo lo que ella pudiera hacerle. Tenía que detenerse, debería hacerlo pero no podía… no le importaba que fuera el Cazador, sería almenos… una muerte dulce. Si en ese momento Hades hubiera podido ver sus ojos sabría que era ella. Sus ojos dorados la delatarían, los cerró y se concentro en las caricias que los dedos de él le dedicaban. Arqueó la espalda tirando de las sabanas con un gemido cuando sintió sus manos en su pelvis, el cosquilleo se intensifico al igual que su humedad. Necesitaba más de él, de su cuerpo fuerte y excitado. Se mordió el labio sin poder reprimir un gemido de placer cuando por fin las manos de él se deslizaron por su palpitante sexo. Naya se escurrió sin poderlo soportar más y se puso sobre él, tenía ganas de saborearlo, probarlo y de excitarlo tanto como lo estaba ella. Naya se dedicó por entero a él que enloquecido se deslizo hasta quedar entre sus piernas, Naya se dejó caer mientras él iba haciendo lo que quería con su cuerpo hasta que ya ninguno de los dos pudo esperar más. Hades se introdujo en ella con suavidad observando extasiado el rostro de ella que gimió, su interior ardía, la llenaba por completo deslizándose certeramente dentro de ella, el placer era cada vez más intenso y ambos se tomaron de todas las formas habidas y por haber, recorrieron cada parte de la habitación, de pie, el en baño, contra la pared, en el suelo, en la cama… Naya volteó y consiguió quedar sobre él, apoyo una mano sobre su pecho y se movió sobre él que contemplaba su cuerpo erguido deslizándose rítmicamente, variando cada vez, acarició sus pechos y volvió a tenderse de nuevo hasta estallar inundados por el éxtasis. Ambos se quedaron exhaustos tendidos el uno junto al otro en la revuelta cama.

El sol los encontró al día siguiente entrelazados en la cama, Hades miraba a Naya que aún estaba dormida acurrucada entre sus brazos, le aparto el pelo acariciando su brazo y la tapó bien. Naya abrió los ojos poco a poco parpadeando con una sonrisita en los labios y se desperezó estirándose y luego lo miró.

- Buenos días.

- Buenos días – repitió él devolviéndole la sonrisa y besándola.

Empezó a levantarse pero ella lo volvió a tender en la cama tirándole del brazo y Hades empezó a hacerle cosquillas mientras ella reía.

-¡Para, para! – reía dándole golpecitos al final quedaron los dos de rodillas el uno frente al otro riendo cuando dos personas irrumpieron en la entrada de la habitación.

- Míralos, tonteando como niños y nosotros preocupados – se miraron Hammer e Ilda.

Naya se tapo con el nórdico pues estaba aún desnuda a excepción de las braguitas y enrojeció.

-¡Joder tío! No puedes entrar así en mí casa, se llama antes.

- Llevamos horas llamándoos… es evidente que ni os habéis enterado.

- Anda vamos – sonrió maliciosa Ilda guiñándole el ojo a Naya a la vez que tiraba del brazo de Hammer y arrastraba pasillo arriba a Cool y a Kelly que también irrumpían en el piso – No hay nada que ver, venga chicos, abajo a preparar el chocolate con churros - Escucharon decir a Ilda cerrando la puerta detrás de ella.

Tras un minuto de silencio ambos se miraron y se echaron a reír de nuevo. Se ducharon sin poder reprimir el volver a hacerlo en la ducha y se vistieron. Ya podían imaginarse el cachondeo y los comentarios que tendrían los de abajo sobre ellos.

Continuara...

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